Debía ser una noche de fiesta, pero el racismo no da tregua a los negros y negras que cotidianamente sienten el peso de esa opresión, sumado a las formas de explotación, ¡saben muy bien que hasta en días de relax se corre peligro!

Por: Em Luta, Portugal

La madrugada del 23 para el 24 de junio, en las fiestas de San Juan en Porto, una mujer negra fue doblemente violentada en una parada de ómnibus. Según relatos de la víctima y de personas que estuvieron en el lugar, un anciano disparó ofensas de cuño racista contra la mujer, incluso enfatizando para la víctima “volver para su tierra”. Como si eso no bastase, un guardia de seguridad le impidió entrar en el ómnibus y la agredió moral y físicamente, dejándola en un estado degradante, al punto de haber tenido que ser llevada al hospital.

Sobre ser negro en Portugal: racismo y xenofobia

El caso de por sí es suficiente para generar indignación, pero también trae muchas cuestiones a la luz.

Primero, es importante notar que los discursos racistas son construidos con una base ideológica, que busca segregar y humillar. En Portugal, esa base ideológica está asentada en su pasado colonial y esclavista, que no está superado y precisa continuar siendo denunciado y combatido; cuando un señor gusta de decir a una mujer negra que se vaya a su tierra, ¿sabe lo que eso significa? Significa que, en el imaginario colectivo, el portugués es el blanco y a los negros y negras les está reservado el lugar del “otro”, del “forastero”. Y ese lugar es siempre el de quien no posee derechos ni merece respeto, mucho menos dignidad. Este no es un caso aislado; en realidad, es un ejemplo de cómo Portugal es racista y xenófobo, pues en un país donde la ley de nacionalidad legitima que quien nace en Portugal no es portugués, donde no hay siquiera una colecta de datos censarios para saber cómo viven los negros en este país, donde el aumento de la violencia contra el pueblo negro es alarmante –relevante recordar el caso de la Cova de Moura– y donde la banca recibe más dinero que los servicios públicos, por ejemplo, los hospitales, las escuelas y la asistencia social, eso revela mucho sobre cómo es vivir en Portugal siendo negro y pobre.

Segundo, la agresión física hecha por un agente público demuestra que para los negros y negras la alternativa no es la confianza en las instituciones, pues estas son burguesas y racistas. Entonces, no se trata solo de palabras o de un caso más de violencia; ¡se trata de una estructura social, política y económica que pone a los negros y negras en una situación de vulnerabilidad, inseguridad, y, sobre todo, desigualdad!

El racismo solo acaba con el fin del capitalismo

Es preciso hacer la denuncia de que el racismo que hiere con discurso de odio es también el que golpea y el que promueve la desigualdad, pues la vida cotidiana de las personas negras muestra que este les corta la carne de las peores formas posibles. Afecta también al conjunto de la clase trabajadora, que es la que más sufre con la precarización y la explotación del capital, pues el capitalismo se apropia de opresiones como el machismo y el racismo para continuar y lucrar y empeorar la vida de los trabajadores.

Exigimos justicia para este caso, pero también afirmamos que es necesario construir espacios de lucha para cambiar el estado de las cosas en este país, para que negros y negras no precisen más pasar por este tipo de situación. ¡Es preciso construir una revolución social!

Solidaridad y disposición para las luchas

Nosotros, de Em Luta, prestamos nuestra solidaridad a la víctima de las agresiones, así como a sus amigas, que moralmente también fueron ofendidas, y repudiamos toda forma de opresión racista e xenófoba. ¡Sigamos con disposición para la lucha!

Traducción: Natalia Estrada.