A días de las elecciones, la dividida izquierda reformista intensifica la presión sobre la vanguardia y organizaciones obreras para ganar el voto de las clases populares: La dirigencia de la CGTP llama abiertamente a votar por Verónika Mendoza, y pretende imponer por la fuerza la “unidad de la izquierda” tras su candidatura. Pedro Castillo continúa captando una porción del voto más radical en el interior del país. Y un casi inexistente Marco Arana, preso de los compromisos que ha hecho el Frente Amplio con el gobierno de Sagasti, se juega todo en los debates para comenzar a aparecer en la intención de voto.

Sin embargo, de fondo, ninguna de estas candidaturas representan lo que dicen ser: una alternativa obrera y popular, razón por la cual no merecen el voto de la clase trabajadora y el pueblo. ¿Por qué sostenemos esto?

  1. Porque ha abandonado la lucha contra el gobierno

Mientras la clase obrera y el pueblo sigue muriendo por covid, debido a la política genocida de Sagasti –y antes de Vizcarra– de priorizar las ganancias empresariales a la salud, esas candidaturas se han negado a denunciar a esos gobernantes como genocidas y llamar ahora mismo a enfrentarlos en las calles para echarlos abajo.

Nada importan las más de 100 mil muertes que hemos puesto, los trabajadores, trabajadoras y el pueblo pobre de este país durante el último año: para esa “izquierda”, fuera de los votos, todo es ilusión.

Así nos desarman ante los problemas urgentes que debemos encarar en minas, fábricas, grandes comercios y zonas rurales.

  1. Porque considera al empresariado como “su aliado”

Y no podía ser de otra forma, porque para esa izquierda, según declaraciones de candidatos y candidatas como Mendoza o Arana, la “inversión” y el “empresariado”, son “sus aliados”.

De nada vale que, para intentar ganar puntos, le agreguen el mote de “honesto”: El empresariado, corrupto u “honesto” –si existe esta figura–, esa clase social que posee capital (“inversión”), vive de nuestro trabajo, y para obtener ganancias, debe explotar a los trabajadores y trabajadoras. Por eso jamás será nuestro “aliado”. Por el contrario, es nuestro enemigo. Y el único camino que tenemos los trabajadores y trabajadoras es echar abajo su poder.

Claro, si son sus aliados, es lógico que se nieguen a hablar de expropiar clínicas, farmacéuticas y de echar abajo las patentes de las vacunas para atender la emergencia sanitaria. ¡De la gran propiedad privada, ni un pelo!

  1. Porque ha olvidado a la clase obrera

Solo así se entiende que esa “izquierda” y sus candidatos/as, no se atrevan a levantar las banderas de lucha de la clase obrera en su campaña. ¡Nadie habla de derogar la suspensión perfecta y devolver los salarios que los obreros y obreras han dejado de percibir! ¡Nadie levanta la necesidad de prohibir los despidos y reponer a quienes fueron echados a la calle! ¡No es bandera central el aumento del salario mínimo y las pensiones para que puedan comprar, por lo menos, una canasta básica de consumo! ¡Nadie habla del derecho a huelga, de la solución a los pliegos de reclamo, de eliminar los contratos modales, las services, terceras y contratas…!

  1. Porque defiende la democracia de los patrones

A pesar de todo su discurso reformista, de fondo, defienden la misma “democracia” podrida y corrupta, al defender que no debe echar abajo al gobierno, sino encausar todo por medio de las engañosas elecciones.

Los trabajadores y el pueblo ya sabemos -con información de primer mano gracias a la corrupción de Odebrecht y compañía – que no importa qué ofrezcan los candidatos y candidatas en campaña, ni de qué color se vistan, cuando ganan las elecciones, los que ponen el dinero son los que cobran las facturas imponiendo su agenda política.

Por eso llevarnos a las urnas, con ilusiones de cambio, es una trampa y una traición a las luchas obreras y populares, que solo sirve para que la patronal refuerce su poder tras los sueños democráticos.

  1. Porque no garantiza sus ofrecimientos

Por último, ninguna de las candidaturas de izquierda, que de hecho nos llaman a declarar la tregua al gobierno y los empresarios para que vayamos a votar por ellas, son incapaces de garantizar una sola línea de lo que ofrecen.

Esto porque no “juegan solas” en estas elecciones. Y como ya sabemos, entre la primera y segunda vuelta, negociarán con otras organizaciones políticas bajo la tristemente conocida lógica del “mal menor” – que es mal, al final-, para dejar de lado sus propuestas -incluso las más tibias-, a cambio de los votos que respalden la candidatura que definan apoyar.

Por eso nosotros votamos viciado

Es por todo esto que desde el PST hemos tomado la decisión de votar viciado. Porque ninguna de esas candidaturas que por momentos se visten de “populares”, realmente expresan nuestras luchas, ni las del pueblo pobre y oprimido.

Por eso llamamos a romper lo más pronto posible esa tregua que nos han impuesto, y que bajo sus pies ve crecer las muertes, la pobreza, el desempleo y el hambre.