Los trabajadores ven con preocupación el acelerado debilitamiento del gobierno de Pedro Castillo que se produce en la misma medida que crece la ofensiva patronal y la embestida de la derecha golpista.

Por PST-Perú

No estamos solo ante el pedido de vacancia por el ala derechista del Congreso, acompañado por movilizaciones de clase media en Campo de Marte y la libre acción de sus hordas lúmpenes de la llamada “Resistencia” y otras financiadas con la plata de los empresarios. Es también el accionar patronal que no soluciona las huelgas (BSH, Pavco, Faber Castell), extiende los ceses colectivos (ahora en minera Uchucchacua del grupo Buenaventura), congela los pliegos o entrega centavos y multiplica los despidos (más de 100 obreros forzados a renunciar en Molitalia). El más grave es el reciente despido de todos los obreros Cogorno y el cierre de la empresa.

Hace algunos días la CGTP celebraba como un triunfo que en el Congreso se retirara el paquete de proyectos de leyes anti laborales que habían causado indignación en la clase obrera. Pero en lugar de “retroceso” lo que en realidad existe es un reacomodo de las fuerzas parlamentarias hacia su rol central que es maniatar y cercar al gobierno de Pedro Castillo para tomar su control, mientras la derecha prepara el golpe. Esta es la verdad.

Ya antes muchos habían celebrado a Iber Maraví como “ministro de los trabajadores” y al mismo Castillo como un “gobierno del pueblo”. Pero hoy ese mismo ministerio es el que ilegaliza las huelgas y el gobierno de Castillo no atiende las demandas ni cumple sus promesas. Ahora algunos ven que el problema en el MINTRA es por la salida de Iber Maraví, lo que en parte sería cierto; pero también es cierto que ese cambio fue parte de un giro general del gobierno que con el gabinete de Mirtha Vásquez se apartó de Perú Libre y se inclinó hacia la patronal.

Con la misma actitud, la cúpula de la central dice que todo el problema es el ataque de la derecha, el obstruccionismo de la mayoría del Congreso y ahora la amenaza golpista. Pero esperar que no ataquen implorándoles que respeten la “democracia” y llamar a la concertación a los que son nuestros enemigos es absurdo. Si no dieron tregua ni un solo minuto desde la campaña electoral ahora lo harán menos que Castillo se debilita y muestra flancos abiertos.

Bajo el pretexto de este llamado a la concertación para calmar los ánimos de la derecha y del empresariado el gobierno ha retrocedido abandonando a cada paso sus promesas de campaña, y la dirección de la CGTP y la “izquierda” que la dirige justifican su parálisis y desmovilización. Sin embargo, ahora comprobamos que poner la otra mejilla no les ha servido de nada, pues el gobierno se debilita tanto como el conjunto de las fuerzas obreras y populares, mientras el  otro bando fortalece su confianza y hasta sus huestes violentas se sienten confiadas para actuar con total impunidad.

Así, el gobierno y la dirección de la central han creado el actual escenario que en solo cuatro meses ha revertido el sentimiento de triunfo electoral de los oprimidos y explotados en empoderamiento político de los derrotados, y convertido el entusiasmo en desazón. Y esto ocurre cuando ni siquiera se avanzó un paso en las reformas ofrecidas, y cuando todo empeora cada día: los precios se disparan encareciendo el costo de vida, la crisis sanitaria se extiende, la educación pública sigue abandonada, no hay empleos ni alivio para las inmensas necesidades populares.

El derrotero capitulador elegido por Pedro Castillo, acompañado por las direcciones de “izquierda” que cogobiernan con él, lo deja a la deriva y a expensas de ala “moderada” de la patronal de AP y APP. Esto solo significa que veremos esfumarse de manera definitiva las promesas electorales, y del “gobierno popular” solo quedará el sombrero si es que Castillo acepta este triste final. Aún ni esto le asegura su permanencia en el poder pues el camino de la vacancia que con tanto ardor trabajan un grupo de empresarios poderosos y la derecha vocinglera ya se ha instalado.

Presionados por esta realidad diversos sectores están en la pelea desde el primer día, desde obreros de diversas fábricas hasta comunidades contra las empresas mineras. Estas acciones han servido en algunos casos para obtener soluciones parciales pero no alcanzan para detener el acrecentamiento de la ofensiva patronal que avanza intentado demoler en cada pequeña trinchera las fuerzas y derechos obreros. La prioridad hoy es frenar esta ofensiva y derrotarla, y recuperar el control de la calle haciendo que la balanza de la correlación de fuerzas se incline a nuestro favor. Solo así los múltiples conflictos tendrán un mejor escenario para la solución de sus demandas.

Es pues hora de desencadenar la lucha nacional. La ilusión de que las soluciones llegarán por el solo hecho de que se eligió a Pedro Castillo se acabó. Al final de cuentas el problema ni siquiera es la buena voluntad del gobernante porque vemos que el poder real sigue detentado por la CONFIEP, la mayoría del Congreso, los grandes medios de prensa y las instituciones del Estado (incluido las FFAA), alineados con los intereses empresariales.

Es hora también de decirle basta de conciliación y parálisis a las direcciones y de la “izquierda” que co-gobierna. Ahora que avanza el golpe recién se animan a convocar una movilización. Pero lo hacen buscando sostener al gobierno en concertación con el empresariado y sus fuerzas políticas, no para declarar la lucha franca y abierta contra ellos. Esa concertación significa su renuncia a la lucha por las reivindicaciones de los trabajadores, como han hecho desde el primer día que se instaló el presidente Castillo.

La lección de todo esto para los elementos más conscientes de la juventud y de la clase trabajadora, es que deben dar un paso firme hacia la construcción de una nueva dirección al servicio de la lucha y las organizaciones de base, y no de proyectos y aspiraciones reducidos a ocupar cargos en el Estado que, como demuestra esta experiencia, solo siembran ilusiones falsas.

Hay que frenar al golpe. Pero hay que hacerlo levantando bien en alto la lucha por las reivindicaciones que hoy son un clamor: Salario mínimo de 1,500 con aumento general de acuerdo al costo de la canasta familiar. Fin a los ceses colectivos. Prohibición de los despidos y cierres de empresas como Cogorno. Congelamiento de precios de los principales productos de consumo. Fin a la tercerización, contratación, de los CAS y por la restitución de los derechos laborales (derecho de huelga, negociación por rama). Presupuesto para salud y educación, crédito y asistencia técnica para pequeños agricultores. Empleo masivo con obras públicas y recorte de la jornada laboral. Impuesto a las ganancias capitalistas y a las grandes fortunas para financiar estas medidas. Bajo estas banderas debe organizarse un plan de lucha y la materialización de un Paro Nacional Combativo.

A estas banderas reivindicativas hay que sumar la lucha por la Asamblea Constituyente Libre y Soberana, la Nacionalización del Gas de Camisea, etc.; y poner en pie la construcción de comités de lucha en cada base para una salida de fondo conquistando un verdadero gobierno obrero y popular.