Mientras los medios de comunicación del capital continúan minimizando los focos italianos que siguen encendiéndose en varias fábricas y lugares de trabajo (frigoríficos, almacenes de logística, etc.), la pandemia continúa desarrollándose en todo el mundo. Quien piensa que la crisis del coronavirus se está terminando, y que en Italia ya pasó, debe recordar que la epidemia tardó meses en llegar a Europa desde Wuhan. De igual forma, pero con un intervalo de tiempo más corto, el virus llegó a los Estados Unidos y a América Latina, y de ahí es probable que regrese a Europa, donde las medidas de contención del virus, ya blandas después del fin del “aislamiento” muy parcial, están prácticamente desapareciendo con el pasar de los días. El riesgo “calculado” del gobierno y de la Confindustria es el de esperar que los focos queden contenidos y que las terapias intensivas se mantengan vacías pero, como en febrero, este cálculo se demuestra claramente equivocado.

Por: Matteo Bavassano

Veamos un poco qué pasó en los países que fueron considerados victoriosos en la lucha contra el virus: en Portugal, que había sido uno de los primeros países europeos a seguir el ejemplo de Italia con un lockdown parcial y que estaba convencido de haber vencido al virus, en el curso de las últimas semanas se hizo necesario un nuevo cierre parcial de Lisboa, donde el contagio comenzaba a elevarse también por causa de los turistas extranjeros que traían el virus al país; en Alemania, que fue el modelo de toda la Unión Europa en la lucha contra el coronavirus, con su bandera sobre los pocos casos y la eficiencia de su sistema sanitario, se desarrolló un gigantesco foco en un matadero de la región septentrional del Rin, con más de 1.500 trabajadores infectados, demostrando cómo, más allá de la eficiencia de la asistencia sanitaria (que por cierto es un factor importante), el virus se propaga igualmente y sobre todo en los lugares de trabajo; los Estados Unidos están en plena emergencia sanitaria, con los contagios que están subieron de nuevo prepotentemente, mientras las poblaciones pobres de América Latina y del subcontinente indio no tienen mucho más sino una débil esperanza de no enfermarse.

En esta situación, la recuperación de viajes internacionales, especialmente en la forma de vuelos aéreos y con turistas que vienen de otros países presenta el grave riesgo de reiniciar la curva de contagio, que en cualquier caso no fue nunca verdaderamente parada. Y es oportuno recordar, sobre todo a quien trabaja para esconder la gravedad del contagio y la crítica situación actual, con el “nivel de guardia” que continúa bajando, que todavía sabemos muy poco sobre este virus para poder sentirnos seguros: sobre el período de incubación solo tenemos hipótesis difícilmente comprobables, tanto que ahora se discute desde cuándo el virus habría comenzado a circular por distintos países; no sabemos cuáles son los efectos a largo plazo del virus: se habla de problemas respiratorios crónicos para alrededor de 30% de los pacientes que estuvieron en terapia intensiva, mientras un reciente estudio británico habla de la aparición de daño cerebral; de esto último, los científicos no tienen todavía cómo decir en grado cierto si haber contraído el virus una vez previene (y en el caso, por cuánto tiempo) un segundo contagio.

Un programa socialista contra el coronavirus

En ausencia de una vacuna o de un tratamiento efectivo, o en ausencia de una impredecible mutación del virus que reduzca significativamente el peligro, la única terapia segura para garantizar la salud de las masas es el bloqueo de todas las actividades no esenciales y del desplazamiento no indispensable de las personas, sobre todo en nivel internacional. Si esto puede garantizar la disminución de la pandemia, así como ha demostrado el lockdown muy parcial que vimos en algunos países, es un programa que no puede garantizar los beneficios de los capitalistas, que son exactamente lo que los gobiernos del todo el mundo se esmeran en proteger, mientras la vida de las masas, sobre todo de los trabajadores, es sacrificada por esta exigencia fundamental. Por otra parte, la burguesía puede vivir aislada en sus mega villas, mientras los trabajadores se contagian en las fábricas y en los barrios populares. Nunca como en este caso los intereses de la gran burguesía son tan inconciliables con los de todas las masas populares, y es necesario sustituir los actuales gobiernos, que en todo el mundo defienden los intereses de la burguesía, con gobiernos obreros que apliquen un plan de emergencia socialista para combatir esta crisis, que prevea algunas medidas fundamentales: 1) el cierre de todas las actividades no esenciales; 2) la reducción de las horas de trabajo sin reducción de salario, para aliviar a los que tienen que trabajar para la comunidad con una jornada excesiva que aumenta el riesgo de contagio; 3) un salario totalmente garantizado a todos los trabajadores cuyas empresas estén cerradas; 4) subsidios para los pequeños agricultores y comerciantes; 5) la nacionalización de los bancos, también para disponer más fácilmente de los recursos para financiar este programa económico; 6) la nacionalización de todo el sistema de salud, comprendiendo la estructura de empresas de investigación y farmacéuticas para producir una vacuna gratuita y segura; 7) la expropiación de los apartamentos vacíos para garantizar a todos una casa digna y saludable; 8) la cancelación de la deuda externa. Son estas las medidas las que no solo podrán hacer frente a la crisis actual sino también sentar las bases para una economía distinta, más justa y racional, por una sociedad socialista.

Esta lucha comienza hoy, de huelgas a cierre de todas las fábricas no esenciales. ¡Hacemos un llamado a todos los trabajadores para que formen parte de ella!

Artículo tomado de Progetto Comunista n.° 94, periódico del Partido de Alternativa Comunista (PdAC) de Italia, julio-agosto de 2020.-

Traducción: Natalia Estrada.