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Hace 100 años, en febrero de 1917, una insurrección obrera y popular derribó el poder totalitario del Zar. Esa revolución no tuvo una dirección política partidaria, aunque los obreros de vanguardia, en especial los educados por los bolcheviques, estuvieron al frente de los principales enfrentamientos. Pero, como más tarde diría Lenin, la primera fase de la revolución le dio el poder a la burguesía, por “carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y organización”[1].

Este artículo fue publicado originalmente en el periódico de Argentina, Lucha Socialista número 137, del 3-5-2007

“La burguesía tomó el poder a espaldas del pueblo. No tenía ningún punto de apoyo en las clases trabajadoras, pero con el poder consiguió algo así como un punto de apoyo de segunda mano: los mencheviques y socialistas revolucionarios elevados a las alturas por la masa, otorgaron un voto de confianza a la burguesía”.[2] Así, con el apoyo de los partidos reformistas se eligió un gobierno provisional encabezado por un príncipe y cuyo hombre fuerte es el Kadete[3] Milliukov. De este gobierno participa el socialista revolucionario Kerensky. Aunque los trabajadores no logran hacerse con el poder, la revolución da origen a una situación inédita: la del doble poder. Desde febrero hasta octubre existió un doble poder entre el gobierno provisional y los sóviets de delegados obreros y campesinos, que se extendían por todo el país.

El gobierno provisional, integrado mayoritariamente por representantes de la burguesía liberal fue visto, al principio, con desconfianza por los luchadores obreros y campesinos. Pero la participación de Kerensky (visto con simpatía por los soldados revolucionarios), y la campaña a favor desarrollada por los partidos reformistas, fue creando expectativas a nivel del movimiento de masas.

Los bolcheviques y los primeros meses de la revolución

Esa expectativa llegó incluso al partido bolchevique. Según Trotsky “El primer mes de la revolución fue para el bolchevismo un período de desconcierto y vacilaciones. En el manifiesto del Comité Central de los bolcheviques, escrito inmediatamente después de triunfar el movimiento de Febrero, se decía: ‘Los obreros de las fábricas, así como los soldados sublevados, deben elegir inmediatamente sus representantes en el gobierno revolucionario provisional’ (…) No hablaban como los representantes de un partido proletario que se dispone a afrontar una lucha imponente por la conquista del poder, sino como el ala izquierda de la democracia”[4]. Días después, de los 400 delegados presentes en la sesión del Sóviet de Petrogrado, solo 19 votaron en contra de la entrega del poder a la burguesía, a pesar de que la delegación bolchevique ya era de 40. El 4 de marzo el buró del Comité Central vota una resolución sobre el carácter contrarrevolucionario del gobierno provisional. Pero el Comité de Petrogrado resolvió que “no se opone al poder del gobierno provisional, en la medida en que…”. Es decir, como dice Trotsky, la misma política oportunista de mencheviques y socialrevolucionarios.

Pero esa política oportunista chocaba con la base obrera del partido. El comité bolchevique de la barriada obrera de Viborg protestaba contra las posiciones públicas del partido y realizaba mítines con miles de obreros y soldados en donde se votaba la necesidad de que el Sóviet tomase el poder en sus manos.

El partido bolchevique, aislado de sus principales dirigentes, que se encontraban en el exilio, y sufriendo las presiones de las masas que confiaban en el gobierno, se iba convirtiendo cada vez más en el ala izquierda de la ‘democracia (burguesa) revolucionaria’.

Cartas desde lejos

Lenin, sin poder salir de Suiza, y recibiendo solo informes fragmentados de lo que pasaba en Rusia, envía el 6 de marzo un telegrama que dice: “Nuestra táctica: desconfianza absoluta, negar todo apoyo al nuevo gobierno; recelamos especialmente de Kerensky; no hay más garantía que armar al proletariado; elecciones inmediatas a la Duma de Petrogrado; mantenerse bien separados de los demás partidos”. Y comienza a enviar al Pravda (periódico bolchevique) sus “Cartas desde lejos”. La poca información que recibe de la prensa extranjera le permite llegar a la conclusión de que Kerensky y los dirigentes mencheviques están engañando a los obreros, haciéndoles creer que la guerra es defensiva. Es decir que hay que continuar con la guerra para defender la revolución. El 17 de marzo, en una de sus cartas dice: “Nuestro partido se cubriría para siempre de oprobio, se suicidaría políticamente, si se dejara llevar por ese engaño… Preferiría incluso romper inmediatamente con quien fuese, dentro de nuestro partido, a hacer concesiones de ningún género al socialpatriotismo…”.

Lenin llega a Rusia

El 3 de abril, finalmente llega Lenin. Es recibido por una delegación del Sóviet de Petrogrado y gran cantidad de obreros y soldados. Cheidze, dirigente menchevique del sóviet, hace un discurso de bienvenida donde, refiriéndose a la necesidad de continuar la guerra, le dice que el deber de la “democracia revolucionaria” es enfrentar a los enemigos de adentro y de afuera. Ante eso, Lenin le da la espalda y dirigiéndose a los obreros y soldados presentes dice: “Queridos camaradas, soldados, marineros, obreros: Me siento feliz al saludar en vosotros a la revolución rusa triunfante, al saludarlos como a la vanguardia del ejército proletario internacional… No está lejos ya el día en que, respondiendo al llamamiento de nuestro camarada Karl Liebknecht[5], los pueblos volverán las armas contra sus explotadores capitalistas… La revolución rusa, hecha por vosotros, ha iniciado una nueva era. ¡Viva la revolución socialista mundial!”[6]

Al día siguiente, Lenin expuso al partido sus posiciones a través de un documento escrito, que a partir de ese momento fue conocido como “Las Tesis de Abril”.

Tal como dice Trotsky: “Las tesis expresaban ideas sencillas en palabras no menos sencillas, accesible a todo el mundo. La república, fruto de la insurrección de febrero, no es nuestra república, ni la guerra que mantiene es nuestra guerra. La misión de los bolcheviques consiste en derrocar al gobierno imperialista. Este se sostiene gracias al apoyo de los socialrevolucionarios y mencheviques, que a su vez se apoyan en la confianza que en ellos tienen depositadas las masas populares. Nosotros representamos una minoría. En estas condiciones no se puede ni siquiera hablar del empleo de la violencia por nuestra parte. Hay que enseñar a la masa a desconfiar de los conciliadores y defensistas. ‘Hay que aclarar la situación pacientemente’. El éxito de esta política impuesta por la situación es seguro y nos conducirá a la dictadura del proletariado, y con ella a la superación del régimen burgués. Romperemos completamente con el capital, publicaremos sus tratados secretos y llamaremos a los obreros de todo el mundo a romper con la burguesía y a poner fin a la guerra. Iniciaremos la revolución internacional. Solo el triunfo de esta consolidará el nuestro y asegurará el tránsito al régimen socialista”[7].

Las Tesis de Lenin fueron publicadas en el Pravda solo con su firma. Ninguno de los dirigentes bolcheviques quiso firmar con él. Y Trotsky, que por su lado venía defendiendo las mismas posiciones, estaba preso en EEUU.

Los dirigentes bolcheviques estaban escandalizados, no entendían que pasaba con Lenin. ¿Cómo podía tener posiciones tan sectarias frente al gobierno que había surgido de la revolución y que las masas miraban con simpatía? ¿Cómo hablaba de derribar al gobierno, si reconocía que los bolcheviques eran una minoría?

A estas oposiciones políticas se le sumaban las teóricas: ¿cómo Lenin defendía la dictadura del proletariado? Los bolcheviques siempre habían defendido la dictadura democrática de obreros y campesinos, no la dictadura del proletariado. Quien defendía la dictadura del proletariado era Trotsky ¿Lenin se había vuelto trotskista?

Y esas dudas teóricas tenían fundamento, ya que era cierto que Lenin, hasta ese momento, nunca había hablado de dictadura del proletariado. Pero, como él mismo diría más adelante, “Nadie ha podido nunca hacer una gran revolución sabiendo de antemano cómo habría de desarrollarse hasta el fin. ¿De dónde iba a sacar esas previsiones? De los libros, no, porque esos libros no existen. Solo la experiencia de las masas podía inspirar nuestras decisiones”.

Y esa experiencia mostró que la revolución rusa no dio origen a una dictadura democrática de obreros y campesinos, sino a un régimen de doble poder entre clases antagónicas: la burguesía y el proletariado. Y ante esa disyuntiva, Lenin, no quedó preso de sus viejos esquemas, no tuvo la menor duda: había que enfrentar el poder burgués para imponer el poder obrero.

La explicación paciente

Lenin era totalmente consciente del carácter minoritario de los bolcheviques. Por eso estaba totalmente en contra de acciones aventureras, elitistas, para pelear por el poder. Pero al mismo tiempo sostenía que para dejar de ser minoría, para ganar al movimiento de masas, no se puede capitular a sus ilusiones, se les debe decir la verdad, aunque les duela. Había que explicar pacientemente que el gobierno provisional no iba a firmar la paz y que era falso que hubiera que ganar la guerra junto a los aliados imperialistas para defender la revolución. Había que explicar pacientemente que, para defender la revolución había que derribar al gobierno, imponer el poder de los Sóviets e impulsar la revolución socialista mundial.

Apoyándose en la base obrera, Lenin salió a dar la batalla política en su partido, y logró corregir la orientación equivocada. Se comenzó a aplicar la nueva política y esa explicación paciente comenzó a dar frutos. Los bolchevique comenzaron a ganar influencia, lo que les permitió cumplir un papel dirigente en las llamadas “jornadas de abril” (mayo según el nuevo calendario) en donde se dio el primer enfrentamiento obrero contra el gobierno provisional.

[1] LENIN, V. I. Tesis de Abril (abril de 1917).

[2] TROTSKY, León. “La revolución rusa”

[3] Kadete: partido de la burguesía liberal

[4] TROTSKY, León, “La revolución rusa”

[5] Revolucionario alemán, el único diputado socialdemócrata que votó en contra de los créditos de guerra en 1914.

[6] De las Memorias de Sujanov, citado por Trotsky en Historia de la revolución rusa

[7] TROTSKY, León. Historia de la revolución rusa