La expectativa de vacunación en 2021 debería ser motivo de conmemoración en un año en que casi 190.000 brasileños murieron de Covid-19. En la realidad, sin embargo, no tenemos nada que conmemorar. Si la vacunación ya comenzó en algunos países centrales del capitalismo, como el Reino Unido y Estados Unidos, por aquí no hay siquiera perspectiva de que la vacunación comience.

Por: Redacción PSTU-Brasil

Brasil aún no tiene un plan de vacunación que cubra a toda la población. La sucesión de discursos contradictorios del actual ministro de Salud, general Eduardo Pazuello, es intencional y sirve para esconder la ausencia de un plan real de vacunación.

En la reunión con gobernadores, el 8 de noviembre, Pazuello dio nueva muestra de la negligencia criminal del gobierno en relación con la vacunación. Cuestionado por João Doria si el gobierno federal incluiría la CoronaVac, del laboratorio chino SinoVac, en el plan nacional de inmunización, el ministro respondió que el gobierno compraría “si hubiese demanda”. ¿Es que más de 181.000 muertes y el crecimiento avasallador de los casos no es demanda suficiente para el ministro?

El gobierno Bolsonaro no compró vacunas. Hasta ahora, solo firmó un memorando de entendimiento con la Pfizer para comprar setenta millones de dosis. Vale recordar que la propia [vacuna de] Pfizer había sido excluida de los planes del gobierno a raíz de la logística necesaria para su distribución. La vacuna precisa ser mantenida con una refrigeración por debajo de setenta grados negativos.

Además, promueve, junto con el gobernador de San Pablo, João Doria, una guerra política alrededor de la vacuna, que va a costar la vida de millares de personas. Desparrama fake news sobre los supuestos peligros de la vacuna china e intenta hacer crecer el movimiento antivacuna en el Brasil, mientras Doria aprovecha la situación con vistas a las elecciones presidenciales de 2022.

No obstante, incluso si tuviésemos vacunas, ni Bolsonaro ni los gobernadores se moverán para garantizar insumos básicos, como jeringas y agujas, para promover la inmunización en masa. La Asociación Brasileña de la Industria de Artículos y Equipos Médicos y Odontológicos (Abimo), órgano que representa a las tres fabricantes de jeringas del país, alertó que llevará de siete a ocho meses para producir 300 millones de jeringas, y la fabricación solo comienza cuando el gobierno federal libere la compra de vacunas.

La pandemia está lejos del final

Mientras tanto, el país vive una segunda ola de casos que podrá ser aún más mortal que la primera. Los datos revelan que, por el mundo, el virus no perdió fuerza, con cuatro millones de nuevos casos por semana, desde noviembre. A mediados de año, el mundo precisaba de diez días para sumar un millón de nuevos infectados. Hoy, la velocidad de transmisión es más de cuatro veces superior.

El virus incluso tiene un amplio espacio para circular entre la población mundial en 2021. Hoy, casi 90% de las personas continúa vulnerable, lo que revela la dimensión de los riesgos.

En el Brasil, la segunda ola aumenta mientras Bolsonaro desparrama mentiras diciendo que está en el “finalzinho”. No obstante, hace doce días, la media móvil de muertes por Covid-19 está por encima de 500 en el país, y subiendo. La media de los casos está en 41.686, número 32% mayor comparado con el de hace 14 días. En este momento, hay más de 32.000 personas internadas por la enfermedad. Hay filas en hospitales y unidades de salud, mientras ya comienza a registrarse la falta de vacantes en unidades de terapia intensiva (UTI).

Un ejemplo es Rio de Janeiro, que ya vive un colapso del sistema de salud, con personas muriendo por falta de cama en la UTI y una fila de más de 500 pacientes por vacante. Con las fiestas de fin de año y las aglomeraciones, el temor es que 2021 comience con un nuevo avance de la dolencia.

Mandando trabajadores al matadero

La segunda ola crece también por culpa de los gobernadores y de los alcaldes. No se ha anunciado ninguna medida de aislamiento social, necesaria al combate del virus. Ni siquiera las tímidas medidas adoptadas en el inicio de la pandemia están en el horizonte de los gobiernos. Esas medidas fueron implementadas recientemente en muchos países de Europa para detener la segunda ola de casos y muertes, lo que ha resultado en disminución de los contagios. Por aquí, el virus corre libre, leve y suelto, en la huella de la política genocida de Bolsonaro y de los gobernadores.

Todos ellos dicen que quieren “salvar la economía” y “preservar los empleos”, pero eso es una cruel mentira. Ni Bolsonaro ni los gobernadores implementaron medidas efectivas para defender el empleo y garantizar una renta digna a la población. Al contrario, empujan a los trabajadores al matadero para salvar las ganancias de los capitalistas, mientras el desempleo y la pobreza crecen y las grandes fortunas aumentan.

Desigualdad: países ricos ya compraron más de la mitad de las vacunas

Mientras el Brasil no compró ninguna vacuna, la Alianza de la Vacuna del Pueblo, coalición de seis organizaciones internacionales, como la Oxfam y la UNAids, calcula que los países ricos compraron dosis suficientes para inmunizar a toda su población tres veces hasta diciembre de 2021, si todos los estudios clínicos en realización tuvieran éxito. Países que representan 14% de la población mundial compraron el equivalente a 53% de las vacunas más promisoras según el grupo.

Solo Canadá se comprometió con la compra de dosis suficientes para vacunar cinco veces a su población. Mientras tanto, nueve de cada diez personas en 67 países pobres no serán vacunadas hasta el final de 2021.

Fanfarronería: Doria hace demagogia mirando las elecciones presidenciales

Frente a la política abiertamente criminal del gobierno Bolsonaro, João Doria se aprovecha para proyectarse electoralmente para 2022. Frente a las cámaras, denuncia la inmovilidad del gobierno federal, mientras anuncia el inicio de la vacunación en San Pablo para enero, incluso sin que haya terminado la fase de testes de la CoronaVac.

Si Bolsonaro apuesta a la muerte de millares, Doria tampoco está realmente preocupado con la vida de la población. Durante la campaña electoral, el gobernador escondió los datos del aumento de los casos de Covid-19 para elegir a su candidato Bruno Covas. Un día después del segundo turno, anunció la regresión en la abertura de la economía, aunque las medidas anunciadas sean absolutamente insuficientes para contener el crecimiento de la pandemia en el Estado. Doria dice que sigue a la ciencia, pero la ciencia dice que es preciso establecer medidas de restricción social, y Doria es contrario a ellas.

El mórbido retrato un gobierno genocida

Brasil es el tercer país con más casos de Covid-19 y el segundo en número de muertos por la dolencia. Desde el inicio, en marzo, la pandemia de coronavirus en el mundo fue tratada por el presidente de la República como una “gripecita” o cosa de “maricas”. No por acaso, el primer lugar de la lista de la muerte es de un país cuyo presidente es amado por Jair Bolsonaro. Los Estados Unidos, durante Donald Trump, tiene ya más de 300.000 muertes. Vea lo que dijo Bolsonaro desde el inicio de la pandemia.

20 de marzo – 904 casos y 11 muertes: “Gripecita no va a derribarme”.

29 de marzo – 4.256 casos y 136 muertes: “Todos nos moriremos algún día”.

20 de abril – 40.581 casos y 2.575 muertes: Yo no soy sepulturero, estamos?”

28 de abril – 71.886 casos y 5.017 muertes: “¿Y ahí? ¿Qué quiere que haga yo?”

2 de junio – 555.383 casos y 31.199 muertes: “Lamentamos todos los muertos, pero es el destino de todo el mundo”.

25 de junio – 1.233.147 casos y 55.054 muertes: “No podemos tener aquel pavor de allá atrás, que llegó a la población y hubo, a mi entender, un exceso de preocupación solo con una cuestión [salud] y no podía despreocuparse con la otra [economía]”.

7 de julio – 1.674.655 casos y 66.868 muertes: Llevaron un cierto pánico a la sociedad en lo que respecta al virus”.

8 de agosto – 3.013.369 casos y 100.543 muertes: ”Vamos a tocar la vida”.

10 de noviembre – 5.675.000 casos y 162.200 muertes: “Hay que dejar de ser un país de maricas”.

10 de diciembre – 6.783.543 casos y 769 óbitos: “Estamos en el finalcito (finalzinho) de la pandemia”.

Guerra por la vacuna: ¡Plan de emergencia para todos ya!

El gobierno Bolsonaro lanza a los brasileños a la muerte, a la miseria y al desempleo antes de mover un dedo a favor de la vacuna. Al mismo tiempo, embiste contra la salud pública como un todo. Es simplemente escandaloso lo que el gobierno viene haciendo con pacientes de HIV, Aids y hepatitis [que se atienden] por el Sistema Único de Salud (SUS), con exámenes esenciales al tratamiento suspendidos desde noviembre.

Y el hecho de que no haya un plan de vacunación en masa no refleja solo la incompetencia del gobierno. Se trata de una política consciente de inviabilizar la vacuna en el país. No faltó logística y dinero para distribuir seis millones de comprimidos de cloroquina en nivel nacional, por ejemplo. Un medicamento totalmente ineficaz en el tratamiento del Covid-19. La Anvisa, por su parte, no demoró dos meses para, de un plumazo, aumentar el plazo de validez de siete millones de testes de detección del nuevo coronavirus que se mofaban en un depósito del gobierno en Guarulhos (San Pablo).

Brasil cuenta con dos de los más respetados institutos de pesquisa y producción de vacuna del mundo, el Butantan y la Bio-Manguinhos, de la Fiocruz, además de una red de salud pública que, por más desmantelada que esté, pocos o ningún país tiene en esta proporción. Es vergonzoso e inaceptable que no tengamos la vacunación en el horizonte y que su preparación no esté ocurriendo.

Precisamos enfrentar y derrotar el gobierno para asegurar un plan de emergencia de vacunación que garantice la inmunización de toda la población en el menor tiempo posible. Cuanto más el gobierno atrasa ese proceso, más personas mueren en las filas de la UTI. El gobierno Bolsonaro debe adquirir las vacunas necesarias y, junto con los gobiernos estaduales y municipales, colocar toda su estructura para la preparación de la logística, a fin de garantizar que, tan pronto sea concluida la fase de testes, la vacunación en masa pueda iniciarse.

Parte de eso es la garantía de insumos como jeringas y agujas. La industria que fuere compatible debe reconvertir su producción a fin de garantizar esos productos esenciales. De la misma forma, es preciso impedir el desmonte, el desmantelamiento y la privatización del SUS llevada a cabo por el gobierno Bolsonaro, así como luchar por la contratación de médicos y profesionales de la salud, fundamentales para la inmunización de 210 millones de brasileños.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 16 de diciembre de 2020.-

Traducción: Natalia Estrada.