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Estamos publicando este texto de un libro inédito: “Guerra, Imperialismo y Socialismo” (War, Imperialism and Socialism) de Bill Hunter, porque una vez más la cuestión de la decadencia capitalista se plantea debido a la falencia de la Carillion. El fracaso de la Carillion en construir un hospital, escuelas, infraestructura ferroviaria, etc., plantea el tema: ¿cuál es la solución: capitalismo o socialismo? El socialismo está comenzando a ser reconocido como la única solución.

Para Bill Hunter, que fue miembro de la Liga Socialista Internacional (ISL) hasta su muerte, la única manera de acabar con el capitalismo era una revolución socialista liderada por la clase obrera y un partido revolucionario para establecer el socialismo con democracia obrera.

De: Bill Hunter

En los últimos treinta años, la desaceleración del sistema [capitalista], las crisis económicas cada pocos años, la creciente degradación y miseria de una gran masa de la población mundial, mostraron que los marxistas teníamos razón al declarar que el capitalismo, en el siglo XX, era un sistema decadente.

El historiador Eric Hobsbawn, en su libro El Siglo XX, La era de los Extremos, declaró que “sin duda, es el siglo más sangriento que estudiamos, por la escala, frecuencia y duración de la guerra que lo llenó”.

Para enfatizar su punto de vista, incluyó breves opiniones de doce personas, en el inicio de su libro: filósofos, científicos, escritores y músicos, de los cuales ocho comentaron sobre la violencia, los “terribles acontecimientos”, y el curso desastroso del siglo XX.

El famoso violinista Yehudi Menuhin escribió: “él creó las mayores esperanzas jamás levantadas por la humanidad y destruyó todas las ilusiones e ideales”.

Jonathan Steele, el periodista de The Observer, comenzó un artículo de dos páginas en el diario del 12 de diciembre de 1999 con el titular: “El siglo que asesinó la paz”, con un subtítulo: “En la aurora sangrienta de un nuevo milenio, Jonathan Steele no ve escapatoria a la larga lista de guerras y sufrimiento que marcó el siglo XX como una Era de Barbarie”.

Guerra continua

Inmediatamente después de la guerra de 1939-1945, comenzaron los preparativos para la próxima guerra. A partir de ahí, hasta que el régimen soviético entró en colapso en la última década del siglo XX, en las relaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética el axioma de Clausewitz fue invertido –la política entre los poderes capitalistas liderados por los Estados Unidos, y la Unión Soviética, es la continuidad de la guerra por otros medios–. Así, el período fue designado Guerra Fría. La política de guerra comenzó antes de la firma de los tratados de paz de la Segunda Guerra Mundial.

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El imperialismo produce guerra

La Primera Guerra Mundial tuvo lugar en el siglo que los marxistas revolucionarios clasificaron como una época de declive del capitalismo, en el cual la cuestión del socialismo o la barbarie era central.

El propio Lenin clasificó esta época como de guerras y revoluciones, donde el capitalismo se desarrolló hasta su estadio final: el imperialismo, con la división del mundo entre las grandes potencias, y toda extensión de la producción capitalista cargaba junto su opuesto –los enormes y temibles antagonismos que ahora amenazan el mundo entero–.

No es solo una época de guerras sino de guerras mundiales.

Vivimos en medio de impensables posibilidades de satisfacción de las necesidades humanas y las demandas culturales. Hoy, el trabajo produce una enorme cantidad de bienes.

No obstante, un gran problema para miles de millones de personas en el mundo es la distribución de los bienes que su trabajo produce.

La cuestión alarmante de hoy no es la tecnología sino su control.

Millones de personas en todo el mundo sienten que no tienen poder y ningún control sobre sus vidas o sobre su futuro.

Ellos enfrentan los mismos graves problemas en la aceleración del ritmo y en la inseguridad del trabajo, y el cambio y el empeoramiento de las condiciones de vida que existieron por muchos años.

Y, sobre todo, en el caso de una enorme masa de personas en Asia, América Latina, África y Medio Oriente, que sienten más severamente los estragos del imperialismo.

La ingeniería genética abre ahora las posibilidades de un salto increíble en las instalaciones médicas, pero produce amenazas incalculables para la humanidad y la naturaleza.

Bajo la presión de las necesidades de guerra, la ciencia dio un paso enorme en la física nuclear. Sin embargo, el resultado inmediato de ese salto fue que los seres humanos japoneses fueron aniquilados en 1945, muchos de ellos dejados como una sombra en el asfalto, otros sufriendo una muerte prolongada por enfermedades provocadas por radiación.

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Una característica del mundo de hoy es que, a nuestro alrededor, las personas temen los avances de la ciencia y de la técnica. Tenemos la paradoja de la súper acumulación de la riqueza en contraste con la pobreza aterradora.

Guerra de Thatcher contra trabajadores

La preparación ideológica en la década de 1970 para la ofensiva contra la clase obrera fue el resurgimiento de las doctrinas del liberalismo económico o del que ahora es llamado neoliberalismo, liderado por el grupo en Gran Bretaña que se propuso poner a Thatcher[1] al frente del Partido Conservador. El capitalismo en su decadencia se dio un “tiro en el pie”, de doctrinas de su juventud, repudiando el “consenso” y las políticas keynesianas del boom económico. Toda una camada de intelectuales, que ya se retiraban frente a la ofensiva ideológica del capitalismo, fue destruida y desmoralizada por el colapso de los regímenes estalinistas en el final de los años ochenta e inicios de los años noventa.

Una era de barbarie

Una era de barbarie: esa es la verdadera descripción de la época que vivimos: la barbarie de un sistema capitalista en declive y decadencia.

El siglo comenzó con la crueldad de la guerra de los Bóeres[2] y sus campos de concentración. Luego, se lanzó la Primera Guerra Mundial, con cuatro años de matanza, salvajismo y sufrimiento, como el mundo nunca había visto antes.

Fue seguida, dos décadas después, por otra guerra mundial que superó a la primera en bajas y destrucción. Terminó con los ataques terroristas contra Hiroshima y Nagasaki.

Antes de eso, hubo un bombardeo de las ciudades con la propagación de incendios inmensos. Dos millones murieron en ciudades japonesas.

En el siglo XX, el terror se tornó la táctica de la guerra, particularmente el terrorismo contra civiles, calculado calmamente por estrategas militares.

La gran velocidad con que se produjeron los eventos luego de los ataques suicidas en Washington y Nueva York testimonian la enormidad de las tensiones mundiales que están bajo la superficie en las relaciones económicas capitalistas y en las relaciones entre clases y Estados.

La guerra no ocurre solo como resultado de un evento particular, como el bombardeo de Nueva York. Esta guerra que ahora vivimos asume la característica de una guerra contra los pueblos pobres y oprimidos del mundo; una guerra que viene de la política del moderno capital globalizado y sus estadistas, liderada por el extraordinario poder del imperialismo norteamericano.

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[1] Margaret Thatcher (1925-2013), primer ministro británica entre 1979 y 1990 que conocida como la dama de Hierro llevó adelante políticas liberales como la flexibilización del mercado de trabajo y la privatización de empresas estatales [N. de TC.].

[2] Las guerras de los Bóeres (Boer Wars en inglés, guerras de liberación entre los bóeres) fueron dos (diciembre de 1880 a marzo de 1881 y octubre de 1899 a mayo de 1902) y en ellas se enfrentaron el imperio británico y los colonos neerlandeses (llamados afrikáneres o bóeres) en Sudáfrica. El triunfo del imperio británico tuvo como resultado la extinción de las dos repúblicas independientes que los bóeres habían fundado a inicios del siglo XIX: el Estado Libre de Orange y la República de Transvaal [N. de TC.]

Artículo tomado de Socialist Voice n.° 30, ISL.

Traducción original al portugués: Marcos Margarido.

Traducción al castellano: Natalia Estrada.