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En el momento que estamos escribiendo esta presentación, los diarios y las televisoras de todo el mundo anuncian que los trabajadores y el pueblo de Colombia acaban de protagonizar una huelga general con grandes movilizaciones de masas y que estas continúan después de terminada la huelga, en lo que posiblemente sea una de las tres mayores protestas de la historia colombiana, junto con el “Bogotazo”[1] de 1948 y el “Paro Cívico Nacional”[2] de 1977.

Un colaborador colombiano de Marxismo Vivo, a la vez que nos informa de los acontecimientos de su país, nos dice: “Esta huelga solo es posible gracias a las luchas en Ecuador y Chile”, y tiene total razón.

Este año 2019 ha sido particularmente rico en grandes sublevaciones, en diversos países del mundo, como fueron las movilizaciones por la independencia en Cataluña, los Chalecos Amarillos de Francia, los acontecimientos en Sudán, Hong Kong, Irak, Irán, Checoeslovaquia… Y, estos levantamientos de las masas explotadas y oprimidas han llegado con toda su fuerza a América Latina. En Haití, en Ecuador y particularmente en Chile, donde más que una explosión lo que ha ocurrido es que ha comenzado una revolución en donde varios millones de trabajadores y sectores populares, entre los que se destacan los jóvenes y, entre estos, particularmente las mujeres, durante más de un mes ocupan las calles de todo el país luchando contra la represión, contra el gobierno, contra la miseria, contra las desigualdades, y en defensa de un pueblo originario: los mapuches.

En Chile lo que ha comenzado es una revolución socialista, aunque la mayoría de las masas que la están protagonizando aún no tengan conciencia de lo que están haciendo. Es una revolución porque el gran protagonista son las masas, en un proceso de movilización, muy superior por su extensión, duración y por la violencia con que enfrentan a sus enemigos, al que se dio durante el gobierno de Allende en la década de 1970, y es socialista no solo por los enemigos que enfrentan (el capitalismo nacional e internacional) sino porque prácticamente ninguna de las reivindicaciones de las masas pueden ser resueltas en el marco del capitalismo.

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Las masas chilenas están a la ofensiva y el gobierno de los capitalistas a la defensiva. El gobierno, con su brutal represión, con sus asesinatos, secuestros, heridos, presos y violaciones no consiguió parar la movilización y tampoco, por lo menos hasta ahora, lo ha conseguido con sus reiteradas concesiones.

Sin embargo, la victoria de esta revolución socialista, no es una tarea fácil. La burguesía, nacional e internacional, con sus centenas de años de experiencia, tiene no solo las fuerzas represivas sino una gran experiencia política para enfrentar a los explotados, de la cual se va a valer para intentar acabar o desviar esta revolución.

El movimiento en las calles, de carácter revolucionario, puede conseguir derrotar a las fuerzas represivas, puede liberar a los presos, puede incluso voltear al gobierno, pero no podrá satisfacer la reivindicación de las masas hasta el fin si los obreros y el pueblo no asumen el poder, y para hacer esto se hace necesario que actúen sobre la base de un programa y una política a la que solo podrán acceder si durante la revolución se organizan en un partido revolucionario del cual hoy solo existen embriones.

La construcción de la dirección revolucionaria parece una tarea imposible. Pero es necesario entender, por la situación mundial, que lo más probable es que la revolución, con sus altos y bajos, con sus victorias y derrotas, se extienda por bastante tiempo, y también es necesario entender que durante una revolución todos los procesos se aceleran.

Esta revolución, como toda revolución, pone sobre la mesa viejos y nuevos desafíos teóricos, que los revolucionarios chilenos tendrán que enfrentar como condición para la elaboración de una política revolucionaria sin la cual la construcción de la dirección revolucionaria será imposible. Problemas teóricos y políticos que hasta hace un mes hacían parte de los libros surgen hoy con toda fuerza, obligando a los marxistas chilenos a abordarlos como condición para responder políticamente a la actual situación. Por ejemplo, durante años se ha discutido cuál era el carácter del régimen que existe hoy en Chile. En la actualidad, sin responder correctamente a esta cuestión es imposible elaborar una política revolucionaria. Lo mismo ocurre con la cuestión de la Asamblea Constituyente. La cuestión de quien convoca a dicha asamblea, que hasta hace un mes era una cuestión sin mayor importancia, hoy divide aguas entre la revolución y la contrarrevolución.

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Es una obligación de los revolucionarios, de los marxistas de todo el mundo, rodear de solidaridad la revolución chilena. Particularmente en lo que se refiere a superar la principal contradicción de esta revolución, que es justamente la construcción de la dirección revolucionaria.

Nuestra revista, Marxismo Vivo – Nueva Época, que nació para ayudar a actualizar el programa marxista, asume el compromiso de dar todo su apoyo a los revolucionarios chilenos, en este terreno. Nuestras páginas, a partir del próximo número, abordarán con toda intensidad las cuestiones programáticas, teóricas y políticas que surgen de la revolución chilena y, como siempre, sus páginas estarán abiertas a todos los marxistas que estén dispuestos a sumarse a este esfuerzo.

La existencia del proceso revolucionario que alcanza a diferentes países en el mundo, ha influenciado para que tenga un resultado exitoso la campaña internacional por la libertad del más nuevo integrante de nuestro Consejo Editorial.  Con la salida de este número celebramos la libertad de Daniel Ruiz y enviamos un abrazo solidario a todos los que, en diferentes partes del planeta, participaron de esta campaña. 

Los editores

Notas:

[1] “Bogotazo”, insurrección popular que ocurrió en Bogotá en el año 1948, como respuesta al asesinato del líder del Partido Liberal, Eliécer Gaitán, y que inauguró una guerra civil, período conocido como “violencia”.

[2] Paro Cívico Nacional, ocurrido en 1977. Originalmente se había llamado a una huelga general, pero esta dio origen a movilizaciones, cortes de caminos, incendios de edificios del gobierno y de bancos, saqueos… que se extendieron por todo el país.