La operación cicatriz en la ANR concluyó finalmente con un acuerdo de los dos movimientos principales al interior; “Añeteté” liderado por el Presidente Mario Abdo Benítez y “Honor Colorado”, capitaneado por el ex presidente Horacio Cartes.

Por PT-Paraguay

De la negociación de ambos sectores surgió “Concordia Colorada”. Este arribo entre las dos principales facciones del Partido Colorado era previsible atendiendo al desgaste sufrido por el Gobierno y su necesidad de sostenerse a como dé lugar ante los cuestionamientos desde distintos campos.

Las dificultades en el gobierno tomaron un curso de mayor profundización en el último periodo con los hechos de corrupción, los reclamos de diversos sectores que demandan políticas eficientes en materia de salud, educación, alimentación, trabajo y financiación, entre otras reivindicaciones. A todo ello se sumó la falta de respaldo que tiene el Ejecutivo en el Congreso para poner en pie su proyecto de reactivación económica en medio de una crisis que tiende a agravarse sin visos de solución.

Curarse en salud para sobrellevar el mandato

El acuerdo sellado entre Abdo y Cartes se constituye en un armazón para el primero y reubica al segundo políticamente como el verdadero operador del poder tras bambalinas. Este tipo de contubernio en el principal partido de la burguesía nacional no es ninguna novedad, es el modus operandi que tradicionalmente han llevado adelante ante las desavenencias en torno a la repartija de los puestos de poder en el tablero político y sobre todo ante los grandes negociados.

El gran ganador de este acuerdo es sin duda Horacio Cartes. Desde la pulseada que se arrastraba previo a las elecciones internas que colocó a Mario Abdo como el candidato de la ANR ha corrido mucha agua. Los heridos y magullados de Añeteté que observaron rabiados este escenario harán tripas corazón para alinearse nuevamente, pues ninguno por si solo, ni de manera conjunta, tiene representatividad alguna para crear otro frente de disputa.

El patrón se erige entonces en el gran triunfador y condiciona la gobernabilidad de Abdo en distintos asuntos para sostenerlo ante el vendaval. De todas maneras, la unidad granítica es hasta hoy formal. Habrá que ver como se baja a tierra los acuerdos y si estos complacen a ambas partes para tonificar un proyecto conjunto hasta el 2023.

La necesidad de uno y la ambición del otro no sellaron un compromiso que despojó de la desconfianza y las sospechas entre ambos bandos. Por el contrario, los nervios y las intrigas seguirán deambulando en la carpa colorada, sobre todo para el oficialismo que llega a esto con mucha incomodidad y adopta la medida como necesaria para prevenirse de una crisis sin salida.

¿El gobierno está en mejores o peores condiciones tras el acuerdo?

Responder esta pregunta dependerá del ángulo desde el cual es analizado el nuevo panorama. Se puede afirmar sin duda alguna que el proyecto Añeteté como tal está profundamente debilitado. Sin embargo, para el gobierno el acuerdo supone un balón de oxigeno para seguir adelante con sus planes con el aditamento formal del nuevo actor que condiciona con peso propio en distintas esferas estatales.

Ambas facciones del partido colorado, en lo que respecta a las políticas neoliberales, no tienen mayores desacuerdos que en la forma y la gradualidad de su aplicación. Es decir, que en el propósito estratégico están en absoluta consonancia, no así en la repartija de los grandes negociados que esto supone. Entonces, se puede afirmar que el gobierno adquiere una fortaleza relativa en este aspecto. Relativa porque dependerá su sostenibilidad de como se negocien los grandes bocados que suponen la privatización del sector eléctrico, la negociación de la soberanía energética con el Anexo C, la utilización de los fondos jubilatorios con la reforma que impulsan, entre otros.

La correlación de fuerzas sigue siendo desfavorable para la clase trabajadora porque hasta ahora sus reacciones fueron espasmódicas, sin lograr articular un espacio que sirva de canal para la rabia que existe en todos los sectores y, convertirse así, en un polo orgánico de rearticulación y fortalecimiento. A esto hay que sumar la traición de algunas centrales al dar apoyo al gobierno, algunas por corrupción y felonía consuetudinaria y otras por oportunismo corporativo en la búsqueda de acuerdos para no perder todo ante la batería de ataques del gobierno, sin importar, en ambos casos, los intereses de la clase trabajadora en su conjunto. El gobierno en ese sentido se estabiliza ante la situación de continuidad de la crisis de dirección del movimiento de trabajadores.

Es por eso que, si miramos desde el campo de los intereses de la clase trabajadora, el nuevo ascenso de Cartes es una mala noticia. Su periodo de gobierno significó un retroceso en cuanto a derechos y garantías democráticas, expresadas en una virulenta persecución sindical y ataques a los derechos adquiridos de los trabajadores. El gobierno de Cartes significó un proceso regresivo en cuanto al régimen democrático burgués a consecuencia del resquebrajamiento de sus instituciones.

La reforma jubilatoria, el avance en la reforma laboral, los planes de privatización del sector eléctrico, la reforma estatal, las implicancias del plan de reactivación económica con el endeudamiento astronómico como su principal eje, entre otras medidas, tienen hasta ahora un camino más allanado con este acuerdo en el Partido Colorado que busca pulverizar los derechos y las organizaciones de los trabajadores.

La oposición busca crear un frente patriótico contra la mafia

El acuerdo colorado no alinea al resto de la burguesía. Al contrario, la unificación de ambos bloques colorados consolida al sector más descompuesto del arco burgués por sus relaciones carnales con los grupos mafiosos más facinerosos. El resto que funge de oposición democrática queda por fuera de los grandes negociados como los Zuccolillos y los Vierci, aunque este último tenga una posición más pendular con relación al gobierno de Abdo; producto del cargo que tiene un miembro de la familia en el actual gobierno, de allí los cruces periodísticos entre miembros de uno y otro medio.

Por su parte, los sectores políticos de la oposición burguesa, desde el PLRA y sus internas pasando por PQ y otros grupos menores, tienen nula incidencia a la hora de confrontar. Con Alegre a la cabeza, quien dentro de su partido ha quedado aislado, se intenta montar un espacio de frente patriótico que intenta refritar lo que fuera la “Alianza Patriótica para el Cambio” en el 2008. Alegre pretende un acuerdo nacional para confrontar a la mafia representada por Cartes en las disputas electorales que se avecinan, municipales 2021 y generales 2023.

Este proyecto de acuerdo nacional no es más que un rejuntado de partidos y corrientes de oposición (liberales y reformistas de distintos pelajes) con y sin representación parlamentaria que se distinguen por el vacío programático en torno a los intereses de nuestra clase. Además no cuenta con influencia real en el movimiento de masas aunque intente articular su proyecto con sectores sociales. Sin embargo, no puede descartarse que el mismo se constituya en el tiempo en un espacio más sólido como plataforma electoral de lo que hasta ahora representa y como otra alternativa de derecha.

Organización para hacer reaccionar al movimiento de masas

Ante este escenario de crisis brutal del sistema capitalista se pone en perspectiva el derretimiento de conquistas históricas de la clase trabajadora y una mayor precarización laboral y el consecuente rebaje de las condiciones de vida, no solo en nuestro país, sino a nivel mundial. Ante la actual situación de correlación de fuerzas desfavorable se hace imprescindible redoblar esfuerzos por agrupar a todas las organizaciones con disposición a resistir la ofensiva del gobierno e imponerle un programa de emergencia conforme a nuestros intereses.

El agravamiento de la crisis socioeconómica provocará en su momento la reacción explosiva de las masas, sólo que hay que tener en cuenta que las revueltas sin dirección política no llevan a buen puerto por más radical que pueda ser esta en su momento. La profundización de la crisis puede llevar también a un impasse del régimen y su consecuente endurecimiento para configurar un gobierno profundamente reaccionario. Este escenario no puede descartarse como una probabilidad no tan lejana.

La organización de las bases sindicales, campesinas, estudiantiles y barriales es imprescindible para llevar adelante todos los métodos de lucha de la clase trabajadora en la más amplia unidad de acción y con un programa clasista como norte. En este marco, la pelea por la independencia política de nuestra clase es clave para avanzar en las luchas que se irán radicalizando a ejemplo de las revueltas en Chile, EE.UU. y otros puntos del globo. Prepararnos para los futuros ascensos en la lucha de clases es una tarea de primer orden para una salida de fondo al modelo capitalista que aplasta nuestras vidas.