Mucha sangre derramada, destrucción y alerta de posible contaminación por gases tóxicos a kilómetros de distancia. Vidrios, ventanas y puertas quebrados, construcciones enteras destrozadas, mucha desesperación, caos, lágrimas y dolor. Esas son algunas de las imágenes y relatos dramáticos que llegan de Beirut, capital del Líbano, luego de la fuerte explosión registrada en la zona portuaria de la ciudad este martes 4 de agosto.

Por Soraya Misleh

Desde la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT) y sus partidos en diversos países, expresamos solidaridad incondicional con los libaneses y también con los refugiados sirios y palestinos que viven en el país, sus familiares y amigos en todo el mundo.

Según datos oficiales, hasta el momento hay 70 muertos y 3.700 heridos como consecuencia de la megaexplosión. Informaciones llegan a cada minuto, y esos números pueden ser mucho mayores. Hay relatos de personas desaparecidas bajo los escombros de construcciones destruidas, y la Cruz Roja en el lugar dice que no para de recibir pedidos de socorro.

Hospitales en Beirut, que ya venían enfrentando una situación dramática con la grave crisis socioeconómica y política por la que pasa el país en medio de la pandemia de Covid-19 –lo que detonó revueltas y protestas a partir de 2019–, no están dando cuenta del gran número de víctimas. Corredores llenos y médicos atendiendo en automóviles son otras imágenes que componen esa tragedia. Hay, de acuerdo con los relatos, alerta de contaminación por gases químicos y recomendación de que la población no salga de casa, por riesgo de intoxicación. La Universidad Americana de Beirut está pidiendo donación de sangre de todos los tipos para las víctimas.

Aún están siendo investigadas las causas de la explosión. Algunas hipótesis son levantadas, ante la indignación y el luto. Entre ellas, relatos de la población, de que antes fueron oídos sonidos de aviones sobrevolando el lugar este martes. La sospecha, en este caso, es de un ataque sionista, ante tensión creciente y amenazas venidas del Estado asesino de Israel, que se apresuró en afirmar que no tuvo nada que ver con la explosión.

En las redes sociales, se hablaba aún de que el local almacenaba armas y pólvora de Hezbollah, el cual lo refutó. Y por último, según relatos de libaneses, que en la zona portuaria hubo inicialmente una pequeña explosión que alcanzó un antiguo navío abandonado hace cinco años. Este almacenaba gran concentración de nitrato de amonio, lo que causó la segunda y trágica explosión. Conforme el relato, el navío estaba hundido y ya se habían hecho denuncias por funcionarios del puerto al gobierno libanés sobre posible riesgo de accidente…, pero nada fue hecho. En este caso, sería negligencia y falta de cuidado criminales.

Sea cual fuere la causa, es evidente que la megaexplosión no fue un accidente inevitable. Al expresar nuestra solidaridad, nos hermanamos en este triste momento en el sentimiento de que las causas de esta tragedia sean elucidadas y se haga justicia.

Traducción: Natalia Estrada.