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Elías Rodríguez murió hace 20 años, el 13 de julio de 1995. El “viejo Elías”, como cariñosamente lo llamábamos en las filas del morenismo argentino, había nacido en 1917 en el seno de una familia rural muy humilde de la provincia de La Pampa, que simpatizaba con el anarquismo. 

Como muchos jóvenes del interior, fue a buscar trabajo como obrero en Buenos Aires y, después de otros trabajos, ingresó en la industria textil, en el sector de producción de bolsas de Bunge & Born, uno de los más grandes conglomerados agro-industriales de esos años.

Elías se hizo uno de los principales organizadores sindicales de sus compañeros de trabajo, en una época en que no era fácil la vida de un activista sindical y menos dentro de una gran empresa con una patronal negrera. En 1945, conoce el GOM (Grupo Obrero Marxista) y, poco después, ingresa a la joven organización encabezada por Nahuel Moreno. Cuando lo echaron de Bunge & Born, ingresó como obrero de un frigorífico (del que también fue despedido) y,  más tarde, en la industria de la molienda de minerales. Al final de su vida como trabajador, fue empleado de los corralones municipales de Constitución, en la ciudad de Buenos Aires. En todos los lugares, ayudó a organizar a sus compañeros y sufrió la persecución patronal.

Durante varios años, en las décadas del ’50 y ’60, fue miembro del Comité Central de las organizaciones morenistas en Argentina y, luego, de varias comisiones de control (moral). Pero ya fuera que estuviera en cargos partidarios o no, Elías era una referencia y un ejemplo de entereza y consecuencia para las nuevas generaciones de cuadros, en la defensa del trotskismo obrero y ortodoxo frente a las “modas” y desviaciones políticas (por ejemplo, la guerrilla en los ’60 y ’70). También era una fuente inagotable de anécdotas de la vida y las luchas obreras.

Cuando se publicó el libro “Conversaciones”, en 1985, Nahuel Moreno se lo dedicó a “su amigo Elías” con la frase: “Un ejemplo de vida dedicada al servicio de la clase obrera”. A Moreno no le gustaban las frases y las definiciones demagógicas: esta dedicatoria sintetizaba el balance de una trayectoria de varias décadas de un gran luchador. En el marco del peronismo, Elías pudo haberse transformado en un gran burócrata sindical y haber tenido una vida más fácil y confortable. Pero eligió ser fiel a sus ideas trotskistas y a su clase.

Lo recordamos con el saludo con que lo recibíamos en los congresos y actos del MAS: “Elías compañero, vos sos la tradición del movimiento obrero”.          

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