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Artículo de la serie especial “Las Revoluciones y Revueltas del Pueblo Brasileño”.

Acceda al especial en portugués, aquí

Por: Pablo Biondi

La llamada Revolución Farroupilha o Guerra de los Farrapos[1] fue una rebelión que ocurrió en Rio Grande do Sul, en la época provincia de São Pedro, contra el gobierno central. Duró de 1835 a 1845, durante el conturbado período regencial. Ese movimiento fue la más larga y más desafiadora insurrección militar del país durante la época del Imperio (1822-1889).

Fue lo más próximo que tuvimos a una revolución burguesa. Un movimiento dirigido por los propietarios de tierra sulistas [del sur] contra el gobierno regencial, que incorporó a sectores populares y los traicionó al final del proceso temiendo una revolución negra en el Brasil, tal como la que había ocurrido en Haití.

El contexto histórico

De 1831 a 1840, el Brasil vivió bajo el período de las regencias. Don Pedro I había abdicado del trono y su sucesor era menor de edad y estaba impedido para asumir el poder. Mientras Don Pedro II no alcanzó la mayoría de edad, el país fue gobernado provisoriamente por juntas de gobierno llamadas regencias.

El período de las regencias fue crucial en la formación del Estado brasileño, en la medida en que este fue marcado por una fuerte represión a las rebeliones populares, por el fortalecimiento del poder central, y por la defensa de la integridad del territorio nacional. En el caso de la Guerra de los Farrapos, la postura del gobierno fue la de imponer la autoridad central sobre la provincia rebelde y de impedir el éxito de un movimiento que, si tenía éxito, podía desencadenar la fragmentación del país en varias repúblicas controladas por las clases dominantes locales.

Es importante observar que, originalmente, el movimiento farroupilha no tenía pretensiones separatistas. Las clases dominantes gaúchas[2] fueron llevadas a eso por la fuerza de los acontecimientos. Su principal objetivo, que fue atendido al final en negociaciones con el gobierno, era resguardar sus intereses económicos en la producción agropecuaria.

Perfil: Cómo eran las clases dominantes en la región sur

En el período colonial, la región sur del Brasil cumplía un papel de abastecimiento de ganado para las demás provincias del país, sobre todo Minas Gerais. Se formó una clase dominante de latifundistas dedicados a la pecuaria, que se ligaba íntimamente con la administración colonial portuguesa, la cual estimulaba la ocupación del territorio con grandes estancias y concedía amplios poderes a los hacendados, incluso el de ser jefes de sus propias bandas armadas.

Los hacendados eran llamados “estancieros”, pues las haciendas eran llamadas estancias. Una parte de ellos, sin embargo, eran llamados “charqueadores” a raíz de la producción de charque (carne seca y salada). El charque pasó a ser producido en escala mayor para abastecer el contingente creciente de esclavos en el país, sobre todo en Minas Gerais. Se trataba de un negocio lucrativo para los charqueadores, tanto que ellos pasaron a incrementar su producción con el uso de mano de obra esclava.

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En el terreno ideológico, los estancieros asimilaron los ideales y el discurso de las revoluciones burguesas en su lucha contra el gobierno central. Reivindicaban un gobierno al servicio de los propietarios, un gobierno que respetase la propiedad privada como un derecho absoluto e inviolable. También defendían la limitación del poder estatal, sea por medio de una constitución liberal, sea por medio de una organización federativa del Estado, no centralista, como era el caso en el Imperio brasileño.

Las causas de la rebelión

 La Guerra de los Farrapos combinaba cuestiones internas con cuestiones externas. Como forma de aproximar al Uruguay y hacer de él un aliado contra la Argentina en las rivalidades regionales, el Brasil pasó a facilitar la entrada del charque uruguayo y a tasar el charque y el cuero producidos en la región sur. Esa política de tributación fue uno de los motivos de la revuelta de los estancieros del sur contra el Imperio.

En el siglo XIX, particularmente después de la independencia, hubo un cambio en el eje económico del país, lo que también causó un desplazamiento entre fracciones de clase dominantes. El café se tornó el principal producto, de suerte que la disminución relativa del papel de la minería debilitó económica y políticamente a los estancieros, que dependían de ella. Además, la independencia inició el proceso de formación del Estado brasileño, que debilitó la autonomía provincial del período anterior y creó fuertes tensiones entre las oligarquías regionales y el poder central.

En aquella época, el poder central indicaba presidentes de provincia que no contaban con la aprobación de los estancieros del sur. La asamblea provincial, en la cual se organizaban los estancieros, pasó a tener un carácter meramente consultivo. En 1834, intentando amenizar las tensiones, la regencia permitió que las provincias tuviesen deliberaciones efectivas, pero ellas no podían legislar sobre impuestos, y esa era justamente la cuestión que tocaba más directamente los intereses de los estancieros. Sus reivindicaciones eran las siguientes: tarifas sobre carne y cuero que protegiesen los negocios del Sur y mayor autonomía política para las provincias.

Además, vale resaltar que la propuesta original de la rebelión farroupilha era afirmar una autonomía en los marcos de una vinculación al Imperio. Bento Gonçalves, jefe del movimiento, reafirmaba su lealtad a la corona brasileña, puntuando solo que se hacía necesaria una rebelión para defender las libertades (o mejor, propiedades) de los gaúchos y para evitar que la región sur se volviese una colonia de la administración imperial.

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La lucha: el desarrollo político y militar de la rebelión

Los estancieros prometieron la libertad a los esclavos que adhiriesen a la rebelión… y los traicionaron.

No teniendo sus reivindicaciones atendidas, los farroupilhas iniciaron una acción armada bajo la dirección de Bento Gonçalves en 1835, deponiendo el gobierno local. El Imperio reaccionó duramente, imponiendo una importante derrota militar a los estancieros en 1836, en la batalla de Passo do Rosário [Paso del Rosario]. En el mismo año, sin embargo, los rebeldes vencieron la batalla del Seival [Ceibal] y se fortalecieron.

Frente a la intransigencia y la represión de la autoridad central, los farroupilhas proclamaron la República Rio-Grandense, que sería posteriormente llamada República do Piratiní. Esa nueva república proponía unirse por lazos federativos a todas las otras provincias dispuestas a romper con el centralismo imperial y adherir al modelo de federalismo republicano.

La fundación de una república fue una especie de radicalización del movimiento. La república de Piratiní seguía con varios elementos que eran fundamentales al orden monárquico brasileño, tales como la esclavitud y el voto censitario. Incluso así, se amplió el nivel de enfrentamiento con el Imperio, sobre todo porque los farroupilhas, en el curso de las guerra, buscaron extender la rebelión a otras provincias. En 1839, bajo el comando de Davi Canabarro y Giuseppe Garibaldi (mercenario italiano actuante en varios procesos revolucionarios), la rebelión farroupilha incorporó la provincia de Santa Catarina, fundando la República Catarinense.

Frente al avance del movimiento separatista, el gobierno regencial percibió que la acción militar no bastaba. Por eso, apostó en la política. Nombró a Luís Alves de Lima e Silva, el futuro Duque de Caxias, para realizar negociaciones de paz por separado con Davi Canabarro, uno de los dirigentes rebeldes.

Reconciliación y traición

Lima e Silva articuló el fin de la rebelión con Canabarro, y este pasó a tejer un acuerdo con otros dirigentes farroupilhas. No obstante, había entre los dirigentes algunos sectores que tenían dudas sobre la reconciliación con el gobierno.

Más que eso, la rebelión había despertado fuerzas populares que no serían contenidas fácilmente. En su esfuerzo de guerra, los estancieros prometieron libertad a los esclavos que luchasen. Esa promesa permitió la incorporación de un importante contingente militar compuesto por negros en la caballería y en la infantería, lo que trajo un trazo popular al movimiento, que sería traicionado por su dirección.

Para convencer a los dirigentes dubitativos y alejar la amenaza de los negros, que estaban armados durante la rebelión y podían volver sus armas contra sus explotadores, Canabarro combinó una derrota militar con las fuerzas monárquicas. Fue el episodio de la batalla de Porongos, entablada en 1844. Canabarro envió a los soldados negros al frente de batalla, pero los envió desarmados para que fuesen aniquilados. Con una sola maniobra, él alejó el fantasma de la rebelión negra y presionó a los dirigentes farroupilhas a hacer un acuerdo luego de las grandes bajas en el ejército.

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El acuerdo. El desenlace de la guerra

En 1845, el gobierno central y los rebeldes firmaron la Paz de Ponche Verde. El movimiento separatista fue disuelto, y los estancieros reconocieron el orden monárquico. Ellos fueron atendidos en muchas de sus reivindicaciones: obtuvieron el derecho de elegir el presidente de la provincia, el perdón por la rebelión contra la monarquía, y la garantía de su propiedad privada.

Después de una lucha de diez años, los farroupilhas abrieron mano de la insurrección contra el gobierno y de la bandera republicana a cambio de concesiones mínimas y del exterminio de los esclavos que participaron en la lucha. En lo que respecta a ellos, además, la promesa fue cumplida para un 5%. Los otros 95% fueron masacrados en la batalla de Porongos. Fue así que los estancieros honraron su palabra.

La Guerra de los Farrapos fue una aventura de pecuarios que abandonaron sus aspiraciones republicanas para sellar un acuerdo con el gobierno imperial y destruir el peligro representado por los negros que habían participado de los combates. Se puede decir, entonces, que fue una especie de revolución burguesa abortada, saboteada por sus propios dirigentes, que revela toda la cobardía y el racismo que están presentes en las raíces de la burguesía brasileña.

Libros:

Uma certa revolução farroupilha, Sandra Pesavento.

As lutas do povo brasileiro, Julio Chiavenato.

Conciliação e reforma no Brasil, José Honório Rodrigues

[1] Farroupilha: persona andrajosa. Farrapo: andrajo.

[2] Gaúcho: Natural o habitante de Rio Grande do Sul, que se dedica a la cría de ganado en haciendas de pecuaria. Gaucho en español, descendiente de europeos y de indios.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 2/8/2019
Traducción: Natalia Estrada.