«En la televisión no he oído hablar de eso, ni siquiera una frase», dice Ana –una joven mujer moldava que tuvo que dejar a sus hijos en Moldavia para trabajar en Italia–. «Pero en mi país hace semanas que la gente está en la plaza, en tiendas, fuera del parlamento. No damos para más … somos pobres, no damos para más… «.

Por: Patrizia Cammarata

En un artículo publicado el 10 de agosto en el New York Times, el ex primer ministro noruego y secretario general de Europa, Thorbjorn Jagland, había lanzado una alarma, analizando la situación desde su punto de vista de defensor del capitalismo, sobre el hecho de que Moldavia estaba pronta a convertirse en un hervidero de tensiones en Europa.

Mientras escribimos, podemos afirmar que en las últimas semanas varias e imponentes manifestaciones contra el gobierno (en Moldavia hay un gobierno de coalición del Partido Demócrata y el Partido Liberal Democrático, marcadamente pro-europeo) han sacudido la capital Chisináu y algunas otras zonas del país.

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Se trata de manifestaciones que nacen de la desesperación por la grave crisis económica, la pesada atmósfera causada por las tensiones políticas internacionales (Ucrania está en la frontera) y la situación en Transnistria*, donde están asentados 40.000 soldados rusos. Es una protesta pidiendo la dimisión del gobierno del presidente Nicolae Timofti y del gerente del Banco Central, que pide la disolución del Parlamento y nuevas elecciones y que denuncia con fuerza la corrupción del gobierno. El reciente escándalo financiero de la desaparición de mil millones de dólares (alrededor de ocho por ciento del PIB de todo el país) de las arcas de los tres principales bancos es solo el último de una larga serie de escándalos, y motivo de indignación de un pueblo reducido al hambre.

Moldavia: el país de los «huérfanos con padres vivos»

Moldavia es un país pobre, según algunos observadores sostiene la triste distinción de país más pobre de Europa, con otros como, por ejemplo, Bulgaria.

En 2000, los habitantes eran cerca de cuatro millones y medio, en 2014 la cifra se había reducido a cerca de tres millones. Casi uno de cada cuatro habitantes emigró.

Aunque las cifras pueden no ser precisas porque hay quienes piden pasaportes rumanos, revelan que la mayoría de los hombres emigraron hacia Rusia o Israel para trabajar en la construcción y en la industria, mientras que las mujeres encuentran empleo en países imperialistas europeos como cuidadoras o empleadas domésticas.

Es numerosa la cantidad de niños moldavos (algunas cifras hablan de un tercio del total de los niños) que crecen sin sus padres. El noventa por ciento de los niños que viven en orfanatos en Moldavia son «huérfanos de padres vivos», niños llamados «huérfanos sociales», que crecen en instituciones a menudo en mal estado, o están encomendados por años a abuelas, tías, vecinos, mientras los padres trabajan a miles de kilómetros de distancia.

¿Quién dirige la protesta?

Liderando la protesta popular hay varios actores en campo. El principal es el movimiento que se hace llamar «civil» y que se llama «Dignidad y Verdad» (DV), plataforma declarada «sin partido» (aunque recientemente su portavoz anunció la posibilidad del nacimiento de un partido político fundado por el ex ministro de Educación, Mia Sandu); se trata de un movimiento que reúne a la red de activistas contra la corrupción y de protección y promoción de los derechos humanos en el país. Pero las protestas son montadas, apoyadas, guiadas también por los estalinistas, los socialistas, simpatizantes de las fuerzas pro-rusas y anti-europeístas, juristas, activistas contra la corrupción, con influencia de blogueros y de figuras políticas recicladas o emergentes.

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Sería, sin embargo, un error ver a la masa de manifestantes como un movimiento cuyo contenido de protesta adhiere al sector de los intelectuales desilusionados con el gobierno.

En realidad, el número de manifestantes (unos cien mil en determinados momentos en los días pasados en la plaza de la capital, en un país de apenas tres millones y medio de habitantes) y el hecho de que provengan de toda la Moldavia (lo que borra cualquier intento de cambiar el contenido de la protesta por las divisiones étnicas y geopolíticas del país) habla de un movimiento de masas real, y el tamaño de las protestas, según los observadores, es muy superior al de los movimientos anteriores de la historia reciente de Moldavia.

Por desgracia, si la protesta popular es liderada por las fuerzas reformistas que no cuestionan el capitalismo sino que se limitan a pedir nuevos gobiernos que tendrán, en todo caso, el papel de administrar (más o menos «legalmente») la rapiña capitalista en el enfrentamiento con el pueblo moldavo, los niños moldavos están destinados a seguir siendo «huérfanos sociales» y los trabajadores y trabajadoras continuarán siendo explotados y pobres.

¿Qué propuesta es necesaria?

Es necesario, pensamos nosotros, construir al interior del movimiento de protesta, organismos de frente único para luchar contra todas las políticas de privatización, la falta de derechos sociales y la austeridad. Al mismo tiempo, es necesario romper, al interior de las manifestaciones, con todas las consignas reformistas y compatibles con el sistema capitalista.

La tarea de los jóvenes, de las mujeres y de los hombres moldavos es hoy, en nuestra opinión, sobre la ola de energía y esperanza que emana de estas grandes manifestaciones, la de trabajar para organizar la independencia política de los trabajadores, las trabajadoras, los estudiantes y los pensionados pobres y, en este marco, comenzar a construir una organización verdaderamente revolucionaria en el país, superando el reformismo, el estalinismo, el nacionalismo, el liberalismo y el europeísmo, con una perspectiva genuinamente socialista.

La única esperanza para una vida digna no vendrá de un mero recambio político que deje intacto todo el sistema económico de rapiña y explotación capitalistas, sino que solo puede venir de un cambio político y económico que entregue el país y el poder en manos de la clase obrera y de las masas populares moldavas.

Solo así, todo niño moldavo podrá tener una verdadera educación, salud pública y de calidad, la serenidad de una sociedad solidaria y segura; y solo así, todo «huérfano social» podrá retornar a su casa con sus padres.

Traducción: Natalia Estrada.

* El mapa muestra la ubicación de Transnistria respecto de Moldavia, Ucrania y la península de Crimea –  Foto: Fernando Bel.

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