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En los días de hoy, Marx es retratado en la mayor parte de los libros, artículos y documentales como un intelectual que desde afuera de la clase trabajadora buscaba darle lecciones. Lecciones esas alcanzadas únicamente en función de su mente brillante. Algunos aspectos de su pensamiento son estudiados en los cursos universitarios y su nombre está siempre presente en la literatura que trata de temas específicos de ciencias humanas: historia, economía, sociología, y así sucesivamente. Ahora, cumplidos 200 años de su nacimiento, en los medios políticos tradicionales, en las universidades, en los medios de comunicación de gran circulación, muchos se levantan para saldar, o criticar, su nombre.

Por: Gustavo Machado

Si por algún motivo un individuo bien informado de poco más de 100 atrás hiciese un viaje en el tiempo hasta nuestros días, quedaría, ciertamente, espantado con el tamaño de la audiencia dada a Marx en esos medios. En el comienzo del siglo XX, muchos años después de su muerte, su pensamiento no era estudiado en los ambientes universitarios, y pocas veces era abordado por los economistas y filósofos de entonces. Casi toda la audiencia de Marx se encontraba en el interior de las organizaciones obreras y socialistas europeas, principalmente en la Socialdemocracia alemana y en los demás partidos de la Internacional Socialista. Su nombre ya era bastante conocido, no obstante, era siempre asociado al movimiento obrero, socialista y radical. Su teoría, por el contrario, era poco estudiada fuera de esos medios.

Dos fueron los momentos que hicieron de Marx un nombre conocido y famoso. Curiosamente, no se trata de la publicación de El Capital ni de cualquier otra de sus elaboraciones, sino dos revoluciones. La primera de ella fue la Comuna de París. Aunque, en ese momento Marx estuviese en Inglaterra y con graves problemas de salud, fue a su nombre que buena parte del mundo asoció el levante francés. Esa asociación no fue accidental. De hecho, la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), que cumplió importante papel en la Comuna, fue, desde el inicio, organizada y fomentada por Marx. Fue a él que la AIT encomendó una Declaración sobre la Comuna, publicada con el título de La Guerra Civil en Francia. Ese fue el primer texto de Marx con gran repercusión, vendiendo más de 18.000 copias en tres meses y siendo traducido a la mayor parte de las lenguas europeas. El segundo momento que elevó el nombre de Marx en el escenario internacional fue la Revolución Rusa. Solamente entonces su nombre pasó a figurar en todos los medios. Ese recorrido no fue una casualidad, como veremos a seguir.

Nacido en una familia de clase media e hijo de un abogado empleado por la burocracia estatal de la que hoy es Alemania, Marx ingresó en el sistema universitario alemán y llegó a estudiar en su principal universidad: la Universidad de Berlín, donde años antes lo hiciera Hegel, uno de los más brillantes filósofos alemanes. Defendió una tesis de doctorado sobre los filósofos materialistas griegos y aspiró a una carrera académica, lo que se mostró imposible con la reacción que se abatió en su país a partir del año 1842. Desde entonces, Marx ingresó en lo que pasó a ser su actividad profesional en el curso de toda su vida: el periodismo. Esa actividad cambió para siempre su destino.

A partir de entonces, Marx entra en contacto con la insurrección de los tejedores de Silesia, con el movimiento obrero francés, así como con el movimiento comunista alemán y parisino. Basado en esas experiencias, y muchas otras del pasado, Marx rompe con su concepción anterior, democrática de izquierda, pasando a defender la vinculación entre el movimiento comunista y la clase obrera. En su concepción, el socialismo no vendría desde afuera, producto de una elaboración hecha de antemano por un reformador o teórico genial, sino, por el contrario, solo podría ser realizado si estaba vinculado con el producto más genuino de la sociedad capitalista en desarrollo: el proletariado. Como dirá en la época: “la teoría se torna fuerza material cuando se apodera de las masas”. Desde entonces, toda la actividad de Marx estuvo orientada a la organización de la clase obrera, no solo su actividad intelectual sino también sus relaciones personales y su actividad práctica y organizativa. Como él mismo dirá en el escrito Señor Vogt, datado en 1860: “representamos siempre gratuitamente y con sacrificio de nuestros intereses privados, los intereses de la clase obrera” (MARX, 1976, p. 71).

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Una obra orientada a la clase obrera

Con esa nueva orientación, toda la obra de Marx que siguió, sobre todo los textos escritos para publicación, entre libros y artículos, tenían como interlocutores privilegiados a la clase obrera y sus dirigentes. Podemos citar innumerables ejemplos en ese sentido. Uno de sus primeros textos sobre el funcionamiento de la sociedad capitalista, Trabajo Asalariado y Capital, fue una serie de conferencias presentadas en la Asociación de los Obreros Alemanes de Bruselas reproducida después en la Asociación de los Trabajadores de Colonia. Otro título publicado en la misma época, Miseria de la Filosofía, era una crítica al más influyente teórico del movimiento comunista y obrero francés: Proudhon. El Manifiesto Comunista no era nada más que el programa de la organización a la que Marx acabara de ingresar: la Liga de los Comunistas. Sobre ese escrito clásico, Marx dirá también en el Señor Vogt que “en el Manifiesto, destinado directamente a los obreros, lancé borda afuera todos los sistemas, sustituyéndolos por la inteligencia crítica de las condiciones del camino y de los resultados generales del verdadero movimiento social” (MARX, 1976, p. 101).

Poco tiempo después del Manifiesto, Marx consumirá buena parte de su patrimonio financiando el periódico Nueva Gazeta Renana durante las jornadas revolucionarias de 1848-1849. Ese periódico llegó a ser uno de los de mayor circulación durante el período revolucionario, hasta su prohibición y la consiguiente expulsión de Marx de la ciudad alemana de Colonia. La sede del periódico era una especie de cuartel armado. “Nuestra redacción”, dirá Engels más tarde, “disponía de ocho fusiles con bayoneta y 250 cartuchos”, siendo “considerada por los oficiales como una fortaleza que no podrían conquistar con un simple golpe de mano”. Tal periódico llegó a tenar 6.000 suscripciones, mientras el principal diario de Colonia, la Gazeta de Colonia, no llegaba a las 9.000 suscripciones. Todavía según el juicio de Engels, “jamás un diario alemán, antes o después, tuvo la fuerza y la influencia de Nueva Gazeta Renana, ni supo, como esta, galvanizar a las masas proletarias” (ENGELS, 1976, pp.171-178). En uno de los artículos de despedida, luego de su censura, podemos leer: “Los redactores de la Nueva Gazeta Renana os agradecen, en la despedida, por la simpatía que les fue demostrada. Su última palabra será siempre y todos los lugares: ¡Emancipación de la clase trabajadora!” (MARX, 2010, P. 581).

Este periódico, por décadas, sirvió de modelo y referencia para el movimiento obrero de toda Europa. Su olvido es la prueba más contundente de la tentativa de domesticar la obra de Marx en el interior de los aparatos institucionales. Tanto es así que, comúnmente, la Nueva Gazeta Renana es confundida con la Gazeta Renana, periódico que Marx había editado seis años antes, cuando todavía era una especie de demócrata de izquierda. Para tener una idea de la repercusión de la Nueva Gazeta Renana sobre el movimiento obrero, Trotsky, refiriéndose al éxito del periódico Natchalo, que editara en Rusia, dice que: “Tengo para mí que ningún otro periódico del último medio siglo se aproximó tanto como el nuestro a su modelo clásico, la Neue Rheinische Zeitung (Nueva Gazeta Renana) de Marx (1848)” (destacado nuestro) (TROTSKY; 1978, p. 159). Mencionamos todavía que fue basado en la lectura de la Nueva Gazeta Renana y en los análisis de Marx sobre la revolución alemana presentes en el periódico, que Trotsky desarrollará su Teoría de la Revolución Permanente, y Lenin su teoría de la Dictadura Democrática del Proletariado y el Campesinado. Ese material, por lo tanto, influirá directamente en la Revolución Rusa, casi 70 años después de editado.

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Una vida para y entre la clase obrera

Decidido a intervenir de hecho en los rumbos del movimiento obrero, la actuación de Marx en ese medio estuvo lejos de ser tan solamente literaria. Entre los colaboradores de Marx, tanto en las organizaciones como en los periódicos, encontramos a varios obreros cuyos lazos él cultivó en el curso de toda su vida. Algunos ejemplos son el relojero Joseph Moll, el tipógrafo Karl Schapper, el zapatero Heinrich Bauer, el sastre John Eccarius, entre muchos otros. Lejos de una relación distante y pasiva, esos activistas serán colaboradores políticos y amigos personales de Marx por décadas. Son de ellos varios de los artículos escritos en la Nueva Gazeta Renana, así como documentos y manifiestos publicados en los años que siguieron. Será entre ellos que Marx compartirá su vida. Para mencionar solo un episodio, a finales de 1850, Marx empeñaría el último abrigo de su esposa Jenny, el único todavía no empeñado en toda su casa en aquellos días, para pagar el tratamiento de una enfermedad de Eccarius, obrero miembro de la Asociación Internacional de los Trabajadores, y, también, de la Liga de los Comunistas.

Entre los intelectuales y profesionales liberales que colaboraron continuamente con Marx, todos ellos cambiaron sus actividades y dedicaron la mayor parte de sus respectivas vidas al trabajo en el interior de las asociaciones obreras y al vínculo con sus movimientos y luchas que cada día se desarrollaban. Fueron, todavía, en su enorme mayoría, probados en los procesos revolucionarios europeos de 1848. Un caso ejemplar es Wilhelm Wolff, hijo de agricultores y profesor particular de matemática. Fue Wolff quien divulgó en todos los Estados alemanes la represión y significado de la insurrección de los tejedores de Silesia, primer levante obrero con el que Marx entrara directamente en contacto. Lideró milicias en la revolución europea de 1848 y se ligó, posteriormente, a innumerables activistas de la clase obrera inglesa. No sin razón, El Capital, que Marx dedicara toda su vida a escribir, se inicia con las siguientes palabras: “Dedicado a mi inolvidable amigo, el valiente, leal y noble vanguardista del proletariado: Wilhelm Wolff”.

No fue, por lo tanto, por casualidad que al mismo tiempo que el nombre de Marx desaparecía en los círculos intelectuales europeos, afloraba, cada vez más, en los círculos y organizaciones obreras. Esa opción, evidentemente, tuvo su precio. Marx perdió su ciudadanía y fue expulsado junto con su familia de un país para otro: Bélgica, Colonia, por dos veces de Francia, hasta que, por fin, pasó la mitad final de su vida en Inglaterra, como un apátrida. Sobrevivió, casi siempre, en situación de absoluta miseria, siendo socorrido varias veces por su amigo Friedrich Engels. En un episodio, particularmente notorio, con todos los abrigos empeñados, Marx y su familia organizaban “festivales” de danza domésticos para aliviar el frío.

Tal situación no se dio por falta de trabajo. Además de la voluminosa obra, entre manuscritos y libros, Marx tuvo una actividad periodística continua, fuente de sus parcos recursos. Fue por diez años colaborador fijo del diario norteamericano New York Tribune, periódico que llegó a tener 200.000 suscripciones. Para ese periódico llegó a escribir casi 500 artículos. Igual en el caso de colaboraciones como esa, cuyo objetivo central era su sobrevivencia material, Marx jamás abrió mano de sus concepciones. En carta enviada al propio Marx por el editor jefe de ese diario, este dice: “Debo agregar que en todos sus artículos, llegados a mis manos, había siempre el más vivo interés por el bien del pueblo y el progreso de la clase obrera, y que con tal objetivo escribió usted muchísimo” (MARX, 1976b, p. 2012).

No faltaron tentativas de cooptación. Su genio era conocido en los altos círculos alemanes desde su juventud. Llegó a ser sondado para una posible colaboración con el gobierno dictatorial de Bismarck en la recién unificada Alemania. Bismarck quería “poner sus extraordinarios talentos al servicio del pueblo alemán”. Marx no solo negó todas sus embestidas como las denunció públicamente.

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Toda la vida de Marx, por lo tanto, estuvo orientada a la organización de la clase obrera como centro de la lucha contra el modo de producción capitalista. Es teniendo en cuenta ese objetivo que su obra fue escrita y sus metas inmediatas realizadas o derrotadas. No sin razón, frustrada con la recepción inicial de El Capital, su esposa y colaboradora militante Jenny Marx, escribió: “Si los obreros tuviesen noción del sacrificio que fue necesario para completar esta obra, escrita solo para ellos y en su interés, ellos tal vez mostrasen un poco más de atención” (McLELLAN, 1990, p. 376). Años después, el propio Marx declaraba que la “acogida que El Capital rápidamente obtuvo en amplios círculos de la clase trabajadora alemana es la mejor recompensa de mi trabajo” (MARX, 2013, p. 84).

Como se ve, Marx no solo desarrolló toda su obra para y en el interés histórico de la clase obrera, como se vinculó orgánicamente a ella. No fue por acaso, por lo tanto, que su nombre se hizo universalmente conocido a partir de los desarrollos de la lucha de clases y, con mayor repercusión, de la Comuna de París y de la Revolución Rusa. Aunque, en los días de hoy, muchos quieran domesticar su nombre y su obra al interior de aparatos institucionales oficiales –políticos y académicos– él siempre está internamente ligado a la lucha revolucionaria del proletariado por su liberación. En las palabras del propio Marx, en uno de los últimos combates al interior de la socialdemocracia alemana: “la liberación de la clase obrera tiene que ser obra de la propia clase obrera. No podemos, por lo tanto, marchar juntos con personas que abiertamente afirman que los obreros son demasiado incultos para liberarse por sí mismos y que solo a partir de arriba tienen que ser liberados, por grandes y pequeños burgueses benefactores” (MARX, 2010, p. 279).

Obs.: El presente artículo es parte de una serie publicada en el periódico Opinião Socialista. Presentamos para el blog Teoria&Revolução una versión ampliada del mismo, con las respectivas referencias bibliográficas.

Bibliografía

MARX, Karl. Nova Gazeta Renana. São Paulo. Educ, 2010.

MARX, Karl. Senhor Vogt (I) . Lisboa: Iniciativas Editoriais, 1976.

MARX, Karl. Senhor Vogt (II) . Lisboa: Iniciativas Editoriais, 1976b.

MARX, Karl. O Capital – Livro I. Rio de Janeiro: Boitempo Editorial, 2013.

MARX, Karl. Circular Letter to Bebel, Liebknecht, Bracke, and others; in Marx-Engels ‘Collected Works’, Volume 24, 2010.

MCLELLAN, David. Karl Marx: Vida e pensamento. Petrópolis: Vozes, 1990.

ENGELS, F. “Marx e a Nova Gazeta Renana”, in MARX, K. e ENGELS, F. Textos , vol 2. São Paulo: Alfa-Ômega, 1976.

TROTSKY, León. Minha Vida: Ensaio Autobiográfico. Rio de Janeiro, Paz e Terra, 2ª Edição, 1978.

Artículo tomado de Teoria&Revolução, Historia, 29/5/2018.-
Traducción: Natalia Estrada.