Compartir

A 30 años de su muerte

La actualidad del pensamiento de Nahuel Moreno

Al cumplirse loa 30 años de la muerte, la LIT- CI ha realizado una edición especial de “Conversaciones con Nahuel Moreno”, la larga entrevista realizada en 1986, considerada como su testamente político.

Esta edición especial cuenta, además de una selección de fotos, con una serie de testimonios de dirigentes que trabajaron con él, no sólo de la LIT-CI sino de otras organizaciones que se reivindican morenistas, incluso de algunos que hoy no comparten las elaboraciones de Moreno pero que respetan su obra y le dan un lugar destacado en el movimiento trotskistas.

A continuación publicamos el prólogo, elaborado por Alicia Sagra para esta edición especial.

Prologo

Este trabajo que reeditamos a 30 años de su muerte, Conversaciones con Nahuel Moreno, es considerado su testamento político.  No tiene la rigurosidad de sus  textos teóricos programáticos, (Actualización  del Programa de Transición,  La dictadura revolucionaria del proletariado, Tesis sobre el guerrillerismo) ni  la de los que orientaron la intervención política y la construcción de varias generaciones de militantes (El Partido y la Revolución, Problemas de Organización).

Pero esta entrevista, realizada pocos meses antes de su muerte, tiene la riqueza y la frescura, de las reflexiones que  hace un dirigente  revolucionario internacional, pensando en las nuevas generaciones.

A lo largo de esta extensa conversación, se refiere con lenguaje claro y simple a grandes temas: La posibilidad del triunfo de la revolución mundial y de la construcción del socialismo, la construcción y las características del partido revolucionario, la Internacional, los estados obreros existentes en ese momento; el estado obrero revolucionario por el que lucha.

Sus reflexiones no se limitan a temas políticos, sino que entran en profundos aspectos humanos que hacen a la vida  de los militantes: la moral, las parejas dentro del partido, la sexualidad, la felicidad y el carácter desalienante de la militancia revolucionaria.  Y una y otra vez, aparecen su buen humor, la total falta de solemnidad para hablar de sí mismo, junto a los aspectos autocríticos tan característicos de su personalidad. Aparece tan igual a como era que, los que trabajamos con él,  al releer esta entrevista,  esperamos inconscientemente escuchar, en algún momento, una de sus estruendosas carcajadas con las que se reía de sí mismo o festejaba los chistes que él u otro camarada hacían.

Quién fue Nahuel Moreno.

Ricardo Napurí dice que el hecho de que haya miles y miles de activistas que hoy se reivindican morenistas, es una muestra de su vitalidad política.  Habría que agregar que otra prueba del peso de su pensamiento y su obra, es el hecho  de que, a  30 años de su muerte, existan partidos como el PTS de Argentina que construye a sus cuadros formándolos en el anti morenismo. Lo mismo que los Espartaquistas, el Partido Obrero y su dirigente Altamira, y tantas otras corrientes y dirigentes que, en forma sistemática, realizan ataques, en su mayoría calumniosos, contra Nahuel Moreno.

Parafraseando lo que decía Trotsky sobre Rosa Luxemburgo, esos ataques a Moreno no son por los puntos débiles, que él reconocía tener, sino por sus  puntos  fuertes.  Esos puntos fuertes que lo diferencian de la mayor parte de los trotskistas de su época y de los de la actualidad.

Llevar el programa revolucionario a la clase obrera

Muchos identifican a Moreno con su insistente llamado a “saber aprovechar las oportunidades” y su flexibilidad en la utilización de las tácticas. Pero no hay que olvidar que su llamado tenía una segunda parte: aprovechar las oportunidades para llevar el programa revolucionario a la clase obrera.

La construcción en la clase obrera fue una obsesión en su vida desde que rompió con el “trotskismo bohemio” y se fue a construir a Villa Pobladora[1].  “Una organización trotskista que no esté llena de obreros vive en crisis permanente, aunque esté formada por compañeros muy inteligentes y capaces”, afirmaba.

Para lograr ese objetivo, era sumamente audaz y muy flexible en la utilización de las tácticas. Acá también es bueno recordar que esa flexibilidad en las tácticas se complementaba, siguiendo el consejo leninista, con la mayor rigidez en los principios.

Para ligarse a lo mejor de la clase obrera argentina,  implementó, a fines de la década del 50 del siglo pasado, una táctica difícil y peligrosa: el entrismo en las 62 Organizaciones Peronistas, que nucleaba al activismo obrero de la época y encabezaba la resistencia a la dictadura impuesta por la llamada “Revolución Libertadora”[2].  En la aplicación de esa táctica hubo problemas abiertamente reconocidos por Moreno, centralmente una desviación sindicalista y movimientista. Pero se logró una profunda relación con la clase obrera,  como nunca había logrado una organización trotskista, que nunca se rompió. Manteniendo la rigidez en los principios, a diferencia de  gran parte de la izquierda argentina, no capituló a la conciliación de clases, no se “hizo  peronista” porque la mayor parte  los obreros  lo era. Siempre llamó, aún durante el entrismo, a confiar sólo en las propias fuerzas y en la organización obrera independiente de toda variante burguesa. Y en 1973, cuando la inmensa mayoría del proletariado argentino festejaba enfervorizado la vuelta de Perón, desde la dirección del PST, no tuvo ningún temor en quedar aislado al decirle la verdad a la clase obrera: que Perón venía a traicionar y que había que enfrentarlo electoralmente votando a una fórmula obrera y socialista.

Sacamos muy pocos votos, sin embargo no quedamos aislados. Con esa política audaz y profundamente principista, el PST se convirtió en un partido nacional que fue ganando prestigio en la vanguardia obrera y estudiantil, poniéndose al frente de los combates contra los planes de austeridad de los gobiernos peronistas, las bandas fascistas y después la dictadura militar.

En Brasil, con el mismo objetivo de ir hacia la clase obrera, aconsejó la táctica del PT. Al tiempo que fue muy firme en la discusión con el partido brasilero sobre la caracterización de la dirección lulista: “Una cuestión es la es la definición de clase y  otra la definición del fenómeno político (…) primero viene la definición social. Si es un sector burocrático jamás dejará de serlo (…) La dirección del PT no va para la revolución porque refleja un grupo social específico, extraño a la clase obrera (…) Lula circunstancialmente, podrá tener posiciones positivas, pero su línea general siempre será oportunista (..) Es muy importante la discusión política, porque la política es toda una esfera, fundamental para nuestra táctica, pero no para nuestra organización histórica y estructural, para eso lo fundamental es el aspecto social”[3]

Armado de esa manera, el partido brasilero, a diferencia del resto de las organizaciones trotskistas, no se diluyó en el PT. Pudo salir del entrismo con una sólida columna de cuadros, duplicando el número de militantes y una fuerte inserción sindical.

Las lucha contra las opresiones y las tareas democráticas

El mismo método lo vemos en cómo encaraba la lucha contra las opresiones. La mayor amplitud en las tácticas para intervenir, la mayor firmeza para mantener la indepenencia de clase.

“La más grande tarea de la Cuarta Internacional es independizar políticamente a la clase obrera. Pero esto no quiere decir ignorar las luchas progresivas de cualquier sector de clase de la población contra el imperialismo, los capitalistas, los terratenientes feudales, el machismo o los gobiernos burocráticos totalitarios y dictatoriales. El trotskismo tiene que combinar su lucha permanente y sistemática por independizar a la clase obrera separándola de todo otro sector de clase y organizándola independientemente, con la promoción e intervención en toda lucha progresiva aunque no sea obrera. (…)Por eso nosotros estamos por la unidad de acción antiimperialista; por la unidad de acción de las mujeres por el aborto, el divorcio o el derecho al voto, por la unidad de acción con cualquier partido político para pedir espacios iguales en radio y televisión; por una manifestación con quien fuere para solicitar esos derechos democráticos contra el gobierno bonapartista y totalitario y aún democrático burgués Pero no confundimos la unidad de acción con la formación de un frente (…)Esta aclaración de que nosotros no estamos por un frente único antiimperialista, ni antifeudal, ni feminista antimachista, ni democrático antidictatorial, sino por acciones antiimperialistas, feministas, democráticas y antiterratenientes es muy importante porque ha habido una tendencia a camuflar la política frentepopulista con estos nombres.[4]

Usa la misma metodología  para tomar todas las tareas democráticas, dando especial atentación a la utilización de la consigna Asamblea Constituyente. Tema este de gran actualidad, ya que en los últimos años, gran parte de las organizaciones  tortskistas han utilizado esa consigna como propuesta de salida frente a revoluciones, tal como se vio en Argentina (2001-2002) y en Bolivia (2003-2005).

“Se torna una consigna [la Asamblea Constituyente]  para oponer a la burguesía, para educar al movimiento de masas y para desarrollar la unidad de la clase obrera con el campesinado. Pero esta consigna de Asamblea Constituyente debe ser parte de un conjunto. Por ejemplo, planteamos Asamblea Constituyente para que se le de la tierra a los campesinos y para que en ella se vote el armamento del proletariado, la escala móvil de salarios y de horas de trabajo, tanto como la expropiación de los monopolios. Planteamos Asamblea Constituyente, pero diciendo: somos los más grandes demócratas, que se le dé la radio y la televisión a todas las corrientes políticas que voltearon al dictador de turno. Ninguna de estas consignas opaca el eje y la consigna esencial de toda etapa revolucionaria pre–febrero o postfebrero, que es la del desarrollo del poder obrero y popular. Todo intento de plantear en una etapa revolucionaria la consigna de Asamblea Constituyente como la esencial, es una traición directa a la política trotskista que no tiene como objetivo hacer una revolución democrática, sino hacer una revolución que lleve a la clase obrera y a sus aliados, organizados revolucionariamente, al poder. Por eso, todas las consignas deben combinarse entre sí con el objetivo supremo de desarrollar el poder obrero y popular. Así lo planteamos y lo aplicamos ante el movimiento obrero.”[5]

La lucha antiimperialista

Moreno consideraba que la lucha antiimperialista (por la soberanía nacional en las colonias y semicolonias y contra el propio imperialismo en los países imperialistas) era, junto al problema de la tierra, la tarea democrática más importante, la más estructural, que adquiere carácter anticapitalista en su desarrollo.

Rechazaba los Frentes Antiimperialistas porque abren espacio para la entrada de sectores  burgueses, al tiempo que defendía, siguiendo a Trotsky, que en las colonias y semicolonias la tarea antiimperialista debe ser el eje ordenador de nuestros programas.

Así enfrentaba a los sectarios que niegan la importancia de esta tarea con el argumento de que distrae de la lucha contra el gobierno capitalista, como a los oportunistas que defienden los frentes  e incluso la dirección de la burguesía en la lucha contra el imperialismo.

La unidad para luchar

No tenía temor de quedar sólo en el combate político, en la defensa del programa revolucionario. No vacilaba en agitar políticas que consideraba respondían a la situación, aunque  en ese momento no fueran apoyadas por la mayoría del movimiento de masas ni de la clase obrera, como fue el caso  del “no pago de la deuda externa” en las elecciones de 1983 en Argentina. Defendía firmemente la independencia de clase para el movimiento obrero y la independencia política y organizativa de la organización revolucionaria.

Pero, otra característica que lo diferenció siempre, es que Moreno fue un permanente defensor  de la mayor unidad  para luchar. De apoyar la lucha obrera, independientemente de quien la dirija.  Tenía obsesión por encontrar las consignas que posibiliten la movilización, en lograr los puntos básicos que permitiesen un acuerdo para impulsar la movilización unitaria contra la patronal y el gobierno. O la unidad antiburocrática en defensa de la democracia obrera.

En esa clara y firme actitud frente a la lucha, está la explicación de por qué, a pesar de que no dudaba en defender el programa revolucionario enfrentando las ilusiones de la clase obrera,  nunca rompió los lazos con ella. En esa doble acción, decir a la clase obrera la verdad aunque duela, al tiempo de ponerse a disposición de la lucha, impulsando la más amplia unidad de acción, educó Moreno a la corriente internacional de la que fue el máximo dirigente.

Con esa política y ese método encaraba la pelea por la dirección de la clase obrera en la intervención en las luchas cotidianas y en los grandes procesos revolucionarios.

La intervención en los procesos revolucionarios. Aproximaciones y rupturas

Como coincidía con Marx en que “la realidad supera cualquier esquema”, las elaboraciones teórico- programáticas de Moreno surgen del  estudio de los maestros del marxismo, contrastados permanente con los procesos revolucionarios que le tocó vivir.

Al mismo tiempo, esas elaboraciones se expresaban en políticas concretas para esos procesos y estaban en la base de los grandes debates que desarrolló con Lora, Mandel, Lambert.  La posición ante esos procesos estuvo en la base de las rupturas y fusiones que encaró.

Así, cuando aún no había cumplido los 30 años y hacía sus primeras armas en la vida  de la Internacional,  intervino  desde Argentina en un gran debate sobre la gran revolución boliviana de 1952, en la que los mineros derrotaron a las FF.AA, construyeron las milicias obreras e impusieron el doble poder de la COB. Defendió con fuerza la exigencia de levantar “Todo el poder a la COB”,  enfrentando la política de apoyo crítico al nuevo gobierno burgués, impulsada por la dirección pablista de la IV Internacional y aplicada por Lora en Bolivia.

Esa política traidora de la dirección pablista (coherente con su capitulación general a las direcciones stalinistas y nacionalistas burguesas),  junto a las aberraciones metodológicas de esa dirección, es lo que explica la división de la IV Internacional en 1953.

Una participación mucho más directa la tuvo en Perú. Hugo Blanco, estudiante peruano que militaba en el POR dirigido por Moreno, es enviado a Perú para intervenir en el proceso campesino iniciado a fines de los años 50 del siglo pasado y se convierte en el mayor dirigente de masas trotskistas que haya existido después de Trotsky. Moreno acompaña directamente ese trabajo y, junto con Blanco, enfrenta la desviación guerrillerista que se da en el grupo.

El acuerdo en definir a Cuba como estado obrero deformado y en defender su revolución frente al imperialismo, permitió que en 1964, la corriente de Moreno entrara a IV Internacional (SU) reunificada en 1963, bajo la dirección de Mandel y del SWP de EE.UU.

La lucha contra la desviación mandelista (guerrillerista y  de capitulación a la numerosa vanguardia surgida con el Mayo francés de 1968) la dio Moreno junto a la dirección del SWP  de  EE.UU.

El alejamiento entre Moreno y esa dirección, de quien se consideraba discípulo, se dio por las diferencias frente a la revolución portuguesa de 1974. Mientras Moreno defendía el desarrollo y coordinación de los organismos de doble poder, el  SWP se limitaba a levantar la extensión y radicalización de la democracia.

Aplicando el criterio de no confundir los procesos con sus direcciones, en 1979, bajo la dirección de Moreno participamos en la Revolución Nicaragüense con la Brigada Simón Bolívar, bajo disciplina militar de la dirección sandinista y total independencia política. La defensa de la independencia de clase impulsando la creación de sindicatos provocó la expulsión de la Brigada después del triunfo del sandinismo.

La negativa del SU en defender a los trotskistas expulsados por el sandinismo y torturados en Panamá, junto a la prohibición de construir partidos en Nicaragua y en Cuba, fue la causa de nuestra ruptura con el SU.

El mismo hecho generó nuestra aproximación con Lambert. Su defensa de la Brigada y el acuerdo programático expresado en Actualización del Programa de Transición, nos hicieron avanzar en la construcción de la CICI (Comité Internacional- IV Internacional), en el camino de reconstrucción de la Cuarta.

La negativa de Lambert a discutir las diferencias surgidas ante su apoyo a las “medidas progresivas” del gobierno de Frente Popular de Miterrand en Francia, y su metodología de expulsar y atacar moralmente a los que planteaban diferencias, provocó la ruptura y dio origen a la fundación de la LIT-CI junto a dirigentes que rompieron  con Lambert como Ricardo Napurí.

Ya desde la dirección de la LIT-CI, Moreno impulsó la intervención en la  Guerra de las Malvinas y el  desarrollo de una gran campaña internacional por el triunfo de Argentina, denunciando a la dictadura por su mala conducción de la guerra.

Seguimos así el consejo de Trotsky sobre cómo proceder en una hipotética guerra entre la “democrática” Inglaterra y el Brasil fascista, y la política de los bolcheviques frente al golpe de Kornilov.

Esta política frente a la guerra  diferenció a Moreno y su corriente de todas las organizaciones de la izquierda argentina y nos aproximó de la corriente de Bill Hunter, una de las pocas que en Inglaterra enfrentaba a su propio imperialismo defendiendo el triunfo de Argentina.

El partido leninista se construye en un permanente enfrentamiento al reformismo.

En las Tesis Fundacionales de la LIT-CI se expresa la posición de Moreno sobre la necesidad imperiosa de la construcción de una dirección  internacional. Esa necesidad tiene que ver con que en el proceso de la revolución socialista mundial, deberemos enfrentar, no solo al imperialismo y sus gobiernos nacionales, sino a  todas las  direcciones burocráticas existentes. “En tanto que dirigidos por las burocracias, los estados obreros nacionales se han convertido en obstáculos en el camino de la revolución mundial.  Por un lado, todas las burocracias que regentean los estados obreros sin excepción ‑-desde Brejnev a Deng‑Xiaoping, desde Fidel Castro a Kim Il Sung‑- sean cuales fueren sus “diferencias” políticas, coinciden en el mantenimiento del statu quo, es decir, en defender el mantenimiento del capitalismo a escala mundial. Son contrarrevolucionarias por todos sus costados y sin “ doble naturaleza ” alguna. El poderío que tienen (gracias a que dirigen estados donde se ha expropiado al capitalismo) ellas lo usan para impedir que el capitalismo sea expropiado en el conjunto del planeta. Es que si eso sucediere, sus privilegios se desplomarían (…).La dirección burocrática que antes era un obstáculo relativo para el desarrollo de las fuerzas productivas en los estados que dirige, hoy se ha convertido en una traba absoluta para el desarrollo de las economías planificada (…)Así, el trabajador que vive en una de las mayores conquistas de la revolución proletaria mundial ‑-un estado obrero-‑ se ve paradójicamente reducido a la condición de semiesclavo”.[6]

Continuando con ese razonamiento, las mismas Tesis plantean que no puede haber construcción revolucionaria sin un permanente combate contra el reformismo: “El proceso de construcción de una dirección revolucionaria significa al mismo tiempo una “guerra implacable” (como dice con justeza El Programa de Transición) contra toda otra corriente burocrática y/o pequeño burguesa del movimiento de masas.

Esto es lo que el revisionismo no hace: las distintas tendencias revisionistas que han existido en nuestro movimiento, tienen un rasgo común: el propugnar no la “guerra implacable” sino algún tipo de bloque con alguna tendencia burocrática y/o nacionalista, porque ésta supuestamente cumple un papel progresivo y aún revolucionario.”[7]

Las Tesis llegan a su conclusión final al reafirmar el modelo de partido que seguimos reivindicando, el único capaz de avanzar en los objetivos antes mencionados: “Afirmamos que la necesidad de dirección internacional, de estructurar una organización con centralismo democrático,  tenderá en el futuro a crecer, y no a disminuir. Esto es así porque la situación objetiva ‑-el derrumbe y desprestigio vertiginoso de los aparatos‑- está abriendo al trotskismo oportunidades como jamás las tuvo (…)Estas grandes oportunidades implican igualmente los más grandes peligros (…)Por último, afirmamos que, sin excepción alguna, todas las experiencias de federalismo o de trotskismo nacional han terminado en el basurero de la historia. Queremos, como es nuestra norma, llamara las cosas por su nombre: Federalismo es sinónimo de disolución. Federalismo hoy es dejar solo al SU revisionista como única dirección trotskista internacional. Esto significa lisa y llanamente la liquidación.”[8]

La moral revolucionaria

Esta fue otra de las grandes preocupaciones, desde el comienzo de su vida política. Moreno explica su alejamiento de Liborio Justo (Quebracho), no por razones políticas (aunque había importantes diferencias), sino por cuestiones de índole moral:

“Yo había empezado a tener grandes diferencias con Liborio Justo, principalmente por su costumbre de hacer ‘terrorismo ideológico’ y terribles ataques personales en cualquier polémica política. Él había hecho conmigo un compromiso de no reincidir en esos métodos. Pero el 1º de Mayo de 1942 en un volante atacó de ‘vieja bruja’ a Mecha (Bacall), que después fue compañera de Mateo Fossa. Increpé duramente a Justo que me contestó haciendo una de sus clásicas intrigas: denunció ante la izquierda y ante mi propia familia que yo era un entregador policial…Tuve una muy grata sorpresa cuando Mateo Fossa[9] asumió mi defensa ante Justo. De todas formas se interrumpió nuestro trato orgánico”.[10]

La defensa de la moral revolucionaria fue permanente en su vida. Sostenía que era inadmisible la metodología de las calumnias, las amalgamas, los ataque físicos entre revolucionarios, métodos que fueron introducidos por el stalinismo en el movimiento obrero. Explicaba que dentro de la moral revolucionaria ocupaba un lugar destacado la preocupación por el otro compañero, el considerar la vida de un camarada más importante que la propia.

Educó y dio batallas con ese objetivo dentro del partido,  una muestra es su  texto “Moral bolche o moral espontaneista”, escrito mientras estaba en la cárcel.  Esa educación  tuvo sus frutos.  No hay más grande muestra de moral revolucionaria que la que dieron los presos, desaparecidos y asesinados del PST argentino, que soportaron sin hablar la tortura y la muerte. Ahí se vio, en la acción, como para nuestros compañeros, la vida de los camaradas fue más importante que la propia.

La campaña por el Tribunal Moral Internacional, cuando la honra de Ricardo Napurí fue atacada por Lambert, es una prueba más de la moral que Moreno defendía. La misma moral que defendían Marx, Engels, Lenin, Trotsky.

No es esa la moral con la trabajan las organizaciones que permanentemente lanzan sus ataques calumniosos.

Es el caso del PTS de Agentina que acusa a Moreno de enfrentar a las bandas fascista de la Triple A  con la política central  del acuerdo con la UCR[11] y el partido comunista para solicitar el fin de la violencia al gobierno de Isabel Perón; infiriendo que dejó indefensos a nuestros militantes ya que, según ellos,  defendíamos los locales con sifones.

Afirman eso cuando hay pruebas contundentes de que la política permanente del PST en 1975 fue impulsar la autodefensa obrera y es público el llamado hecho personalmente por Moreno de construir brigadas obreras y populares, para defender en común, los locales, los periódicos y los dirigentes obreros  de los ataques fascistas. Y cuando, no sólo la vanguardia, sino los  que en 1974-75 fueron vecinos de nuestros de nuestros locales, saben que estos eran una fortaleza blindada, defendidos en forma armada por nuestros militantes encabezados por sus dirigentes.

También es el caso del Partido Obrero, que lo acusa de capitular ante la Revolución Libertadora, y a la dictadura de Videla,  cuando es suficiente revisar los periódicos del partido argentino de esas fechas, para comprobar que eso no tiene nada que ver con la realidad.

Los testimonios que acompañan esta edición, de dirigentes no sólo de la LIT-CI sino de otras organizaciones, incluso algunos que hoy no defienden las posiciones políticas de Moreno, son una forma de responder a esos ataques calumniosos, que muy poco tienen que ver con la tradición marxista.

La autocrítica leninista

En enero de 1982, cuando se fundaba la LIT-CI, Nahuel Moreno decía: “….Los dirigentes del movimiento trotskista se consideraban colosos que no se equivocaban nunca. Mientras tanto, el trotskismo dirigido por ellos era lamentable…” “…Esa experiencia de andar siempre entre “genios” nos llevó a hacer indirectamente propaganda sobre nuestra base para convencerla de que nos equivocamos mucho, que deben pensar por su cuenta, ya que nuestra dirección no es garantía de genialidades. Queremos por todos los medios inculcar un espíritu autocrítico, marxista, y no una fe religiosa en una modesta dirección, provinciana por su formación y bárbara por su cultura. Por eso, creemos en la democracia interna y la vemos como una necesidad imprescindible. … Avanzamos a través de errores y golpes y no tenemos vergüenza de decirlo”

Esta fue otra de sus características diferenciadoras. Vivía revisando y corrigiendo sus políticas y reconociendo sus errores públicamente. Así lo hizo, como se ve en el trabajo que estamos reeditando, con la desviación obrerista de la primera época; con su error de caracterización inicial del peronismo y de la revolución cubana; con su errada expectativa en la dirección de Fidel y el Che; con sus errores en la construcción partidaria, con los problemas de régimen; con su impaciencia en la construcción del equipo de dirección.

La formación marxista de los cuadros y la metodología para encarar la elaboración teórica.

Hay varios testimonios que hablan de la importancia que daba a la educación marxista de los cuadros.

Su característica de saber escuchar, también muy reivindicada en varios testimonios, hacía que fuera un excelente maestro. Su preocupación era no sólo hacer avanzar en el conocimiento del marxismo en toda su complejidad, sino en el nivel cultural general. Hacía participar a los cuadros no sólo de las polémicas políticas, sino también ideológicas, filosóficas, como se ve su trabajo sobre Lógica Marxista y Ciencias Moderenas.

Le gustaba llevar a las reuniones de preparación de las escuelas de formación, sus últimas elaboraciones para escuchar la opinión de los camaradas. En cada escuela de cuadros, planteaba desafíos, tratando de llevar a los participantes al terreno de la elaboración y en educar en el método con el cual  encarar esa elaboración.

Moreno decía que él hizo muy pocos aportes, ya que se había pasado la mayor parte de su vida defendiendo las elaboraciones de Marx, Lenin, Trotsky, permanentemente atacadas por revisionistas de distinto pelaje.

Es cierto que sus aportes no fueron cualitativos como los de Lenin para el marxismo  o los de Trotky para el leninismo. Pero fueron importantes, la mayor parte están en Actualización del programa de Transición, pero también en Dictadura Revolucionaria del Proletariado, en las Tesis Sobre el Guerrillerismo.

En el proceso de elaboración y actualización programática, para responder a los nuevos hechos de la lucha de clases, actuaba con seriedad, pero sin temores, ajeno totalmente a la veneración religiosa ante las definiciones de los maestros. Si la realidad le mostraba que  alguna de esas definiciones no respondía, no dudaba en decirlo y en buscar la respuesta superadora. Así actuó con Trtosky, de quien se consideraba un fiel discípulo, un trotskista ortodoxo como le gustaba definirse.

Vio que las Tesis de la Revolución Permanente no interpretaban  la realidad de las revoluciones de la pos II Guerra Mundial. Revoluciones que terminaron expropiando a la burguesía, sin que la clase obrera fuese el sujeto social, ni el partido marxista revolucionario el sujeto político. El sujeto social fue el campesinado, el sujeto político partidos stalinistas  u organizaciones guerrilleras pequeñoburguesas.

Esto hizo que un sector del trotkismo rompiese con Trtosky y que otro se negase a reconocer a esos estados, como estados obreros, aunque deformados por su conducción burocrática.

Moreno actuó en forma diferente. Profundizó en el estudio de la realidad y de los clásicos, y encontró la respuesta superadora desarrollando la hipótesis poco probable que Trotsky plantea en el Programa de Transición: que ante situaciones objetivas extremadamente agudas, direcciones pequeño burguesas, incluso estalinistas, puedan ir más allá de su programa.

Y la conclusión final que sacó fue que se sentía más trotskista que nunca, que la Teoría de la Revolución Permanente era uno los más geniales aportes al marxismo,  porque es la teoría de la revolución socialista mundial, que si no avanza a nivel internacional, retrocede. Que el error sólo estaba en las tesis. Pero que era un error de carácter temporal. Que a nivel histórico también las tesis estaban acertadas, porque esas direcciones pequeño burguesas son totalmente incapaces de avanzar hacia la revolución mundial y que por lo tanto, si esas direcciones no son reemplazadas por una dirección leninista, inevitablemente retrocederán.

Una gran lección

Esa forma de encarar la actualización programática, es una de las mayores lecciones que nos dejó Moreno. La vida sigue andando y es un deber actualizar el programa. Tenemos la obligación de actuar con él y sus elaboraciones, como él actuó con Trotsky.

Es indiscutible que se equivocó en el pronóstico sobre la revolución política y no percibió el  cambio del carácter del estado soviético. Es probable que haya habido otros errores, tenemos que analizar y superar lo que sea necesario y, siguiendo su ejemplo, no tenemos que tener miedo en hacerlo.

Pero lo central de Moreno, los aspectos que vinimos analizando hasta ahora, dan total validez histórica a su corriente y mantienen una total actualidad.

Moreno en el presente y el futuro

Es así como vemos a Nahuel Moreno, con esas características, políticas, metodológicas y morales que lo diferencian de la mayor parte de los trotskistas de su época y de la actualidad.

Cuando murió, Ernest Mandel, su viejo adversario político, dijo: “Fue uno de los últimos representantes del puñado de cuadros dirigentes trotskistas que, después de la II Guerra Mundial, mantuvo la continuidad de la lucha de León Trotsky, en circunstancias muy difíciles”. Nosotros decimos que, de todos ellos, es el que mejor pasó la prueba.

Como él siempre recalcaba, el suyo fue un “trotskismo bárbaro”, que se desarrolló en el último rincón del mundo,  sin contar con el firme apoyo de una organización y dirección internacional. Pero tuvo una gran fortaleza, su firmeza en mantenerse fiel a los tres pilares de que hablaba Trotsky: la proximidad con la clase obrera, con la teoría marxista y con la Internacional.

Cometió muchos errores, tuvo desviaciones, pasó por grandes crisis, algunas casi de disolución. Pudo salir de ellas, corregir las desviaciones, superar los errores, a partir de nunca abandonar esos tres pilares.

Hoy, hay quienes lo acusan de ser responsable del estallido del MAS, de la casi destrucción de la LIT-CI. Eso es tan absurdo como responsabilizar a Lenin de la degeneración del Partido Bolchevique y de la Tercera.

Sin pretender reemplazar un balance aun pendiente, lo que aparece con bastante claridad es que la dirección que quedó después de la muerte de Moreno, tuvo que enfrentar nuevos y grandes desafíos,  y para hacerlo no siguieron las enseñanzas de Moreno. Se apartaron de esos tres pilares a los que él tan fuertemente se aferraba. Por eso no pudieron salir de esa crisis, que probablemente, era inevitable.

Una confirmación por la positiva de esto,  es que en la reconstrucción de la LIT-CI nos estamos apoyando, con buenos resultados, en esos tres pilares de Moreno. Eso reafirma nuestra convicción de la actualidad de su pensamiento, independiente de que tal o cual definición, tal o cual táctica, puedan estar equivocadas. Lo central se mantiene.

En consecuencia, este material que reeditamos no tiene sólo un valor histórico. Es una gran herramienta para ayudar a la nueva vanguardia obrera y juvenil a interpretar la realidad y avanzar en la construcción en la clase obrera, en el camino de la  la reconstrucción de la IV Internacional,  para responder, como dicen la Tesis Fundacionales de la LIT-CI “a la necesidad más urgente y más profunda que hoy tiene la humanidad: la revolución socialista mundial”.

Alicia Sagra

Notas:

[1] Barrio obrero de Avellanada, Gran Buenos Aires, Argentina.

[2] Golpe militar triunfante  contra Perón en 1955

[3] Conversaciones de Nahuel Moreno con la dirección de la CS.

[4] Actualización del Programa de Transición, Tesis XXIX

[5] Actualización del Programa de Transición, Tesis XXVII

[6] Tesis fundacionales de la LIT-CI, T III, 1982

[7] Idem, T XV

[8] Idem T XIX

[9] Histórico dirigente obrero de la madera que en 1938 se entrevistó con Trotsky. En sus últimos años de vida participó del PST argentino y fue colaborador de su periódico Avanzada Socialista.

[10] Citado por Ernesto González en  El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina (Tomo 1)

[11] Uno de los dos principales partidos burgueses de Argentina en esos años.