Los trabajadores y el pueblo pobre son una vez más víctimas por una crisis que no les pertenece. No tenemos duda: pasados 47 años del 25 de Abril, tenemos que retomar los valores de Abril e ir más allá.

Por Em Luta, Portugal

Vivimos una fuerte crisis sanitaria y social. En Portugal, cerca de 17.000 personas murieron de Covid-19, y en el mundo ya son más de tres millones. El hambre y la pobreza crecen hasta para quien tiene empleo. El miedo al desempleo o a la pérdida de ingresos es parte de las preocupaciones en la mayor parte de las familias portuguesas.

En el país donde el turismo era responsable por casi 10% de los empleos, es natural que esté planteada la inseguridad sobre el futuro. Lo mismo podemos decir sobre el 25% de la población empleada actualmente por pequeñas y medianas empresas, que son las más afectadas por la crisis social, toda vez que las medidas del gobierno favorecieron principalmente a los grandes empresarios.

La crisis revienta siempre en el eslabón más débil

En este contexto de crisis, el hecho de que Portugal sea un país subordinado a los desmanes de la Unión Europea y económicamente dependiente de los países centrales europeos hace que seamos un eslabón débil en esta cadena. Y como sabemos y vimos en la crisis de 2008/2009, la crisis revienta siempre por el eslabón más débil.

La entrada de Portugal en la Unión Europea significó el desmantelamiento de las grandes empresas nacionales, la privatización de las empresas nacionalizadas, la pérdida del control de la banca, la precarización de los servicios públicos. Como alternativa, nos dieron el turismo y la implementación de algunas empresas multinacionales, que se benefician con la mano de obra barata y especializada portuguesa. Una economía frágil y subordinada, que hace que hoy estemos mucho más expuestos a los efectos de la crisis económica y social.

La derrota de la revolución dio en lo que está a la vista

Portugal protagonizó una gran revolución, pero, en ese proceso, no era solo el derecho a la democracia lo que estaba en cuestión. La revolución cuestionó las bases del sistema capitalista, poniendo a la orden del día una revolución socialista. Como vimos, desde el punto de vista del control obrero pero también en los varios aspectos de la revolución, fue preciso un gran esfuerzo de los principales partidos de la época –PS y PCP– para que se pudiese desviar la revolución y controlar el impulso del movimiento obrero.

Aún así, conquistamos mucho: nuestros derechos democráticos, la nacionalización de las grandes empresas y de la banca, el Sistema Nacional de Salud (SNS), las mejoras y el crecimiento del sistema público de enseñanza. Pero estando el gobierno y el Estado en manos de los representantes de la burguesía, todo eso fue siendo desmontado poco a poco, fragilizando cada vez más la economía portuguesa y los derechos de los trabajadores.

Pero puede ser diferente

Todo lo que fue conquistado está cada vez más débil. Hoy atacan, incluso, aquello que nos prometieron como central: nuestros derechos democráticos. Costa y Marcelo, muchas veces con la complicidad del BE y el PCP, no dudan en renovar sucesivamente el Estado de Emergencia, en reprimir huelgas y apoyar la ilegalización de sindicatos, en mandar a la Policía a “garantizar” el confinamiento en los barrios de la periferia, reprimiendo a la población negra e inmigrante. Todo eso porque precisan asegurar las medidas que permitan el mantenimiento de las ganancias de los grandes empresarios. Es solo ver cómo actuaron frente al proceso de la TAP y de la Groundforce para percibir de qué lado están: contra los trabajadores y el pueblo pobre, al lado de los ricos y poderosos.

¡Es preciso salvar empleos y no los lucros de los capitalistas! ¡Tasar las grandes fortunas! ¡Nacionalizar, bajo control de los trabajadores, las empresas esenciales! ¡Suspender el pago de la deuda! ¡Salir del euro y de la Unión Europea!

¡Es preciso una nueva Revolución!

Conozca más sobre la revolución portuguesa, en el libro Revolución y Contrarrevolución en Portugal.

Artículo publicado en emluta.net, 25/4/2021.-

Traducción: Natalia Estrada.