La brutalidad que la pandemia del coronavirus alcanzó en enero y febrero obligó al confinamiento para proteger la vida y la salud colectivas. La disminución del número de casos, ya en marzo, permitió que estemos viviendo hoy un nuevo proceso de “desconfinamiento”. No obstante, el gobierno Costa y el presidente Marcelo nunca garantizaron un confinamiento al servicio de los trabajadores, que protegiese los derechos y el empleo. Por el contrario, se limitaron a proteger las ganancias de las grandes empresas y a mantener las reglas de austeridad de la UE, por lo que se recusan a invertir en el Sistema Nacional de Salud (SNS), no garantizan vacunas para todos, nunca prohibieron los despidos, no garantizan apoyo a los pequeños comercios que tuvieron que cerrar, ni impidieron los cortes en los salarios y las reestructuraciones de las empresas, que todos los días dejan a los trabajadores con la soga al cuello.

Por: Em Luta, Portugal

En la TAP [línea aérea], el gobierno renacionalizó la empresa, pero en lugar de cobrar la deuda de la gestión dañosa a Neelman y Pedrosa, presentó la cuenta a los trabajadores, imponiendo un reestructuración con despidos y brutales cortes de salarios.

Ahora, en la Groundforce, que es quien hace los servicios de asistencia en tierra de la TAP (check-in, bagajes, carga, etc.), los trabajadores están hace más de veinte días sin recibir salario. La Groundforce –es preciso recordar– era parte de la TAP, habiendo sido privatizada en 2003. Como en tantos otros casos, la privatización sirvió para dar ganancias enormes a los privados (aún más en los últimos años, como el loco crecimiento del turismo en el país), pero teniendo siempre a la TAP como responsable por el pago de los salarios de estos trabajadores. Ahora, con la quiebra del sector, son una vez más los trabajadores los perjudicados, pues el accionista privado rápidamente dejó de pagar salarios y el futuro de la empresa es incierto. El gobierno, que es responsable por la TAP, dice que la SPDH/Groundforce no es estratégica, pero sin ella ni la TAP ni la mayor parte de las compañías consigue volar en Portugal. Entonces, ese argumento no pasa la prueba de los hechos.

Los trabajadores se han movilizado desde el inicio del mes para garantizar el derecho básico al salario. Arriba de la mesa están ya las jugadas de préstamos y nuevos accionistas, pero solo la nacionalización de la empresa, bajo el control de los trabajadores, podrá garantizar salarios y puestos de trabajo.

En el mismo sentido, el pasado 8 de marzo, en varias ciudades del país, las mujeres trabajadoras salieron a la calle para mostrar que su opresión y explotación se agravó aún más con la pandemia.

El día 21 de marzo, se señala como Día Internacional de Lucha contra el Racismo. El crecimiento electoral de la extrema derecha, la circulación de un petitorio por la expulsión de Mamadou Ba del país por criticar el racismo en Portugal, y las loas del Presidente de la República en el funeral de Marcelino da Mata (un asesino sanguinario de la guerra colonial portuguesa), muestran que la lucha contra el racismo es fundamental y condición necesaria para poder unir a la clase trabajadora en un momento en que esta sufre enormes ataques.

Pero sea en la lucha por salarios, por el derecho al empleo o contra el racismo, no será en los gabinetes cerrados del Parlamento o en las negociaciones con los patrones (como tantas veces nos quieren hacer creer las direcciones sindicales, la izquierda parlamentaria y muchos de los dirigentes del movimiento negro) que los trabajadores o sus sectores más explotados conseguirán combatir la avalancha de ataques en curso.

Los trabajadores de la Groundforce muestran el camino que es necesario recorrer hoy en el país. ¡No basta “desconfinar” las escuelas y la economía! Es preciso “desconfinar” las luchas por los derechos y contra todos los tipos de opresión, para que no sean los trabajadores los que paguen por la crisis.

Artículo publicado en https://emluta.net, 29/3/2021.-
Traducción: Natalia Estrada.