Olho na pressão, tá fervendo
Olho na panela
Dinamite é o feijão cozinhando
Dentro do molho dela.
Lenine

[Cantor e compositor brasileiro]

Por: João Ricardo Soares e Mariucha Fontana

La insurrección ecuatoriana en el 2000 abrió un período de grandes movilizaciones de masas en el sub continente sudamericano que derribaron varios presidentes (Ecuador, Argentina, Bolivia).  Casi veinte años después, Ecuador volvió a encender la mecha de Sudamérica. Pero el proceso abierto en 2019, cuya continuidad y profundidad permanece, teniendo a Chile como el polo más avanzado, también despertó a Colombia. Ante ese aire fresco de la presencia del movimiento de masas en el sub continente, en forma aparentemente contradictoria, el intento de reelección de Evo Morales termina en un golpe en Bolivia.

Este mismo fenómeno contrasta con la vuelta de la fracción kirchnerista del peronismo argentino, cuando a pocos kilómetros de la Casa Rosada, el Frente Amplio uruguayo pierde en las elecciones presidenciales.

Estas notas tienen el objetivo de discutir el momento actual de la lucha de clases en Sudamérica y cuáles son sus características fundamentales. En qué sentido podemos referirnos a un nuevo momento de la lucha de clases en el subcontinente y qué es lo fundamental entre los diferentes procesos nacionales

“Ojo en la presión, está hirviendo …”

  1. A partir del 2000, una ola de movilizaciones, insurrecciones y semi insurrecciones contra las medidas de ajuste dictadas por el imperialismo y aplicadas por cada una de las burguesías, conocidas por “neoliberales”, recorrió Sudamérica. Y ese período contrastó claramente con el reaccionario de los años 90, donde las medidas aplicadas en unísono no desafinaban: aumento de la explotación, desindustrialización de algunos países, expoliación de los recursos naturales, privatizaciones y desnacionalización, acuerdos de libre comercio etc. La apertura de un nuevo ciclo político por la insurrección ecuatoriana en el 2000 que, al igual  que el “caracazo” venezolano, dividió las fuerzas armadas, indicaba la posibilidad, como mínimo, de derrotar, totalmente o en parte, el ajuste exigido por el imperialismo. El ajuste interno tenía como contrapartida la apertura del mercado mundial a las exportaciones de los recursos naturales de la región, dígase de paso controlada por los monopolios internacionales, y condiciones para que la servil  clase dominante regional entrase como socia menor de los monopolios imperialistas en el sendero de la nueva ola de saqueo en el subcontinente.
  2. La sincronía de las sublevaciones en algunos países adquirió un carácter insurreccional. El ajuste “neoliberal” de los 90 fue cuestionado por la vía de la lucha de clases y como subproducto inmediato las masas que lucharon eligieron en la mayoría dos países de la región a gobiernos de las fuerzas políticas que aparentemente se ubicaban contra el ajuste. Todos los gobiernos de colaboración de clases que resultaron de esta ola insurreccional, tanto los que fueron subproducto directo de las sublevaciones  (Correa, Kirchner, Evo Morales) o los indirectos (Lula, Vázquez, Lugo) mantuvieron el proyecto de recolonización  regional intacto.Y en el caso chileno, donde el ajuste fue impuesto por la dictadura de Pinochet desde el final de los años 70, fue administrado posteriormente por los gobiernos de los PS.  Primero por Lagos (2000) y los sucesivos gobiernos de Bachelet, siendo el último integrado pelo PCCh. Todos, mantuvieron íntegramente y profundizaron  el sistema de expoliación diseñado durante la dictadura.

El subcontinente seguía el sendero de Venezuela donde, antes, el Caracazo dividió a las fuerzas armadas en uno de los más profundos procesos de la lucha de clases, dando origen al gobierno Chávez.  Se abrieron las condiciones sociales y políticas para destruir el control de la renta petrolera por el imperialismo y la parasitaria burguesía venezolana. No obstante, el chavismo, a pesar de la retórica,  al igual que todos los gobiernos  similares hizo lo opuesto.  Sólo Perú y Colombia por las especificidades nacionales no integraron este proceso.

  1. Los gobiernos que se presentaron a las masas como contrarios al ajuste en curso, fueron en verdad la otra cara del ajuste: profundizaron la inserción de los países en la división mundial del trabajo impuesta por  el imperialismo y las medidas internas de expoliación. La única diferencia en la devastación social y en la recolonización estuvo en la intensidad y en los ritmos nacionales, que varió conforme a la relación de fuerzas nacional y al lugar que cada país ocupaba en la cadena productiva dominada por el imperialismo. Pero, independiente de los ritmos de ajuste, todos los países se adaptaron al super ciclo de las mercaderías intensivas en recursos naturales, así como a las exigencias del imperialismo para cabalgarlo.

No obstante, los dos fenómenos que los caracterizaron: la ascendente curva de desarrollo  capitalista y los programas asistenciales que arrojaban las migajas del banquete de lucros, ya no se pueden repetir en la fase actual. Al mantener intacto el proyecto capitalista-imperialista para la región, y desarticular la ola de respuesta de las masas, estos gobiernos pavimentaron el camino para la reacción.

  1. La crisis abierta en 2007 solamente abrió sus alas en el subcontinente cuando las medidas contra-cíclicas llevadas a cabo por Pekín se agotaron y comenzó la caída profunda de los precios de las mercaderías exportadas. Las consecuencias sociales de la desnacionalización y subordinación al mercado mundial por la división del trabajo muestra su cara. La escalada de la crisis fue proporcional al lugar que cada país ocupaba en la cadena productiva mundial. Brasil y en menor medida Argentina (por el nivel de devastación mas profundo de la producción  industrial en los 90) pasan a ocupar un lugar inferior en la cadena productiva dominada por el imperialismo. La inversión de la curva exige el aumento de la velocidad del ajuste, que comienza durante  los gobiernos de colaboración de clases: aumento del pillaje, super explotación  y degradación ambiental por la explotación extensiva de los recursos, para compensar la caída de los precios de los bienes que exportan.
  2. Al mismo tiempo, se abre una lucha abierta por el control del Estado por las viejas clases dominantes. Ante el desgaste de los partidos burgueses tradicionales que aplicaron el ajuste en los 90 y que fueron sustituidos por las fuerzas “progresistas” aparecen organizaciones  de ultraderecha que buscan ocupar el espacio  abierto por la ruptura de sectores das masas con los gobiernos de colaboración de clases. Estos fenómenos se dan en el  mismo tiempo cronológico generando distintos tiempos políticos en el subcontinente. La diminución de la renta nacional lleva a que todas las clases salgan a la lucha: además del proletariado urbano, los estratos medios y la pequeña burguesía urbana y rural. Y la participación de los pueblos originarios (Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia) replantea la  cuestión de la opresión nacional por la saña recolonizadora.
  3. El grado de tensión en la lucha de clases tiene una doble raíz. El nivel insoportable de la situación social de las masas y la importancia del control del aparato estatal por cada una de las fracciones burguesas. No se trata solamente de controlar las medidas anti cíclicas que puedan favorecer a los distintos bandos. En cierta medida el saqueo del Estado es una parte, si no la más importante, de la solución de la crisis de la rentabilidad capitalista. Inaugurada por la dictadura de Pinochet, que amplió este saqueo de forma exponencial, no solamente del Estado, sino del proletariado, Chile es la referencia de las contra-reformas de Duque, Guedes y Ortega, así como de los gobiernos estatales del PT brasileño y sus aliados.
  4. A diferencia del período anterior donde el chavismo polarizó todo el continente con su retórica anti-imperialista, la combinación entre la catástrofe social venezolana y la dictadura de Maduro, la ola de inmigrantes que huyen del hambre, no le permite cumplir el mismo papel anteriormente desempeñado. Aunque haya generado un enfrentamiento más profundo entre dos sectores burgueses, fue incapaz de galvanizar a las masas en el subcontinente. Mientras tanto, el calendario electoral marcaba el paso del proceso político (con la excepción del  impeachment de Dilma en Brasil) y el movimiento de masas ocupaba el segundo plano en las disputas inter-burguesas. La “irrupción violenta de las masas en el escenario político” una vez más a partir de Ecuador, contagia Chile y Colombia y pone al movimiento de masas en el  primer plano del escenario político del subcontinente.
  5. A pesar de las desigualdades de los tempos políticos nacionales que se expresan en las diferentes fuerzas políticas burguesas que están al frente en la implementación del ajuste, se abrió un nuevo momento de la lucha de clases, en la cual cada uno de los procesos nacionales influenciará y será influenciado por la dinámica regional. Al mismo tiempo, en que la nueva situación lleva consigo el peso y las trabas del ciclo anterior que desviaron la lucha contra la recolonización cuya superación es indisociable de la superación del propio capitalismo-imperialista.
  6. Hay dos factores que difieren profundamente del ciclo anterior, la inversión del ciclo económico a escala mundial, o como se quiera llamar, la “crisis del proceso de globalización”, así todos los gobiernos deben encarar el ajuste para mantener los lucros del capital en una curva descendente que perdura. Los partidos de la “ola progresista” sufren el mismo desgaste de los partidos burgueses tradicionales que aplicaron el ajuste en los noventa, pero con una diferencia substancial, la intensidad y barbarismo de la nueva rodada de medidas por los nuevos gobiernos, debido a la intensidad de la crisis, permiten a estas organizaciones preservar parte de su base social, como base electoral. Pero, diferente del enraizamiento social del período anterior, que cabalgó el ascenso económico y fue capaz de desviar la ola de insurrecciones y semi insurrecciones  que cuestionaron las medidas estructurales que aumentaron la subordinación, hay una experiencia con ellos. Sumados, esos factores implican  una polarización social más profunda,  en  la que pese a  la unidad del ajuste, este no se corresponderá a un mismo proceso político a escala del subcontinente.
  7. Esta polarización se expresó en la tendencia al enfrentamiento de dos bloques burgueses, cuyo proceso más profundo es Venezuela, donde la apropiación de la renta petrolera depende directamente del control del Estado siendo el factor crucial de sobrevivencia de ambos bandos burgueses. Pero tanto Venezuela y Bolivia, como los países cuyos gobiernos fueron subproducto indirecto de las sublevaciones, padecen de la misma contradicción: “al practicar políticas que debilitaron el campo popular que los eligió, estos gobiernos ayudaron a crear las condiciones para la reacción antipopular que se vislumbra.” (dos Santos, 2019). En otras palabras, mantuvieron intacto el proyecto neocolonial, y, al mismo tiempo cooptaron e institucionalizaron parcelas significativas de las organizaciones del movimiento de masas. Al ser parte del ajuste desmoralizaron un sector de masas del proletariado y prepararon el terreno para la reacción y para la contrarrevolución. Cumplen, por lo tanto, el papel histórico de impedir que la lucha de las masas cuestione el capitalismo-imperialista.
  8. La profundidad del proceso revolucionario abierto en Chile, tal vez tenga una profunda relación con la disociación de los tiempos políticos de este nuevo ciclo al mismo tempo en que lo explica. Mientras la mayoría de los países sudamericanos amargaron la aplicación de los planes de ajuste durante los anos 90, las medidas fundamentales y la arquitectura del ajuste en Chile fue realizada en los 80. Los gobiernos que substituyeron la dictadura en 1990 (Concertación[1]) mantuvieron toda la arquitectura neoliberal y la profundizaron. La “Revolución de los Pinguinos” iniciada por la juventud en 2006, durante el primer gobierno de Bachelet, termina sin conseguir revertir la máquina de robo y corrupción en que se  había convertido el sistema educacional chileno. Ella retorna de forma aún más profunda en 2011-2012, esta vez  chocándose con el primer gobierno de Piñera, al mismo tiempo en que la coordinación de luchas No+AFPs  comienza el movimiento para acabar con el sistema de capitalización privado de las jubilaciones, que atravesó los dos gobiernos, sin ningún resultado. Desde 1990, o por lo menos desde el 2000 cuando se suceden los gobiernos del PS (con la participación del PC en uno de ellos) no hubo ninguna alteración de fondo en la forma de expoliación con que la clase dominante profundiza sus lucros. Los escándalos de corrupción también fueron comunes a la “izquierda” y a la derecha. Hasta ahora, las dificultades de desviar la irrupción de las masas  en la  escena política, llevando al enfrentamiento abierto con la represión, se explica por los fusibles ya utilizados, es decir, explica la dificultad de detener la situación por la vía del cebo,  sin hacer ninguna concesión real que cuestione la arquitectura de expoliación y robo del capitalismo a la moda chilena.
  9. A pesar de la unidad del proceso social los tiempos políticos no son los mismos. La posibilidad de superarlos estará en razón directa con la profundidad de los procesos revolucionarios nacionales. En este marco, tanto la derrota del Frente Amplio en Uruguay y la vuelta de la fracción Kirchner del peronismo al gobierno argentino, casi que de forma simultánea, deben ser vistos como parte de las distintas versiones de un mismo fenómeno. Ahora el kirchnerismo actúa de forma preventiva ante el desgaste de Macri impidiendo que Argentina recorra el mismo camino de Chile y Ecuador. Al contrario, el desgaste del Frente Amplio, permite el escape por la derecha en Uruguay. Ambos hacen parte del mismo proceso, impedir la autodeterminación de las masas y mantener en esencia la misma estrategia, con la diferencia de cual sector burgués conducen los negocios. En Brasil, el desgaste de Dilma y las movilización de masas que inaugura la ola de cuestionamientos a las medidas exigidas por el  capital llevadas a cabo por el gobierno del PT, termina con la precipitación de sectores burgueses con el  impeachment  de Dilma (así como la prisión de  Lula). Probablemente salvando al PT de la necesidad de un enfrentamiento más directo con el movimiento de masas y manteniéndolo como salvaguarda ante una posible explosión social. Esta falsa polarización ante la relación con el imperialismo tiene un sentido funcional al sistema: mantiene intacto el proyecto neo colonizador, al mismo tempo en que mantiene el control del movimiento de masas.
  10. Pero en la hipótesis de que algunos países tengan el camino preventivo de Argentina, el neo desarrollismo brasileño, el capitalismo en serio en la Argentina, el proceso de cambio en Bolivia, la revolución ciudadana en Ecuador, que podrían ser sintetizados, todos ellos, en el intento de compensar las consecuencias sociales del ajuste, y controlar o atrasar la reacción de las masas, son irrepetibles como proyecto económico/político en la fase actual. En el plano regional, la tendencia a la desindustrialización de Brasil y Argentina disminuye las posibilidades de que funcionen como motores regionales. Y, en el plano internacional, el acoplamiento a las tasas de acumulación capitalista chinas, indica que independiente del ritmo en dirección a una recesión mundial, la estagnación y retroceso económico producto de la subordinación imperialista y el saqueo que profundizan los elementos de barbarie serán la marca registrada. Los márgenes se estrechan para la clase dominante del subcontinente, que aun debe dividir el producto del saqueo con el imperialismo. En este terreno navega la ultraderecha. No existe otro plan imperialista para América del Sur, otra localización en el organismo económico mundial controlado por el imperialismo. La disyuntiva entre revolución y contrarrevolución es aún más profunda en este nuevo ciclo.
  11. Y en el caso de Chile la explosión social antecede a la recesión. Y, aun permaneciendo inalterado el cuadro de la economía mundial, la explosión de las masas chilenas tiende a precipitar el camino a la recesión y crisis. Diferente de la gran burguesía brasileña, donde un sector aun produce para el mercado interno (cada vez menor), la fuente de lucro de los monopolios chilenos depende directamente del saldo creciente de la balanza comercial anclada fundamentalmente en la minería. Esto es lo que permite los dólares necesarios para que sea importada la mayor parte de los artículos consumidos, para que las grandes redes de tiendas puedan expoliar a los compradores. La burguesía chilena se volvió compradora y expoliadora de los recursos naturales como fuente de sus lucros – tal como en el siglo XIX. Si la desaceleración de las exportaciones se combina con la desvalorización de la masa de títulos concentrados en las AFP’s (70% do PIB) parte de ellos en el exterior, explotará completamente el sistema de jubilaciones y podríamos ir a un escenario depresivo. Justo en el momento en que el “modelo” de expoliación chileno se convierte en la referencia para el subcontinente. La hipótesis de esta combinación es una de las tendencias posibles, las cuales están profundamente vinculadas a la velocidad de desvalorización del capital en China. En cualquier caso las tendencias analizadas más arriba, convierte la lucha entre las clases aun más cruenta y dura, pues la burguesía se prepara para los peores escenarios y en base a ello toma sus decisiones.
  12. En Chile, el desequilibrio entre las clases fue el detonante para alterar el relativo equilibrio económico. Para restaurarlo, la burguesía necesitará reequilibrar las relaciones entre las clases para el nivel anterior a la apertura del proceso revolucionario. En otras palabras, necesitará detener el proceso de autodeterminación de las masas antes que este se convierta en doble poder organizado.

La falsa polarización no ganó el terreno en Chile[2], por eso, y hasta ahora, cabe a la derecha encarar directamente la tarea de invertir la correlación de fuerzas.

Las dificultades del régimen chileno de absorber reformas reales – dado el nivel de concentración de la propiedad y de la expoliación en pocas familias asociadas al imperialismo – tiende a mantener a las masas en las calles. Sin ninguna concesión real, Piñera intenta desviar la tendencia a la guerra civil. Pero el control del proceso constituyente por la derecha indica las dificultades de este mecanismo de generar expectativas en las masas, dando un respiro, a la situación abierta en octubre.

La combinación entre el aumento de la represión y un proceso constituyente controlado, aumentando la represión a la primera línea, y haciendo pequeñas concesiones (y apostando también en el cansancio) a otros sectores parece que es la opción actual.

No menos importante, pero que no será abordado en estas notas, es la capacidad de los regímenes democráticos burgueses en  el subcontinente de absorber los  levantamientos de masas. La combinación de factores analizados anteriormente, indica alguna dificultad, más allá de las particularidades nacionales.

  1. Una característica común al proceso en curso Ecuador, Chile y Colombia es el carácter popular y juvenil de la vanguardia, pero no solamente estudiantil, con gran participación de un proletariado precarizado. El factor común a los tres procesos es que el proletariado industrial no es vanguardia, ni de las huelgas generales ni de los enfrentamientos. Los empleados públicos estuvieron en la vanguardia de las huelgas generales, y algunos sectores de la clase obrera chilena como portuarios. Pero de conjunto los batallones pesados del proletariado no ultrapasaron sus direcciones burocráticas, ya sea en la organización de las asambleas populares, o de los bloqueos. Este mismo fenómeno estuvo presente tanto en la llamada primavera árabe, como en Brasil en 2013. En general los procesos fueran abiertos por los sectores que los aparatos contrarrevolucionarios no controlan. Al mismo tiempo en que ese factor constituye la fuerza de los procesos en curso es su mayor debilidad. Pero hay que distinguir los factores que abren el proceso, de aquellos de los que depende su continuidad. El avance de las distintas situaciones revolucionarias será tanto más profundo en la medida en que el proletariado industrial se adentre en el proceso. La falta de iniciativa de la burocracia sindical en este sentido abre la posibilidad para iniciativas por fuera de esos aparatos, si el embrionario proceso de las asambleas populares se extendiese al proletariado industrial estaríamos ante un salto cualitativo de la situación.
  2. Quien pretenda analizar la lucha entre las clases como los movimientos de las mareas, como olas – progresivas y reaccionarias – simplificará la realidad, y como un malabarista transformará los movimientos de las mareas en “campos gravitacionales”, ignorando la lucha entre las clases y el papel del imperialismo, actuará como último vagón del tren que en el pasado reciente aseguró el movimiento de masas, e intentará nuevamente cumplir el mismo papel, de evitar el enfrentamiento contra la nueva ola de ajustes.
  3. Lo dicho hasta ahora, nos obliga a identificar las fuentes de las crisis que están abriendo nuevas situaciones revolucionarias. La fundamental es el límite de las condiciones de existencia de las masas en el subcontinente. No se trata solamente de los niveles de pobreza como consecuencia del ajuste anterior, sino de la alternancia, en el interior de una misma generación, de una prosperidad relativa y expectativas frustradas, probablemente eso impacta más en la juventud. El alto grado de explotación era soportado por las masas, en la medida en que existía algún nivel de previsibilidad para sus vidas y promesa de movilidad social. Esa realidad explotó. La única cosa que sobró fueron las deudas y una concentración aun más profunda de la propiedad y de la renta. Ahora una segunda ola de ajuste aún  más  profundo está en curso, basada  en la pura y simple expoliación que  pavimenta el camino de la barbarie en el  interior de la generación que vivió el ciclo anterior – conviviendo en su mayoría con  la ola de gobiernos “progresistas” o de derecha que fueron los  instrumentos del ajuste.
  4. La segunda fuente es la desaceleración del organismo económico mundial explotando los eslabones más  frágiles de la cadena, antes mismo de que una recesión sea realidad. Países y regiones enteras cuya “especialización” productiva  exigida por el imperialismo para ocupar un lugar en la cadena productiva mundial están siendo profundamente afectados. [3] Y este es el  caso da América del Sur, que al especializarse en productos primarios para el sistema mundial de mercaderías, y concentrando sus exportaciones  para  el  este de Asia, ata el crecimiento de los lucros a la continua expansión de la economía china, puesta ahora en jaque por el amo imperialista.

A diferencia del proceso anterior, la sincronía de la estagnación y no el ascenso de los lucros, exige un nuevo equilibrio en las relaciones entre las clases que esté conforme con  el lugar que ocupan en la cadena productiva. Este nuevo equilibrio corresponde a la nueva forma desequilibrada con la que las burguesías dividen el producto del saqueo con  el imperialismo. Pero este nuevo proceso de la lucha de clases abierto en el subcontinente tampoco tendrá la misma sincronía política del proceso anterior. La violencia del ajuste dejará más abierta la lucha entre revolución y  contrarrevolución y más cruenta la lucha entre las clases.

REFERENCIAS

https://litci.org/es/categoria/menu/especial/rebelion-en-chile/

https://litci.org/es/categoria/menu/mundo/latinoamerica/

Santos. Fabio L.B. Uma história da onda progressista sul-americana (1998-2016) Ed. Elefante, 2019.

[1]             En el plebiscito convocado por Pinochet, para mantener su dictadura fue construido un frente de partidos la “Concertación de Partidos por el No”, compuesta por: Partido Demócrata Cristiano(PDC);Partido por la Democracia(PPD);Partido Radical Social Demócrata(PRSD) y Partido Socialista(PS). Con la derrota de la dictadura en el plebiscito son convocadas elecciones generales y el frente elige a Patricio Aylwin (PDC) como presidente. Este frente elige todos los gobiernos pos dictadura hasta 2010, (Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet) cuando Piñera se elige para su primer mandato. El segundo mandato de Bachelet (2014-2018) es una versión más a la “izquierda” de la Concertación, en la Nueva Mayoría  es  incluido el PCch, la Izquierda Ciudadana y el Movimiento Amplio Social. Con el Pcch asumiendo cargos ministeriales.

[2]             Pese al crecimiento de los sectores frente populistas en el último período, el  Frente Amplio si bien controla la prefectura de Valparaíso,  no tiene aun el peso suficiente para conducir, hasta ahora, ese proceso. Con el proceso revolucionario los partidos que lo componen se dividieron y algunos están en ruptura abierta por el apoyo dado al “pacto por la paz” de Piñera donde algunos de sus diputados votaron las leyes represivas que permiten que el ejército vuelva a las calles sin la declaración de Estado de Emergencia.

[3]             Los primeros reflejos de una conflagración regional como subproducto de esta profunda crisis fue la llamada “primavera árabe” iniciada en 2010 que condujo a la guerra civil en Libia y Siria. El  control de la renta petrolera por una burguesía cobarde  y servil a los intereses del imperialismo impone un Estado policial permanente que mantenga la mayoría de la población controlada a base de la represión. Las demandas democráticas en todos los países se cruzan con la revolución social. La vuelta de las masas argelinas algunos años después  reivindicando una segunda y verdadera independencia no deja de ser el reflejo de hasta donde las masas pueden llegar sin una dirección revolucionaria.