La campaña electoral ha empezado. Los diversos partidos presentan sus planchas presidenciales y candidatos o candidatas al Congreso. Caravanas a pie o en bicicleta recorren mercados y barrios dando a conocer nombres, símbolos y números sin levantar, aún, mayor expectativa entre la población.

Por Víctor Montes

Las organizaciones que se dicen “de izquierda”, como el Frente Amplio o Juntos por el Perú, no son la excepción.

Sin embargo, para la clase trabajadora y el pueblo pobre, que elección tras elección padece la misma miseria y abusos, vale la pena preguntarnos ¿Qué será diferente esta vez? ¿Las candidaturas de Arana, Mendoza o Castillo sirven al fortalecimiento de las organizaciones y luchas de la clase obrera y el pueblo? ¿O, por el contrario, solo hacen el juego –una vez más- al plan de la patronal y su Estado corrupto?

¿Pedir el voto o impulsar la movilización?

Para nosotros, desde el Partido Socialista de los Trabajadores, el criterio supremo para validar una política es si esta fortalece a las organizaciones y luchas de la clase trabajadora y el pueblo. Por lo mismo, si una política debilita las luchas y organizaciones de la clase trabajadora y el pueblo, es incorrecta y debe ser desechada.

Tras la caída de Merino, a manos de la movilización juvenil y popular, se abrió la posibilidad de que la clase trabajadora y el pueblo levanten sus banderas de lucha y vaya por más. Así lo demostró, casi de inmediato, la poderosa huelga de nuestros hermanos y hermanas jornaleras del campo.

El Estado patronal y su “democracia”, quedaron debilitados, perdiendo la iniciativa en su capacidad de represión. Por eso era necesario escalar en la unificación de las luchas obreras que aparecieron en todas partes.

Ante este escenario, el plan del empresariado fue dar luz verde a la campaña electoral para sacar a los trabajadores y el pueblo de las calles, donde ejercemos nuestro verdadero poder, para que depositemos nuestras ilusiones y confianzas en las urnas, donde poco o nada podemos lograr. Así buscan capear la profunda crisis de su democracia corrupta.

Y justamente ese es el problema de la estrategia de las organizaciones reformistas de izquierda: hacen el juego a los patrones tratando de convencer a la clase trabajadora y el pueblo que deje la calle y se concentre en las urnas.

Así, esas organizaciones y candidatos/as debilitan la única posibilidad real que tenemos las y los trabajadores de imponer nuestra voluntad: luchar hasta derrotar al gobierno.

¿Y los candidatos o candidatas obreras?

Alguien podría replicar que “aquí y allá” hay candidatos o candidatas que sí están en las luchas, que marchan y aparecen en las movilizaciones o plantones que se dan.

Y es verdad: existen candidatos y candidatas que, por su origen, se han mantenido relacionados a sus luchas. (Isabel Cortez es un ejemplo claro de una compañera que, siendo candidata, continúa marchando exigiendo solución a las demandas de su sindicato). Sin embargo algo ha cambiado en ellos: su estrategia, es decir, el camino que levantan como solución para las demandas de sus sectores ya no es extender la movilización, unirla y derrotar el poder de los patrones y su gobierno, sino utilizar esas luchas pequeñas para potenciar su perfil electoral y ganar votos.

Y pronto terminan realizando “ofrecimientos de campaña” –al mismo estilo de los candidatos patronales- que de ninguna forma pueden garantizar.

Por eso decimos que el problema es que esas candidaturas han abrazado una estrategia equivocada que no fortalece las luchas y a las organizaciones obreras sino, por el contrario, fortalecen las ilusiones que los patrones siembran en nuestras conciencias, para que no salgamos a luchar y pensemos que votando podemos cambiar nuestra vida, idea que se ha visto frustrada elección tras elección en 200 años de vida republicana.

Dos estrategias

Como tantas veces en nuestra historia, estamos ante el choque de dos estrategias.

La estrategia de la patronal –CONFIEP y compañía-, que es abrazada y levantada por la izquierda reformista (Juntos, FA…), es llevar al pueblo trabajador y pobre a las elecciones, debilitando objetivamente sus luchas y organismos haciéndole creer que es posible mejorar su situación votando y esperando que el próximo gobierno sea “mejor”.

La nuestra, la que levantamos desde el PST, es potenciar, extender y unir las luchas obreras y populares en una gran huelga general para derrotar al gobierno, aprovechando su debilidad, e imponer las medidas necesarias para dar solución a nuestros problemas más urgentes (prohibir los despidos, reponer a los despedidos/as, poner fin a la suspensión perfecta, imponer solución a los pliegos de reclamo, crear impuestos a los ricos y sus empresas para financiar la emergencia sanitaria…), en la perspectiva de la toma del poder por las organizaciones obreras y populares.

Llamamos a todos los luchadores y luchadoras obreras y populares que tengan acuerdo con la estrategia que les proponemos, a que vengan a construir con nosotros este proyecto para dirigir las luchas y llevarlas a la victoria.

El problema de fondo: ¿A quién pertenece la “democracia”?

El problema de fondo –cuando hablamos de las elecciones–, es a quién le pertenece el Estado. La “democracia” no es más que una forma en la que la clase dominante ejerce su poder. Dicho de otro modo, es un régimen político. Nosotros, desde el PST, reivindicando el bagaje del marxismo revolucionario afirmamos que el carácter de clase del Estado peruano es burgués, es decir, que el Estado peruano pertenece a la clase social de los dueños y dueñas de las fábricas, bancos, minas y grandes comercios y, por tanto, su “democracia”, también es burguesa.

Es a partir de este entendimiento que aseguramos que, más allá de quién gane una elección, el Estado siempre defiende los intereses de esa clase dominante contra los levantamientos de las clases trabajadores y pobres, y para eso utiliza a las Fuerzas Armadas y policiales.

Así de claro quedó, por ejemplo, cuando Ollanta Humala (el llamado “candidatos de los trabajadores” por la dirigencia de la CGTP), a pocos meses de ser investido presidente de la república, declaró el Estado de Emergencia en Cajamarca para reprimir la justa lucha contra el proyecto minero Conga. Y es por eso que, cada vez que realizamos un plantón o una huelga, la policía se dispone a defender la puerta de la fábrica, en lugar de defendernos a nosotros, de los abusos de la patronal.

Por eso, de fondo, el problema es estratégico: ¿debemos limitarnos a pretender ser gobierno de un Estado donde quienes ponen las reglas y las defienden por medio de la represión, son los patrones? ¿O, por el contrario, debemos luchar para echar abajo ese Estado y esa “democracia”, e imponer con nuestras propias organizaciones nuestro propio gobierno, para dar paso a las medidas que el pueblo trabajador y pobre exige? Desde el PST apostamos a lo segundo.