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“Vivir sin conocer el pasado es andar en la oscuridad” – Frase de la animación Uma história de amor e de fúria

El capitalismo vino al mundo “goteando sangre por todos los poros”. Practicó, en América, el mayor genocidio conocido por la humanidad: de 70 millones de indígenas que habitaban la región en el año 1500, restaron 7 millones – 90% de la población indígena fue diezmada por los invasores europeos.

Por Nazareno Godeiro, Brasil

Cuando los portugueses llegaron a Brasil, más de una centena de naciones indígenas vivía aquí hacía más o menos 15 mil años. Se estima que, en el año del “descubrimiento”, la población de lo que se llamaría Brasil giraba en torno a 5 millones de habitantes.

El término “descubrimiento” pretende esconder el crimen cometido por los invasores, que tomaron las tierras, esclavizaron a la población local y se llevaron toda la riqueza para Europa. Intenta esconder también el hecho de que los pueblos originarios que vivían aquí no conocían la propiedad privada de la tierra. Para ellos, la tierra, el aire y el agua eran de todos y de nadie. El fruto del trabajo de la comunidad se distribuía entre todos de forma colectiva.

Los hombres cazaban y pescaban. La mujeres sembraban, recolectaban, fabricaban cestos y tejían ropas. No había gobierno en el sentido que conocemos. No había opresión contra la mujer, había abundancia de alimentos. Se decidió llamar a esa organización social de los pueblos originarios “comunismo primitivo”.

Cuando los portugueses llegaron aquí, el rey de Portugal decretó que las tierras serían propiedad de la Corona Portuguesa. Después, esa tierra se distribuyó en el sistema de sesmarias, o sea, se entregaron bajo concesión a propietarios privados. Por tanto, la palabra “descubrimiento” esconde el robo de las tierras comunales.

Esconde también el hecho de que, durante 15 mil años, la cuna de nuestra civilización fue una sociedad comunista y que vivimos hace apenas 500 años en una sociedad esclavista-capitalista, que fue impuesta por la fuerza de las armas del invasor, matando millones de indígenas en guerras, por enfermedades o de hambre.

La esclavización indígena al servicio del capitalismo

Los europeos querían oro, plata y enriquecimiento rápido. Eran instrumentos de la burguesía comercial, que iniciaba la superación del feudalismo con la creación del mercado mundial. Fue aquí donde se creó la cuenta de ahorro inicial para el surgimiento del capitalismo.

Como no encontraron oro al inicio de la colonización, implantaron la producción de caña de azúcar a través de ingenios, una actividad industrial en gran escala, financiada por banqueros europeos. El carácter de la colonización era capitalista, expresando lo que había de más avanzado en el mundo en aquel momento. Como no había mano de obra para los ingenios, la solución fue la esclavización indígena.

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La sociedad indígena era igualitaria, recolectora y cazadora. Combinaba una horticultura rudimentaria (agricultura) con la producción de cerámicas. Esto imposibilitó la agricultura en la proporción necesaria para un salto poblacional. No llegó a formar estados como el Imperio Azteca (en México) o el Inca (en Perú), sociedades que dominaron la explotación minera, la fundición de metales y la domesticación de animales algunos milenios antes de Cristo. Por tanto, la invasión europea interceptó el proceso de organización de un Estado en brasil, a partir de las sociedades originarias. 

Eran 126 naciones indígenas, que vivían separadas las unas de las otras, con algunos millares de miembros que hablaban lenguas propias. Los límites de esa economía natural se expresaron en la disputa de territorios entre tribus vecinas. Cada nación necesitaba más territorio para mantener a una población que aumentaba, lo que provocaba guerras entre etnias por más territorio.

Estas riñas entre naciones fueron hábilmente aprovechadas por los invasores para vencer la guerra de exterminio de los pueblos originarios. Sin esa división entre las naciones indígenas, la derrota de la invasión sería segura.

Por otro lado, los invasores venían de una sociedad con mayor dominio técnico, utilizando armas de fuego y medios de locomoción superiores. Utilizaban la fundición de metales y dominaban la escritura. Domesticaban animales como el ganado, el caballo, el puerco, entre otros. Por lo tanto, poseían una organización de la producción más avanzada y ya tenían una organización estatal hacía aproximadamente 5 mil años.

Lo que llevó 5 mil años para desarrollarse en Europa Occidental (4 mil años de esclavismo y mil años de feudalismo), fue impuesto aquí en 200 años. Esa nueva estructura social utilizó formas pre capitalistas (la servidumbre y la esclavitud) como puentes que vincularon el comunismo primitivo al capitalismo europeo naciente.

Contradictoriamente, esa etapa de la organización social de los pueblos originarios marcó su destino. Estaban acostumbrados a una vida en libertad, en que todo era de todos, sin subyugación de un ser humano a otro. Se negaron a ser esclavizados, resistieron y, como conocían el territorio, huyeron para la floresta, que era su casa.

La civilización europea se impuso a golpe de cañón y, por 200 años, tuvo lugar una larga guerra de exterminio contra los pueblos originarios.

SEPA MÁS: 200 años de resistencia
El motivo central que llevó al imperio portugués a abandonar la esclavización indígena fueron las guerras de resistencia indígena entre 1535 y 1756. La resistencia de los pueblos originarios es el ejemplo de lucha de nuestros antepasados, que la burguesía quiere esconder bajo siete llaves, por detrás del mito de la pasividad del pueblo brasileño. Vea a continuación algunas de las rebeliones indígenas, que marcaron nuestra historia.

Principales guerras

1562-1567: Guerra de los Tamoio (Tupinambá), en São Paulo y Rio de Janeiro, contra los invasores portugueses
1555-1573: Guerra de los Aimoré, en Bahia y Espirito Santo; los indígenas salieron victoriosos provisionalmente
1586-1599: Guerra de los Potiguara, entre Paraíba y Rio Grande do Norte, duró 13 años
1617-1790: Ocupación del Amazonas por los portugueses
Revuelta sangrienta de los Tupinambá en los estados de Pará y Maranhão. Los Tapajós resistieron a una guerra que reunía hasta 60 mil guerreros. Entre los Mundurucus, las mujeres participaban de los ataques, lo que originó la leyenda de las Amazonas.
1676-1692: Rebelión de Manu Ladino, se extendió por el interior de Maranhão, Piauí y Ceará
1686-1692: Confederación de los Cariri, en el interior de Ceará, Rio Grande do Norte y Paraíba
1692: Guerras Bárbaras, índios Janduís, en Rio Grande do Norte, se rebelaron contra los portugueses
1723-1728: Guerra de los Manau, en el Amazonas, contra los portugueses
1725-1791: Resistencia de los temidos Guaycuru, del Río Paraguay, única nación que usaba caballos en la guerra, con gran habilidad
1700-1789: Guerra de los Mura, en Pará y en el Amazonas. Los Mura eran nómadas; utilizando la guerrilla, consiguieron evitar la derrota por más de 100 años.

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1751-1757: Guerra de los Guaraní, en la región de las Misiones, en Rio Grande do Sul.

LA IGLESIA: Sin la cruz, la espada no habría vencido

La Iglesia católica fue usada como punta de lanza en la invasión europea. La catequización de los indígenas servía para amansarlos. Cuando la tropa portuguesa y precursora no conseguía dominar una nación indígena, mandaba misioneros para pacificarla y, enseguida, exterminarla.

Cuando los invasores estaban siendo derrotados por los indígenas en los campos de batalla, los misioneros proponían un acuerdo de paz, una tregua, que duraba hasta que los invasores recibiesen refuerzos suficientes para diezmar a los indígenas. Así, el etnocidio (imposición de una cultura extranjera, destruyendo la expresión cultural y religiosa de las naciones indígenas) le preparó el terreno al genocidio. Sin la cruz, la espada no habría vencido.

Reparación rima con revolución

No hubo una asimilación de los indígenas al pueblo brasileño, que mezcló armoniosamente tres razas (blanco europeo, negro africano e indígena). Eso es un mito contado por los vencedores. Lo que ocurrió fue la destrucción de naciones, culturas, lenguas, costumbres y religiones indígenas, que se perdieron para siempre. A partir de 1756, cuando la esclavitud indígena fue abolida, ellos se tornaron supuestamente libres, pero no podían hablar su lengua, habitar su tierra ni rezarle a sus dioses. Eran obligados a trabajar en el campo y a entregarle los productos al monopolio europeo. Por lo tanto, ellos no se mezclaron: fueron mezclados a la fuerza.

En el censo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), la población indígena autodeclarada en Brasil llegó a 896 mil personas (0,4% de la población). Sin embargo, se estima que entre 20 y 30% de la población brasileña lleve sangre indígena en sus venas.

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Sabemos que la masacre de las poblaciones originarias no está apenas en un pasado remoto. Se mantiene con mucha fuerza, como se puede ver en los asesinatos de centenas de guarani-kaiowás en Mato Grosso do Sul, en las amenazas contra los Akroa-Gamellas, en Maranhão, y en el asesinato del cacique Jorginho Guajajara, el 16 de agosto.

Cuando decimos que vamos a ocupar los latifundios del agronegocio, somos tildados de invasores de propiedad ajena. Sin embargo. los verdaderos invasores fueron los europeos y sus socios locales, que tomaron todas las tierras para sí y sus descendientes.

Cuando hablamos de expropiar las 100 mayores empresas de Brasil, la mayoría multinacionales extranjeras, dicen que somos radicales, pero omiten que esas empresas crecieron robando nuestra riqueza. Nosotros somos los que no tenemos nada, los que lo queremos todo, porque todo fue construido con sudor, sangre y lágrimas de nuestros antepasados: los pueblos originarios y el pueblo negro africano esclavizado.

PARA LEER:

• História da Resistência Indígena, 500 anos de luta, de Benedito Prezia (Editora Expressão Popular).

• História dos Índios no Brasil, de Manuela Carneiro da Cunha (Companhia das Letras).

PARA VER:

•La misión | Con Jeremy Irons y Robert De Niro, la película cuenta la guerra trabada en las misiones jesuítas contra los portugueses. Dirección de Roland Joffé, 1986.

• Uma história de amor e de fúria | Animación de 2013 sobre un hombre que está vivo hace 600 años en Brasil, pasando por momentos marcantes de la historia, como los conflictos indígenas en la época de la invasión de los europeos. Escrito y dirigido por Luiz Bolognesi.

Traducción: Davis