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La Revolución de Octubre no fue obra de la casualidad. Para ser victoriosa precisó de una organización revolucionaria –el partido bolchevique– sólidamente implantada en la clase obrera, y de un programa. Hace 100 años, Lenin propuso el programa para la revolución.

Por: Jeferson Choma

Luego de la revolución de febrero, muchos dirigentes bolcheviques volvieron del exilio o de las prisiones donde estaban encarcelados. Intentando entender y como actuar en aquellos días luego de la caída del zar, la dirección de los bolcheviques, aún incompleta, votó una resolución sobre la necesidad de orientarse en dirección a una “dictadura democrática de los obreros y los campesinos”. En definitiva, ¿qué significa eso? Para entender, es necesario volver algunos años en el tiempo y conocer lo que pensaban los bolcheviques antes de la revolución.

Antigua estrategia

La “dictadura democrática del proletariado y de los campesinos” fue una elaboración de Lenin un década antes de 1917. Él sostenía que la lucha contra la monarquía tenía por objetivo la instauración de un gobierno republicano que barriese los trazos del feudalismo en el país, hiciese la reforma agraria, e instituyese la jornada de ocho horas en las fábricas. Por lo tanto, defendía que la firme actuación y la colaboración mutua entre el proletariado y el campesinado eran indispensables. Estos dos sectores formarían un gobierno y realizarían las tareas democráticas de la revolución.

Esa fórmula aún estaba en la cabeza de la mayoría de los dirigentes bolcheviques en 1917. Frente a la revolución, el Pravda, periódico del partido, en su primera edición luego de la revolución, decía: “la misión fundamental [del partido] consiste en instituir un régimen republicano democrático”.

Ala izquierda

Hacia mediados de marzo, Kamenev, un importante dirigente bolchevique, y el entonces oscuro Stalin, volvieron de sus deportaciones en Siberia y asumieron la jefatura de la redacción del Pravda, dando un guiño político aún más a la derecha. En el primer artículo publicado por ellos decían que los bolcheviques apoyarían el gobierno provisorio, en la medida en que ese gobierno combatiese la contrarrevolución. Sobre la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial, decían que la consigna “abajo la guerra” servía para “ejercer presión sobre el gobierno” y forzarlo a abrir negociaciones con otras naciones en guerra.

Esa visión no era unánime en la base de los bolcheviques. En aquel momento, los bolcheviques de Viborg, el principal barrio obrero de Petrogrado, se manifestaron indignados con la línea del Pravda, y escribieron cartas para la redacción: Si el periódico no quiere perder la confianza de los barrios obreros, deberá empuñar, y empuñará, la antorcha de la conciencia revolucionaria”, decía una de ellas.

Sin embargo, el rumbo tomado por la dirección no cambió, y los bolcheviques se tornaban cada vez más el ala izquierda del régimen democrático burgués, como definió Trotsky, y se limitaban a ejercer presión sobre la burguesía y su gobierno. La aproximación con los mencheviques también fue cada vez mayor. Hubo, incluso, plenarios y reuniones comunes entre las dos organizaciones: “Concordábamos con los mencheviques en que estábamos pasando por una fase de demolición revolucionaria de las relaciones de feudalismo y servidumbre, las cuales serían sustituidas por libertades democráticas propias de los regímenes burgueses”, escribió el bolchevique Alexander Shliapnikov.

El retorno y la batalla de Lenin

La locomotora HK1 293. En un vagón blindado tirado por esa locomotora Lenin retornó aRusia en abril de 1917. La locomotora fue donada a la URSS y actualmente está expuesta en la Estaçión Finlandia, en San Petersburgo.

Fue en medio de esta atmósfera que Lenin retornó a Rusia luego de diez años de exilio. Recibido por millares de soldados en la estación de tren de Petrogrado, el líder bolchevique no tardó en demostrar su total desacuerdo con la línea de su partido. Cuando Kamenev fue a saludarlo con entusiasmo, Lenin le cuestionó: “¿Qué anduvo usted escribiendo en el Pravda?”.

Ese desacuerdo ya había sido registrado en sus “Cartas de Lejos”, enviadas desde el exilio a la redacción del Pravda. En una de ellas, escribió: “Es preciso no conceder ningún apoyo al gobierno provisorio, es preciso explicar la falsedad de todas sus promesas. Particularmente en lo que se refiere a la renuncia a las anexiones. Es necesario desenmascarar este gobierno, en lugar de pedirle (reivindicación que solo sirve para hacer nacer ilusiones) que deje de ser imperialista”.

División de tareas

Pocos días antes, los bolcheviques habían realizado una conferencia en Petrogrado, en la cual Stalin presentó un informe en el que caracterizaba la situación: “El poder está dividido en dos órganos, de los cuales ni uno ni el otro lo posee totalmente. Existen, y debe existir entre ellos, conflictos y lucha. Los papeles están divididos, el sóviet tomó la iniciativa de las transformaciones revolucionarias (…). Pero el gobierno provisorio tomó para sí el papel de consolidar las conquistas del pueblo revolucionario. El gobierno provisorio, al resistir y procurar obstruir, toma el papel de consolidar la conquista que el pueblo efectivamente hizo (…). En el momento, no es ventajoso para nosotros forzar la marcha de los acontecimientos, acelerando el proceso de evicción [pérdida judicial] de las camadas burguesas que, inevitablemente, dentro de cierto plazo, deberán apartarse de nosotros”.

Para él, había una división de tareas entre los sóviets y el gobierno provisorio. A los primeros cabían las transformaciones revolucionarias, mientras el gobierno debería ser presionado para ser quien consolidara tales conquistas. Cabía a los bolcheviques componer ese bloque, ser su ala izquierda, “sin forzar la marcha de los acontecimientos”.

Lenin estaba en completo desacuerdo con esa orientación. El 4 de abril (17 de abril en el calendario gregoriano), presentó, en una conferencia conjunta de los socialdemócratas (bolcheviques, mencheviques e independientes), las “Tesis de Abril”, como quedó conocido el documento en el que apuntaba conclusiones y tareas radicalmente opuestas a la línea política adoptada hasta el momento por los bolcheviques.

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“¿Por qué no se tomó el poder?”, preguntó Lenin. “El problema todo se resume al hecho de que el proletariado no es suficientemente consciente ni organizado. Es preciso reconocer eso. El poder material estás en manos del proletariado, pero la burguesía allí surgió consciente y preparada”, explicó para una platea confusa.

“La particularidad del momento actual, decía, “es marcar una transición entre la primera fase de la revolución, que dio el poder a la burguesía como consecuencia de la insuficiente conciencia del proletariado y de su organización, y su segunda fase, que debe traerlo a manos del proletariado y de las más pobres camadas del campesinado”.

Lenin era radicalmente contrario a la orientación de los bolcheviques. En lugar de ser el ala izquierda de la república parlamentaria, como defendía la mayoría de la dirección del partido, Lenin proponía preparar a la clase obrera para derribar el gobierno y asumir el poder por los sóviets.

La reacción de los delegados fue, para decir lo mínimo, de espanto. Se preguntaban si los diez años de exilio no habían afectado la capacidad de Lenin para ver con nitidez la situación del país. “¡Este hombre cayó de la luna! ¡Llegó ayer y ya defiende la conquista del poder por el proletariado!, fue la ironía corriente luego de la presentación de las Tesis. “Delirio de un loco”, sentenció el ex bolchevique Bogdonov. Lenin quedó aislado, y sus tesis fueron ampliamente rechazadas por el Comité Central bolchevique. Lenin, entonces, exigió la realización de un congreso extraordinario del partido y la abertura del más amplio debate sobre sus posiciones.

El rearme político

 

Fue entonces que las Tesis de Lenin fueron presentadas para toda la base partidaria. En aquel momento, el partido bolchevique tenía una sólida implantación entre los obreros rusos y, con la revolución, hubo un rápido crecimiento de la organización, que contaba con aproximadamente 79.000 miembros.

La lucha interna fue encarnizada. Pero si en la dirección del partido Lenin estaba aislado, lo mismo no ocurría en su base. “Los barrios, uno atrás de otro, adhirieron a las tesis”, cuenta Zalezhski, uno de los dirigentes del partido en Viborg. Así, en la última semana de abril, la conferencia aprobó las Tesis de Lenin, lo que dio al partido su rearme político, el primer paso para llevar a la clase obrera a disputar y tomar el poder.

Artículo publicado originalmente en Opinião Socialista n.° 534.-

Traducción: Natalia Estrada.

 

***

“Tesis de Abril”

Las tareas del proletariado en la presente revolución

V. I. Lenin, 16 de abril de 1917

 

Habiendo llegado a Petrogrado únicamente el 3 de abril por la noche, es natural que solo en nombre propio y con las consiguientes reservas, debidas a mi insuficiente preparación, pude pronunciar en la asamblea del 4 de abril un informe acerca de las tareas del proletariado revolucionario.

Lo único que podía hacer para facilitarme la labor –y facilitársela también a los opositores de buena fe– era preparar unas tesis por escrito. Las leí y entregué el texto al camarada Tsereteli. Las leí muy despacio y por dos veces: primero en la reunión de bolcheviques y después en la de bolcheviques y mencheviques.

Publico estas tesis personales mías acompañadas únicamente de brevísimas notas explicativas, que en mi informe fueron desarrolladas con mucha mayor amplitud.

TESIS

Tesis 1. En nuestra actitud ante la guerra, que por parte de Rusia sigue siendo indiscutiblemente una guerra imperialista, de rapiña, también bajo el nuevo gobierno de Lvov y Cía., en virtud del carácter capitalista de este gobierno, es intolerable la más pequeña concesión al “defensismo revolucionario”.

El proletariado consciente solo puede dar su asentimiento a una guerra revolucionaria, que justifique verdaderamente el defensismo revolucionario, bajo las siguientes condiciones: a) paso del poder a manos del proletariado y de los sectores más pobres del campesinado a él adheridos; b) renuncia de hecho y no de palabra, a todas las anexiones; c) ruptura completa de hecho con todos los intereses del capital.

Dada la indudable buena fe de grandes sectores de [representantes de masas del defensismo revolucionario], que admiten la guerra solo como una necesidad y no para fines de conquista, y dado su engaño por la burguesía, es preciso aclararles su error de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante, explicarles la ligazón indisoluble del capital con la guerra imperialista y demostrarles que sin derrocar el capital es imposible poner fin a la guerra con una paz verdaderamente democrática y no con una paz impuesta por la violencia.

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Organizar la propaganda más amplia desde este punto de vista en el ejército en operaciones.

Confraternización en el frente.

Tesis 2. La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado.

[Esta transición] se caracteriza, de una parte, por el máximo de legalidad (Rusia es hoy el más libre entre todos los países beligerantes); de otra parte, por la ausencia de violencia contra las masas y, finalmente, por la confianza inconsciente de estas en el gobierno de los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo.

Esta peculiaridad exige de nosotros habilidad para adaptarnos a las condiciones especiales de la labor del partido entre masas inusitadamente amplias del proletariado que acaban de despertar a la vida política.

Tesis 3. Ningún apoyo al Gobierno Provisional; explicar la completa falsedad de todas sus promesas, sobre todo de la renuncia a las anexiones. Desenmascarar a este gobierno, que es un gobierno de capitalistas, en vez de propugnar la inadmisible e ilusoria “exigencia” de que deje de ser imperialista.

Tesis 4. Reconocer que, en la mayor parte de los Sóviets de diputados obreros, nuestro partido está en minoría y, por el momento, en una minoría reducida, frente al bloque de todos los elementos pequeñoburgueses y oportunistas –[sujetos] a la influencia de la burguesía y que llevan dicha influencia al seno del proletariado–, desde los socialistas populares y los socialistas revolucionarios hasta el Comité de Organización (Chjeídze, Tsereteli, etc), Steklov, etc, etc.

Explicar a las masas que los Sóviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y que, por ello, mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión solo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas.

Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, propugnando al mismo tiempo, la necesidad de que todo el poder del Estado pase a los Sóviets de diputados obreros, a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan sus errores.

Tesis 5. No una república parlamentaria –volver a ella desde los Sóviets de diputados obreros sería dar un paso atrás– sino una república de los Sóviets de diputados obreros, braceros y campesinos en todo el país, de abajo arriba.

Supresión de la policía, del ejército y de la burocracia.1

La remuneración de los funcionarios, todos ellos elegibles y [re]movibles en cualquier momento, no deberá exceder del salario medio de un obrero calificado.

Tesis 6. En el programa agrario, trasladar el centro de gravedad a los Sóviets de diputados braceros.

Confiscación de todas las tierras de los [latifundistas].

Nacionalización de todas las tierras del país, de las que dispondrán los Sóviets locales de diputados braceros y campesinos. Creación de Sóviets especiales de diputados campesinos pobres. Hacer de cada gran finca (con una extensión de 100 a 300 deciatinas [1,09 hectáreas], según las condiciones locales y de otro género, y a juicio de las instituciones locales) una hacienda modelo bajo el control de diputados braceros y por cuenta de la administración local.

Tesis 7. Fusión inmediata de todos los bancos del país en un Banco Nacional único, sometido al control de los Sóviets de diputados obreros.

Tesis 8. No “implantación” del socialismo como nuestra tarea inmediata, sino pasar únicamente a la instauración inmediata del control de la producción social y de la distribución de los productos por los Sóviets de diputados obreros.

Tesis 9. Tareas del partido:

  • celebración inmediata de un congreso del partido;
  • modificación del programa del partido, principalmente:
    • sobre el imperialismo y la guerra imperialista,
    • sobre la posición ante el Estado y nuestra reivindicación de un “Estado-Comuna”2
    • reforma del programa mínimo, ya anticuado;
    • cambio de denominación del partido3

Tesis 10. Renovación de la Internacional.

Iniciativa de constituir una Internacional revolucionaria, una Internacional contra los socialchovinistas y contra el “centro”.4

Para que el lector comprenda por qué hube de resaltar de manera especial, como rara excepción, el “caso” de opositores de buena fe, invito a comparar estas tesis con la siguiente objeción del señor Goldenberg: Lenin –dice– “ha enarbolado la bandera de la guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria”. (Citado en el periódico Edinstvo, del señor Pléjanov, n.° 5).

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Una perla, ¿verdad?

Escribo, leo y machaco: “Dada la indudable buena fe de grandes sectores de [representantes de masas del defensismo revolucionario]…, dado su engaño por la burguesía, es preciso aclararles su error de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante…”

Y esos señores de la burguesía, que se [dicen] socialdemócratas, que no pertenecen ni a los grandes sectores ni a los [representantes de masas del defensismo revolucionario], tienen la osadía de reproducir sin escrúpulos mis opiniones, interpretándolas así: “ha enarbolado (!) la bandera (!) de la guerra civil” (¡ni en las tesis ni en el informe se habla de ella para nada!) “en el seno (!!) de la democracia revolucionaria…”

¿Qué significa eso? ¿En qué se distingue de una incitación al pogromo?, ¿en qué se diferencia de Rússkaya Volia?

Escribo, leo y machaco: “Los Sóviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y, por ello, nuestra misión solo puede consistir en explicar los errores de su táctica de modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas…”

Pero cierta clase de opositores exponen mis puntos de vista ¡¡como un llamamiento a la “guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria”!!

He atacado al Gobierno Provisional por no señalar un plazo, ni próximo ni remoto, para la convocatoria de la Asamblea Constituyente y limitarse a simples promesas. Y he demostrado que sin los Sóviets de diputados obreros y soldados no está garantizada la convocatoria de la Asamblea Constituyente ni es posible su éxito.

¡¡¡Y se me imputa que soy contrario a la convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyente!!!

Calificaría todo eso de expresiones “delirantes” si decenas de años de lucha política no me hubiesen enseñado a considerar una rara excepción la buena fe de los opositores.

En su periódico, el señor Pléjanov ha calificado mi discurso de “delirante”. ¡Muy bien, señor Pléjanov! Pero fíjese cuán torpón, inhábil y poco perspicaz es usted en su polémica. Si me pasé dos horas delirando, ¿por qué aguantaron cientos de oyentes ese “delirio”? ¿Y para qué dedica su periódico toda una columna a reseñar un “delirio”? Mal liga eso, señor Pléjanov, muy mal.

Es mucho más fácil, naturalmente, gritar, insultar y vociferar que intentar exponer, explicar y recordar cómo [razonaban] Marx y Engels en 1871, 1872 y 1875 [sobre] las experiencias de la Comuna de París y qué decían acerca del tipo de Estado que necesita el proletariado.

Por lo visto, el ex marxista señor Pléjanov no desea recordar el marxismo.

He citado las palabras de Rosa Luxemburgo, que el 4 de agosto de 1914 denominó a la socialdemocracia alemana “cadáver maloliente”. Y los señores Pléjanov, Goldenberg y Cía. se sienten “ofendidos” … ¿en nombre de quién? ¡En nombre de los chovinistas alemanes, calificados de chovinistas!

Los pobres socialchovinistas rusos, socialistas de palabra y chovinistas de hecho, se han armado un lío.

N.Lenin

1. Nota 1 de Lenin: Es decir, sustitución del ejército permanente con el armamento general del pueblo.
2.Nota de Lenin: Es decir, de un Estado cuyo prototipo dio la Comuna de París.
3. Nota de Lenin: En lugar de “socialdemocracia”, cuyos líderes oficiales han traicionado al socialismo en el mundo entero, pasándose a la burguesía (lo mismo los “defensistas” que los vacilantes “kautskianos”), debemos denominarnos Partido Comunista.
4. Nota Lenin: En la socialdemocracia internacional se llama “centro” a la tendencia que vacila entre los chovinistas (o “defensistas”) y los internacionalistas, es decir: Kautsky y Cía. en Alemania, Longuet y Cía. en Francia, Chjeídze y Cía. en Rusia, Turati y Cía. en Italia, McDonald y Cía. en Inglaterra, etc.

Fuente: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/abril.htm