Compartir

Continuando con la historia de la corriente morenista, a 70 años de la fundación del GOM reproducimos el artículo publicado en Solidaridad Socialista del 9 de setiembre de 1993.

Durante la Segunda Guerra Mundial, bajo el pacto colonialista Roca-Runciman, Argentina abastecía de carne a Inglaterra. Esto había provocado una gran expansión de la industria de la carne, al punto de que la empresa más grande del país era el frigorífico Anglo-Ciabasa, en el Dock Sud [en el Gran Buenos Aires], que empleaba a 15.000 obreros.

Hacia el final de la guerra, cuando era inminente la derrota de Alemania, las patronales comenzaron a “achicar”: se congelaron los salarios y empezaron los despidos.

El gremio estaba atomizado debido a la derrota de la gran huelga de 1943, que había provocado la virtual desaparición de la vieja Federación de la Carne dirigida por el Partido Comunista.

Por eso, en enero de 1945, los sindicatos del Anglo-Ciabasa, la Blanca y el Smithfield de Zárate salieron a la huelga cada uno por su cuenta y fueron derrotados.

La patronal aprovechó para despedir a casi 12.000 obreros. Cipriano Reyes, el caudillo peronista dirigente del Swift-Armour de Berisso, había firmado un acuerdo con los dirigentes de otros sindicatos sobre que buscaría un arreglo por separado, pero no cumplió.

El GOM al Dock Sud y la Isla Maciel

En medio de esas movilizaciones, el pequeño núcleo del GOM intentó hacer sus primeras armas en el movimiento obrero.

Conscientes de su falta de experiencia, los compañeros acudieron a Mateo Fossa, dirigente de la madera y uno de los primeros obreros trotskistas en el país, para que los aconsejara. El consejo de Fossa fue muy claro: “hagan una colecta para el fondo de huelga, llévenla al comité del sindicato del Anglo-Ciabasa, y póngase a su disposición”.

El dirigente del sindicato del Anglo, el anarquista Lucas Domínguez, les encargó hacer un volante para ponerlos a prueba. El volante tenía errores de ortografía y de redacción, pero de todas maneras fue impreso y permitió que los compañeros del GOM se ganaran la confianza de Domínguez y de los dirigentes. Así se convirtieron en los animadores fundamentales de la huelga.

El conflicto del Anglo, que Perón desde la Secretaría de Trabajo había declarado ilegal, requirió toda clase de medidas de seguridad para enfrentar la represión. Se crearon piquetes para evitar el carneraje [rompehuelgas] organizado por la patronal.

“No se podía transitar por las calles alrededor del frigorífico si no se tenía un salvoconducto, un carné que entregaba la dirección de la huelga –recordará Moreno–. Se desviaba el recorrido de los colectivos, y los piquetes actuaban como policía. Los carneros eran rechazados a los tiros”.

Pero el Anglo estaba aislado, y a pesar de la firmeza y verdadero heroísmo de los trabajadores, la huelga se perdió.

EL GOM empieza a crecer

Moreno recuerda que durante el conflicto era común que los obreros del Anglo dijeran a los del GOM, “Lucas es muy desorganizado, ustedes los trotskos son mucho más organizados”. A lo cual los compañeros respondían: Puede ser, pero habría que pensar si un anarco como Lucas no es veinte veces mejor que nosotros”.

Esa actitud principista y leal hizo que después de la huelga, y a pesar de la derrota, ingresaran al GOM los primeros obreros industriales, como Froilán Pavón y Ramón (“Chueco”) Britos, miembros de la dirección del sindicato.

Ese extraordinario dirigente obrero que fue Lucas Domínguez nunca ingresó al trotskismo, pero desde entonces hasta el fin de su vida mantuvo estrechas relaciones con nuestro partido, asistió a congresos y escuelas de formación de militantes.

Nuestros compañeros, que cumplieron un papel importante en el Anglo y en la posterior reorganización del gremio de la carne, se volcaron luego a otro sector industrial muy mal pago, el textil. Por eso reivindicamos que nuestro pequeño grupo participó de la creación de dos de los más importantes sindicatos de la era peronista, la Federación de la Carne y la Asociación Obrera Textil.

No fuimos a las viejas organizaciones dirigidas por los socialistas y los comunistas sino a los sindicatos autónomos que se habían formado alentados por Perón y que sindicalistas como Domínguez habían sabido aprovechar para tratar de instrumentar una política independiente del Estado.

Con ese núcleo obrero, en 1947 el GOM se instalará en el barrio de Villa Pobladora, en el corazón de la zona industrial de Avellaneda. Así comienza lo que será la característica permanente y distintiva de nuestro partido: ser parte del movimiento obrero, no separarse jamás de él y de sus luchas.

El artículo original, publicado en Solidaridad Socialista en 1993, lleva por título “El GOM en la huelga de la carne”.

Lea también  Brasil | Felipe Santa Cruz es hijo de un héroe de verdad