Después de haber negado por una semana el cierre de las fábricas, perdiendo un tiempo precioso que ha costado miles de víctimas, después del acuerdo “Italia no se detiene”, escandalosamente respaldado por las burocracias sindicales en nombre de la “concordancia general”, ayer por la noche, el gobierno Conte anunció el cierre “total”.

Por: Francesco Ricci

Los obreros ya habían indicado durante días, con huelgas que sobrepasaron a las burocracias, que era ese el camino a seguir, el único realmente eficaz para evitar la propagación del contagio: parar las fábricas y el transporte de mercaderías que no son de primera necesidad. El contagio continuó extendiéndose, de hecho, porque las fábricas permanecieron abiertas para engordar a unas pocas docenas de industriales multimillonarios. No es casualidad que las regiones donde el virus se está propagando más rápido son aquellas con mayor presencia de industrias.

La burguesía y su gobierno, con la complicidad criminal de Landini y de los otros dirigentes de los grandes sindicatos, ha hecho oídos sordos hasta ayer. Ahora, bajo la presión de las huelgas, por temor a que la protesta se extienda (Landini: «debemos evitar que el miedo se convierta en ira»), entendiendo en parte que no cerrar arriesga comprometer mayormente las propias ganancias patronales, el «comité de asuntos de la burguesía», es decir, el gobierno Conte, se ha decidido, tardíamente, por el cierre, como los trabajadores pedían desde hace tiempo.

Pero la burguesía y sus políticos no pueden ver más allá de sus narices y, por esto, el cierre, presentado como “total”, deja aún abiertas producciones no indispensables y, con expresiones ambiguas, reserva un alto grado de discrecionalidad a los patrones. La lista de las actividades exentas de cierre es muy amplia. No solo eso: como previsto en el protocolo con los sindicatos, cuando está cerrado se hace utilizando vacaciones y permisos de trabajo o las ganancias no pagadas de los empleadores se descargan de las arcas públicas, usando las “casa integrazione” [desempleo temporal] (que en muchos casos preanuncian despidos).

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Por lo tanto, es necesario que los trabajadores continúen manteniendo el control: evaluando en cada fábrica si, independientemente de las indicaciones del gobierno, se trata realmente de una producción vital para la supervivencia, y manteniendo la huelga en todas las fábricas de bienes que no son de primera necesidad.

Los acontecimientos de estos días dejan claro una vez más la irracionalidad del sistema capitalista, basado en la división de clases y la esclavitud salarial, basado en la criminalidad de la clase burguesa y sus instituciones, con la complicidad de las burocracias sindicales. La tragedia del coronavirus es una gran escuela de masas donde millones de proletarios aprenden rápidamente qué es el capitalismo.

Es un sistema bárbaro que debe ser destruido de arriba a abajo y reemplazado con un sistema opuesto, que elimine las clases y el trabajo asalariado; se necesita un sistema que produzca para las necesidades reales de las masas y no para las ganancias de un puñado de multimillonarios. ¡Se necesita socialismo! Este es el horizonte por el cual luchar. Pero para poder continuar la lucha, primero necesitamos salvar las vidas de los proletarios, esas vidas que para la burguesía valen menos que sus ganancias.

Para esto es necesario que los trabajadores, que fueron los primeros en mostrar el camino, no se detengan frente a las medias medidas de Conte, no depositen ninguna confianza en el gobierno y en los burócratas sindicales. Para esto es necesario que los trabajadores cierren todas las producciones no esenciales que Conte no quiere cerrar.

Artículo publicado en www.alternativacomunista.org

Traducción: Natalia Estrada.