El nuevo decreto del presidente del Consejo, que data del 11 de marzo, incluso más que el anterior, es explícito en su carácter de clase. Mientras se anuncian medidas drásticas para hacer frente a la emergencia de Coronavirus y se impone el cierre de todas las pequeñas actividades comerciales y de restaurantes, vienen dejando abiertas las fábricas, incluso en una región, la Lombardía, donde el porcentaje de infectados y muertos es altísimo. Dejan abiertas las fábricas y las oficinas, los supermercados, los bancos y los call centers, etc. Todo esto sucede mientras el gobierno anuncia decenas de miles de despidos en el sector aéreo (ver Alitalia y Air Italy).

Por: Fabiana Stefanoni

El capitalismo arroja la máscara

Es justo en momentos críticos, como este, que caen las máscaras. El capitalismo muestra su verdadero rostro de una manera llamativa: un rostro bárbaro e inhumano. El gobierno en el poder, como todos los gobiernos burgueses, en un acuerdo unánime entre «nuevos» partidos autoproclamados como el M5S y los partidos «tradicionales», ejecuta servilmente las órdenes de Confindustria: las fábricas y las cadenas del gran comercio no van a cerrarse, porque ¡defiende las ganancias multimillonarias de los capitalistas!

Por eso, mientras se anuncia la necesidad de quedarse en casa para evitar contagios, los obreros, los contratados, los trabajadores de transporte, los empleados, los botones, son obligados a ir… ¡a contagiarse en los lugares de trabajo!

Además de hipócritas, las declaraciones del presidente de Confindustria, Boccia, que garantiza que los obreros pueden ser «protegidos» en el trabajo, son criminales. Cualquiera que haya puesto un pie en una fábrica, o que haya hablado con quienes trabajan en la línea de montaje, sabe muy bien que, en las actuales condiciones de la industria, no hay protección posible. Los obreros inevitablemente se encuentran a corta distancia, trabajan en lugares cerrados donde el virus puede propagarse fácilmente, cargan y descargan mercaderías que pueden ser fuentes de contagio.

La verdad es otra, y es una verdad de clase: los capitalistas multimillonarios, industriales y banqueros, no quieren renunciar a una migaja de sus ganancias multimillonarias: por esta razón no quieren cerrar las fábricas. Es una mentira la de aquellos que dicen que la producción no puede ser interrumpida: la mayoría de las grandes fábricas de nuestro país –desde las acerías hasta la industria metalúrgica, desde la industria química hasta la automotriz– producen bienes que no tienen nada que ver con supuestas » necesidades de salud pública «. Las únicas necesidades que quieren defender son las ganancias: ¡la vida de millones de obreros y obreras no cuenta para nada!

El carácter anarquista e irracional de un sistema económico basado en el beneficio individual también emerge claramente: los capitalistas no miran más allá de sus narices, no consideran que el Coronavirus también podría infectarlos, incluso parece que algunos “Paperoni” [“los tíos del dinero”] ya están equipándose para trasladarse con jets privados a islas remotas o a lujosos búnkeres … y no calculan que, si los obreros se contagian en masa, será necesario, por fuerza mayor, detener la producción y cerrar las fábricas.

Cabe señalar que, como siempre, la burguesía expresa en su interior diferentes posiciones. La mayoría de las industrias que necesitan físicamente de los obreros trabajando en las fábricas (acerías, metalúrgicas, automotrices, etc.) no tienen la intención de cerrar ni siquiera en las áreas de mayor riesgo (emblemático el caso del gigante de las acerías Arvedi de Cremona que no ha cerrado ni un día, en uno de los principales brotes del virus) o cierran dos o tres días solo para «hacer que la fábrica sea más segura» (!) (como FCA). También hay empresas en sectores que tienen menos necesidad de mano de obra «física» y que pueden salirse con la suya con el trabajo a distancia. Por esta razón, ofrecen una «generosa» pausa de 15 días para detener las actividades productivas: esta es la posición expresada, por ejemplo, por el coloso de las editoriales, RCS, que controla también las emisoras televisivas, como La7 (contradictoriamente, desde las mismas emisoras de televisión, los periodistas anuncian que tomará «meses» salir de la emergencia).

Una cosa es cierta: toda la gran burguesía italiana, después del ruido de la bolsa de valores de Milán, está en pánico. Esto significa que implementarán o requerirán medidas aún más severas … en defensa de sus ganancias. Ya hay casos de trabajadores y trabajadoras presionados por las empresas para mentir sobre su estado de salud (es decir, para ocultar el hecho de haber sido contagiados) para evitar el cierre de los establecimientos. En muchos lugares de trabajo, los empleados se han visto obligados a tomar vacaciones, muchos han sido despedidos. Y es solo el comienzo.

Hipocresía y bomberos

Las posturas de Salvini, Meloni y Fontana son vergonzosas e hipócritas, y solo ahora exigen el cierre de un mayor número de industrias (probablemente en función del consenso electoral). Debe recordarse a estos chacales que ellos también, como todos los otros principales dirigentes políticos burgueses (desde Zingaretti a Berlusconi, desde Bersani a Monti, desde Renzi a Vendola) han apoyado activamente –votándolos en el Parlamento e implementándolos en las Regiones que gobiernan– todos recortes multimillonarios en la salud, con la consiguiente drástica y dramática reducción de camas en primeros auxilios y en terapia intensiva. Todos ellos, Salvini y Meloni a la cabeza, cuando estaban en el gobierno con Berlusconi, aprobaron la privatización del sistema de salud, el cierre de hospitales, el desmantelamiento de camas. Todos los representantes de centro-izquierda hicieron lo mismo, sin excepción: solo nosotros en ese momento denunciamos los cortes de camas implementados por Vendola en Puglia. También vale la pena recordar a Salvini que su mano derecha Zaia, en la fortaleza de la Liga, la región del Véneto, inicialmente hizo barricadas para evitar que las fábricas se cerraran ante el brote común del virus: demasiado fácil cambiar de posición en el último minuto por miedo a perder algún consenso electoral!

Pero la hipocresía no es solo de la derecha. Las burocracias de las principales organizaciones sindicales, CGIL, CISL y UIL, Landini a la cabeza, han tomado una posición inequívoca en defensa de las ganancias, poniendo en riesgo la vida de millones de obreros. Inmediatamente solicitaron «aumentar los parámetros de seguridad y protección de la salud», respaldando así la ideología del empleador que quiere hacer creer que no es posible detener la producción. La verdad es otra: hoy hay muy pocos sectores de producción que es necesario que permanezcan activos, y son los relacionados con la emergencia, por lo tanto, aquellos que producen las herramientas, maquinaria y medicamentos necesarios para hacer frente al Coronavirus, y algunas empresas en la cadena alimentaria ( aquellos que producen alimentos de primera necesidad). Todas las demás industrias podrían cerrarse: sería suficiente requisar los bienes ya producidos y destinados al mercado (bienes que muchas industrias han dejado de lado y mantienen allí esperando mejores tiempos para la venta) y usarlos para los requerimientos de las masas populares en este período crítico. .

Sin vergüenza, Landini, la Furlan y Barbagallo invocan «concordia y responsabilidad», pretenden que es posible trabajar de manera segura en los repartos, reclaman la «desinfección» imposible de los establecimientos. Por lo tanto, asumen así una responsabilidad muy grande: ¡enviar a los obreros, a las obreras, y a sus familias a morir, de acuerdo con Confindustria y con el gobierno! (1)

¡La clase obrera se hace sentir!

Inmediatamente después de que Conte anunciara el 11 de marzo por televisión que toda Italia se convertiría en una «zona roja», pero que millones de trabajadores deben continuar trabajando, la protesta de los trabajadores explotó, obviamente en las formas posibles en un momento en el que también demostrar en la plaza en realidad puede ser muy peligroso. El Frente de Lucha No Austerity, en cuya construcción también participan nuestros militantes, después de haber publicado numerosas informaciones sobre el carácter de clase de las medidas tomadas por el gobierno y sus organismos (piense en el ataque al derecho de huelga en el transporte), lanzó un llamado a todos los sindicatos para que proclamen de inmediato una huelga indefinida en el sector privado (es decir, en todos los sectores donde es posible hacer huelga indefinidamente sin riesgo de sanciones para los trabajadores).

La ilustración dice: Detener el capitalismo para detener el virus. Cerrar las fábricas.

Desde el mismo día, comenzaron los anuncios de bloqueos y huelgas en todo el país (algunos sindicatos de base también han proclamado el estado de agitación y la huelga indefinida en nivel nacional).

Aquí mencionamos una lista, que o obstante se actualiza constantemente, de los principales trabajadores y organizaciones de trabajadores en huelga (o que han proclamado la huelga): Pasotti y varias otras grandes fábricas en Brescia; en Asti, Vercelli y Cuneo el Mtm, el Ikk, la Dierre, la Trivium; Corneliani, Iveco, Relevi en la provincia de Mantova; Whirlpool en la provincia de Varese, la gran acería Ast, en Terni; la Briton en el distrito milanés de Cormano; Electrolux y Marghera en la provincia de Treviso; Fincantieri en Liguria; En Liguria, estibadores portuarios y trabajadores de reparación de barcos también se declararon en huelga; los trabajadores de telecomunicaciones (System House Srl, System Data Center y Out Spa) así como el Riders están en huelga, al igual que los pasajeros que corren el riesgo de contagio con entregas a domicilio; en Toscana, huelgas en curso en el Piaggio de Pontevedra, la Gkn de Florencia, la Hitachi de Pistoia, en el Esselunga (donde se proclamó una huelga nacional); los trabajadores de Almaviva están en huelga indefinida y una huelga de diez días comenzó en la Ilva de Taranto; los trabajadores de Alitalia de diversos sectores de manipulación en el aeropuerto de Fiumicino, aunque no pueden ir a la huelga debido a las leyes antihuelga, han intimado un largo bloqueo de actividades; ya están programadas otras huelgas en la apertura de las fábricas que han cerrado solo por unos días: desde la Ferrari de Maranello hasta muchas compañías en el sector del caucho-plástico y químico, desde el comercio hasta las telecomunicaciones. En los últimos días, los obreros de la FCA de Pomigliano y Termoli estaban en huelga.

Son huelgas muy importantes, sobre todo porque, más allá de los reclamos, se han organizado en contraste con las grandes burocracias nacionales que querían amortiguar cualquier protesta, para garantizar el papel de voceros únicos de los trabajadores y trabajadoras (y así proteger los intereses de su propio aparato burocrático, en acuerdo con Confindustria). Pero los trabajadores no se convertirán en «carne de cañón» («no somos carne de cañón» es una de las consignas de la protesta obrera). Presionaron a sus representantes sindicales en las empresas para que llamaran a la huelga: por esta razón, en las fábricas estamos presenciando bloques de producción llamados por las siglas sindicales más dispares, desde aquellos basados ​​en FIOM hasta CISL y UIL. Incluso en una situación de emergencia, en la que todos no sabemos ahora si sobreviviremos, la clase obrera está dando una gran lección de determinación y de lucha, está demostrando que tiene la capacidad de tomar su destino en sus propias manos.

¡Con los trabajadores en huelga, por un sistema diferente!

El Partido de Alternativa Comunista apoya a los obreros y obreras que han decidido ir a la huelga. Mientras escribimos, también gracias a la presión ejercida por estas huelgas, el gobierno acaba de convocar a los dirigentes sindicales «de confianza» para evaluar qué hacer. Las burocracias de CGIL, CISL y UIL han pedido una interrupción temporal de las industrias funcionales para la «desinfección» (sic!), con el uso de redes de seguridad social (es decir, nuevos financiamientos públicos indirectos para las empresas: el Estado paga salarios en lugar de los patrones). La dirección de la Fiom y de los otros sindicatos de metalúrgicos (Fim y Uilm), a pesar de sí mismos, se ven obligados a dar cobertura a las huelgas en curso y a las que vendrán, proclamando «una huelga por todas las horas necesarias».

Los resultados obtenidos (el cierre temporal de algunos sitios productivos) son fruto de la lucha, pero no debemos bajar la guardia: es necesario mantener el estado de agitación hasta que todas las fábricas estén cerradas (excepto las muy poquísimas fábricas necesarias para la emergencia sanitaria). Para que la protesta sea efectiva, los bloques obreros deben generalizarse y ampliarse.

Hacemos nuestra la plataforma ya avanzada por algunas realidades de lucha (por ejemplo, el llamado ingreso de cuarentena), pero también creemos que debemos prepararnos inmediatamente para una larga temporada de enfrentamientos de clases (veremos en qué formas será posible llevarlos adelante en un situación de riesgo de contagio). Se acabó el tiempo de las máscaras, de los dobles juegos y de tener los pies en dos zapatos, ha llegado el momento de decidir de qué lado estar: o del lado de los capitalistas sin escrúpulos o del lado de los obreros.

El Partido de Alternativa Comunista reivindica:

  • Cierre inmediato de todos los sitios productivos, todas las fábricas y todas las empresas hasta que se revierta la emergencia de Coronavirus, con excepción de las pocas fábricas esenciales para la producción de maquinaria hospitalaria, máscaras, productos farmacéuticos y de las empresas que producen alimentos de primera necesidad (en estos casos será necesario redefinir radicalmente los métodos de producción y la organización del trabajo interno, con la contratación de personal permanente y la reducción de la jornada laboral con igual salario para los obreros).

– Reapertura de todos los hospitales cerrados por cortes y requisición por parte del Estado de todas las clínicas privadas para fortalecer el sistema público nacional de salud; duplicación inmediata de camas en prontos socorros y cuidados intensivos.

– Contratación permanente de un gran contingente de médicos y enfermeras en hospitales y estructuras públicas, a partir de todos los que figuran en lista; protecciones reales y aumentos del salario para los trabajadores de la salud.

– En grandes empresas, 100% de remuneración por parte de la empresa, sin recurrir a vacaciones o Rol por parte de la empresa; en pequeñas empresas, 100% de pago, con integración por parte del Estado de lo que la compañía no puede pagar.

– Cierre inmediato de todas las oficinas y centros de atención telefónica [call centers], con transformación del trabajo en trabajo on-line (doméstico) solo donde sea estrictamente necesario para evitar daños a la comunidad.

– Interrupción inmediata de todo el transporte (ferroviario, aéreo, autobuses), proporcionando un contingente mínimo (y protegido), solo para emergencias; 100% de salario del personal sin recurrir a vacaciones ni a Rol.

– Parada inmediata a todos los procedimientos de despido en el sector de la aviación. Nacionalización sin indemnización y bajo el control de los trabajadores de Alitalia, Air Italy y Ernst.

– Cierre inmediato de todos los grandes supermercados, con distribución directa y gratuita de alimentos por parte del Estado hasta que cese la emergencia.

– 100% de remuneración (también a través del ingreso de ciudadanía para el salario ( el llamado «ingreso de cuarentena») de todo el personal educativo, de servicios, de las cooperativas que tuvieron que dejar de trabajar debido a la emergencia.

– Reclutamiento por tiempo indeterminado de todo el personal escolar precario (maestros y del ATA) con 36 meses de servicio para fortalecer la enseñanza a distancia; cierre total de las escuelas sin obligaciones laborales para el personal administrativo y los conserjes.

– Ingreso inmediato de ciudadanía («ingreso de cuarentena») igual al salario promedio de un trabajador para todos aquellos que no tienen trabajo o que ya no pueden trabajar, incluidos los trabajadores autónomos, desde el comercio hasta la artesanía y la restauración. Apoyo público a las pequeñas empresas familiares que no tienen ingresos durante este período debido al cierre forzado.

– Abolición de los Decretos de Salvini; apertura de centros de asistencia pública para los y las inmigrantes, también para garantizarles una verdadera protección de la salud; ciudadanía inmediata para todos los inmigrantes, para que puedan hacer un uso más fácil de los servicios de salud necesarios.

– Cancelación del pago de la deuda externa, con el fin de tener más recursos para hacer frente a la emergencia sanitaria.

– Expropiación por parte del Estado de todas las grandes fábricas, comenzando por aquellas que se niegan a detener inmediatamente la producción, a fin de utilizar los bienes destinados al mercado o acumulados en almacenes para satisfacer las necesidades de la comunidad.

– Nacionalización de todos los grandes bancos, con la creación de un solo gran banco estatal sin capital privado que pueda garantizar préstamos subsidiados e incondicionales a trabajadores y desempleados en esta situación de emergencia.

Si se implementaran estas medidas, la emergencia de salud podría abordarse sin ningún riesgo para los trabajadores, que hoy viven bajo la amenaza de despidos en masa: ¡los banqueros, capitalistas, y multimillonarios deben pagar por la crisis del coronavirus, no los trabajadores!

Nunca como hoy son actuales las palabras de Trotsky, que en el «Programa de Transición» escribió que en el capitalismo «una catástrofe amenaza a toda la civilización humana». En 1938, cuando Trotsky escribió estas palabras, se esperaba una nueva guerra mundial, que vendría poco después. Hoy, otra catástrofe está sobre nosotros. Ayer como hoy, la salvación «está en manos del proletariado, esto es, sobre todo, de su vanguardia revolucionaria». Y en estos días de temores generalizados, pero también de fuertes enfrentamientos de clase, tenemos una prueba de esto con la ola de huelgas en curso. Si es cierto, como decía Trotsky, que «la crisis histórica de la humanidad es la crisis de la dirección revolucionaria», hoy más que nunca es urgente y necesario construir el partido revolucionario internacional.

(1) Debe aclararse, por desgracia, que incluso sectores de sindicalismo combativo y representantes de la izquierda «revolucionaria» están respaldando estas posiciones, de hecho capitulando ante las posiciones de Confindustria que cree que es posible hacer que los trabajadores vayan a trabajar «en condiciones seguras».. Al final de esta experiencia llegará el tiempo de los balances despiadados también en las organizaciones del movimiento obrero y de clase.

Artículo publicado en: www.alternativacomunista.it

La ilustración dice: “Detener el capitalismo para detener el virus”. – #Cerrar de las fábricas.
Traducción: Natalia Estrada.