En un acto de repudiable impunidad y a instancias de la cúpula del Ejército egipcio, el ex dictador Hosni Mubarak ha salido de la prisión de Tora para permanecer bajo “arresto domiciliario”.

 


Un tribunal judicial de El Cairo determinó el pasado 22 de agosto que ya no existían recursos para mantener a quien gobernó el país con mano de hierro durante 30 años en prisión preventiva, a pesar de que continúan abiertos en su contra una serie de casos relacionados a hechos de malversación de fondos públicos, enriquecimiento ilícito y, sobre todo, a su responsabilidad directa en el asesinato de por lo menos 850 manifestantes que lucharon por su caída entre enero y febrero de 2011.

La liberación de Mubarak ocurre en el marco de una ofensiva contrarrevolucionaria por parte del Ejército, que se expresa en una serie de medidas bonapartistas y represivas contra el conjunto de la población, tales como el estado de emergencia (sitio) y el toque de queda.

Los militares están aprovechando el prestigio popular que obtuvieron por haber depuesto a Morsi a través de un golpe y las movilizaciones de la Hermandad por la vuelta de Morsi (que son repudiadas por la inmensa mayoría de la población) para reprimir no sólo a la reaccionaria Hermandad sino a todo el pueblo.

En este contexto, el Ejército, con la excusa de contener a la Hermandad, también cercó la emblemática plaza Tahrir (para impedir cualquier tipo de movilización) y ha reprimido una huelga de obreros de la acería de Suez.

La salida de Mubarak de la cárcel es parte de este plan contrarrevolucionario. Y la principal tarea del movimiento de masas en Egipto es denunciar y combatir en las calles, en las plazas, en las fábricas, en los barrios, todas estas medidas represivas del nuevo gobierno títere de los militares.

¡Castigo a Mubarak y a todos los personeros de la dictadura!

La decisión de liberar a Mubarak de la penitenciaria fue tomada por un sistema judicial corrupto y completamente controlado por el poder militar. Desde el comienzo de la revolución, esta maquinaria judicial centró sus esfuerzos en garantizar la impunidad no sólo del ex dictador sino de toda la alta cúpula militar y policial.

Es así que Mubarak – y su ex ministro del Interior, Habib al-Adly– llegaron a ser condenados a cadena perpetua el 2 de junio de 2012 –la fiscalía pedía una sentencia de muerte– pero un tribunal de casación ordenó en enero de este año la anulación de aquella sentencia por la “existencia de errores procesales”.

Esto obligó a que todo el juicio deba ser repetido desde el comienzo.

El nuevo juicio debió comenzar en abril, pero fue retrasado varias veces durante estos meses a raíz de una serie de apelaciones, inhibiciones de jueces y todo tipo de maniobras jurídicas que desembocaron en la salida de prisión de Mubarak.

La salida de Mubarak de la cárcel es parte, entonces, de todo un proceso de impunidad en el que ningún alto mando de su gobierno fue castigado. Los dos hijos de Mubarak, Alá y Gamal, fueron absueltos de las acusaciones de corrupción. En el caso del asesinato de manifestantes, sólo fueron procesados, además de Mubarak, el que entonces era ministro del Interior y otros seis altos cargos policiales. Ningún alto mando militar ha sido siquiera procesado.

Es equivocado pensar que el gobierno de Morsi enfrentó este proceso de impunidad contra los asesinos del pueblo. Todo lo contrario, tanto el ex presidente islamista como la cúpula de la Hermandad fueron parte del blanqueo.

A partir del pacto con la cúpula de las FFAA, Morsi nunca impulsó ningún tipo de medida para castigar a Mubarak ni a ningún otro represor de su largo gobierno dictatorial.

No se puede permitir retroceder ni un paso en cuanto a las libertades democráticas que el pueblo fue conquistando en estos dos años y medio, en los cuales ya fueron derrocados dos presidentes del régimen militar y hubo miles de muertos. Por ello, es necesario movilizarse y exigir:

¡Cárcel para Mubarak y para todos los represores de su gobierno!

¡Confiscación de todas las fortunas de Mubarak y toda la cúpula militar!

¡Fin inmediato del estado de sitio y al toque de queda!
 
¡Basta de masacres!