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La Cuarta Internacional desecha a los magos, charlatanes y profesores de moral. En una sociedad basada en la explotación, la moral suprema es la de la revolución socialista. 

Buenos son los métodos que elevan la conciencia de clase de los obreros, la confianza en sus fuerzas y su espíritu de sacrificio en la lucha. Inadmisibles son los métodos que inspiran el miedo y la docilidad de los oprimidos contra los opresores, que ahogan el espíritu de rebeldía y de protesta, o que reemplazan la voluntad de las masas por la de los jefes, la persuasión por la coacción y el análisis de la realidad por la demagogia y la falsificación. He aquí por qué la socialdemocracia, que ha prostituido el marxismo tanto como el estalinismo, antítesis del bolchevismo, son los enemigos mortales de la revolución proletaria y de la moral de la misma.

León Trotsky, Programa de Transición

Introducción

La importancia de la cuestión moral

Probablemente, muchos compañeros se sorprenderán porque hemos colocado en el temario de nuestro Congreso Mundial, la discusión de un documento sobre la cuestión moral. Nuestros congresos siempre discuten documentos políticos, balance y proyecto de actividades. Y siempre hay un punto donde la Comisión de Control Internacional (CCI) presenta un informe de los problemas morales concretos del último período y las posibles apelaciones sobre los procesos decididos por ella. Pero la discusión teórica y política del tema moral no acostumbra ser parte del temario de nuestros congresos.

¿Qué nos llevó a introducir un punto sobre este tema, en este próximo congreso? En primer lugar, es claro que existen síntomas cada vez más evidentes de descomposición moral no sólo en la sociedad capitalista, sino también en las organizaciones obreras. Pero eso, aunque es un tema importante, no nos llevaría necesariamente a colocarlo en el temario del Congreso. Sin embargo, en el último período detectamos varias evidencias de que esta descomposición moral viene afectando a nuestra internacional. A pesar de nuestra tradición de tratar con mucha seriedad los problemas morales, constatamos la existencia de graves problemas en este terreno, también en la LIT: casos de cuadros que se apoderaron del patrimonio de la organización; agresiones morales, y hasta físicas, a compañeras e, inclusive, el caso de un dirigente que se rehusó a comparecer ante la CCI para responder a una grave denuncia de violencia contra su ex-compañera, llegando a hacer que una sección de la LIT, el MST boliviano, rompiese con la Internacional. Este no es un problema interno. Refleja un proceso más general: la decadencia de la sociedad capitalista.

Vemos que este tipo de problemas tiene una expresión generalizada en la izquierda, inclusive la que se reivindica revolucionaria. Vemos una realidad lamentable en las organizaciones de izquierda, prácticamente en todos los países con peleas, inclusive físicas, para controlar entidades en función de sus aparatos, corrupción, fraudes y todo tipo de maniobras desleales y acciones destructivas.

Vemos que esas discusiones en la izquierda raramente son esclarecidas, y aparecen  como luchas sordas que, de repente, explotan en rupturas o luchas fraccionales con acusaciones morales, etc. O son barridas “debajo de la alfombra”, en especial si involucran dirigentes. Creemos que nuestra preocupación puede causar dudas a muchas organizaciones, inclusive aquellas con las que tenemos acuerdos políticos importantes. Pero queremos abrir francamente la discusión, reconociendo nuestros problemas, y llamando a una reflexión.

Podríamos evitar abrir estas discusiones públicamente y optar por discutirlas sólo entre nosotros. Pero queremos que aquellos que están en relación con nosotros nos conozcan en todos los aspectos, con nuestros problemas reales y que, si tenemos un mérito, es el de no ocultarlos, de identificarlos y buscar combatirlos de forma abierta. Sabemos que la moral de las organizaciones revolucionarias estará bajo permanente presión de la moral burguesa, aún más en una época de decadencia como la que vivimos. Tenemos orgullo de nuestra trayectoria y, también en este terreno, reivindicamos las enseñanzas de Trotsky.

Siendo así, si no abrimos con claridad y firmeza este tipo de discusión y enfrentamos de frente los problemas en este terreno, si bajamos la guardia yo batallamos por una moral comunista en nuestras organizaciones, probablemente las presiones crecerán aún más y podrán acabar por destruir nuestras organizaciones revolucionarias. Por eso, creemos que, para cada uno de nuestros militantes y todas aquellas fuerzas que se nos aproximan en la batalla por la reconstrucción de la IV Internacional, esta discusión es fundamental.

Sin ella, no habrá una construcción sólida de un partido revolucionario nacional ni de la Internacional que tanto aspiramos.

Algunos problemas morales que afectaron a la LIT en el último período

Nuestro último congreso reafirmó por unanimidad la expulsión de un ex-dirigente de una sección por apoderarse del dinero que un simpatizante había donado al partido. Poco después del congreso de 2005, la CCI tuvo que investigar una gravísima acusación contra un ex-miembro del CEI y del SI, que incluía agresiones contra su compañera. Este compañero había sido enviado a militar en la sección boliviana y, en ese momento, era su principal dirigente. Él se negó a responder a la CCI y tuvo el apoyo de toda la dirección de la sección, inclusive del miembro del CEI de aquel país, que se colocaron incondicionalmente en defensa de ese dirigen-te y de su negativa a someterse a la CCI.

La amplia mayoría de la LIT reaccionó de forma principista en todos estos casos. Es importante señalar que hemos sido una organización revolucionaria que puede enorgullecerse de haber tenido una posición principista en defensa de la moral revolucionaria cuando la mayoría de las organizaciones de izquierda, incluso las que se reivindican trotskistas o revolucionarias, sucumbieron a las presiones oportunistas también en este terreno. Sin embargo, hay que reconocer que no habíamos identificado el fenómeno de conjunto ni le dimos la debida importancia. De la misma forma, no jerarquizamos la necesidad de enfrentarlo.

Capítulo I

¿Por qué la moral revolucionaria es decisiva en la construcción del partido revolucionario y la IV?

Incluso constatando esta realidad, es preciso entender por qué debemos jerarquizar esta discusión en este congreso de la LIT. Muchas veces, encontramos entre los compañeros más jóvenes la idea de que los comunistas no tienen una moral, que esto es sólo un discurso de la clase dominante. Definamos entonces qué es la moral y que queremos decir con “moral revolucionaria”.

1.1 – ¿Qué es la moral?

La moral es una necesidad para cualquier agrupación humana, como explicaba Nahuel Moreno[1]. Toda estructura social tiene necesidad de normas para su supervivencia y su defensa. A su vez, la moral es fruto del desarrollo social. Al contrario de lo que dicen los ideólogos de la burguesía, no hay una moral universal y eterna, ya que ella cambia de acuerdo a las distintas formaciones sociales, las relaciones de producción que contienen y a las respectivas formas ideológicas y normas morales al largo de la historia de la humanidad. Es eso lo que explica las diferencias en cuanto a la moral dominante entre sociedades como las esclavistas, las feudales o las capitalistas. Y que toda clase dominante necesite imponer su moral a los explotados para garantizar su dominio sobre la sociedad.

Esta cuestión lleva a la discusión sobre la existencia o no de normas universales que son aceptadas desde siempre por los hombres. Como se preguntaba Trotsky en Su moral y la nuestra:

¿Es que no existen reglas elementales de moral, desarrolladas por la humanidad como totalidad, y necesarias para la vida de la colectividad entera? Y respondía: Existen sin duda, pero la virtud de su acción es extremadamente limitada e inestable. Las normas ‘universalmente válidas’ son tanto menos actuantes cuanto más agudo es el carácter que toma la lucha de clases. Su validez está ligada a la situación de la lucha de clases. En tiempos de ‘paz’, el hombre ‘normal’ observa el mandamiento ‘no matarás’; incluso así mata en condiciones excepcionales de legítima defensa. En tiempos de guerra, sea guerra entre estados o civil, el Estado cambia la norma ‘universalmente válida de ‘no matarás’ para su contrario.[2]

Es decir, las normas morales ‘universalmente válidas’ son cargadas por un contenido de clase, lo que es lo mismo que decir antagónicos. En palabras de Trotsky: La norma moral se torna más categórica cuanto menos ‘universal’ es.

La burguesía tiene un interés vital en imponer su moral a las clases explotadas. Como todas las clases dominantes anteriores, utiliza la moral como instrumento de conservación de la sociedad y la impone a la sociedad tratando de demostrar que es “eterna”. Necesitan imponer su moral a la clase explotada pero hay una incoherencia entre lo que pregonan y su práctica. Ahí entra en escena la cuestión de la “doble moral”, que se expresa en la hipocresía típica de las iglesias. La burguesía utiliza una doble moral que habla de “igualdad” y “bien común” pero estimula el individualismo y el egoísmo. Plantea que todos sean ciudadanos ejemplares en su vida privada y preocupados con el bien común en cuanto explota y vive de la miseria de millones. Se habla de una norma… pero no es para ellos. Es el famoso “haz lo que yo digo, no lo que yo hago”.

Toda clase explotada, aún más la clase obrera que es el sujeto social de la revolución socialista, necesita un programa y una organización y también una moral opuesta por lo vértice a la moral burguesa de los explora-dores. Respondiendo a las acusaciones de los burgueses y de los kautskistas de que los bolcheviques no tenían moral, Lenin reafirmaba

Cuando nos hablan de moral, decimos: para un comunista, toda moral reside en esta disciplina solidaria y unida, y en esta lucha consciente de las masas contra los explotadores. No creemos en una moral eterna, denunciamos la mentira de todos los cuentos sobre moral. La moral sirve para que la sociedad humana se eleve a mayor altura, para que se desembarace de la explotación

1.2. – La moral proletaria

La clase obrera tiene necesidad de una moral propia para luchar por sus intereses de clase. Los trabajadores fueron aprendiendo con su experiencia en las huelgas y en los primeros sindicatos que, sin un fuerte espíritu colectivo, sin una moral de clase, sería imposible enfrentar a la burguesía con su fuerza económica y su aparato represivo. Al comienzo del movimiento obrero (MO) en Europa, se fue construyendo una moral típica de la clase proletaria: la noción de la solidaridad de clase en el ámbito de una fábrica, un país y a escala internacional. Que está extremadamente ligada a la experiencia histórica y concreta de la clase obrera: sin unidad es imposible derrotar a la burguesía, sea en las luchas cotidianas o en las luchas decisivas de un país.

Cuanto más se desarrollan las luchas, más es necesario tener solidaridad con los hermanos de clase, saber imponer la disciplina a través de piquetes e embestir contra los que quieren romper esa unidad y solidaridad, como los rompehuelgas. Así se desprenden nociones básicas de la moral de la clase: acatar la disciplina de los trabajadores de su empresa, rodear de ayuda a los compañeros atacados por la patronal, aislar y, si fuera el caso, reprimir a los rompehuelgas, etc.

La burguesía es consciente de la importancia de esta unidad y disciplina obrera, sabe que es una ínfima minoría y sabe que la clase más peligrosa para su dominación es la clase obrera. Por eso, en todo momento, trata de dividir a esta clase, de cooptar individuos y sectores de ella, de oponer el individualismo y el egoísmo burgués a la moral de la clase obrera en lucha, de corromper dirigentes y estimular la traición. Se apoya en la competencia entre los trabajadores para fomentar la división y también para impedir la constitución de la moral proletaria. Trata de mantener a la clase obrera creyendo en un Dios o en la posibilidad de ascenso individual, como salida a su situación. Por eso, cuando la clase obrera entra en combate como clase, empieza a romper en la práctica con la moral burguesa.

Para resumir, la moral proletaria es la  moral de la clase obrera en lucha contra la burguesía. Su base es la solidaridad y la unidad frente a la clase enemiga, de la cual se desprenden una serie de normas, como:

* Cada trabajador protege y apoya al compañero de su clase contra las persecuciones de la burguesía.

* Nunca se entrega o se permite que sea perjudicado un compañero.

* Aunque se tienen divergencias, se actúa como clase unida delante del enemigo. Si un individuo de la clase viola esto, debe impedírselo y, si es necesario, reprimirlo con la disciplina del colectivo.

* Las relaciones entre compañeros, y también entre las organizaciones obreras, deben tener lealtad, honestidad, fraternidad y franqueza.

* No se utilizan medios violentos para dirimir diferencias entre miembros de la clase o sus organizaciones.

1.3 – La moral partidaria

Además, existe una moral específica del partido revolucionario, que Moreno llama “moral partidaria”. ¿Qué significa esto? Evidentemente, el partido, un instrumento que lucha para derribar a la burguesía y por la dictadura del proletariado, precisa aún más tener una disciplina de hierro y una moral superior a la simple moral proletaria, aunque parta de ella.

La confianza entre todos es su cimiento esencial, es la “cofradía de los perseguidos”, de los que quieren destruir el capitalismo y, por eso, son perseguidos y pueden pagar el precio de la propia vida. Por lo tanto, es necesaria una moral superior para mantener la fuerza de este tipo de organización, para resistir a las prisiones, torturas, etc. La solidaridad en este campo es mucho más profunda: el compañero es más importante que la propia vida. En el partido, el colectivo es todo. Es lo opuesto a la idea típica del capitalismo: el individualismo y el egoísmo.

Al mismo tiempo, si la moral obrera exige que un miembro de la clase acate la decisión de la mayoría en la lucha contra la patronal, que cumpla la huelga y que los rompehuelgas sean frenados y castigados, la moral partidaria es mucho más exigente, pues es la moral de los que luchan conscientemente para destruir el imperialismo, para hacer la revolución. Ella empieza por las enseñanzas básicas de la misma moral obrera, pero no basta cumplir la decisión de la huelga, hay que ser el mejor activista, hay que pensar en el conjunto, organizara la vanguardia para que garantice la huelga, etc.

Para fortalecer la confianza y afianzar la moral partidaria, queremos y hacemos que cada uno crezca, se desarrolle. El partido revolucionario necesita una fuerte moral porque tiene que golpear como un sólo hombre a los aparatos del Estado burgués. Tiene que ser conspirativo frente al Estado y la burocracia y eso exige una total confianza entre los camaradas que militan en el partido.

1.4  – ¿La moral revolucionaria es importante para la construcción de la IV?

Muchos compañeros, en la LIT y fuera de ella, opinan que el problema de la moral es importante, pero no es lo decisivo. Que, en último análisis, las cuestiones son políticas. Por lo tanto, lo fundamental es la discusión política o programática y los problemas morales son secundarios. Por eso, en una aproximación entre organizaciones, una vez que existen acuerdos programáticos y políticos, no se debe plantear este tipo de cuestiones como definitorias. Muchas veces no se entiende por qué le damos tanta importancia. Opinamos que esta visión no solamente es equivocada, como la historia de la IV y nuestra trayectoria lo mostraron, sino que los problemas metodológicos y morales son decisivos a la hora de definir rumbos y tomar medidas organizativas.

La Oposición de Izquierda internacional y la IV tuvieron que enfrentar, en la década de 1930, los procesos de Moscú, la monstruosa persecución política y moral contra toda la generación de revolucionarios bolcheviques y opositores al estalinismo. Trotsky no tuvo ninguna duda: era necesario plantear como centro la respuesta a las calumnias y las amalgamas que buscaban la  destrucción de toda una camada de revolucionarios. Su campaña contra la “escuela estalinista de falsificaciones” marcó una divisoria de aguas. Si Trotsky no la hubiese enfrentado a su altura, con la política del Tribunal Moral, habría sido aún más difícil resistir la ofensiva estalinista de asociar el trotskismo con el imperialismo y el nazismo. Nos dejó toda una concepción y una metodología que sirvieron para enfrentar al estalinismo y a todas las corrientes que tomaron un rumbo semejante.

Hasta 1979, la corriente que dio origen a la LIT, la Fracción Bolchevique (FB), formaba parte del Secretaria-do Unificado (SU) de la IV, encabezado por Mandel, Barnes y otros dirigentes. Había diferencias profundas entre las posiciones de la FB y las de la mayoría del SU. Había polémicas en todos los terrenos: sobre la dictadura del proletariado, sobre el guerrillerismo, sobre el carácter de los partidos, sobre si se debía o no construir partidos trotskistas en Nicaragua, en América Central y en Cuba. Una de ellas era sobre el carácter de la dirección y del gobierno sandinistas, con sus necesarias consecuencias políticas y programáticas: ¿se debía apoyarlos políticamente o no? Pero la ruptura con el SU sólo se dio en 1979 y el elemento decisivo estuvo en el terreno de los principios de la moral proletaria. La FB rompió cuando la dirección del SU y la del SWP se rehusaron a luchar por la libertad de los miembros de la Brigada Simón Bolívar presos por el régimen sandinista. Es decir, violaron el principio moral proletario básico de apoyo y solidaridad frente a la represión de un gobierno burgués, en este caso el sandinista.

Cuando Moreno hizo el balance de la ruptura con Pierre Lambert tuvo una evaluación semejante: enfatizó que, a pesar de las diferencias abismales sobre el carácter del gobierno Mitterrand y la política frente a él, y que él consideraba la posición de la OCI francesa como una grave capitulación a un gobierno de frente popular imperialista, fueron los métodos estalinistas de las calumnias y de la expulsión de opositores, para no permitir la discusión en el interior de la OCI y de la IV-CI, los que impusieron la ruptura. La campaña de la LIT en 1982 alrededor del tribunal moral en defensa de la honra revolucionaria de Napurí, atacada por Lambert, fue inspirada en la lucha de Trotsky y de la IV contra el estalinismo en los años 30, nuevamente teniendo como divisor de aguas la cuestión de los métodos y de la moral.

Capítulo II

El retroceso moral en el MO y sus consecuencias en la izquierda

2.1 – Los aparatos impusieron un retroceso moral al MO

La socialdemocracia fue la primera organización de masas basada en los principios inscritos en los textos del Manifiesto Comunista y de la Iª Internacional. Su crecimiento y la extensión de su influencia en toda Europa era un hecho a finales del siglo XIX. Junto con ese desarrollo de la organización política, el movimiento sindical de la clase trabajadora creció y llegó a tener una poderosa influencia en los países de Europa Occidental.

Cuando el capitalismo entró en su fase imperialista, la burguesía percibió que necesitaba tener instrumentos dentro de la clase obrera que evitasen que ésta derribase el estado y el sistema. Surgieron los aparatos contrarrevolucionarios del MO para frenar y aprisionar en una camisa de fuerza al movimiento obrero. Las burocracias sindicales y políticas, apoyadas en la aristocracia obrera, pasaron a ser los agentes de la burguesía en el interior de las organizaciones de clase del proletariado.

A partir de la fase imperialista, ocurrió una degeneración de la socialdemocracia, expresando la aristocracia obrera y la burocracia, que la llevó a abandonar completamente no solamente el programa, sino también la concepción de la moral proletaria. En 1914, la defensa de la guerra imperialista, de la “patria sagrada”, de la invasión a los países coloniales y el ataque impiadoso al nuevo estado obrero soviético, a partir de 1917, sedaba en nombre de “principios morales eternos”, por encima de las clases, el “respeto a la democracia”, el “respeto a las leyes del Estado” burgués, la “paz”, etc. Es decir, la vieja moral burguesa que antes denunciaban.

Mientras proclamaban juramentos a la “moral eterna”, apoyaron la represión a los revolucionarios y fueron mandantes de los asesinatos de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Contra la quiebra de la II Internacional, surgió la IIIª Internacional, inspirada por la revolución rusa, que tomaría la bandera de la revolución socialista mundial y retomaría la noción de que es moral todo lo que sirve para unir, lo que ayuda a dar confianza en la causa proletaria.

El aparato contrarrevolucionario más poderoso fue el estalinismo, expresión de la burocracia que controló el estado obrero ruso, después de 1923. Fue agente de una contrarrevolución no sólo en el régimen soviético y en el programa, sino también en el campo moral. Las generaciones actuales no tienen idea de lo que significó la acción del estalinismo: trajo para dentro del movimiento obrero la mentira, la falsificación sistemática de los hechos, la persecución a los luchadores, la vuelta del patriotismo chauvinista, la división de la clase al servicio de la burguesía. La persuasión fue substituida por la coacción, el análisis honesto de la realidad por la demagogia y la falsificación. Las calumnias y las amalgamas fueron introducidas como método generalizado en el movimiento obrero del mundo entero.

¿Qué significó la amalgama en su utilización por el estalinismo? Mezclar conscientemente acusaciones políticas y morales para ensuciar al adversario político. Se rompía con una tradición moral proletaria que venía desde casi un siglo atrás: en caso de acusaciones a la conducta o la honra personales de un militante, éstas no debían ser mezcladas con las discusiones políticas con ese militante, Stalin transformó en práctica sistemática la metodología de descalificar al oponente, en primer lugar, con acusaciones a su carácter: “que había sido corrompido o traicionado  la causa”, “que estaba a sueldo del imperialismo” y, por eso, estaría defendiendo tales posiciones.

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Stalin acusaba a sus adversarios de “agentes saboteadores al servicio del imperialismo” y, sin darles ningún derecho a defensa sobre esa acusación concreta, pasaba a asociar sus posiciones políticas divergentes al supuesto hecho de ser “saboteadores del estado obrero”. Por lo tanto, argumentaba el estalinismo, sus opiniones serían simplemente una expresión de su traición con el objetivo de llevar la URSS al desastre.

Cualquier posición de estos adversarios, fuese sobre la revolución china, la política económica, etc., sería considerada no como una legítima diferencia para ser debatida, sino una consecuencia directa de su supuesta traición. Stalin hizo eso con toda una generación de los mejores  cuadros revolucionarios de la clase obrera rusa y mundial.

Para eliminar a estos “traidores”, sería lícito cualquier método, inclusive un acuerdo espurio o secreto con el enemigo de clase. Entregar un adversario, o dejar que sea despedido por la patronal, pasaba a ser “parte del juego”. Era válida la tortura, el asesinato de los que osasen contraponerse a “la línea” de la burocracia dirigente. Pero no bastaba el asesinato físico, era necesario el “asesinato moral”, tachándolos de “contrarrevolucionarios”, utilizando las confesiones obtenidas en base a torturas de todo tipo. Hasta el surgimiento del estalinismo, ese tipo de calumnias contra los dirigentes eran despreciadas dentro del MO. Hubo un ejemplo famoso durante la revolución rusa, cuando Lenin volvió al país a través de un tren autorizado por el gobierno de Alemania. Los chacales de la burguesía, del gobierno y del imperialismo lo acusaron de “agente a sueldo da Alemania”. No fue necesaria ninguna campaña para que Martov, líder menchevique y adversario político totalmente enfrentado con Lenin, saliese en defensa de su honra revolucionaria.

La burocracia estalinista cambió completamente esta situación. La URSS era la referencia del MO internacional y la III Internacional era poderosa. La moral proletaria sufrió un duro golpe por la acción  contrarrevolucionaria del estalinismo. Sus crímenes dieron la bandera para que el imperialismo hiciese una campaña de desprestigio moral del “socialismo” que se refleja hasta hoy en la conciencia de la clase obrera mundial.

Ese retroceso tuvo repercusiones profundas en el interior de los partidos y de los sindicatos. Las consecuencias políticas fueron nefastas: sembró el escepticismo, la confusión y la desconfianza entre los trabajadores.

Al final, ¿cómo entender que dirigentes revolucionarios de toda la vida, luchadores de primera línea fuesen, de repente, apuntados como fríos traidores a sueldo del enemigo de clase? Para defender sus privilegios, la burocracia tenía que montar justificativas hipócritas. En palabras de Trotsky:

Cuanto más brutal sea la transición de la revolución a la reacción, más depende la reacción de las tradiciones de la revolución; es decir, más teme a las masas y tanto más se ve forzada a recurrir a la mentira y la falsificación.

2.2 – La degeneración del MO en la etapa del “vale todo”

Hoy, vivimos un nuevo período de degeneración por la decadencia cada vez mayor del capitalismo que ya desprecia cualquier tipo de criterio moral, incluso aquellos que defendía en su fase ascendente. La decadencia del capitalismo en su fase senil llevó a tal grado de saqueo y destrucción de la naturaleza que llega al punto de justificar cualquier ataque a los más mínimos derechos individuales para garantizar sus ganancias.

Esto genera una decadencia moral del imperialismo en el terreno de las relaciones humanas que llegó a límites antes inimaginables.

Esta decadencia penetra en el seno de los explotados y oprimidos. Es el individualismo más exacerbado en que vale perjudicar desde el colega hasta un familiar para conseguir un empleo o una vacante en la universidad. Es el vale todo de la supervivencia en un mundo decadente, donde no aparece una salida clara para las masas. La moral  decadente se expresa en cada uno con sus valores, cada uno defiende su interese a cualquier precio.

Esta situación tuvo su refracción al interior del MO y de la izquierda, debido a aquello que llamamos el “vendaval oportunista”, en el marco de la restauración del capitalismo en los ex- EE.OO. y con el capitalismo presentándose como “triunfante”. Como la restauración se dio por la vía de la democracia burguesa, fue proclamado “el fin de la historia”. La izquierda, inclusive la que se reivindicaba revolucionaria, fue afectada profundamente y fue atraída al juego de la democracia burguesa, considerada como valor “universal”.

Antiguos dirigentes de izquierda entraron a los gobiernos y asumieron cargos en las administraciones federa-les, estaduales o municipales. Al mismo tiempo, entraron en una dinámica de corrupción, semejante o peor que la de los administradores habituales de la burguesía. Véase el caso del PT brasilero en el que sus dirigentes, en gran parte oriundos de la izquierda revolucionaria o de la guerrilla, participaron en una sucesión de fraudes, robos, mentiras y maniobras de todo tipo.

O los ex-guerrilleros tupamaros de Uruguay y su participación en el actual gobierno de su país. Era un hecho que, independientemente de sus concepciones erróneas, ellos eran combatientes contra el imperialismo y arriesgaban la vida por una causa. Ahora, al asumir el mismo papel que antes criticaron en la socialdemocracia y en los PCs, también incorporaron los padrones morales de la burguesía decadente, una moral putrefacta.

El Parlamento, y las facilidades que ofrece a sus miembros, es otro factor de corrupción. La izquierda, que antes raramente llegaba a tener diputados, pasó a conquistar puestos y a tener acceso a sus beneficios, inclusive la revolucionaria. En una sociedad decadente, y con una izquierda que perdía la referencia en la revolución, incluso en sectores que tienen su origen en el trotskismo, el efecto fue devastador.

Otra fuente de corrupción son los sindicatos donde, como preveía Trotsky, la dependencia del Estado es cada vez mayor. La colaboración con las burguesías y los gobiernos, en particular donde existen frentes populares, presiona terriblemente a esos dirigentes y afecta incluso a los que vienen de la izquierda revolucionaria, en este marco de retroceso. La burocratización y la lucha por los respectivos aparatos y privilegios acabaron por corromper a una camada amplia de antiguos activistas, como se ve en la CUT brasileña, y es un factor de presión enorme sobre las organizaciones que se reivindican  revolucionarias.

La presión patronal para entrega los derechos laborales en acuerdos hechos a espaldas de la base del sindicato se fue extendiendo. Los fraudes en las elecciones sindicales son frecuentes, así como la venta de mandatos sindicales a la burguesía, traicionando la confianza de los trabajadores.

No estamos hablando de la burocracia tradicional, sino de organizaciones y dirigentes con trayectoria en la izquierda que acaban sucumbiendo a estas presiones, en el marco de la decadencia moral, del vale-todo a que nos referimos. Y como hubo esa decadencia, muchas veces parece natural para la propia base de los sindicatos que los dirigentes ganen un “extra”, es decir, “regalos” de la patronal o del gobierno. Al final, “hay que sacar alguna ventaja por ser sindicalista” nos dicen muchos trabajadores.

Capítulo III

El efecto de la marginalidad del trotskismo y de la presión del estalinismo en el terreno moral

La lucha contra Stalin, y sus métodos de calumnia y persecuciones marcaron la formación de la Oposición de Izquierda y la propia fundación de la IV. Sin embargo, a pesar de toda la batalla de Trotsky, el movimiento trotskista arrastró, desde la Oposición de Izquierda y la propia fundación de la IV, problemas estructurales que la marcaron. Fundada en la contracorriente y en pleno auge del estalinismo, la IV estuvo condicionada a la marginalidad por un largo período. Fue presionada doblemente: por el imperialismo decadente y por el estalinismo.

Esto hizo que el movimiento trotskista sufriese los efectos de la situación también en el terreno moral y metodológico. Después de la muerte de Trotsky, ese aislamiento se manifestó con más fuerza sobre una dirección pequeño-burguesa y débil. Concomitante con el revisionismo que capitulaba a la burocracia estalinista en el terreno político, Pablo y la dirección de la IV de esa época usaron métodos típicos del estalinismo, en 1951-53, para abortar la discusión. En 1952 la dirección pablista quiso imponer a la sección francesa, el Partido Comunista Internacionalista (PCI), la política de “entrismo sui generis” en las organizaciones estalinistas. Para conseguir imponer su orientación, separó a 16 miembros de la dirección del PCI y después substituyó esa dirección, expulsó a los opositores y tomó por asalto las sedes de la sección, todo para beneficiar a sus seguidores y aplastar a la mayoría de la sección que discordaba con política del SI pablista. Un producto directo de esa acción fue la explosión de la IV y su dispersión.

El otro tipo de presión que sufrió tuvo que ver directamente con la marginalidad y con la dispersión después de la crisis de 1951-53. Las sectas de origen trotskista guardaron varias de esas características nefastas que el estalinismo insertó en el MO.

Una expresión de esto se vio en gran parte del fenómeno que Moreno denominó “nacional trotskismo”. Es decir, organizaciones que, aunque se proclamen trotskistas y a favor de la IV Internacional, lo plantean como un programa para el futuro, en general, para cuando ese partido nacional tenga suficiente fuerza para llamar a esa nueva internacional. En la práctica, estas organizaciones buscan sólo relaciones con otras organizaciones y no construir una organización internacional superior a la cual ellas se subordinen. Es el caso de LO de Francia, de Lambert y, anteriormente, Gerry Healy en Gran Bretaña y el SWP de EE.UU. Si construyen algún tipo de tendencia o corriente internacional, éstas son apenas apéndices de la organización fundadora que condicionan todas las decisiones políticas en este terreno a los intereses inmediatos de la “organización madre”.

Moreno alertaba sobre un aspecto de este tipo de organización que, muchas veces, les acarrea graves problemas metodológicos y morales: para ellas, la cuestión más sagrada es la “defensa de la organización”, en realidad, la defensa de sus dirigentes “contra los ataques externos e internos”. Gerry Healy usaba la expresión “defensa de la seguridad de la organización”. Es decir, si surge alguna lucha política contra la dirección, es lícito para estos dirigentes acusar moralmente, calumniar, mentir a su base, distorsionar las discusiones políticas con amalgamas, expulsar a cualquier cuadro que muestre divergencias con la dirección “amenazada”. La experiencia comprobó que ese tipo de organización muchas veces se degenera  rápidamente en el terreno de los métodos y de la moral.

En el caso de Healy y Lambert, al lado de los métodos burocráticos, desarrollaron un método de destrucción personal de los cuadros y dirigentes que los cuestionaban. Métodos típicamente estalinistas, cubriendo-los de calumnias y ataques morales. No vacilaron frente a nada para defender su secta nacional y su papel individual en ella. El mismo Healy pasó décadas acusando calumniosamente a Joseph Hansen, dirigente del SWP de EE.UU, de agente de la GPU o de la CIA y de haber sido supuestamente cómplice del asesinato de Trotsky.

Después, fue denunciado por dirigentes del WRP por utilizar su papel de dirigente intocable del partido para asediar y estuprar militantes que eran empleadas del aparato central. Esta degeneración llevó a la explosión del WRP y a la virtual desaparición de la corriente healista.

Esta metodología era independiente de una tendencia política determinada. Healy era sectario en los años 50y 60 y se negaba a reconocer a los nuevos estados obreros deformados en China y en el Este europeo. En los años 70 y 80, capitulaba completamente a los dirigentes burgueses nacionalistas como Kadafi de Libia y el Baath de Irak.

Lambert expresó la misma lógica de Healy. De una posición similarmente sectaria en los años 60 con respecto a los nuevos estados obreros deformados pasó a la adaptación a los aparatos sindicales como Force Ouvriere y a la capitulación a la socialdemocracia que se mostró con claridad en la posición con relación al gobierno Mitterrand. Frente a la discusión abierta en el interior de la CI-CI [3] en reacción a esa posición, Lambert reaccionó con acusaciones, amalgamas y expulsiones en la OCI francesa y con acusaciones públicas al dirigente histórico peruano Ricardo Napurí, en ese momento senador. Para justificar su expulsión lo acusó de no entregar su cuota al partido, es decir, de quedarse con el patrimonio de la organización. Este método sería repetido más tarde con el propio Stefan Just, dirigente histórico del lambertismo en Francia: cuando simplemente intentó defender a un militante expulsado por tener diferencias políticas, acabó siendo apartado por Lambert de la organización francesa. El resultado de toda esa degeneración fue la decadencia total de la corriente lambertista, reducida apenas a un aparato en Francia y algunos pequeños apéndices en otros países, con vínculos con aparatos locales, como O Trabalho, hasta hoy defensora del PT y de la CUT en Brasil.

Vemos que hoy, en varias organizaciones de este tipo, se utilizan esos mismos métodos. Para el PO argentino, cualquier cosa vale para “defender la organización”: en 2001, agredieron a los militantes trotskistas del PSTU y del FOS en una marcha contra el ALCA, en Buenos Aires, por amenazar su “espacio” en su “territorio nacional”.

Para ellos, es lícito utilizar calumnias y falsificaciones como método permanente. En un artículo de L. Magri en el periódico Prensa Obrera nº 979, el PO acusó a Moreno, entre otras barbaridades, de haber apoyado la dictadura de  Batista contra Fidel Castro, de apoyar el golpe de derecha en 1955 contra Perón, de capitulara la burocracia peronista, de apoyar la salida institucional de Lanusse y Perón, en 1972, y de claudicar antela dictadura de Videla.

Es claro que, en cada uno de estos casos, como les respondió el FOS, ellos tenían todo el derecho de discordar y polemizar con las posiciones que la corriente morenista tomó en estos distintos momentos. Pero, en vez de hacer eso, falsifican la realidad a tal punto que afirman que Moreno apoyó la Revolución Libertadora (el golpe militar de 1955 contra Perón) o que el PST argentino capituló a la dictadura de Videla, lo que son puras calumnias. En realidad, la corriente de Moreno estuvo al frente de la resistencia antes y después del golpe de 1955, y, en 1976, perdió centenas de militantes frente a la represión por resistir el golpe de Videla y la dictadura de 1976- 82.

Es decir, para Jorge Altamira [4] es lícito falsificar la historia e inventar calumnias para descalificar los adversarios políticos. Todo eso, sin siquiera dar una cita o un hecho comprobado que pudiese justificar tan graves acusaciones. Ellos hacen una “interpretación” muy semejante a las que el estalinismo acostumbra hacer, utilizando amalgamas y mentiras para intentar destruir al adversario.

El método que Lambert aplicó en la escisión de la CI-CI se repitió con el PO y la escisión de Progetto Comunista de Italia. PO había formado, en 2004, con algunas organizaciones, un organismo internacional, la Coordinadora por la Refundación de la IV (CRCI). En ella, la única organización nacional fuera de la Argentina con cierta implantación en la realidad de su país era Progetto Comunista. Entre fines de 2005 e inicios de2006, un debate que comenzó por la concepción leninista y sobre el carácter del partido que debían construir dividió a la organización y su dirección por la mitad. Esta discusión fue impedida por el ala de Grisolia/Ferrando que pasa a atacar a la otra ala y dividir el partido. El otro sector formó el PCROL (hoy PdAC). Más adelante, se incorporó la discusión sobre la permanencia dentro de Refundación Comunista (PRC), después que el PRC tomó la decisión de apoyar y participar del gobierno burgués de Prodi. El PC-ROL fue apartado de todas las instancias de la organización internacional e hizo una contrapropuesta de realizar una discusión interna serena y amplia dentro de la CRCI. Al mismo tiempo que no respondió a esta propuesta del PC-Rol, la dirección del PO se sumó al ala Grisolía y escribió un artículo público contra los otros camaradas, lanzando todo tipo de insultos, calumnias y ataques morales, y los separó de la tendencia internacional sin derecho a defensa en ningún organismo.

Capítulo IV

La refracción en el trotskismo en la fase neoliberal fue más profunda y generalizada

Si la presión del estalinismo y la marginalidad generaron las capitulaciones al estalinismo y también características sectarias y aparatistas, y una profunda deformación que llevó a la degeneración en el terreno moral en las organizaciones trotskistas, el proceso más reciente tuvo un efecto más generalizado y destructor de las organizaciones que antes se reivindicaron de la IV.

Desde finales de los años 80, la presión más importante sobre el movimiento trotskista tiene que ver con el proceso que describimos cuando hablamos sobre la decadencia moral en el imperialismo y el “vendaval oportunista”. La conversión de organizaciones y partidos al régimen burgués, en nombre de la “radicalización de la democracia”, llevó a una degeneración impresionante en el terreno metodológico y moral.

Democracia Socialista (DS) de Brasil, antes vinculada al SU, asumió el ministerio para la Reforma Agraria en el gobierno Lula, uno de los más pro imperialistas de América Latina, y ha sido responsable por la implementación de la política pro latifundio de Lula. Hoy, la DS gobierna el estado de Pará, donde la represión a los campesinos es terrible: es el estado brasileño líder en asesinatos de trabajadores rurales en lucha por la tierra.

La gobernadora de la DS, Ana Julia, al asumir el gobierno, creó un destacamento especial de policía (la ROTAM). Esta policía fue denunciada por Amnistía Internacional como una de las más violentas de Brasil en su represión a los “disturbios sociales”. Ha reprimido las ocupaciones urbanas y las huelgas de empleados públicos, chóferes y obreros de la construcción civil. En el día de lucha promovido por la Conlutas, en mayo de 2007, Pará fue el lugar de Brasil donde la represión fue más violenta.

Recientemente, un episodio de esa gobernadora llevó a la DS a comprometer incluso un terreno en que siempre trató de aparecer como vanguardia: la defensa de los derechos de la mujer. Una adolescente de 15años fue presa por la policía de Pará y dejada en una celda junto con 20 hombres para ser violada por los presos como castigo por un supuesto robo. La gobernadora se justificó diciendo que “infelizmente, casos de mujeres presas en celdas con hombre realmente existen” (en ese momento había por lo menos 4 casos más en ese estado de mujeres en las mismas condiciones). Es decir, para garantizar su buena relación como administradora del Estado burgués, se volvió cómplice del abuso y de la tortura de mujeres en prisiones, estimuladas por el aparato policial.

Como expresión de esta decadencia, la DS fue arrastrada junto con la dirección del PT en la crisis del “mensalão”[5] de 2005. La degeneración de esta corriente fue acelerada después de su adhesión a la “democratización del Estado” burgués y es cada día mayor.

Es decir, un hecho extremadamente positivo, la caída del estalinismo, acabó por traer todo tipo de presiones a organizaciones que nunca habían tenido la posibilidad de acceder a espacios en las instituciones burguesas.

En ese espacio abierto, incluso para algunas organizaciones antes marginales que consiguieron ganar lugar en la institucionalidad burguesa, pasaron a sufrir las mismas presiones y girar a la derecha, viviendo un proceso de degeneración en el terreno metodológico y moral.

Una especie de “moral de aparato” tomó cuenta de las organizaciones que capitalizaron algunos de estos espacios. El caso de Argentina, a inicios del siglo XXI es ilustrativo. El movimiento de Luís Zamora, el MST y el PO conquistaron puestos en el Parlamento. Corrientes que tienen su origen en el trotskismo y en la LIT, como el MST –MES de Brasil–, pasaron a construir organizaciones que giran en torno a los mandatos parlamentarios y todo vale para mantener su presencia en estas instituciones burguesas que, por su parte, les garantizan su manutención financiera.

Los métodos y la moral de este tipo de corrientes parlamentarias no tienen nada que ver con la moral revolucionaria. Sus militantes son educados para girar toda su actividad en torno a las elecciones y el mantenimiento de los puestos en las cámaras y municipalidades. La sustentación financiera ya no proviene de la militancia sino de las varias formas de conseguir fondos del estado (gabinetes, mandatos, planes de trabajo, etc.).

Otro hecho sorprendente de esos últimos años es la existencia de organizaciones que se reivindican de izquierda, y hasta revolucionarias, que son financiadas, y de hecho corrompidas, por las ONGs o por la social-democracia, en especial 6 Nombre del sistema de corrupción que involucró a la cúpula del gobierno, del PT y a todos los parlamentarios importantes y alas del partido. La DS estaba vinculada a través del PT de Rio Grande do Sul, en el este europeo y en países semicoloniales muy pobres.

Las organizaciones que aceptan la total dependencia financiera de los distintos aparatos del estado burgués, de hecho, están siendo corrompidas y pueden perder todo criterio moral proletario. Un ejemplo de esto es hacen acuerdos y después no los respetan, como el MST argentino que, durante su última ruptura, hizo un acuerdo sobre la legalidad y la división de fondos con el sector disidente, actual Izquierda Socialista, que no cumplió y apeló a la justicia burguesa para quebrarlo.

Todo vale para conseguir votos y puestos: alianzas policlasistas, llevar afiliados pagos para las convenciones de los partidos de izquierda, basados en los mismos métodos de los partidos burgueses o reformistas (como hizo el MES brasileño en la última convención del PSOL). Si de casualidad van a las luchas obreras y populares no es para desarrollar la organización y hacer avanzar la militancia. Sólo intervienen en la lucha de clases para construir el prestigio de sus líderes, parlamentarios y figuras públicas o mantener algún aparato que permita alcanzar mejores resultados. Los fraudes en las elecciones sindicales son considerados válidos para fortalecer el peso de estas corrientes. Todo gira en torno a los mandatos y el mantenimiento de los aparatos que los sustentan.

Aunque las presiones vengan de esa adaptación al estado burgués, no queremos decir que haya necesaria-mente una degeneración moral en todas las organizaciones de izquierda que asumen puestos en el parlamento o incluso en las que pasan a girar en torno a las elecciones burguesas. No se trata de una consecuencia inexorable de la entrada al parlamento, sino de la combinación entre una presión objetiva real y un desarme en el terreno moral que permite que esas organizaciones sean tragadas por el vendaval oportunista. Así como Trotsky decía que no toda la socialdemocracia era moralmente degenerada, este es un terreno específico que hay que analizar en cada caso. Sólo constatamos que esa barrera de clase moral, infelizmente, ha sido transpuesta por un número cada vez mayor de organizaciones de origen trotskista.

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Justamente, de lo que se trata es de enfatizar la importancia de entender ese proceso para contraponerle una moral revolucionaria.

Capítulo V

El efecto en la LIT: crisis y destrucción también en el terreno moral

5.1 – Una trayectoria moral que reivindicamos

La corriente fundada por Moreno, que dio origen a la LIT, tenía una trayectoria de décadas de pruebas de moral partidaria, educada en las luchas bajo dictaduras, como las de Argentina de 1955- 1958, 1969-1973 y1976-1982, o la lucha de los campesinos peruanos en la década de 1960, ferozmente reprimida, que llevó a la prisión de Hugo Blanco y otros compañeros internacionalistas. Esa trayectoria de años formó una sólida moral en los cuadros que explica la fuerza de los militantes del PST argentino que cayeron presos y fueron sometidos a torturas y asesinatos pero no entregaban a sus compañeros.

Por otro lado, nuestra corriente siempre actuó con la metodología de Trotsky con relación a las acusaciones morales sin pruebas o la amalgamas estalinistas. Desde el primer instante,  repudiamos las calumnias de Healy o los “espartaquistas” contra Joe Hansen; tanto cuando teníamos acuerdos con el SWP de EEUU, como cuando no los teníamos. Además del caso Napurí, ya relatado, tuvimos otros en que nuestro comportamiento fue similar.

Como el caso Bacherer, que es importante citar pues este dirigente no era de nuestra corriente sino de nuestro adversario político en Bolivia (el POR-Lora). En una polémica abierta entre él y la dirección lorista, Bacherer enfrentó el mismo tipo de métodos canallescos de acusaciones morales para justificar su expulsión del POR. La LIT estimuló la conformación de un Tribunal Moral que juzgase las acusaciones contra él y nuestra sección boliviana asumió la organización de la campaña, juntamente con el grupo de Bacherer (en esos momentos vinculado al PO argentino). Se envió al camarada Zé Maria del PSTU para participar de ese Tribunal en La Paz.

Aprendimos con la forma en que Moreno respondió, en toda su trayectoria, a las diferencias de fondo dentro de nuestra organización. Para citar un ejemplo: la ruptura con el Vasco Bengochea cuando éste adhirió al castro-guevarismo, a inicios de la década de 1960. En este caso, las diferencias eran tan grandes que fue necesario la separación en organizaciones diferentes, pero Moreno siempre tuvo una actitud muy respetuosa e igual actuó Bengochea. Lo mismo sucedió en la relación con Kemel George, miembro del CEI de la LIT, y su corriente cuando asumió una posición guerrillerista y rompió con el PST colombiano y con la LIT, en 1987.También tenemos una tradición de cómo enfrentar la violación de los principios por parte de los militantes, más aún si son dirigentes o cuadros con tareas públicas.

Cuando la entonces sección brasileña de la LIT, Convergencia Socialista (CS), estaba dentro del PT, eligió dos concejales en 1982. Uno de ellos, de Campinas, comunicó a la dirección, poco después de ser electo, que el salario de concejal sería de él y no del partido. El CC se mantuve firme en que todo el ingreso proveniente del parlamento era del partido y no abandonó este principio. Como él no aceptó, fue separado de la organización. Otro caso se dio con el  primer alcalde electo por la CS, aún en el PT, en 1988, en la ciudad de Timoteo. Este alcalde reprimió una huelga de empleados y fue inmediatamente apartado y expulsado de nuestra organización.

Esta reacción de defensa de los principios ayuda a entender porque la CS consiguió atravesar el período de actuación dentro del PT y salir con la mayor parte de su estructura de cuadros intacta, a diferencia, en este aspecto, de otras organizaciones trotskistas que, en la misma época, practicaron el entrismo en el PT y después degeneraron completamente. Esas organizaciones no entendían como podíamos actuar así, separando o expulsando parlamentarios y alcaldes electos, con todo el peso que tenían y, en especial, con los votos que habían acumulado.

Creemos que esa trayectoria moral revolucionaria, que formó a generaciones de cuadros de nuestra corriente, explica por qué, a  pesar de todos los graves problemas aparecidos a partir del final de los años 80, la LIT ha tenido reservas suficientes para reaccionar a estas desviaciones y reconstruir nuestra internacional y continúa teniendo una postura moral diferenciada de la amplia mayoría de las demás corrientes de izquierda.

Inclusive, de las que provienen del trotskismo pero entraron en un proceso de degeneración profundo en ese terreno.

5.2  – El efecto de la crisis de la LIT en el terreno moral

La crisis de la LIT, como concluimos en el documento de Balance de 2005, llegó a tornarla irreconocible.

Estaba destruida, al punto que tuvimos que luchar por  su reconstrucción, y se abrió un retroceso metodológico y moral con relación a toda la trayectoria de la corriente, llegando a la utilización de mentiras y calumnias, de violencia entre camaradas en la lucha por los bienes y el patrimonio del partido que, en ninguna hipótesis, tenían justificativa en el grado de las diferencias aparecidas en la lucha fraccional.

Como ya escribimos en el Balance del último congreso, el marco de la situación política de los años 90, con la restauración del capitalismo vía reacción democrática y el abandono del marxismo revolucionario por la amplia mayoría de las corrientes de izquierda, que hemos denominado  “aluvión oportunista”, dieron las bases objetivas para la crisis de la LIT. En este marco, en que era inevitable que la LIT fuera atravesada por una fuerte crisis, la muerte de Moreno fue decisiva para que, en vez de enfrentar esa crisis y superarla, haya habido una verdadera destrucción de nuestra internacional. Como decimos en ese balance: “si Moreno no hubiera muerto, difícilmente la crisis de la LIT tendría culminado con su destrucción.”Habría que agregar que si hay un campo en que la ausencia de Moreno se hizo sentir especialmente fue en el terreno metodológico y moral. El retroceso y la destrucción ahí se manifestaron en forma generalizada.

Hubo graves problemas morales en el MAS argentino y en la LIT, reflejando la profundidad de las desviaciones que involucraban la revisión del programa, de la concepción de partido y una adaptación profunda a la democracia burguesa.

El espíritu del vale-todo penetró, a partir de su dirección, al interior de la internacional. Valía todo para derrotar al enemigo interno, maniobras, mentiras, etc. Luchas duras por los aparatos de los partidos, por los mandatos de los  parlamentarios, patrimonios y locales se tornaron parte común de la vida interna. El desprecio por las finanzas de los “adversarios” hizo que, dependiendo de quién dirigía determinada sección, se considerase válido dilapidar de forma irresponsable su patrimonio.

La crisis afectó el régimen y debilitó la moral del conjunto de la LIT. La moral partidaria depende extremadamente de la confianza en la organización bolchevique, de que cada compañero ponga, en primer lugar, la defensa del camarada; está apoyada por la confianza en que su causa, la lucha por la revolución socialista, los hermana frente al capitalismo imperialista. Con la explosión de la crisis, en el marco de la ofensiva ideológica y política del imperialismo, después de la caída de los ex estados obreros, que afectó el conjunto de la izquierda, se debilitaron la convicción en la revolución y la identificación programática.

Cada una de las fracciones dejaba de verse no como parte de un colectivo superior, la LIT, sino como una fracción con objetivos propios e inmediatos. Esto fue válido para el conjunto de las fracciones en que se dividió la LIT. La mayoría del PST español formó una fracción con una organización, SR de Italia, que no pertenecía a la LIT y actuaba, dentro de la internacional y para afuera, como fracción pública para disolverla, es decir, destruirla, pues “su proyecto había fracasado”. Cada sector aisladamente quedaba más vulnerable a las tremendas presiones venidas de la sociedad y de la moral decadente que  predominaba en ella.

Finalmente, si la revolución estaba postergada para un futuro lejano y lo fundamental era, como afirmaban algunas de las fracciones, el “estudio y el rearme teórico”. O, como afirmaban otras alas, si la meta fundamental era ganar peso en el parlamento, confundiendo eso con “tener influencia de masas”, el objetivo inmediato de cada sector ganaba un peso estratégico. Lo decisivo era tener un diputado o lo fundamental era estudiar, buscar un “nuevo camino”, revisando el marxismo, montar una revista para avanzar en el “rearme teórico-político”. Y el partido y la Internacional eran un obstáculo.

En muchos países, pasaron a existir dos o hasta tres secciones de la LIT, o de las distintas fracciones y corrientes en que se dividió la LIT. En muchos casos, la lógica fue disputar espacio entre sí, buscar destruir a la otra organización como si fuese enemiga, basado en cualquier tipo de justificativa. Se usó el método que la LIT siempre repudió y combatió, por ejemplo, en la lucha contra el lambertismo, como las acusaciones morales sin pruebas hacia militantes de la otra fracción, o miembros de las organizaciones surgidas de las rupturas, para destruirlos.

5.3 – Reconstrucción y secuelas

A pesar de todo ese retroceso, la LIT tenía reservas, la tradición basada en la trayectoria de la corriente morenista, y hubo una resistencia a este tipo de métodos y al retroceso en el campo moral. Esta resistencia se fue ampliando hasta dar forma, a partir de 1994, a una lucha por el rescate y reconstrucción de la LIT, también en el terreno metodológico y moral.

Después de varias rupturas y una dura lucha interna, la mayoría de la internacional pasó a revertir este proceso de destrucción, a partir del V Congreso, en 1997. En nuestra opinión, la mayor prueba de la existencia de esa tradición y de esas reservas morales es que se consiguió impedir la disolución y avanzar en un curso de reconstrucción. Esta decisión del congreso de 1997, mantener la LIT en el marco de los principios políticos y organizativos y del programa de la IV Internacional y asumir la batalla por su reconstrucción, fue la llave para todo el proceso que vino después y para poder retomar, también, la metodología y la reconstrucción de la confianza entre los cuadros, y la moral partidaria en nuestra internacional.

Pero eso no significa ignorar las graves secuelas que quedaron del período de crisis y destrucción. Este cuadro de retroceso, de pérdida de confianza, no se reflejo solamente en los dirigentes y en las fracciones, sino en la camada amplia de cuadros que había dedicado su vida a la construcción del partido y de la Internacional. Por eso, después del congreso de 1997, en el que se vota por pequeña margen mantener la LIT basada en su programa y concepción de internacional centralista democrática, la batalla por la supervivencia es victoriosa, pero las pérdidas son enormes y las secuelas en la columna de cuadros son profundas. El 80%de los antiguos cuadros de la LIT ya no militaban más en ella.

Por otro lado, en un rápido resumen de la evolución posterior de la amplia mayoría de las organizaciones que rompieron con la LIT, podemos decir que fueron degenerando cada vez más, fueron abandonando conscientemente la metodología y la moral partidaria típica del morenismo, volviendo a dividirse sucesivas veces o, simplemente, dejando de existir como corrientes.

En estos procesos de rupturas y divisiones, muchas veces aparecieron los problemas morales en forma aún más agravada por el aislamiento y la pérdida de la perspectiva revolucionaria e internacionalista. Las ocupaciones de locales volvieron a darse, la utilización por un grupo de una posesión legal circunstancial de un bien del partido para sacar esos bienes de la organización, en su beneficio, o, incluso, la usurpación por la mayoría de la legalidad burguesa, en detrimento de la minoría.

Otra violación básica que se extendió en forma preocupante fue el no cumplimiento de acuerdos firmados.

Hubo casos en que acuerdos firmados entre dos organizaciones de trayectoria común para una repartición de bienes o de ingresos fueron simplemente incumplidos sin mayores explicaciones. Las maniobras de todo tipo para apropiarse individualmente de bienes del partido, como la legalidad o sobre la división del patrimonio, fueron frecuentes en estos procesos. La potestad sobre el nombre, sobre el periódico o sobre la página web, y hasta los archivos de un partido eran considerados propiedad individual. Y si un militante o grupo de militantes rompían con su partido, y lo tenían en su nombre, se planteaban el derecho a explotar los derechos de propiedad e incluso contestar a su ex-organización en la justicia burguesa.

La tragedia es que el “sentido común” entre los dirigentes pasó a ser que hay que “ser más ‘hábil’ que el otro”, engañar a los “adversarios”. Oímos recientemente, de varias de estas organizaciones o grupos, expresiones como: “¡qué podemos hacer, vivimos en la ley de la selva!” o “que esos pruritos morales son cosas del pasado”.

Es la expresión de lo que llamamos “vale-todo” dentro de organizaciones que se dicen revolucionarias. Los que hoy son víctimas de las maniobras, mañana hacen lo mismo con otros y, en este proceso, se profundiza la pérdida de referencia moral y la degeneración del conjunto.

Hemos tenido una trayectoria opuesta a la de estos sectores porque no aceptamos la moral del vale-todo.

Buscamos retomar las tradiciones y la trayectoria de la IV de Trotsky y de nuestra corriente y polemizar con los defensores del vale todo. Reconocemos nuestras fragilidades y percibimos las presiones tremendas quela decadencia del imperialismo ejerce. Pero alertamos a nuestros cuadros que tenemos que enfrentar cada una de ellas, si queremos reconstruir la IV y los partidos revolucionarios en cada país.

Un ejemplo de que los criterios morales bolcheviques se mantenían y que la decisión de 1997 de la continuidad de la LIT tenía una expresión directa en el terreno moral se expresó a través de un episodio poco conocido, ocurrido poco después de ese congreso, en el que el MAS argentino propuso disolver la LIT como internacional centralizada. Al ser derrotado, ese partido decidió no acatar la votación y rompió con la LIT. En ese momento, una cantidad importante de dinero del MAS estaba bajo la guarda de un militante que, en esa ruptura, se quedó con la LIT y se desligó del MAS. La dirección de esa organización, que acababa de romper con la LIT, procuró a la dirección de la internacional y solicitó que ese dinero le fuese entregado. La LIT, cuya situación financiera era difícil, inmediatamente gestionó que todo el dinero llegase a manos de la organización argentina, aunque ya no era más de la LIT. La razón era muy simple: ese dinero era fruto del esfuerzo de la militancia del MAS y a ese partido y a su dirección les cabía disponer de esos recursos para el proyecto que decidiesen. Esta era la metodología tradicional de nuestra corriente y no hicimos más que rescatarla, pero la amplia mayoría de las corrientes que rompieron con la LIT no puede presentar ejemplos como este.

Por otro lado, en el último período ya no nos vemos tan solitarios en esta lucha. Como contrapunto a esta degeneración cada vez mayor de organizaciones de origen trotskista, inclusive las que fueron parte de la LIT, hemos tenido, en el último tiempo, la satisfacción de encontrar otros sectores que, venidos del morenismo, reaccionaron a esa degeneración. Como el CITO, que hoy ya se reunificó con la LIT. O como Izquierda de los Trabajadores (IT) de Argentina, que participó de la UIT y de la ruptura de la misma con el MST, y que ya avanzó en la reaproximación con la LIT, estableciendo un comité de Enlace con el FOS de Argentina.

También tenemos, desde marzo de 2007, un proceso de discusión y reaproximación con la UIT, a partir de su ruptura con el MST. En nuestra agenda de discusión fueron pautados, de común acuerdo, para verificar la posibilidad de convergir, los temas programáticos, concepción de partido y también las cuestiones de método y moral. Nuestra perspectiva, si hubiera acuerdo en los temas esenciales, es confluir en una sola organización internacional.

Queremos examinar este proceso y sacar las lecciones junto a todas esas organizaciones y al activismo revolucionario. Creemos que, sea para los que vienen del trotskismo y del morenismo o para los que vienen de otras tradiciones, son discusiones esenciales para construir una internacional revolucionaria.

Desde el congreso de 1997, comenzó un proceso de reconstrucción de la LIT, que involucró el programa, la concepción de partido y el internacionalismo, que también viene avanzando en el terreno de la moral partidaria. Hoy podemos decir que tuvimos avances en todos estos campos y eso explica la situación actual de la LIT y la posibilidad de que pueda cumplir un papel importante en la reconstrucción de la IV internacional.

En este marco de recuperación y reconstrucción de nuestra moral partidaria, tuvimos un error de evaluación sobre la situación objetiva y sus consecuencias sobre la izquierda revolucionaria, el trotskismo y nuestra internacional. Actuamos como si la situación fuese la “de siempre” y no vimos que las presiones de toda la ofensiva neoliberal, desde los años 90, y la degeneración de la izquierda en el terreno moral exigía una vigilancia aún mayor y una lucha más permanente por la moral revolucionaria y contra esas presiones.

Actuamos “caso a caso”, sin dar la dimensión debida al problema en su conjunto. Llevamos, inclusive, un importante atraso, pues sólo comenzamos a identificar más recientemente, desde el congreso de 2005, la gravedad de este retroceso y de los problemas en este campo dentro de la internacional, ocasionados por el período de destrucción de la LIT. Era lógico que, si la LIT, en el marco del vendaval oportunista que se abatió sobre la izquierda, sufrió una destrucción en el terreno teórico, programático y organizativo, esto debería afectar también el terreno moral. Casos como el de la sección boliviana nos hicieron reflexionar más de conjunto que es necesario dar la debida importancia a la educación y a una conciencia y actuación permanente en este terreno, a partir de ahora.

Capítulo VI

Los últimos tiempos en la LIT: la necesidad de tomar nuestros criterios y combatir esas presiones

¿Cómo enfrentar estos problemas? Somos consientes de que la situación de decadencia de la sociedad es cada vez mayor, que nuestros militantes actúan en ese medio y que no estamos aislados. Sabemos que los nuevos compañeros que entran al partido traen la educación moral típica del mundo de hoy y sus preconceptos. Pero el partido revolucionario y la LIT necesitan actuar con claridad sobre esta realidad. Para eso, precisamos, en primer lugar, reconocer el problema en su dimensión y estar dispuestos a enfrentarlo, sabiendo que seremos una minoría y estaremos en la contracorriente de las tendencias más profundas de la sociedad en la que actuamos y de la amplia mayoría de la izquierda actual. El partido revolucionario no vive en una campana de vidrio y siempre estará expuesto a las presiones, más aún hoy con la decadencia moral completa del capitalismo. La cuestión es alertar sobre esas presiones y estar dispuesto a contrabalancear, a educar y hacer el sacrificio que sea necesario para mantener los principios y apartar a los que cedieron a ese tipo de degeneración.

6.1 – Identificar abiertamente y con claridad los problemas

Vemos que existen cuestiones que aparecen gravemente en forma constante en nuestras filas. Tal vez, lo más generalizado sea la opresión de la mujer, en el partido o en el trabajo, incluyendo las agresiones a la mujer en la familia.

Este tema, en primer lugar, afecta a la propia moral proletaria, pues oprimir a la mujer significa oprimir al 50%de la clase y dividir la necesaria unidad proletaria frente a la burguesía. Significa ser cómplice de la opresión que la sociedad capitalista reproduce cada día. En fin, la ideología machista es incompatible con la moral revolucionaria. De la misma forma, si pienso que mi compañero de trabajo es inferior porque es negro, no puedo luchar efectivamente contra el racismo.

Si el militante piensa que su compañera, su colega de trabajo o una compañera del partido son inferiores, y que es lícito aprovecharse de la opresión, entonces está siendo cómplice de la opresión  que la sociedad capitalista reproduce en todos los niveles. Sería lo mismo que decir: soy revolucionario pero odio a los árabes, o pienso que los negros son inferiores… Así como ninguna clase puede ser caudillo de los explotados si acepta la opresión de otros pueblos o razas, ningún partido revolucionario puede apoyar o tolerar la opresión de una parte fundamental de la clase, las mujeres.

Ese es uno de los terrenos en que la ideología burguesa causa más daños a la moral revolucionaria, pues la opresión de la mujer es secular y buena parte de los problemas aparece en el ámbito “privado”, en la familia, que, a su vez, refleja una discriminación profundamente arraigada en la sociedad capitalista. Esto exige una amplia educación para toda la militancia y un combate permanente a todas las actitudes machistas de los militantes y ninguna tolerancia con la discriminación, el asedio y las agresiones a la mujer dentro del partido o en la sociedad. No puede haber ninguna duda en estos casos: el partido que acepte o tolere la opresión machista está condenado a degenerar moralmente.

6.2 – Las direcciones de la LIT y de los partidos no pueden ceder en este tipo de cuestión

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En primer lugar, hay que hacer un largo trabajo de educación en nuestras filas. Sin embargo, en caso de cualquier violación a los principios morales no se puede ceder. Es importante recordar la trayectoria que viene desde el origen de nuestra corriente.

El merito de la dirección fue apoyarse en nuestra tradición para enfrentar estos nuevos casos. En todos los casos comprobados, fueron sancionados y en los más graves expulsados del partido.

Es decir, fue necesaria una rigidez de principios para defender la moral partidaria. Cualquier otra posición, que cediese a las presiones del aparato parlamentario o sindical, habría sido fatal para la moral revolucionaria. Además de alertar sobre esas presiones y estar dispuestos a educar, es necesario estar dispuestos a hacer el sacrificio que sea necesario para mantener los principios y apartar a los que cedieron a ese tipo de degeneración.

6.3 – Para los dirigentes, la exigencia de la moral revolucionaria es muy superior

Si la defensa de la moral partidaria y el combate a ese tipo de violaciones es una necesidad permanente, se redobla cuando se trata de dirigentes. En general, vemos en las corrientes de izquierda, incluso en las que se reivindican revolucionarias, el comportamiento opuesto: cuando se trata de dirigentes, dicen que es preciso ir con cuidado y tratan de buscar salidas que no los aparten de las tareas de dirección, independientemente del grado de violación moral que hayan cometido. En general, se utiliza el argumento de que “cuando se toma una medida contra los dirigentes, quien es sancionado es el partido”, que ese dirigente es “imprescindible “para el partido por su capacidad, etc. El razonamiento debe ser el opuesto: lo que más afectaría al partido seria tener como miembro de la dirección a alguien que cometió graves faltas morales.

La “protección especial” al “dirigente” es típica del estalinismo, que estableció la idea de que los jefes son “intocables” y que deben tener un tratamiento diferenciado. Nuestra lógica debe ser la opuesta: cuanto más responsabilidad tenga un dirigente, más fuerte debe ser la exigencia. Si el partido encubre una falta moral, alegando que el involucrado es un dirigente, está sembrando la formación de una burocracia y preparando su destrucción como partido revolucionario. Al contrario, el dirigente tiene que ser un ejemplo vivo de moral revolucionaria, que en él se mire todo militante y que la vanguardia del movimiento de masas pueda tener como referencia en este terreno frente a la degeneración moral del resto de las corrientes.

Con el compañero nuevo en el partido, por el contrario, tratamos de tener toda la paciencia, ser fundamentalmente educativos y pedagógicos. Tenemos toda a paciencia, tratando de que entienda la moral revolucionaria. Nuestra actitud es completamente distinta en el caso de surgir problemas morales involucrando dirigentes de nuestros partidos y de la LIT.

Pero, ¿cómo actuar en los casos en que los dirigentes están involucrados en problemas morales graves?

Nuestra opinión es que ahí está una de las grandes pruebas para cualquier internacional. En el caso reciente de Bolivia, la dirección del MST no había tenido ninguna duda en sancionar un cuadro bajo acusación moral.

Pero cuando se vieron delante de la posibilidad de que su principal dirigente fuese sancionado por la CCI, prefirieron romper con la LIT. Durante la discusión del caso, hubo manifestaciones de que deberíamos buscar una negociación, evitar por cualquier medio la ruptura de la sección, más aún por tratarse de un país donde la revolución estaba en un punto avanzado dentro de Américas Latina.

Teniendo total acuerdo sobre la caracterización sobre Bolivia, creemos que fue un acierto importantísimo no ceder a ningún tipo de presión de la dirección del MST en este sentido, ni a las propuestas de “negociación” que nos hiciesen dejar de lado los principios bajo la justificativa de mantener la sección en la LIT. Nuestra posición fue exigir que el compañero se presentase a la CCI, con todos los derechos de defensa como cualquier militante, pero sin condiciones ni privilegios. Más aún por ser dirigente de la sección y ex-miembro del CEI y del SI. Buscamos garantizar, por todas las formas, los recursos necesarios para que la CCI operase y sus miembros pudiesen recibir a la denunciante, viajar y entrevistarse con el denunciado, los familiares involucrados y otros posibles testigos. Enfrentamos el boicot de la dirección del MST y tratamos de convencerlos hasta el final de la necesidad de que se sometieran a la CCI. Pero, incluso cuando amenazaron romper con la LIT, no aceptamos ningún tipo de excepción en función de la importancia de ese dirigente para el MST, como quería su dirección.

Creemos que fue una decisión correctísima y que nos da una perspectiva de futuro como Internacional.

Cualquier retroceso en este terreno llevaría a abrir un camino de crisis y disolución, porque sería ceder en el terreno de la moral revolucionaria y ser cómplices de la degeneración moral de la sección y, en consecuencia, de la LIT. ¿Cómo ser duro con cualquier militante si se pactara con un dirigente con la justificativa de no perder la sección? Quien cede o negocia en este terreno destruye el partido en su base moral, en la confianza, en la solidaridad entre camaradas y, en este caso, en la defensa de la mujer y el combate a su opresión.

Quien cede en una cuestión puede ceder en cualquier otra cuestión de principios.

Capítulo VII

¿Qué tipo de moral queremos construir?

Para nosotros, esta no es una discusión menor. La respuesta pasa por una educación sobre la moral revolucionaria. Sin una comprensión marxista, es muy difícil resistir las presiones de los aparatos y de la moral burguesa decadente. Debemos incorporar a nuestra tarea de construcción el reeducar a la militancia sobre la moral revolucionaria. Hay que recordar que, como en cualquier agrupamiento humano, es necesario que cada miembro, cada militante tenga claridad sobre la necesidad de la moral revolucionaria y sus fundamentos.

No vamos a presentar un “decálogo” ni nada semejante de lo que se debe hacer o no en el terreno moral.

Pero si la dirección de la LIT y cada dirección nacional toman con la debida importancia esta tarea, pueden hacer avanzar mucho la concepción moral revolucionaria de la militancia, tomando cada caso importante, sea positivo o negativo para sacar las conclusiones para el conjunto. Podemos aprovechar cada una de ellos para educar sobre cómo enfrentar los problemas de este tipo en el partido y en el movimiento obrero. Una de las consecuencias de eso puede ser no sólo interna sino un avance en la relación con la clase obrera. Tuvimos ejemplos de cómo esa práctica puede fortalecernos. Vamos a citar, en este texto, una experiencia que conocemos.

* El caso G. en España. En primer lugar, independientemente del hecho de ser dirigente de la sección española en la época, fue tratado con todo rigor frente a la grave acusación. Una vez comprobada la acusación, fue sancionado y expulsado del partido, lo que después fue confirmado y reafirmado por el congreso mundial de la LIT. Por decisión del congreso fue comunicada la situación de este ex-dirigente a las organizaciones de la izquierda española con las cuales tenemos relaciones.

Con todo el orgullo que debemos tener por mantener nuestra trayectoria y nuestros criterios, precisamos socializar esas y otras experiencias que tengamos y que muchas veces no aprovechamos para educar a la militancia y construir un perfil frente a la vanguardia. Debemos comenzar a hacer conscientemente este tipo de discusiones y la divulgación de ejemplos a partir de ahora en cada   uno de nuestros partidos y en toda la LIT.

Más aún, creemos que nuestra intervención para afuera, en el Movimiento Obrero, debe asumir la recuperación de las tradiciones de la moral proletaria. Nuestros partidos deben ser ejemplos vivos y luchar por este tipo de régimen y de moral en las organizaciones del movimiento de masas, luchando contra las burocracias, los estalinistas y los revisionistas del trotskismo en ese terreno. No se puede luchar consecuentemente contra el imperialismo y sus estados, contra las burocracias, como el PT, los PCs, etc., sin dar ese combate abierto basado en una comprensión superior de estos problemas y principios.

Hay todo un terreno en que podemos y debemos dar este combate: en la denuncia de la degeneración moral del capitalismo imperialista decadente, de los gobiernos y de las direcciones burocráticas y en la afirmación por la positiva de la moral proletaria. Si, por un lado, la década de 1990 y la ofensiva ideológica reaccionaria crearon un telón de fondo que favoreció esa degeneración y la pérdida de referencias de clase en el campo moral, la situación revolucionaria y la caída del estalinismo abren espacio para una ofensiva en este terreno.

La caída del estalinismo nos abrió un espacio amplio, bajo la condición que estemos a la altura en todos los aspectos. Si somos la vanguardia en la afirmación de estos principios, si somos un ejemplo vivo, vamos a atraer lo mejor del activismo, vamos a encontrar compañeros que, aunque no tengan acuerdo total con nuestro programa, nos admiren por nuestra metodología y fuerza moral, en contraposición con el vale-todo imperante, y con la degeneración de los reformistas, burgueses y estalinistas.

Capítulo VIII

El papel de la moral en la reconstrucción de la IV

En nuestro último congreso, alertamos que no basta un programa y una política revolucionaria. Es necesaria una concepción y una estructura bolchevique para construir un partido revolucionario. Queremos alertar que también es necesaria una moral partidaria bolchevique para que ese partido y la internacional sean sólidos. Hay una relación estrecha entre ambas. Existe una concepción equivocada de pensar que un partido revolucionario se construye solamente con política. Si la LIT y sus partidos no son capaces de demostrar que tiene una moral revolucionaria, que no retroceden para encarar sus problemas, incluso cuando son graves y cuando afectan a sus dirigentes, no tiene futuro. Esto tiene que tener consecuencias de fondo en la vida cotidiana de nuestras organizaciones, en la educación de toda una nueva generación y el combate a las presiones y a las desviaciones que todo partido sufre por la inserción en la sociedad.

¿Qué tipo de militante necesita la IV? Partimos de la visión de Moreno de que nuestra moral es una moral para una lucha implacable para derrotar a un enemigo no menos implacable, los explotadores y el imperialismo. Por eso, la obligación moral número uno de cada militante, el deber moral más sagrado, subordinando a eso la propia vida, es fortificar el partido, la vida partidaria y el desarrollo de la organización.

En el partido, se da una relación distinta entre individuo y colectivo: no hay nada superior como individuo que el camarada de partido. Nuestra moral se basa en que la vida del compañero es más importante que la nuestra. Nuestro deber de militantes para con el partido exige hacer todo lo que pueda ayudar a desarrollar cada camarada, cada militante, sea en el sentido físico, intelectual o moral, porque eso fortalece al partido ya nuestro objetivo final: la destrucción del capitalismo y la construcción del socialismo mundial y del comunismo.

Esto va a exigir sacrificios de cada uno de nosotros (cambiar de trabajo, trasladarse de ciudad o país, postergar planes profesionales o de conseguir bienes), pero si es necesario para fortalecer y apoyar el desarrollo del partido, para luchar por una vida mejor para todos, entonces se justifica plenamente. Como decía Krupskaia en “La personalidad de Lenin”:

Con el ejemplo de su vida, Lenin mostró como había que proceder. No podía ni sabía vivir de otra manera. No era un asceta, gustaba de patinar, andar en bicicleta, escalar montañas, cazar; amaba la música, amaba la vida en su belleza múltiple, amaba a los camaradas, a los hombres. Todos saben de su simplicidad, de su risa alegre y contagiosa. Sin embargo, subordinó todo eso a la lucha por una vida luminosa, cultivada, cómoda, plena, alegre, para todos. Su mayor alegría eran siempre los éxitos en esa lucha. Su personalidad se fundía sin ningún esfuerzo con su actividad social…

¿Por qué son importantes la lealtad, la camaradería y la franqueza entre camaradas? La lealtad entre los revolucionarios es una de las características más importantes en la construcción de una moral comunista. La franqueza es la base de la confianza. Sin construir la confianza no hay como sustentar el centralismo democrático y eso exige un esfuerzo permanente. Más aún en un momento en que la LIT pasa por reunificaciones, fusiones, incorporaciones de nuevas organizaciones y la incorporación de toda una nueva generación de militantes jóvenes, es necesario fortalecer esa moral partidaria. Y también crear los anti-cuerpos contra cualquier tipo de intrigas o calumnias que envenenan el ambiente y destruyen la confianza necesaria. Si un compañero tiene una crítica dura debe poder hacerla sin miedo en los organismos del partido. Las intrigas, mentiras o calumnias debilitan la moral partidaria porque minan la confianza necesaria.

La camaradería, o sea la preocupación y la solidaridad permanente entre los militantes, tiene que ser cultivada en nuestros partidos y en la LIT. La preocupación con los problemas que afectan la vida de los militantes, de cada camarada, debe ser parte de nuestra vida y eso fortalece la moral partidaria: los compañeros se sienten fortalecidos si ven que el partido, que sus camaradas, se preocupan sinceramente con los demás, si está bien; y si tiene problema, lo ayudan a ver una salida.

Capítulo IX

El papel de la Comisión de Moral

La lucha de Trotsky contra las calumnias y amalgamas de Stalin dejó enseñanzas preciosas de cómo abordarlos problemas morales que ocurren en el movimiento obrero o en el partido revolucionario. La tradición del movimiento obrero internacional desde el siglo XIX era que, en caso de una denuncia que involucre aspectos morales, se crean instancias propias del movimiento obrero, cuya composición se base en personalidades de capacidad de juicio y conducta irreprochable, para garantizar que su investigación no sea contaminada por eventuales divergencias políticas.

Trotsky retomó esta tradición para enfrentar la gigantesca ola de ataques morales, amalgamas y calumnias impulsada por el estalinismo contra las organizaciones trotskistas, la figura de Trotsky, los viejos bolcheviques y toda la vanguardia revolucionaria. Trotsky pidió la formación de un Tribunal Moral, que se concretó en la Comisión Dewey, donde él se presentó para responder a las acusaciones de Stalin ante una instancia que permitiese dar una sentencia  indiscutible ante las calumnias.

La IV Internacional también extrajo lecciones de esta lucha contra el estalinismo en el terreno moral. El estalinismo utilizaba su mayoría en los organismos de dirección para que estos juzgasen acusaciones morales contra dirigentes que tenían posiciones críticas, y esos organismos tomaban para sí la “tarea” de castigarlos.

Así, se valían de una mayoría política para desmoralizar a dirigentes opositores en aquello que es más precioso para un revolucionario: una moral inatacable.

A partir de ahí, la tradición de la IV es formar Comisiones de Control o de Moral especiales para velar por la moral partidaria. Estas comisiones son electas por los congresos y sólo responden al próximo congreso. Es decir, son independientes del Comité Central o de la dirección y tienen plenos poderes para tomar resoluciones sobre las cuestiones que afectan a la moral, que deben ser acatadas por todos los militantes y organismos, incluso por los de dirección.

En la LIT, por estatuto, tenemos una Comisión de Control Internacional (CCI) electa en el congreso con el criterio de separar completamente ese tipo de cuestiones y garantizarles un tratamiento objetivo, cuyas decisiones tienen que ser acatadas por todas las instancias de dirección. Los estatutos de la LIT prevén que el Congreso Mundial elige una Comisión de Control Internacional de tres miembros, (…) gozando de una amplia reputación de objetividad. Esta comisión, electa como mínimo por los ¾ de los delegados tiene la función irrevocable e inapelable de examinar los casos atinentes a acciones incompatibles con la moral proletaria y revolucionaria y decidir a conciencia. La Comisión de Control Internacional sólo responde ante el Congreso Mundial y todas las demás instancias nacionales e internacionales están obligadas a colaborar en el tema que examina y considera pertinente. Las acusaciones que examina la Comisión de Control Internacional son asumidas por pedido del CEI, del SI o por iniciativa propia.

Es muy importante para el mantenimiento de la moral revolucionaria de la LIT la existencia de organismos propios de extrema objetividad y respetados por el conjunto de la militancia de la internacional. Esta comisión vela para separar los problemas morales de los problemas políticos e impedir que la justicia burguesa, enemiga de clase, acabe por resolver este tipo de problemas.

Estos organismos deben también existir en las secciones para tomar estas cuestiones; sólo un organismo de este tipo puede resolver casos que involucren violaciones de la moral en litigio o con versiones conflictivas entre militantes. Por ejemplo, en el caso del MST boliviano, la organización era sección oficial de la LIT y no poseía Comisión de Control. De acuerdo a una comprensión más clara de la importancia de la moral, una de las decisiones de este congreso es que cada sección de la LIT debe poseer su propia Comisión de Control con las características señaladas por ese criterio general de nuestro estatuto. Debemos formar esas comisiones garantizando que sean formadas por cuadros de trayectoria irreprochable y con experiencia y discernimiento para enfrentar cuestiones que tiene que ver con la defensa de la moral partidaria.

Para garantizar la prioridad, dada la importancia de las tareas de la CCI y das CCs de cada sección es fundamental, además de la educación proletaria en el campo moral, el fortalecimiento y el apoyo de toda la LIT, comenzando por su dirección y las de las secciones al funcionamiento de las Comisiones de Control.

Creemos que, tomando en cuenta el proceso del que venimos y las dificultades, la juventud y la inexperiencia de algunas de nuestras secciones en ese terreno, es necesario que la Comisión de Control Internacional tenga una comunicación con las comisiones de control nacionales para que puedan ir intercambiando y construyendo criterios de procedimiento y decisión que se apoyen en la experiencia de la IV y de nuestra corriente y que sean comunes a toda la LIT-CI.

El papel de la LIT y de la dirección de los partidos en la cuestión moral

Aquí cabe aclarar una confusión generada por no darle la debida importancia a la cuestión en el último período. Por un error de la dirección da LIT, que no había sacado todas las conclusiones del problema de la destrucción también en el campo moral, quedó la idea de que los problemas de moral sólo interesan a la Comisión de Control y que la única tarea de la dirección es comunicarlos a la CCI. Es verdad que quien investiga y resuelve estos casos es la CCI o las Comisiones de Moral de las secciones. Pero sí existen tareas de la dirección internacional en este terreno: una es que la dirección no sólo encamina los casos concretos ala CCI, como dice el Estatuto, sino que garantiza todas las medidas, vela para que la CCI tenga todos los medios para resolverlos, y debe acompañar los problemas que se presentan en esa marcha, para identificarlos y ver si están resueltos. Lo mismo debe aplicarse en cada sección nacional en la relación de la dirección nacional con la respectiva comisión de control.

La otra gran tarea, en la cual estuvimos débiles en el último período es la necesidad de educar teórica y programáticamente a la militancia en la moral revolucionaria. Lo mismo debe ocurrir en todas las secciones de la LIT. Como parte de esa labor, y para empezar a divulgar nuestras posiciones en este terreno, deberemos divulgar este material y armar a nuestra militancia para que pueda hacer esta discusión en los organismos del movimiento y junto a toda la vanguardia.

Mayo 2008

 

[1] – ¿Moral bolche o espontaneista?

[2] – Trotsky analiza como en la época del capitalismo ascendente y de mejoría relativa de las condiciones de vida de la clase obrera y cierta ‘paz social’, parecía haber ciertas reglas elementales de moral. Y como la irrupción de la guerra mundial hizo explotar las instituciones de la democracia y, junto con esto, “las frágiles reglas elementales de la moral”: La mentira, la calumnia, la venalidad, la corrupción, la violencia, el asesinato tomaron proporciones inéditas. A los espíritus simples y abatidos parciales que tales inconvenientes eran el resultado momentáneo de la guerra. En realidad, eran y siguen siendo manifestaciones de la decadencia del imperialismo.

[3]– Cuarta Internacional – Comité Internacional, organización conjunta formada en 1980 por la corriente morenista y la lambertista.

[4]– Máximo dirigente del PO argentino.

[5] Esquema de corrupción que envolvió a la máxima dirección del PT brasileño.