La lucha por defender la educación pública en México ha sido constante en las últimas décadas en México. Y es que desde la llegada de los neoliberales al poder en 1992, se intensificaron las políticas de privatización: privatizaron los bancos, las  minas, el petróleo y gas, la electricidad, varios medios de comunicación (como TV Azteca), los ferrocarriles, una parte sustancial de la salud, las carreteras, la telefonía, una cantidad importante de playas y un largo etcétera. Incluso han hecho persistentes intentos de privatizar el agua.

Por Francisco Bravo Herrera, miembro de la Dirección Política Nacional de la CNTE

El discurso que utilizaron fue siempre el que todo mejoraría en manos de la “iniciativa privada”, lo que, a todas luces, ha quedado demostrado como una vil mentira. En realidad lo que terminó de instalarse fue un capitalismo rapaz que provocó la concentración de la riqueza en unas cuantas familias oligarcas como los Slim, los Salinas Pliego, los Larrea, los Bailléres, los del Valle, los Azcárraga, los Hank… Todos ellos ubicados entre los magnates más acaudalados del mundo. En el lado contrario, la gran mayoría de la población del país vive en pobreza y en pobreza extrema.

En el caso de la educación, la resistencia del magisterio, aglutinado en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), ha sido decisiva para detener los planes privatizadores, teniendo su etapa más intensa durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, quien trató de imponer compulsivamente su mal llamada “Reforma Educativa”. Los costos para la CNTE y para el magisterio en general, fueron elevados: varios muertos, decenas de encarcelados y cientos de maestros cesados, sin dejar de lado las múltiples formas de represión policiaca y administrativa.

Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, fue revertida una parte de aquella “Reforma Educativa”. En particular se eliminaron los exámenes punitivos para los docentes, que estaban directamente vinculados con la estabilidad en el empleo y se ha reinstalado a la gran mayoría de los profesores despedidos. Pero no fue una concesión del nuevo gobierno, sino una conquista que los maestros ganaron en las calles y en las aulas. En lo concerniente a la visión educativa no ha habido verdaderos cambios. Cambios cosméticos y de nombres, como que ahora ya no se llama “educación de calidad”, sino “educación de excelencia”… Incluso, constitucionalmente siguen presentes la mayoría de  conceptos y objetivos del sexenio peñista.

Lo peor de todo

Se han ido realizando acciones que nuevamente ponen en peligro la educación pública de nuestro país. A propósito de la pandemia, han empezado a meterse en el ámbito educativo grandes trasnacionales como Google, quien aparentemente no cobra, pero que ha ido metiendo sus ideas educativas y se ha ido conformando como un orientador de la práctica docente mediante sus “tutoriales”. Así, de manera silenciosa, se ha ido posicionando como una herramienta estructural del proceso enseñanza-aprendizaje. Todos sabemos que detrás de cada acción, estas empresas tienen objetivos relacionados con el lucro, que tarde o temprano lo cobran del dinero del pueblo.

Otro hecho preocupante fue el “Convenio” que el gobierno de la “Cuarta Transformación”, 4T firmó el 3 de agosto del 2020, con los dueños de las cuatro corporaciones televisoras más poderosas: Emilio Azcárraga de Televisa,  Benjamín Salinas de TV Azteca, Olegario Vázquez de Grupo Imagen y Francisco González de Multimedios (Milenio TV).  He aquí algunas reflexiones:

  1. Desde el punto de vista político-económico, se sigue beneficiando a los mismos que han devorado la riqueza de nuestra Nación, (se habla de un pago de 450 millones de pesos). Sólo basta revisar cómo subieron las ganancias de Televisa y TV Azteca en el mercado, después del citado Convenio. Además la Secretaría de Educación Pública (SEP) encabezada por Esteban Moctezuma Barragán, quien trabajaba para los Salinas, firmó contratos por 36 millones de pesos para que una empresa ligada a Electra (propiedad de Salinas Pliego) produzca materiales audiovisuales que se utilizarán en el regreso a clases. ¿Pura coincidencia? ¿No acaso este gobierno prometió no ligarse con la “mafia del poder” de la cual forman parte estos nombres?
  2. Ese dinero se hubiera destinado para fortalecer la infraestructura educativa, sobre todo porque en el país siguen existiendo miles de escuelas que no cuentan con luz eléctrica, drenaje, piso de cemento y mobiliario decente para las niñas y niños. También se pudo invertir en equipar con internet u otros medios tecnológicos a los planteles que no lo tienen. Todavía no han sido reparadas decenas de escuelas dañadas –¡Hace tres años!– por el sismo del 19 de septiembre de 2017, incluidas varias en la Ciudad de México.
  3. El Convenio con las televisoras es una muestra más, de la cercanía que este gobierno está teniendo con los grandes empresarios. Recordemos que en la reciente visita de López Obrador a Estados Unidos, fueron justamente estos oligarcas quienes lo acompañaron.
  4. Desde el punto de vista Pedagógico, la enseñanza mediante un modelo con televisoras es poco provechoso, porque el alumno o alumna se asume más como un espectador que como un estudiante. Es decir, al no haber interacción, difícilmente hay aprendizaje. En este esquema el docente queda relegado y su intervención es mínima pues se habla de que obligatoriamente las alumnas y alumnos deben ver diariamente cinco programas de televisión de cinco asignaturas distintas, de las cuales se desprenderán igual número de actividades o tareas. Además, consideremos que una parte de los papás ya salieron a trabajar y no acompañarán a los hijos. Pero incluso, si estuvieran, no todos tienes los conocimientos para ayudar. ¿Podrán las niñas y niños estar dos horas y media escuchando clases de una persona que no conocen y sentados delante de una computadora o un televisor? Hay un enorme riesgo de que estudiantes y papás terminen con hartazgo y rechazo a los programas televisivos.
  5. Seguramente La SEP dirá que con el Convenio se llegará al 90% de los hogares y con ello tratará de legitimar su obligación de impartir educación para todos. Pero ¿verdaderamente las alumnas y alumnos van a aprender? Todo indica que eso no les importa.
  6. Otro aspecto es que el discurso oficial dice que con las clases por televisión se cubrirán los contenidos de planes y programas y con ello se valida oficialmente el ciclo escolar. Pero ¿eso será lo que necesitan aprender las niñas y los niños o habría que pensar en qué aprendizajes son importantes en este momento? Esto nos da pie para decir que esta coyuntura sanitaria nos debería permitir repensar el papel de la escuela, pues creemos que el enfoque educativo se ha centrado más en “preparar” a los estudiantes para hacer exámenes que para desarrollar actitudes, aptitudes y habilidades que sirvan para la vida y para seguir aprendiendo.
  7. La apuesta correcta hubiera sido estimular y potenciar la creatividad del colectivo docente en cada escuela, a fin de que con la experiencia y lo creado en la fase final del pasado ciclo escolar, se mejorara el trabajo realizado. Debió orientarse para que cada centro de trabajo realizara un diagnóstico y, a partir de las necesidades e intereses encontrados, se formularan proyectos de aprendizaje y de educación socio-emocional. Así como también fortalecer los nexos de comunicación con todos los estudiantes, dejando en segundo plano los planes y programas.

Desafortunadamente este gobierno volvió a excluir a los maestros y a despreciar lo que pudieron aportar en esta emergencia sanitaria. También se está perdiendo la oportunidad de generar un intenso debate del tipo de escuela que debemos construir.