Compartir

Es muy difundida por los liberales, los conservadores, la gran prensa y la burguesía la idea de que el fin de la URSS prueba que el socialismo no sirvió y por eso estaría sepultado para siempre. Para intentar fundamentar eso, explican la caída de los Estados obreros burocratizados del Este europeo como consecuencia de las contradicciones y límites del propio socialismo. Afirman que en la corrida económica entre las dos superpotencias, los Estados Unidos vencieron, y, por lo tanto, estaría hecha la “prueba del nueve” sobre cuál sistema social sería mejor.

Por: Júlio Anselmo

Para refutar esta argumentación intentaremos, a lo largo de este texto, responder tres cuestiones: 1) si las dificultades económicas inevitablemente llevan a la caída del socialismo; 2) si no lo hacen, ¿por qué acabó la URSS?; 3) si acabó la URSS, ¿eso no prueba de alguna forma que el socialismo es inviable?

Las dificultades de la edificación del socialismo

Los ideólogos burgueses afirman que los problemas económicos que contribuyeron para la caída de la URSS son fruto de los límites y contradicciones del propio socialismo, principalmente en el terreno económico. Mientras tanto, los primeros que elaboraron sobre las dificultades de la construcción económica socialista en Rusia fueron Lenin y Trotsky, los principales dirigentes de la revolución. Vale recordar que en los primeros años de la Revolución Rusa el sentido común difundido por la burguesía y sus ideólogos era que la revolución no pasaba de una aventura bolchevique sin la menor posibilidad de duración.

Lenin, ya en 1918 afirmaba que:

“Nuestras tareas se complican con el pasaje de todo el poder –esta vez no solo político, y sobre todo hasta no lo político sino lo económico, esto es, lo que se refiere a las bases más profundas de la vida cotidiana del hombre– para una nueva clase, y además, para aquella clase que lleva tras de sí por primera vez en la historia de la humanidad, a la inmensa mayoría de la población, a toda la masa de trabajadores y explotados. Es por sí mismo evidente que aquí, dada la muy grande importancia y las muy grandes dificultades de las tareas de organización, cuando tenemos que organizar de una manera completamente nueva las bases más profundas de la vida humana de centenas de millones de personas (…)”[1]

Trotsky, que fue miembro del consejo supremo de la economía nacional en 1925, ya planteaba las contradicciones de la economía soviética. Explica que las dificultades de la economía soviética se dan por una serie de elementos, entre ellos las dificultades en el control y registro, y de ahí se derivaba la dificultad en la relación entre cantidad y calidad en la producción, el atraso cultural ruso, el hecho de que la tarea era nueva como planteaba Lenin, y muchos otros desafíos. Pero los dos puntos fundamentales eran la relación con el mercado mundial y el problema agrario con las pequeñas propiedades en el campo: “Las dos fuentes de fluctuaciones generadoras de crisis son, por un lado, la economía campesina, y, por otro, el mercado mundial”.[2]

Incluso, a partir de estos análisis correctos, en 1932, cuando la URSS estaba en pleno desarrollo económico, Trotsky consiguió prever las crisis posteriores. Aquí él ya polemiza con los errores políticos de la burocracia y del estalinismo en el desarrollo económico soviético. El texto incluso se titula: “La economía soviética en peligro”: “Las ventajas productivas del socialismo, de la centralización, de la concentración, de la administración unificada son incalculables. Pero la aplicación errónea, particularmente el abuso burocrático, puede convertirlas en sus opuestos. Y ya se transformaron parcialmente ante la crisis que se aproxima”.[3]

La URSS y los problemas económicos

Nos enfocaremos más específicamente en la relación de la economía soviética con el mercado mundial pues tiene mayor relevancia para el proceso de restauración capitalista posterior.

Aún en 1925, Trotsky planteaba el problema de esta manera: “El mercado nos sometería sin duda alguna a su imperio si nos enfrentáramos únicamente a nivel del mercado, porque el mercado mundial es más fuerte que nosotros. Nos debilitaría mediante sus fluctuaciones económicas y, tras habernos debilitado, nos coercionaría a través de la superioridad cuantitativa y cualitativa de su masa de mercancías.[4]

Lenin también aborda este problema del mercado mundial bajo otro aspecto. Para él, la lucha de clases no está encerrada cuando los trabajadores toman el poder en un determinado país. Ella continúa internamente en el país y también internacionalmente contra el imperialismo y por la revolución mundial. En 1919 explicaba que:

“El socialismo es la supresión de las clases. La dictadura del proletariado hizo todo lo que podía para esa supresión. Pero es imposible suprimir las clases de repente. Y las clases se mantuvieron y se mantendrán durante la época de la dictadura del proletariado. (…) Las clases se mantuvieron, pero cada una de ella se modificó en la época de la dictadura del proletariado; se modificaron también sus interrelaciones. La lucha de clases no desaparece bajo la dictadura del proletariado, toma apenas otras formas. (…) Los explotadores fueron derrotados, pero no aniquilados. Continúan teniendo una base internacional, el capital internacional, del que ellos son una sucursal. (…)

El ‘arte’ de dirigir el Estado, el ejército, la economía, les da una superioridad muy grande, de modo que su importancia es incomparablemente mayor que su parte en el conjunto de la población. La lucha de clases de los explotadores derribados contra la vanguardia victoriosa de los explotados, esto es, contra el proletariado, se torna infinitamente más encarnizada. (…)”.[5]

Trotsky, ya en 1925 apuntaba la contradicción entre el comercio exterior y la lucha de clases.

“No solamente todos los procesos fundamentales de nuestra economía dependen de los procesos dominantes en el mercado mundial, sino que están sometidos en cierta medida al efecto de las leyes que dominan el desarrollo capitalista, incluidos los cambios en las condiciones económicas. Por consiguiente, resulta de ello una situación en la que, como entidad de negocios, tenemos interés, dentro de ciertos límites, en que mejoren las condiciones en los países capitalistas, y en la que, por el contrario, sufriremos como mínimo un perjuicio en el caso de que las condiciones empeoren”.[6]

La explicación de las dificultades tiene que ver con la relación entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el de las fronteras nacionales. El hecho de que la revolución estuviera aislada apenas en un país y no se extendiera hacia otros países centrales (incluso se extendió un poco, pero hacia países periféricos), es el gran problema del caso ruso. De este aislamiento resultan los problemas de la relación con el mercado mundial que tanto alertó Trotsky y la mantención de la lucha de clases bajo otras formas, como afirma Lenin. El altísimo grado de mundialización de los capitales y de la producción es la base objetiva sobre la cual se sostiene que el socialismo solo podría darse en escala mundial. Ni siquiera la toma del poder en un solo país, aunque desarrollado, es suficiente para la construcción de cualquier tipo de socialismo restricto a las fronteras nacionales, pero este problema gana una envergadura aún mayor por tratarse de un país atrasado (Rusia) contra el mundo capitalista.

Otro elemento importantísimo para las dificultades económicas es el papel de la contrarrevolución estalinista y la asfixia burocrática del Estado obrero que se degeneró. La conclusión de Trotsky es brillante. Destaca justamente el aspecto político del problema económico. En ese sentido, hacía toda diferencia cuál política sería adoptada por el Estado obrero. Y cómo sería fundamental tener una política revolucionaria de desarrollo de la revolución mundial y no de mera competencia económica con el imperialismo.

“Los países con los que entramos en relaciones comerciales cada vez más estrechas tenemos un sistema exactamente opuesto –el proteccionismo capitalista, en el sentido más amplio de la palabra–. He aquí en qué consiste la diferencia. En el territorio soviético la economía socialista lucha contra la economía capitalista, teniendo el Estado obrero de su lado. En el territorio del mercado mundial el socialismo va contra el capitalismo protegido por el Estado imperialista. En este caso, no es solamente la lucha de la economía contra la economía, sino también la lucha de la política contra la política. (…)

En primer lugar: ¿con qué métodos y hasta qué punto la planificación y la dirección del Estado obrero son capaces de preservar nuestra economía de la influencia de las fluctuaciones del mercado capitalista? En segundo lugar: ¿en qué medida y con qué métodos el Estado obrero puede proteger el desarrollo futuro de las tendencias socialistas de la economía contra las trampas capitalistas del mercado mundial?”.[7]

Incluso en los marcos de una revolución socialista que rompa con la dominación imperialista, es un hecho que frente al aislamiento de la revolución y con la existencia del mercado mundial capitalista, acuerdos comerciales puntuales con el imperialismo ocurren inevitablemente, como ya apuntaba Trotsky sobre la relación de la URSS con el comercio mundial. El problema es subordinar la política revolucionaria a la sumisión al mercado mundial y adaptar el programa a eso. El estalinismo, al no entender las contradicciones a que la URSS estaba sometida, resolvió la contradicción por la negativa, o sea, sucumbiendo cada vez más al mercado mundial. La burocracia, al adaptarse a eso, abandonó la lucha política contra el imperialismo y la sustituyó por la diplomacia, abandonando la lucha de clases y el desarrollo de la revolución mundial, fundamentando eso a través de la teoría del socialismo en un solo país y de la coexistencia pacífica con el imperialismo. Porque su estrategia estaba ligada al mantenimiento de sus privilegios.

La justificación de la supremacía del capitalismo utilizando la dificultades económicas no es válida. Ni siquiera el argumento de que el socialismo es impracticable o que inevitablemente caminaba hacia su propio colapso. Por el contrario, están expuestos todos los problemas nuevos surgidos de la primera experiencia de revolución proletaria de la historia. Problemas que dicen respecto al hecho de que la revolución socialista haya sido victoriosa en Rusia y no en todo el mundo, lo que obligaba a este país a relacionarse con un mundo capitalista. Pero más que eso, vimos cómo el Estado surgido de la revolución lidia con esas contradicciones económicas que dependen enteramente de la política; y el programa estalinista aplicado en la URSS fue antagónico al socialismo, como veremos en la próxima parte. Es imprudente entonces hablar de cualquier tipo de inevitabilidad de colapso.

“Es evidente que la fusión de la Unión Soviética con la economía de una Europa soviética resolvería con éxito la cuestión de los coeficientes de comparación de la producción socialista y capitalista, por muy fuerte que fuese la resistencia de América [del Norte]. Y podría preguntarse si esta resistencia duraría mucho tiempo”.[8]

Entonces, no es posible afirmar que las dificultades económicas son fruto de la aplicación práctica del socialismo. O sea, está refutado aquel sentido común que dice que el socialismo es una idea muy buena pero cuando es aplicada se ve que no es posible. En realidad, los principales teóricos del socialismo después de Marx, y él mismo con las limitaciones de su tiempo, ya señalaban esas dificultades y las explicaban.

Dicho todo esto, sobra un último argumento a la burguesía. La comparación entre socialismo y capitalismo es que uno existe hasta hoy y el otro no. Entonces, debemos buscar comprender las razones por las cuales se restauró el capitalismo en la URSS, a partir de una comprensión del significado del estalinismo.

La contrarrevolución estalinista

Igualar socialismo a estalinismo es uno de los mayores errores en cualquier análisis mínimamente serio sobre la URSS. Toda revolución engendra contrarrevoluciones, justamente porque la lucha de clases no cesa mientras subsisten países capitalistas y resistencia de los explotadores.

Con las dificultades económicas y el aislamiento de la revolución, se fue formando en el interior del partido bolchevique, en los soviets y en todas partes, una casta privilegiada que tenía como programa el mantenimiento y la ampliación de sus privilegios. La burocracia fue la base social en la cual se apoyó el estalinismo. El estalinismo fue la doctrina política e ideológica de esta burocracia naciente, que desencadena un proceso contrarrevolucionario a partir de la muerte de Lenin y del ascenso de Stalin. Este proceso de burocratización no era inevitable, pero era preciso luchar contra él. Esta era la política de aquellos que quedaron conocidos como trotskistas, y que por eso fueron perseguidos, muertos y asesinados.

Así, se destruyó el partido bolchevique transformándolo en lo contrario, en un partido burocrático. Se asesinó a todos los dirigentes que podrían hacer frente a Stalin y a la burocracia. Se abrió un proceso de persecución contra trabajadores y revolucionarios que no concordasen con los rumbos de la URSS. Se creó la doctrina de que sería posible el “socialismo en un solo país” contra la tesis del internacionalismo proletario y de la revolución mundial que siempre fue el punto consensual de los marxistas revolucionarios.

Se fue creando una nueva ideología de coexistencia pacífica con el imperialismo y de que el socialismo llegaría a su plenitud a través del mero desarrollo económico soviético. Ni Lenin ni Trotsky, ni en lugar alguno del programa marxista la cuestión del desarrollo del socialismo internacional fue planteada de esta manera.

No es en vano, por lo tanto, que la política de los partidos comunistas alrededor del mundo en el período estalinista fue orientada a partir de los intereses del comercio exterior soviético y no de las necesidades de la lucha de clases. Así, hizo que el PC argentino apoyase la dictadura de Videla por cuenta del comercio mantenido entre la dictadura y la URSS. O, luego de la Segunda Guerra Mundial, donde Stalin tuvo la política de reconstrucción del capitalismo en Europa, y orientó el servilismo de los PCs a las burguesías locales a través de la política de frente popular.

Los desafíos económicos y la restauración capitalista

Fue el papel de esta dirección estalinista y de la burocracia soviética que tornó los problemas económicos cada vez más insolubles, a pesar de que estos problemas tenían bases objetivas como ya vimos. En 1936, Trotsky resume bien la cuestión:

“La URSS es una sociedad intermediaria entre el capitalismo y el socialismo, en la cual: a) Las fuerzas productivas son todavía insuficientes para dar a la propiedad del Estado un carácter socialista; b) La tendencia a la acumulación primitiva, nacida de la sociedad, se manifiesta a través de todos los poros de la economía planificada; c) Las normas de distribución, de naturaleza burguesa, están en la base de la diferenciación social; d) El desarrollo económico, al mismo tiempo que mejora lentamente la condición de los trabajadores, contribuye a formar rápidamente una camada de privilegiados; e) La burocracia, al explotar los antagonismos sociales, se convirtió en una casta incontrolable, extraña al socialismo; f) La revolución social, traicionada por el partido gobernante, vive aún en las relaciones de propiedad y en la conciencia de los trabajadores; g) La evolución de las contradicciones acumuladas puede conducir al socialismo o lanzar a la sociedad al capitalismo; h) La contrarrevolución en marcha al capitalismo tendrá que romper las resistencia de los obreros; i) Los obreros, al marchar al socialismo, tendrán que derrotar a la burocracia. El problema será resuelto definitivamente por la lucha de las dos fuerzas vivas en el terreno nacional e internacional”.[9]

Estas contradicciones del desarrollo económico soviético y el mercado mundial se van a agravar a lo largo de las décadas del ’60 y del ’70 con el fin del boom económico de posguerra y en especial con la crisis económica mundial de 1973.

Moreno, a la luz de los hechos nuevos y de las formulaciones de Trotsky, en las tesis internacionales de la LIT, en 1984, caracteriza las contradicciones del desarrollo económico de la URSS en la segunda mitad del siglo XX: “La economía soviética se debate hace tiempo en el estancamiento. Vale la pena recordar una vez más el análisis genial que Trotsky hizo de la economía de la URSS en 1936, en la etapa en que ella vivía una acelerado crecimiento, superando de lejos el ritmo de los países capitalistas más avanzados.

Él dice que la economía soviética podría crecer así apoyándose en las inmensas ventajas de la planificación a pesar de la espantosa conducción de la burocracia, mientras se tratase de alcanzar el desarrollo del capitalismo, de imitar o copiar técnicas, incluso de robar secretos del mundo capitalista. En esa situación, la existencia de la burocracia sería un obstáculo relativo para el desarrollo de la economía. Es decir, la burocracia gasta mal y demás, administra horriblemente mal, desordena la producción y, a pesar de eso, consigue avanzar y muchísimo, acortando la brecha que la separa de la economía capitalista-imperialista avanzada. Pero, dice Trotsky, tan pronto se aproxime del nivel de desarrollo capitalista, y sobreviviendo el mercado mundial en las manos del imperialismo, termina el avance. La existencia de la burocracia será un obstáculo absoluto para el desarrollo de la economía soviética. Esta dejará de crecer, se estancará y comenzará a decaer.

Esta ley se cumplió al pie de la letra. Hace años que la producción en la URSS crece menos que la población.[10]

Pero Moreno va más allá y localiza la crisis económica capitalista con la crisis económica soviética:

“El imperialismo avanza sobre los Estados obreros para saquearlos también. Es una ofensiva semicolonizadora, que ya está extrayendo plusvalía del proletariado de esos países, en mayor o menor grado. Hace eso a través del comercio internacional. Pero la semicolonización apunta a lo más profundo de la economía. Algunos de estos países ya están endeudados con los bancos imperialistas e incluso firmaron acuerdos con el FMI. A esto hay que sumar las inversiones directas de capital y, como elemento más avanzado del proceso de semicolonización, la conquista de verdaderos enclaves económicos en China y Yugoslavia”.[11]

Y así llega a la explicación de la crisis económica soviética:

“Por ser economías no dominadas por el capitalismo sus crisis se expresan de formas totalmente diferentes a las de los países capitalistas. Son de subproducción, no de superproducción. Hay filas de compradores con mucho dinero, pero no hay bienes para comprar. Esto se debe a que la burocracia es incapaz de organizar la producción para satisfacer las necesidades de la población. Pero sería un error confundir la forma cómo se dan las crisis con las causas de las mismas. La causa primera y fundamental es que son economías nacionales relativamente atrasadas, o de desarrollo intermedio como la URSS, objetivamente insertas, quieran o no sus gobiernos, en una economía, un desarrollo tecnológico y un mercado mundial dominados por el imperialismo, especialmente el yanqui.

La burocracia sostiene que los trabajadores de cualquier país enfrentan un solo flagelo: los explotadores nacionales. Pero los flagelos son dos: el segundo son las fronteras nacionales y el atraso, que permiten al imperialismo explotar y oprimir a ese país aislado en sus fronteras, incluso si ya se sacó de encima a los explotadores nacionales”.[12]

El papel de la dirección estalinista a lo largo del siglo XX hundió al proletariado en derrotas y propició la sobrevida que ganó el capitalismo. Y después de traicionar centenas de revoluciones por el mundo, el estalinismo cometió su mayor acto de traición: restauró el capitalismo en el primer Estado obrero de la historia.

Trotsky planteaba tres posibilidades para la URSS. Los trabajadores con una dirección revolucionaria harían una revolución política en la URSS y derrocarían a la burocracia y pondrían la URSS al servicio de la revolución mundial, que fue la política de los trotskistas a lo largo de todo el período estalinista. O un partido burgués o el imperialismo tomarían el poder y restaurarían el capitalismo. O, el tercero, donde la propia burocracia restauraría el capitalismo. Veamos el famoso pronóstico de Trotsky en 1936, que de hecho ocurrió: ”Admitamos que ni un partido revolucionario ni un partido contrarrevolucionario se apoderen del poder y que sea la burocracia la que se mantenga al frente del poder (…). La evolución de las relaciones sociales no cesa… ella (la burocracia) restableció las patentes y las condecoraciones; será, entonces, inevitablemente necesario que busque apoyo en las relaciones de propiedad”.[13]

Lo que se llama fin del socialismo es en realidad la concreción de la política estalinista en su grado más elevado, que nada tiene de socialista. Un proceso contrarrevolucionario que llevó décadas para destruir y solapar todas las conquistas de la Revolución Rusa. La restauración capitalista no fue fruto de contradicciones económicas insolubles y punto. Sino, sí, de la opción política de la burocracia de tornarse burguesía, que fue el punto auge de la política de traición estalinista, donde es obvio que las dificultades económicas pesaron para eso.

Los errores en la comparación entre la URSS y los países capitalistas

Para comparar cualquier cosa se deben establecer las medidas, los parámetros, definir de qué se habla. Los ideólogos burgueses cometen un primer error al hacer un recorte temporal arbitrario y estático, ignorando la universalidad de la Revolución Rusa, y no toman en cuenta todo el desarrollo histórico económico y social conquistado a través de la revolución. Interpretan la realidad de la Revolución Rusa como un retrato de los años ’80, de estancamiento económico y control burocrático. Pero lo que la burocracia soviética estalinista hizo no es la Revolución Rusa sino sí su negación.

La arbitrariedad en la comparación no para por ahí. Embellecen el capitalismo, pues también hacen un retrato estático del mismo. ¿Vamos a comparar la URSS con los Estados Unidos en crisis en los años ’30? Entonces, no toman como un todo siquiera al capitalismo, pincelan de la realidad lo que les interesa y así la distorsionan.

¿Cómo consideran razonable comparar una sociedad mundial capitalista con más de 200 años de desarrollo y con la burguesía gobernando el mundo por siglos, con un Estado arcaico y atrasado, limitado en sus fronteras nacionales e inmerso en este mundo capitalista, pero con una formación social diferente? En lugar de comparar la Rusia Soviética con los Estados Unidos o los países centrales del capitalismo, podríamos compararla con los países de la periferia del capitalismo, lo que tendría mucho más sentido considerando las similitudes en la formación histórica económica y social entre estos países.

Si todavía así insisten en la comparación arbitraria, podemos señalar un error más. ¿Cómo afirmar que no dio cierto un sistema social implementado en la Rusia agraria, semifeudal y absolutista, y que utilizando los criterios de desarrollo económico capitalista hizo a este país alcanzar el nivel de segunda potencia económica mundial, a pesar de todo el error de la política estalinista a partir de la segunda mitad de los años ’20? O sea, ¿con qué criterios se compara? ¿Criterios capitalistas o socialistas? Pues bastaría que recordásemos las conquistas económicas, culturales y sociales para los trabajadores soviéticos que ni se sueña existan siquiera en los países capitalistas más desarrollados de hoy en día.

En general, queda aquí demostrado que las comparaciones no toman en cuenta las conquistas, el méritos y las victorias del socialismo. Como diría Trotsky: “El socialismo mostró su mérito y victoria, no en las páginas de El Capital sino en la arena industrial que comprende 1/6 de la superficie de la Tierra –no en términos de la dialéctica, sino en los términos del acero, de la electricidad y del cemento. Incluso si la Unión Soviética, debido a la dificultades internas, ataques externos y errores de los dirigentes, colapsase –lo que firmemente esperamos no ver– permanecerá para el futuro este hecho indestructible, que tan solamente por causa de la revolución proletaria un país atrasado consiguió en diez años un ritmo de desarrollo que ningún país jamás consiguió en toda la historia de la humanidad”.[14]

La Revolución Rusa de 1917 y la posibilidad del socialismo

Por fin, la última cuestión. Incluso siendo explicadas y fundamentadas las dificultades económicas de socialismo, así como la caída de la URSS, ¿el hecho de haber caído y acabado no prueba de alguna forma el colapso del socialismo? Dicho de otra manera, ¿se puede argumentar que los motivos del colapso que presentamos son intrínsecos al proceso revolucionario, al marxismo y al socialismo? Por ejemplo, ¿se podría argumentar que el estalinismo es consecuencia natural e inescapable de la aplicación práctica del socialismo?

De premisas correctas es posible sacar conclusiones falsas. Ese es el peligro de limitar el pensamiento a la lógica formal. Afirmar que el estalinismo y la caída de la URSS invalidan el socialismo, sería como decir que la medicina estaría invalidada por cuenta de un tratamiento médico que desarrollase efectos colaterales o que la enfermedad reincidiese.

Si estos argumentos fuesen correctos, tendríamos que negar las victorias de la gran Revolución Francesa por el papel que desempeñó la contrarrevolución posterior con el Termidor. ¿O el termidor es consecuencia natural e inevitable del levante contra la nobleza? Mil veces no. La burguesía tendría que rever su propia historia de lucha contra el antiguo régimen para sostener ese argumento. Pero hoy son tan conservadores y reaccionarios que de hecho lo hacen. Aunque sin dejar de caer en el ridículo por eso.

La Revolución Francesa está para la historia de las revoluciones burguesas, así como la Revolución Rusa lo está para la historia de las revoluciones proletarias. Ambas son revoluciones no nacionales sino revoluciones que tienen un sentido universal. En la Revolución Rusa el proletariado venció y esta fue la victoria de un nuevo orden social, la victoria de la propiedad socializada contra la propiedad privada de los medios de producción, de la planificación económica sobre las leyes del mercado capitalista, del internacionalismo proletario sobre el nacionalismo burgués, del camino de la supresión de las clases sociales sobre la mantención de la división de clases.

La restauración capitalista rusa no disminuye el profundo significado de la Revolución Rusa. En realidad, transforma la primera experiencia victoriosa de la revolución proletaria en un gran ensayo general en el cual todos los que se dicen revolucionarios deben apoyarse. Las lecciones de la Revolución Rusa son su mayor legado; entre tantas cuestiones, nos muestra por ejemplo que la lucha antiburocrática debe ser parte integrante de cualquier programa revolucionario y socialista.

Aquellos que se apoyan en las críticas a la URSS para negar el contenido de las transformaciones que la Revolución Rusa propició comenten errores imperdonables. Aquello que rechazan la Revolución Rusa en nombre de una supuesta lucha contra el estalinismo, tiran el agua con el bebé incluido.

No es posible hablar de fracaso de la Revolución Rusa de 1917 como fracaso del socialismo, del partido bolchevique o de la lucha de los trabajadores. Es sí posible hablar de fracaso de la URSS cuando analizamos el programa implementado por el estalinismo, que llevó a la ruina la mayor victoria ya conquistada por los trabajadores. Una cosa es el fracaso de la URSS estalinista, otra cosa es igualar eso a la Revolución Rusa.

Podríamos hablar de fracaso del socialismo si la hipótesis de los revolucionarios fuese el desarrollo de las fuerzas productivas a tal punto en un Estado nacional que fuese posible alcanzar el socialismo en un país, en un mundo capitalista. ¡Pero esta era la hipótesis estalinista! No la de Lenin, Trotsky y Marx. Su hipótesis se asentó en el desarrollo de la revolución mundial. Para Lenin, la Revolución Rusa rompió el eslabón más débil de la cadena imperialista y estaría al servicio de la estrategia de la revolución mundial. Quien fracasó en 1989 no fue el socialismo sino sus detractores. No es en vano que luego de la restauración capitalista hecha por la burocracia, los pueblos de Rusia y del Este europeo hicieran con que ella lo pagase caro, derribando las dictaduras burguesas proimperialistas que surgieron en la restauración.

“En lugar de aprender con el pasado, ellos lo ‘corrigen’. Unos descubren la inconsistencia del marxismo, otros proclaman la derrota del bolchevismo. Unos hacen recaer sobre la doctrina revolucionaria la responsabilidad de los errores y de los crímenes de aquellos que la traicionaron; otros maldicen la medicina porque no asegura una cura inmediata y meticulosa. Los más audaces prometen descubrir una panacea y, en la espera, recomiendan parar la lucha de clases; numerosos profetas de la nueva moral se disponen a regenerar el movimiento obrero con la ayuda de una homeopatía ética. La mayoría de esos apóstoles consiguió tornarse a sí mismos inválidos morales antes incluso de bajar al campo de batalla. Así, bajo la apariencia de nuevos caminos solo se propone al proletariado viejas recetas enterradas hace mucho tiempo en los archivos del socialismo anterior a Marx”.[15]

Notas:

[1]  https://www.marxists.org/portugues/lenin/1918/05/26.htm

[2] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/economicos/haciaelcapitalismo.htm

[3] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/economicos/laeconomiasovieticaenpel.htm

[4] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/economicos/haciaelcapitalismo.htm

[5] https://www.marxists.org/portugues/lenin/1919/10/30.htm

[6] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/economicos/haciaelcapitalismo.htm

[7] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/economicos/haciaelcapitalismo.htm

[8] https://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/economicos/haciaelcapitalismo.htm

[9] TROTSKY, León. La revolución traicionada. https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1936/rt/09.htm

[10] Tesis sobre la Situación Mundial – Proyecto del Secretariado Internacional de la LIT- 20 de octubre de 1984 – Nahuel Moreno.

[11] Tesis sobre la Situación Mundial – Proyecto del Secretariado Internacional de la LIT- 20 de octubre de 1984 – Nahuel Moreno.

[12] Tesis sobre la Situación Mundial – Proyecto del Secretariado Internacional de la LIT- 20 de octubre de 1984 – Nahuel Moreno

[13] TROTSKY, León. La revolución traicionada. https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1936/rt/09.htm

[14] https://www.marxists.org/portugues/trotsky/1936/revolucaotraida/cap01.htm

[15] https://www.marxists.org/portugues/trotsky/1938/programa/cap02.htm

Artículo publicado originalmente en la revista Teoria & Revolução, 17 de julio de 2017.-

Traducción: Natalia Estrada, incluidas todas las traducciones de las citas que aparecen en el presente artículo.