Compartir

El SWP fue en su momento, desde el final de los años ’30 hasta el inicio de los años ’60 por lo menos, el partido trotskista más importante del mundo. Hacia finales de los años ’70 había abandonado esta posición y se había pasado para el campo del revisionismo. ¿Cómo se dio eso?

Por: Jerónimo Castro, para Teoria & Revolução

Vamos a presentar aquí una hipótesis teórica basada en algunos textos, entre ellos la declaración y plataforma de la TB (Tendencia Bolchevique, la agrupación dentro del SU que daría origen a la LIT-CI), escrita fundamentalmente por Nahuel Moreno; el texto de Novack de presentación al programa de transición; y también, los escritos coordinados por Ernesto González sobre nuestra corriente, el Morenismo, en la Argentina, entre otros.

Nuestra tesis es que el SWP, en la medida en que se fue haciendo cada vez menos internacionalista, con una composición social cada vez menos obrera, se fue tornando cada vez menos marxista.

Los grandes acontecimientos de la lucha de clases, a saber, las revoluciones de Angola y Portugal, darían el golpe de misericordia en este, en otros tiempos, gran partido.

  1. Los grandes acontecimientos mundiales sepultan al SWP

Moreno, en la declaración y plataforma de la TB, dice que “a medida que se desarrollaba la revolución portuguesa, acompañada coma una sombra por la guerra de liberación nacional de Angola, crecían las tensiones en nuestra internacional: se profundizaba la crisis de la TMI (la tendencia de la mayoría dentro del SU en los años ’70) y comenzaba la de la FLT (Fracción Leninista-Trotskista)”.

La crisis de la FLT (cuyos principales integrantes eran el PST [argentino] y el SWP [norteamericano]) se debió, según Moreno, a que en la medida en que avanzaba la revolución portuguesa, y paralelamente la angoleña, el SWP abandonaba su posición original, correcta, de desarrollar embriones de doble poder para transformarlos en soviets, combinado con consignas democráticas tales como “asamblea constituyente”, “libertad de prensa”, etc.

Esta política, básicamente correcta, la defensa de los organismos de poder dual, y todas las consignas de carácter transicional, fue cambiada por otra: la de la defensa de un programa exclusivamente democrático. Esta última se sostiene en una elaboración “teórica” de Novack, “Democracia y Revolución”, donde se defiende que en los países imperialistas el eje del programa revolucionario consiste en proteger los derechos democráticos y extenderlos.

Moreno dirá, en la declaración y plataforma de la TB (Tendencia Bolchevique), que tal comprensión está contra la posición tradicional del trotskismo, expuesta en el programa de transición, donde se lee que “las fórmulas de la democracia no son para nosotros más que consignas incidentales o episódicas en el movimiento independiente del proletariado”.

  1. La presión de clase en el origen de este desvío

Esta elaboración no cayó del cielo por descuido; es fruto de una tremenda presión de clase. Más todavía, es fruto del ascenso de los sectores medios oprimidos y estudiantiles norteamericanos: la lucha de los negros por los derechos civiles, la lucha de las mujeres, y especialmente el gigantesco ascenso juvenil, antimilitarista y contra la guerra de Vietnam.

Moreno, y la TB[1], que sustituirá a la FLT, darán la siguiente explicación para la crisis y decadencia del SWP.

“La verdadera explicación de la crisis del SWP de los Estados Unidos es simple, y obedece, en última instancia, a las mismas causas de la crisis de la TMI. La nueva dirección juvenil del SWP no se forjó al compás de las luchas de la clase obrera sino que su medio fue, fundamentalmente, estudiantil. Durante un tiempo jugó un papel progresivo, al dinamizar a la vieja dirección partidaria, mientras esta mantenía su orientación proletaria. Sin embargo, en la medida en que fue sustituyendo a la vieja guardia, y quedando, por lo tanto, solo con la dirección entre las manos, estos nuevos dirigentes fueron perdiendo la capacidad de plantear, ante las grandes revoluciones como la portuguesa y la angoleña, correctas respuestas trotskistas”[2].

Y, en el mismo texto, más adelante, dice:

“La influencia demoliberal del estudiantado norteamericano se combinó con el atraso de la conciencia del proletariado y las masas portuguesas, para hacer caer a esta nueva dirección en un claro desvío propagandista de tipo democrático. Otro tanto le ocurrió en Angola, donde en lugar de agitar una auténtica política trotskista de desarrollo de la revolución negra en todo el sur del continente africano, se contentó con levantar una política democrático-pacifista (política comprensible para la atrasada mentalidad estudiantil yanqui) que proponía solamente el retiro de las tropas sudafricanas y de los mercenarios”[3].

La destrucción del SWP norteamericano se debió a una confluencia de factores que se alimentaban mutuamente.

Las grandes movilizaciones de finales de los años ’60 e inicios de los ’70 llevaron a que una gran cantidad de jóvenes estudiantes ingresase en las filas del trotskismo europeo y norteamericano.

Estos jóvenes, en su amplísima mayoría oriundos de los sectores medios de la población, trajeron consigo sus preconceptos e ideas para dentro del partido. En los años ’70, como el propio Novack narra en su texto “El papel del programa de transición en el proceso revolucionario”, las grandes movilizaciones democráticas de las mujeres y de los negros, además de la lucha contra la guerra de Vietnam, traerían una prueba de fuego al SWP.

La composición social y la presión de estas movilizaciones fueron más fuertes que la dirección del partido norteamericano.

La elaboración de Novack, de 1972, como veremos más adelante, ya responde a eso, a ese proceso. No por casualidad él da una respuesta policlasista al problema de las luchas democráticas. Pero, aún es un proceso en curso. La elaboración de Novack “legaliza” una concepción y abre las puertas a nuevas capitulaciones.

El texto de Novack es al mismo tiempo consecuencia de una presión oportunista oriunda del sector estudiantil y de las luchas policlasistas, y causa de nuevas capitulaciones al dar legitimidad teórica a estas concepciones.

Antes de hablar de este texto, veamos otro elemento constitutivo de la crisis del SWP.

  1. El SWP sucumbió a las presiones nacionalistas

El SWP fue, a partir del exilio de Trotsky en México, el partido más acompañado por él. No solo por la proximidad entre los dos países, lo que de cierta forma facilitaba el trabajo, sino también por el capital humano y por el potencial que esta organización demostró tener.

El SWP fue fundado por un pequeño grupo de comunistas ligados a la Tercera Internacional. Su principal dirigente, James Cannon, tomó conocimiento de las críticas de Trotsky al programa de la III Internacional en 1928, cuando él mismo estaba en el congreso. Sustrajo una copia de ese material, que debería ser devuelto al final de los debates, lo llevó consigo a los Estados Unidos, y comenzó una lucha fraccional al interior del partido comunista, que culminó con su expulsión y la de un grupo de adeptos.

Cuando esto pasó, Cannon ya era un viejo militante obrero. Nacido en 1890, fue militante de la IWW (Industrial Workers of the World –trabajadores industriales del mundo), cuando los acontecimientos de la revolución rusa era del ala izquierda del PSA (Partido Socialista Americano), y posteriormente fue fundador del PCA. En los años siguientes sería el dirigente de una de las tres fracciones casi permanentes del PCA, hasta su expulsión de este partido por trotskista.

Cannon y el grupo que lo sigue demuestran una gran habilidad política, un tino para ubicarse junto a la clase obrera de la cual él era miembro, y una firmeza muy grande en la defensa del trotskismo.

No obstante, con la muerte de Trotsky y el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, este, que era el partido más fuerte de la Internacional recién nacida y el que más había recibido ayuda personal de Trotsky en el último período, fue lanzado a un desafío superior: el de defender y dirigir la Cuarta Internacional.

Moreno, en Actualización del Programa de Transición (Tesis X) dice que “durante la guerra, la dirección y el centro de nuestra Internacional quedaron de hecho en manos del SWP, el cual –aunque sin dejar de cumplir un papel progresivo en la reconstrucción de nuestra Internacional durante la guerra y en la inmediata posguerra– se negó a transformarse en el eje de dirección, asumiendo el papel que le correspondía. Debido a eso, la dirección cayó en manos de una nueva dirección europea, principalmente de Pablo”.

Esta postura, que en parte se basaba en los problemas legales y de persecución que sufría el SWP, en realidad ya era fruto de una presión nacional trotskista, y en último análisis, abstencionista en relación con el futuro de la Cuarta Internacional.

Fue solo en 1953, y gracias al descubrimiento de una fracción interna, secreta, dentro del SWP, estimulada directamente por Pablo (la fracción de Cochran-Clarke), que el SWP se lanza en la lucha contra lo que quedó conocido como “pablismo”; aún así, no lo hace llamando a construir una organización centralizada que fuese un polo de reagrupamiento mundial.

El Comité Internacional (CI), que fue fundado para defender la Internacional a partir de una carta divulgada por el SWP, no obstante y gracias a ese partido, nunca superó su carácter de frente único defensivo, de organización federativa. Tenía débiles lazos y tuvo una vida casi vegetativa. Fueron los trotskistas latinoamericanos, con Moreno a la cabeza, los que dieron una lucha sin tregua contra las concepciones del SWP. Es parte de esta batalla la fundación del CLA (Comité Latinoamericano), de la TOLA (primera Conferencia del Trotskismo Ortodoxo Latinoamericano), y del SLATO (Secretariado Latinoamericano del Trotskismo Ortodoxo), que fue consecuencia de esta Conferencia.

Moreno dirá que, ya en aquel momento, la esencia de la posición de la dirección del SWP era la de una internacional o de un CI (Comité Internacional) federativo, de trotskismos nacionales.

En el documento “Declaración y plataforma de la TB”, Moreno dirá que [ya] estaban las concepciones de Internacional del SWP, que consideraba la Internacional como un frente único de partidos para propagandas abstractas y generales, sobre temas en lo que hubiese acuerdos entre las distintas secciones nacionales.

Estas posiciones darían un salto en el final del SWP, cuando ya sin su vieja dirección, sustituida por los jóvenes oriundos del ascenso “democrático” en los Estados Unidos, sintetizaron, en las palabras de Jack Barnes, la posición de Joe Hansen. Según Barnes, la posición de Hansen sobre lo que es ser internacionalista se resume a dominar los problemas de su país, formar parte de un equipo en su partido, un partido proletario, arraigado en la lucha de clases de su país. Como si no bastase, Barnes agregó que, además de eso, otra responsabilidad de un internacionalista era destruir las pretensiones de cualquiera que se diga internacionalista porque va a escribir programas o prescribir medicamentos para los revolucionarios de otros países.

Este era el tipo de internacionalismo que defendía el SWP en el final de su tradición trotskista. Obviamente, si para el SWP no competía a ellos prescribir medicamentos a los revolucionarios de otros países, inversamente no competía a los revolucionarios de otros países prescribir medicamentos para ellos mismos.

Novack, el programa de transición y la decadencia del SWP

El texto de Novack “El papel del programa de transición en el proceso revolucionario” merece todo un análisis como parte del desarrollo del SWP norteamericano.

Pese a que el texto tiene algunas ideas correctas, tales como la afirmación de que las reivindicaciones transitorias son el centro del programa de transición…

“La tercera clase [de reivindicación, las transitorias] constituyen el centro del Programa de Transición porque estas reivindicaciones se dirigen contra la base de la propiedad, el poder y los privilegios capitalistas.

(…)

La mayor parte de las reivindicaciones del programa, en particular la escala móvil de salario y horas de trabajo, los comités de fábrica, el control obrero y la expropiación de diferentes grupos capitalistas, pertenecen a la categoría de las reivindicaciones transitorias”[4].

… Y de que la consigna sobre la formación de los soviets ocupa un lugar central porque empuja lógicamente a la toma del poder por la clase obrera…

“Esta se completa como llamado a la formación de consejos o soviets.

Estas reivindicaciones ocupan el lugar central porque empujan lógicamente a la toma del poder por los obreros, la esencia de la revolución anticapitalista[5]”.

… en su conjunto, el texto está equivocado. En especial hay dos ideas, no totalmente desarrolladas, con las cuales no se puede concordar. Ambas, en relación con las tareas democráticas.

La primera, que trata respecto a desde qué ubicación nosotros agitamos las consignas democráticas, el texto deja entender que no necesariamente esta agitación se da desde la clase obrera.

La segunda, que dice respecto a sobre cómo elaboramos la respuesta a los problemas democráticos, el texto propone que la elaboración para las respuestas a las tareas democráticas se hace a partir de los sectores que se movilizan frente a los problemas democráticos, como los sectores oprimidos: los campesinos, la juventud, las mujeres, y parte de las clases medias.

Ambos errores se sintetizan en la siguiente afirmación:

“Se da otro equívoco sobre la naturaleza del programa de transición. Algunos piensan que sus reivindicaciones conciernen y recorren exclusivamente a la clase obrera. Eso es falso. Y se puede comprobar simplemente leyendo el texto del programa que abarca y se ajusta a las necesidades de todos los sectores oprimidos: los campesinos, la juventud, las mujeres y parte de las clases medias”.

El texto dice apenas una media verdad, la de que sí defendemos y proponemos una serie de tareas democráticas, sean aquellas oriundas de las revoluciones democrático burguesas y que no fueron realizadas, en especial la reforma agraria, la unificación nacional y la independencia nacional, sean las oriundas de la época imperialista, que no se extendieron o quitaron derechos individuales a grupos y sectores como negros, mujeres y homosexuales.

No obstante, decir eso no significa que adherimos a los programas defendidos por estos sectores. Sino, por el contrario, que presentamos a ellos un programa para su liberación. Ni que los tomamos como los principales sujetos de las tareas a ser realizadas, sino que entendemos que cabe a la clase obrera luchar cotidianamente por estas tareas, liberarse, y en el curso de su liberación liberar también a todos los explotados y oprimidos por el capitalismo.

Tareas democráticas, demandas democráticas y programa democrático

La confusión que presenta Novack, y que después hará escuela no solo en el SWP norteamericano, es fruto al mismo tiempo del hecho de que existen, incluso en un país imperialista como los Estados Unidos, profundas tareas democráticas, y, por otro, que estas tareas y demandas son de hecho por su base social policlasista (sic.).

El error esencial de Novack fue proponer que se debería absorber, adoptar, el programa de los sectores oprimidos como parte del programa de transición, y, posteriormente, incluso tomarlos como sujetos de este programa.

O sea, Novack, y después Mary Alice [Waters], asumen que el programa de los sectores oprimidos en lucha contra la opresión sería el programa de su liberación y que ellos, los sectores oprimidos, serían los sujetos de esta liberación.

Esta concepción no tiene absolutamente nada que ver con el programa de transición. Pues en este es el programa de la clase obrera y la acción de la clase obrera que llevará a la liberación de los explotados y oprimidos. Solamente si son acaudillados por la clase obrera, dirigidos por ella, es que los oprimidos podrán ser liberados.

Incluso cuando una determinada demanda democrática es real, incluso cuando ella deba ser defendida, nunca es bajo el programa de los sectores policlasistas que esto debe ser hecho. Como máximo se puede coincidir con la tarea, la demanda democrática concreta. Nunca con el programa desarrollado por estos sectores.

Al mismo tiempo, es indiscutible que las tareas democráticas de todo tipo no pueden ni deben quedar para las “calendas griegas”, para después, después, de la toma del poder por el proletariado, sino que deben ser defendidas, agitadas y disputadas permanentemente. Negar que es el programa de los sectores oprimidos el que jerarquiza nuestra política, no niega de forma alguna la existencia y la urgencia de las tareas democráticas.

Algunas conclusiones

La crisis y destrucción del SWP como partido revolucionario, o sea, trotskista, obedece a importantes razones objetivas, pero también subjetivas.

La acción del estalinismo en nivel mundial, su política de persecución y ataque físico a las organizaciones trotskistas que intentaban aproximarse al movimiento obrero, por un lado, y el poder de estos aparatos dentro de este movimiento y el hecho de que estalinismo apareciese como el verdadero heredero de la revolución rusa, son elementos poderosísimos que explican en parte la destrucción del SWP, y de muchas otras organizaciones trotskistas.

Impedidas, o teniendo muchas dificultades para construirse junto a la clase obrera, muchas organizaciones trotskistas tendieron a incorporar en sus organizaciones no a la clase obrera sino a sectores radicalizados de otras clases sociales.

La política de Trotsky para el propio SWP, donde proponía que todo militante debería captar en un plazo de algunos meses a por lo menos un obrero, fue siendo olvidada o relativizada en la medida en que la composición social del partido iba distanciándose de esta clase.

No obstante, a esta presión de la propia realidad, y que era de hecho difícil de superar, hay que sumar otra, que tiene que ver con el carácter de los Estados Unidos.

Al ser un gran país imperialista, con tremendas presiones nacionalistas, los Estados Unidos influenciaron directamente en la concepción de relaciones internacionales que el SWP debería tener. Al renunciar a dirigir la IV Internacional y entregarla a Pablo y Mandel, los norteamericanos, Cannon a la cabeza, cometieron el mayor error de sus vidas. Con el pasar del tiempo, el SWP cristalizará una comprensión de relaciones internacionales cada vez más nacionalista y federativa.

El SWP, en la práctica, no solo se abstuvo de dirigir la Internacional sino que, al apartarse cada vez más de una verdadera relación internacionalista, abrió mano de recibir ayuda de la Internacional y, por lo tanto, de sufrir una contrapresión al chovinismo norteamericano.

El golpe de misericordia a este partido será dado no por el reflujo de la lucha de clases sino por su ascenso. Las poderosas movilizaciones de los sectores oprimidos, negros y mujeres, y de la juventud antiguerra, llevarán para adentro de este partido una serie de ideologías antimarxistas que culminarán con una nueva formulación sobre la revolución permanente.

Moreno dirá que para este “nuevo” SWP “la revolución socialista es una combinación de diversos movimientos multitudinarios –sin diferencia de clase– de similar importancia: el movimiento negro, femenino, obrero, juvenil, de viejos, que llega casi pacíficamente a la victoria socialista”.

Es en esta combinación, de abandono del internacionalismo y cambio radical de su composición social, que encontramos la explicación de los motivos por los cuales el programa del SWP se modificó. Los cambios programáticos son el reflejo, la manifestación final, del cambio social dentro del partido.

Como dijimos, las razones de la destrucción del SWP tiene aspectos objetivos y subjetivos. La existencia del aparato estalinista es la más fuerte razón objetiva. La comprensión equivocada del papel de la Internacional y su importancia para los países nacionales y la incapacidad de enfrentar las ideologías provenientes de una vanguardia y un amplio movimiento democrático radical contra la opresión de negros y mujeres y contra la guerra de Vietnam fueron los elementos subjetivos de esta derrota.

La ruptura con el trotskismo fue la consecuencia.

Notas:

[1] Tendencia Bolchevique – Agrupación dirigida por Moreno en el interior del Secretariado Unificado (SU) después de la ruptura de la FLT.

[2] Declaración de la TB, p. 34, en: https://www.archivoleontrotsky.org/download.php?mfn=017351&n=0

[3] Declaración de la TB, p. 34 final e 35 inicio, en: https://www.archivoleontrotsky.org/download.php?mfn=017351&n=0

[4] NOVACK, G. El papel del programa de transición en el proceso revolucionario. Editorial Fontamara, p. 51.

[5] Ídem.

Traducción: Natalia Estrada.

Del artículo publicado originalmente en portugués, en Teoria & Revolução, sección Historia, 28 de agosto de 2017.