Las mujeres en Arabia Saudita sufren una brutal opresión, siendo obligadas a convivir con la imposición de un hombre, como tutor que decide todo por ellas.

Por: Helena Souza

En Arabia Saudita, la mujer no puede conducir; es el único país del mundo con esa prohibición. En 1990, alrededor de 40 mujeres salieron conduciendo automóviles por las calles para desafiar la prohibición, y fueron detenidas y castigadas. No obstante, desde entonces el movimiento se amplió y continuó, hasta que, en setiembre del año pasado, el príncipe heredero Mohamed bin Salman, firmó un decreto, previsto para entrar en vigencia el próximo 24 de junio, por el que revoca la absurda prohibición.

No obstante, entre los días 15 y 18 de mayo, activistas (mujeres y hombres) que están al frente del movimiento por los derechos de las mujeres fueron presas/os por orden del gobierno[1].

Entre las detenidas se encuentra Iman al Nafyan y Luyain al Hazlul[2], conocidas activistas que ya fueron presas en varios otros momentos. Luyain al Hazlul, de 28 años, desafió la prohibición en 2014 y salió por las calles al volante de un automóvil. Una acción que, junto también a la activista Maysaa al Amaudi, llevó a que pasaran 73 días en la prisión[3].

También se encuentra entre los detenidos la enfermera Al Shubar, que, según los medios de comunicación, “desarrolla actividades de defensa a las víctimas de violencia y a las jóvenes reclusas en casas de abrigo”, además de luchar contra la “jurisdicción masculina sobre la mujer”.

Además de esas mujeres, están también detenidos dos hombres: Al Nafyan y Al Hazlul, que son activistas y apoyan la lucha por los derechos de las mujeres.

Según la ONG internacional Human Rights (HRW), “defensores de derechos humanos sauditas dijeron que en setiembre de 2017 la Casa Real saudita llamó a los activistas más conocidos del reino, incluyendo algunos de los detenidos esta semana, y les advirtió para no hablar con los medios de comunicación”[4].

Y los sectores conservadores habían comenzado una campaña en las redes sociales, a un mes de la fecha establecida para la anulación de la prohibición de conducir de las mujeres, donde decía: “Las mujeres no dirigirán”.

El gobierno está emprendiendo una gran campaña contra esas/os activistas, acusándolos de formar una “célula” que supone problemas de seguridad para el país por su “contacto con entidades del extranjero con el objetivo de socavar la estabilidad y el tejido social del país”[5]. Lo que parece, es una campaña que alcanza a otros/as activistas de los derechos humanos en el país. Todo indica que el gobierno tiene la intención de volver atrás el decreto que firmó el año pasado después de mucha presión del movimiento de mujeres, incluso apoyado por la mayoría de la sociedad.

Es importante resaltar que la lucha por los derechos de las mujeres en Arabia Saudita no para con el derecho de conducir, pues esta no es la única medida de opresión que ellas enfrentan en el país. Como dice Manal, una de las activistas de los derechos de la mujer: “Conducir es solo una de las prohibiciones que sufrimos. No es la más grave, pero es un símbolo, porque cuando tengamos derecho a conducir será porque el sistema de tutela se está quebrando”[6].

En el sistema de tutela, las mujeres son obligadas a tener lo que es llamado mahran, el hombre “guardián” o “tutor”. Sin la autorización de ese hombre, que puede ser el padre, el marido, el hermano o incluso, a falta de estos, el hijo, la mujer no puede:

–Salir de casa, viajar, sacar pasaporte, abrir cuenta bancaria, alquilar un inmueble, ir a una consulta médica o hacerse una cirugía, entrar en un cementerio, etc.

-Mostrar cualquier parte del cuerpo. Ellas están obligadas a usar velo y abaya, un largo vestido negro de mangas largas que cubre totalmente el cuerpo.

– Bañarse en playas o piscinas públicas. Hay playas específicas para mujeres, y en hoteles donde hay piscinas, estas son exclusivas para hombres.

– Trabajar en espacios compartidos con hombres. En los edificios públicos hay entradas diferentes para hombres y mujeres, pues la mujer no puede conversar o tener contacto con hombres que no sean de su familia.

Eso lleva a que las mujeres tengan dificultades para trabajar, quedando totalmente en dependencia de los hombres para su sobrevivencia y sufriendo todo tipo de violencia.

De esta forma viven las mujeres en Arabia Saudita. No obstante, todas esas medidas de opresión sobre las mujeres no consiguieron impedir que hubiese un movimiento que, aunque enfrentando una feroz represión, no dejó de manifestarse y rebelarse. Colectiva o individualmente, las mujeres intentan romper las imposiciones.

Es necesario exigir que el gobierno libere a toda/os las/os presas/os por luchar por los derechos de las mujeres y por los derechos democráticos que son negados a la población trabajadora del país. Y garantizar que sea puesto en práctica el decreto que permita que las mujeres conduzcan.

Además, tenemos que apoyar e incentivar que las mujeres sauditas se sigan rebelando contra todas esas medidas de opresión, se organicen, avancen e incentiven a que toda la clase trabajadora, hombres y mujeres, puedan rebelarse y derrotar este sistema explotador y opresivo que impone reglas de sumisión a diversos sectores, entre ellos a las mujeres, para explotar aún más a toda la clase.

Solamente con una lucha que plantee abajo el sistema capitalista podremos garantizar la aplicación de medidas que puedan encaminarse en el sentido de la igualdad real de las mujeres.

Traducción: Natalia Estrada.