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1) La conquista del poder por el Partido Comunista Checoslovaco en 1948

A caballo de las dos guerras mundiales entre los países de Europa del Este, Checoslovaquia se caracterizó por el desarrollo industrial más moderno y por una clase obrera avanzada.

Por: Salvatore de Lorenzo

Tras los acuerdos de Mónaco de 1938, firmados por Francia, Italia, el Reino Unido y Alemania, Hitler invadió Checoslovaquia, ocupando las regiones fronterizas de Bohemia y Moravia.

El Partido Comunista de Checoslovaquia (PCCH), fundado en 1921 por una escisión del Partido Socialdemócrata checoslovaco y adherente a la Tercera Internacional, proporcionó una importante contribución a la resistencia popular antinazi, extendiendo progresivamente su influencia en la clase trabajadora. La Unión Soviética, que era bien vista por las masas populares checoslovacas por no haber adherido a los acuerdos de Mónaco, obtuvo mayor prestigio gracias a la contribución que el Ejército Rojo dio para la expulsión de los nazis de Checoslovaquia, olvidando así el pacto inicial entre Stalin y Hitler. Por lo tanto, estas políticas produjeron un aumento significativo de los miembros del PCCH a partir de 1945.

En el marco de los acuerdos de reparto de Yalta-Potsdam de 1945, Checoslovaquia debía volver a la esfera de influencia de la URSS. Por esta razón, el viaje del presidente checoslovaco Beneš en marzo de 1945 a Moscú, sirvió para definir un gobierno de frente nacional, bajo el liderazgo del socialdemócrata Fierlinger y como su vice el estalinista Gottwald. El gobierno se asentó temporalmente en Košice el 4 de abril, y pudo transferirse a Praga el 10 de mayo, un día después de que la ciudad se liberara de los nazis debido al Ejército Rojo. (1)

El 24 de octubre de 1945, el gobierno comenzó la nacionalización de bancos, compañías de seguros, fundiciones, minas y fábricas con más de quinientos trabajadores. Dos millones de hectáreas de tierra fueron expropiadas a los grandes propietarios y distribuidas a 170.000 pequeños agricultores.(2)

El año siguiente, los comunistas ganaron las elecciones con 38% de los votos (43% en la Bohemia [hoy región de la República Checa]),(3) Gottwald se convirtió en primer ministro y, a lo largo del bienio ’46-’47, continuaron las obras de nacionalización de empresas, incluidas las pequeñas industrias textiles, y de la distribución de la tierra. Por la intervención de Stalin, Checoslovaquia también se negó a unirse a los países que participaron en el plan Marshall.

El objetivo del PCCH era, a tal punto, apoderarse de las llaves de control del aparato del Estado, y para ello era necesario que los demás partidos políticos del Frente Nacional tuvieran un peso insignificante en el frente electoral. Esta operación no era particularmente sencilla ya que el Partido Socialdemócrata trató de oponerse a la hegemonía del PCCH nombrando, en 1947, para la secretaría del partido, al centrista Laušman, en sustitución de Fierlinger, partidario de la fusión de la socialdemocracia con el PCCH.(4) Sin embargo, con un considerable apoyo en la clase obrera y el control de los ministerios más importantes, incluido el de Interior y el de Información, el PCCH puso en marcha la constitución de una milicia obrera.

A la primera crisis del gobierno, las milicias obreras entraron en acción: se organizaron mítines y manifestaciones imponentes por las calles de Praga y, gracias al apoyo del Ministerio del Interior, se metieron en radios, edificios públicos, embajadas, y cerraron las fronteras, lo que obligó a Beneš a aceptar las renuncias presentadas por los ministros no comunistas.(5)

Con esta demostración de fuerza, a continuación, el Parlamento aprobó por unanimidad la presentación de una lista única para las elecciones próximas del 30 de mayo de 1948. La farsa electoral vio un porcentaje de consentimientos de 89, 3% a favor de la lista única contra los restantes votos en blanco. Gottwald sucedió al presidente Beneš y el dirigente del PCCH, Zápotocký, se convirtió en jefe del gobierno. En junio siguiente, los socialdemócratas se fusionaron con los comunistas que, mientras tanto, habían elegido a Slánský como secretario.

Muchos historiadores, incluso de izquierda, tienden a definir este paso crucial en la historia de Checoslovaquia como un golpe de Estado. Desde mi punto de vista, esta es una interpretación errónea: si el PCCH no hubiese tenido el firme apoyo de la clase trabajadora, esta “exageración” parlamentaria alrededor de la formación de una lista única electoral hegemonizada por el Partido Comunista no habría sido posible o hubiera sido mucho más complicada. El PCCH usufructuó hábilmente el consentimiento de la clase obrera y los campesinos, también gracias a las políticas socialistas de nacionalización de las empresas y la expropiación gradual de tierras, para armar a la clase obrera y alcanzar el poder.

Que este poder no sirviese al PCCH para instaurar la dictadura del proletariado sino para erigir un Estado burocrático, autoritario y policíaco, fiel aliado de la Unión Soviética, es cierto, pero es una verdad que habría de saberse, y se aclaró, por desgracia, solo en los años siguientes.

2) El clima de terror de los años Cincuenta

Si en la Rusia de 1917, la degeneración del Estado obrero en un Estado burocrático había sido el resultado de una serie de factores históricos, políticos y económicos (el retraso del aparato industrial en un país principalmente agrícola, el alto índice de analfabetismo de las masas, la derrota de las revoluciones sociales en Europa) no había, en Checoslovaquia, ninguna razón por la cual la toma del poder por el PCCH diese lugar a una desviación burocrática y autoritaria de la «democracia popular» checoslovaca.

Checoslovaquia tenía uno de los sistemas industriales más avanzados de Europa del Este y una clase obrera de larga tradición. La toma del poder por el Partido Comunista y la posibilidad, gracias a la nueva configuración geopolítica establecida después de la Segunda Guerra Mundial, para desarrollar las relaciones comerciales con otros países «socialistas», habría debido facilitar el desarrollo de las fuerzas productivas y aumentar el bienestar de la población. Pero este desarrollo sería posible si se realizaba la dictadura del proletariado, es decir, el gobierno democrático de la clase obrera a través del desarrollo de una economía centralizada, regulada por la intervención de los delegados de los comités de fábrica, democráticamente elegidos y revocables, como habían enseñado Lenin y la historia de la Comuna de París.

Sin embargo, la construcción del socialismo en Checoslovaquia habría chocado con los intereses de un Estado, el soviético, que mientras tanto se había degenerado completamente en un Estado burocrático y autoritario, y cuyo principal objetivo era preservar los intereses y los enormes privilegios de un aparato burocrático parasitario que se había elevado por encima de las clases sociales. El desarrollo de una real democracia obrera, en cualquier país del área de influencia de la URSS, habría dejado al descubierto todas las contradicciones de ese aparato burocrático parasitario, que, no obstante, había salido fortalecido de la Segunda Guerra Mundial. Esta es la razón principal por la cual el PCCH debía, en la voluntad de los estalinistas soviéticos, asumir las mismas reglas de control de la sociedad checoslovaca que el PCUS había implementado en la Unión Soviética. Por un lado, era necesario, por lo tanto, desarrollar un clima de terror para eliminar las inevitables fuentes de disidencia política para con la línea del Partido. Por otro lado, era necesario desarrollar al más alto nivel un aparato burocrático y policial capaz de controlar el funcionamiento del Estado y de la economía.

Los líderes del PCCH, dirigidos por el estalinista Gottwald, se dedicaron a crear un clima de terror. Mediante la farsa de los procesos, las torturas y las calumnias, tanto el PCCH como las fuerzas de la oposición fueron «limpiados» de todos aquellos elementos que podían representar una potencial fuente de disidencia con el pensamiento único del aparato del partido. No solo fueron inmediatamente eliminados los trotskistas, como Záviš Kalandra(6), sino incluso los miembros fieles al partido que habían mostrado débiles señales de autonomía en lugar de aplicar mecánicamente las directivas impuestas por los soviéticos. El más célebre de los juicios farsantes involucra, en 1952, al propio Slánský, secretario del PCCH, y al ministro de Asuntos Exteriores, Clementis, quienes, acusados de «titoísmo» fueron condenados a muerte tras ser obligados a declararse «traidores confesos». Junto con Novomeský, Smrkovský, que había sido el organizador de las milicias populares, y Svoboda, destituido del cargo de ministro de la Guerra, estos son solo las más famosas víctimas del régimen policial que gobernaba Checoslovaquia en los años ’50 y que golpearon indiscriminadamente a todos los opositores, afectando aproximadamente a 40.000 personas.(7)

El desarrollo del aparato burocrático y policial involucró a las direcciones de los sindicatos, academias y organizaciones estudiantiles. Los dirigentes de las principales fábricas del país fueron elegidos por el Partido y no elegidos por los obreros como representantes de los consejos de fábrica. Paradójicamente, tal Estado burocrático ni siquiera necesitó imponer por ley la censura o leyes represivas sobre las publicaciones; era suficiente que celosos funcionarios del partido verificasen qué artículos y cuáles informaciones podrían imprimirse «libremente» y cuáles no.

3) La crisis económica de los años Sesenta

A partir de 1949, el desarrollo de la economía checoslovaca se dio a través de planes económicos quinquenales. Un primer plan (1949-1953), que dio prioridad al crecimiento de la industria pesada, fue reemplazado en 1956 por uno destinado a completar el equilibrio entre la industria pesada y la mediana y a completar la socialización de la tierra y de los medios de producción.(8)

Después de un período de crecimiento económico sostenido hasta principios de los años ’60, se verificó una caída de la producción industrial (el producto nacional bruto pasó de una tasa de crecimiento de 7% en 1961 a -0.1% en 1963).

La crisis económica fue uno de los principales factores que creó una primera gran diferenciación dentro del PCCH, entre los dirigentes que apoyaban la necesidad de una reforma económica y los conservadores. Este es uno de los principales elementos de la discusión y de la crisis que se abrió en el PCCH a inicios de los años ’60 y que conducirá a los acontecimientos de Praga del ’68.

Ota Šik, uno de los principales economistas del Partido, condujo una batalla dentro de este para introducir reformas económicas que, en sus diseños, deberían mitigar los efectos de la planificación e introducir medidas para descentralizar la economía. Solo en 1968, después de la renuncia de Novotný de la secretaría del Partido, se aprobarán las reformas económicas de Šik, pero en la práctica no habrá tiempo para implementarlas. En marzo de 1968, Šik, que pertenecía a la vieja guardia y había hecho todo ese embrollo en el PCCH, junto con todo el grupo dirigente acusará fuertemente a Novotný, ahora ya afuera de los juegos de poder, de estar ‘rodeado por años de camaradas devotos suyos […] Es un hecho que tenía excesivo poder en la gestión de la elección de los cuadros. Y especialmente de los cuadros centrales […] Tomemos, por ejemplo, la agricultura. Ciertamente no era su campo de trabajo, sin embargo, logró imponer el nombramiento como ministro del camarada Mestek y la revocación del camarada Burian […] Alrededor de una persona con tanto poder como Novotný se encontrará siempre disponible una gran cantidad de arribistas y aduladores».(9)

Las razones de la crisis económica, obviamente, no se encuentran en la centralización de la economía planificada, como muchos historiadores burgueses nos quiere hacer creer, sino en los métodos burocráticos de selección de cuadros para la planificación de la economía misma, y ​​por supuesto, de la situación económica internacional. No siendo, de hecho, el personal dirigente de las principales fábricas seleccionados por los métodos de la democracia obrera, sino sobre la base del criterio de fidelidad y servilismo a los intereses y privilegios del grupo dirigente del PCCH, los dirigentes incapaces en el campo de la tecnología y de la ingeniería industrial habían dejado de lado la importancia de esas revoluciones en la producción industrial que, por su parte, habían sido utilizadas por el sistema capitalista para permitir la modernización de los medios de producción y mejorar la productividad del trabajo en las fábricas occidentales.

Desde este punto de vista, el análisis posterior de los hechos de Praga no puede sino converger con cuanto escribió Mandel(10) en 1969: «¿Cómo se puede ahora negar que esta amenaza [de una subversión del «socialismo» en Checoslovaquia, ndr] deba ser considerada, al menos en parte, como el resultado de estos veinte años de experiencia; es decir, en otras palabras, ¿el régimen Gottwald-Novotný condujo, al menos en parte, a resultados desastrosos? No es difícil establecer con precisión cuáles fueron estos resultados. Son muy conocidos y pueden documentarse fácilmente. La rígida burocratización de la vida social condujo a un divorcio casi completo entre la masa de gente que trabajaba –en primer lugar los trabajadores– y aquellos que habían monopolizado el ejercicio del poder político y económico. La participación de los trabajadores se ha reducido a prácticamente nada, contrariamente a todas las enseñanzas de Marx y Lenin. Este divorcio fue igualmente pronunciado en los campos técnico, cultural e ideológico. Una burocracia altamente centralizada, no creativa y carente de imaginación, ha «perdido el autobús» de una media docena de innovaciones tecnológicas claves, levando a la CSSR [República Socialista Checoslovaca] del nivel de uno de los países más avanzados tecnológicamente de Europa y del mundo al estado de un país que adolece de brechas tecnológicas graves, no solo con respecto a los EEUU y a la URSS sino también con respecto a las potencias capitalistas de Europa occidental […]. La crisis de la sociedad checoslovaca, revelada dramáticamente por la intervención de los poderes del Pacto de Varsovia, es el resultado del sistema burocrático de gestión, un resultado del régimen de Gottwald-Novotný».

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Para resolver los problemas de la economía, ya en 1962, en el XII Congreso del PCCH, Šik había sostenido, por un lado, la necesidad de una renovación de las instalaciones de producción, y, por el otro, la necesidad de introducir correcciones al sistema económico planificado, basadas tanto en una mayor libertad y responsabilidad de las empresas en la elaboración de planes de inversión y de producción como en la evaluación de la productividad de las empresas sobre la base de la mercancía efectivamente vendida. Estas reformas, por sí mismas, no significaban necesariamente una desviación de la construcción del socialismo, pero constituían una crítica al sistema burocrático que hasta ahora había dirigido la economía.

Desde este punto de vista, es muy interesante y aceptable el análisis desarrollado por Mandel,(11) que, entre otras cosas, afirma: «Es indudablemente cierto que cada paso importante hacia la economía de mercado y hacia la descentralización de las decisiones de inversión amenaza a largo plazo la naturaleza planificada de la economía. Pero la amenaza no conduce automáticamente a su realización. Después de todo, Lenin, al introducir la NEP en 1921, fue mucho más allá en dirección de la economía de mercado que cualquiera de las reformas económicas actualmente introducidas en Europa del Este. Al final, la NEP ha amenazado la base socializada de la economía soviética; pero esa amenaza fue resuelta por la industrialización acelerada y la colectivización de la agricultura, es decir, no condujo a la restauración del capitalismo. Para evaluar el grado de la amenaza y la forma de neutralizarla, es necesario hacer un análisis concreto de los problemas de la economía en un dado momento, de sus principales tendencias de desarrollo, y de la relación entre las fuerzas sociales, y no limitarse a declaraciones generales sobre el peligro de la economía de mercado».

Después de la invasión de Praga por los países del Pacto de Varsovia, muchos economistas y periodistas burgueses vendidos se lanzaron, instrumentalmente, contra la economía planificada, utilizando también la crítica de Šik a la economía planificada checoslovaca y sus propuestas en cuanto a la necesidad de descentralización. Sin embargo, es evidente que los problemas checoslovacos no estaban relacionados con la elección de una economía planificada sino con la estructura burocrática del Estado, que había llevado a los elementos más serviles a la dirección del partido, para ocupar puestos de dirección y posiciones privilegiadas de acuerdo con una concepción del socialismo que nada tenía que ver con las deducciones de Marx y de Lenin.

Además, habiendo tenido corta vida el gobierno de Dubček-Šik, aún no está claro cómo se habría desarrollado la política económica y lo que esta descentralización habría significado en la práctica. En este sentido, resulta muy interesante la idea de Mandel:(12) «En las condiciones concretas de la situación económica en la CSSR de 1966 a 1968, un aumento de la descentralización y un mayor uso de los mecanismos de mercado en el sector de los bienes de consumo eran probablemente inevitables para volver a enfocar la economía con los principales objetivos de crecimiento económico armonioso y acelerado. Pero esta no era la principal cuestión social involucrada en las reformas. La «descentralización» puede significar dos cosas. Puede significar un fortalecimiento del responsable de fábrica tanto en lo que se refiere a la autoridad de planificación como a los trabajadores; también puede significar la concepción de componentes del poder de los trabajadores a nivel de fábrica. La primera tendencia sería vista con extrema desconfianza por parte de los trabajadores, especialmente si implica el derecho de los dirigentes a despedir trabajadores, modificar las tasas salariales, aumentar la «disciplina del trabajo», etc. La segunda tendencia es un primer paso en la dirección de la democracia socialista. Durante la mayor parte de 1968, no estaba claro para los trabajadores checoslovacos cuál de estas dos tendencias de reforma prevalecería, y Dubček no estaba en absoluto identificado con esta última. No ha ido más allá de un juego experimental, con consejos de trabajadores como elementos de «cogestión a nivel de fábrica».

4) La pseudo-desestalinización del PCCH

En 1953 muere Gottwald y Zápotocký fue elegido presidente de la República. Novotný, uno de los más celosos acusadores de Slánský, se convirtió en secretario del PCCH. En 1955, Checoslovaquia adhiere al Pacto de Varsovia. Si bien los efectos de la desestalinización provocaron agitadas ​​réplicas en diferentes países del Pacto de Varsovia, en Checoslovaquia la continuidad del estalinismo no solo no estaba en discusión sino que era exaltada, asignando en 1957, a la muerte de Zápotocký, incluso la oficina del Presidente de la República al secretario del PCCH, Novotný, el hombre más fiel a los dogmas estalinistas.

Solo más tarde, a partir de 1962-1963, a raíz de las grietas y las diferencias desarrolladas en el seno de la dirección del PCCH como consecuencia de la crisis económica, los intelectuales comunistas, en particular los escritores, comenzaron a realizar una crítica –que se hizo progresivamente más profunda– a la naturaleza represiva, autoritaria e intransigente del régimen estalinista en Checoslovaquia. De hecho, en 1962 se les concedió la revisión de la farsa de los procesos de los años ’50 y la rehabilitación de las víctimas, teniendo cuidado de no hacerles pagar a los dirigentes aún vivos del partido, incluido el propio Novotný, la responsabilidad que compartían con el difunto Gottwald, en el que se descargaron todas las culpas. Y el proceso de desestalinización fue firmemente rechazado dentro del PCCH, tanto que el ex ministro del Interior, Rudolf Barak, que había tratado de acelerar la rehabilitación, fue condenado en 1962 a 15 años de prisión con acusaciones difamatorias de delitos comunes.(13)

Sin embargo, a medida que las grietas en el aparato del partido se ensancharon, los intelectuales, en su mayoría miembros del PCCH, trabajaron al lado de los dirigentes. El tema de la falta de libertad de expresión fue desenterrado oficialmente en 1963, cuando, en el Congreso de Escritores, se solicitó y obtuvo, puede parecer una paradoja, la institución del censor por parte de los propios escritores. De hecho, en el país existía un sistema de censura informal; es decir, no existía oficialmente, pero en la práctica cotidiana, la secretaría del partido decidía lo que podía ser publicado y lo que no, de acuerdo con directivas que los escritores no conocían: es por eso que pidieron, y obtuvieron, que fueran definidas claramente sus limitaciones.(14)

La aparente apertura del Partido Comunista, todavía firmemente en manos de Novotný, a las cuestiones de libertad de expresión, fue utilizada para esparcir una pátina de renovación a un aparato gangrenoso que no tenía intención de hacerse a un lado. Y cuanto hay de hipócrita y arrogante en esta renovación de la burocracia gobernante se puede captar del propio Novotný que, en 1963 afirmaba, a propósito de la libertad de prensa: «la crítica, para ser positiva, debe limitarse a criticar algunos detalles, añadiendo siempre una evaluación positiva de la situación general».(15)

Y puesto que el aparato no tenía intención de hacerse a un lado, desde 1964 comenzó a implementar una serie de medidas represivas, especialmente contra el movimiento estudiantil, hasta 1967, año de la caída de Novotný. Además de las medidas disciplinarias contra economistas y académicos, el gobierno intentó normalizar el fermento que se estaba desarrollando en el movimiento estudiantil. Uno de los episodios más significativos de la represión estudiantil se produjo en 1964, cuando dos estudiantes fueron expulsados ​​de la universidad e inscriptos en el servicio militar del ejército por haberse puesto a la cabeza de una protesta contra el gobierno y contra la acomodación al gobierno de la Asociación de la juventud checoslovaca, obviamente controlada por el PCCH, para la remoción de Cisar como ministro de la escuela.

La combinación de toda la dinámica, desde los problemas económicos y la revisión de los procesos de los años 50 hasta la cuestión de la libertad de la prensa, sin embargo, ya había creado una fracción al interior del partido, que se oponía a la línea autoritaria impuesta por Novotný y sus aliados.

5) El ascenso de Dubček y la caída de Novotný

En 1963, para dar la impresión de una voluntad de renovación del partido, Novotný nombró a Alexander Dubček secretario del Partido Comunista eslovaco y sustituyó al primer ministro Široký por Lenárt. Como dijo el propio Novotný: «ambos jóvenes y con las manos limpias».(16)

La crisis que se gestaba dentro del Comité Central del Partido Comunista, a pesar de que solo se abrió oficialmente más tarde, cuando, en junio de 1967, en el IV Congreso de Escritores, se llevó a cabo una profunda discusión sobre la libertad de prensa y una fuerte crítica a la censura por parte del PCCH hacia los intelectuales. Novotný y sus partidarios reaccionaron de inmediato y ya en setiembre algunos escritores, incluido Vaculik, fueron expulsados ​​del Partido, y otros, incluido Kundera, severamente amonestados. Las decisiones no fueron tomadas por unanimidad, sino con varios votos en contra, lo que indica una clara división en el Partido. Ya en octubre del ’67, de hecho, Dubček comenzó a distanciarse de Novotný, pidiendo a la cúpula del Estado y del Partido que hubiera dos miembros distintos y pidiendo luego a Novotný que dejara uno de los dos cargos que él representaba. La atmósfera de intolerancia contra el intransigente régimen crecía día a día en Praga cuando, el 31 de octubre, la policía reprimió duramente una protesta de estudiantes universitarios en Praga. Este episodio, en lugar de desalentar a los estudiantes, fue el comienzo de reuniones asamblearias en las universidades y de solicitudes cada vez más apremiantes al partido y al gobierno sobre la necesidad de arrojar luz sobre la responsabilidad política de la represión estudiantil durante la manifestación. El 15 de diciembre, el partido decide publicar una encuesta sobre la represión a los estudiantes, que reconoce como un error la excesiva reacción de la policía pero, al mismo tiempo, acusa a los estudiantes de provocaciones innecesarias.(17)

Mientras aumentaba la oposición al autoritarismo del PCCH y su consenso en la opinión pública y Novotný en vano pedía ayuda a Breznev para salvar el doble cargo y reprimir el disenso interno al CC, Ota Šik, en la reunión del CC de diciembre, criticó abiertamente los errores de la planificación central.

Solo el 3 de enero de 1968, después de un fallido intento de golpe urdido por dos generales del ejército, Šejna y Lomsky, cercano a Novotný, este se vio obligado a dimitir como secretario del partido, manteniendo el cargo de presidente de la República. Al frustrar el intento de golpe, Dubček había obligado a Novotný a declararse ajeno al golpe. El 5 de enero, Dubček se convirtió en secretario del PCCH. Era la victoria del grupo de los llamados «reformadores». El traspaso de dirección abrió una nueva etapa, sobre todo gracias al control de los medios de información, incluso si el énfasis con el que se habla de la «Primavera de Praga» es probablemente excesivo, vista la gran timidez con que Dubček abordó los diversos temas, incluido el problema de la censura, que solo el 26 de junio fue eliminada por ley.

La campaña mediática contra Novotný, principal protector del golpista Šejna, quien por su parte huyó al extranjero para evitar el arresto a raíz de un escándalo que desenmascaraba el tráfico que involucraba a la burocracia del partido en la reventa de automóviles de lujo (Mercedes, Porsche, Jaguar), llegó como un tributo de Occidente y forzó a Novotný a renunciar como presidente de la República. La caída de Novotný diezmó pero no destruyó en el PCCH la presencia de los hombres de la vieja guardia. Después de una confrontación de conciliación con la cúpula del Kremlin, que ahora seguía con atención los acontecimientos en Checoslovaquia, el PCCH llegó a un acuerdo para la elección de Svoboda, oficial septuagenario, bien visto por los soviéticos, y más tarde su cómplice en la invasión de agosto.

6) Las reformas de Dubček – Šik

Las tímidas reformas, propuestas de manera genérica en abril de 1968 en el «Programa de Acción»(18) presentado por Dubček, preveían una expansión de la base decisoria también para las fuerzas no comunistas del Frente de Acción, el órgano de alianza electoral nacido anteriormente, en 1945, y progresivamente desautorizado. Sin embargo, la ampliación siguió siendo un hecho más formal que decisorio, ya que el Frente tenía que seguir siendo un órgano sustancialmente consultivo y las decisiones estaban firmemente en manos del PCCH.(19)

También en el campo económico las propuestas de descentralización de Ota Šik no propiciaron un retorno real a la democracia de los consejos de fábrica, sino más bien un sistema mixto en el que el control de la dirección de las fábricas permaneció en manos de la burocracia del partido. Ya en el verano de 1966, de hecho, después del XIII Congreso del Partido, una Comisión Estatal para la gestión y la organización había dejado entrever la posibilidad de una mayor apertura hacia la gestión de las empresas del Estado por parte de los trabajadores, proponiendo sin embargo un consejo de empresa compuesto por solo un tercio de los trabajadores elegidos en las fábricas; los dos tercios restantes debían ser nombramientos políticos, que constituían la mitad de los expertos que venían del exterior y la otra mitad los representantes del Estado; en la práctica, los trabajadores continuaban siendo minoría en las decisiones. Este proyecto, que se hizo público solo en abril de 1968, alimentaría la discusión dentro de las fábricas y daría paso a la formación de los consejos obreros que se formarían en junio del mismo año.(20)

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Sin embargo, los soviéticos, ahora habían entendido bien que, a pesar de la timidez de las propuestas del nuevo grupo dirigente, el proceso de «democratización» iniciado por el PCCH, con el control de los medios de comunicación en manos del grupo dirigente reformador, permitiría sacar a la luz las contradicciones y privilegios de la burocracia y terminarían por extenderse a todos los países bajo influencia soviética. Y, de hecho, esto realmente sucedió, porque bajo el Ministerio de Información de Císař, el director de la televisión Pelikan llevó a los hogares checoslovacos las contradicciones de la burocracia, obligando a los ministros y dirigentes a responder a las demandas del periodismo.(21) Los soviéticos habían comprendido claramente que este proceso volvería a plantear el problema de la dirección política y que esto, inevitablemente, llevaría a la clase obrera a trabajar en un proyecto para derrocar ese modelo autoritario. El verdadero peligro, para Breznev y sus socios, no estaba en absoluto representado por el peligro de un retorno al capitalismo en un país donde los medios de producción estaban en manos del Estado y donde la única clase realmente privilegiada era la burocracia del PCCH, hasta ese momento totalmente leal a la línea soviética y ahora sometida a la «insolencia» de la prensa. El peligro real estaba representado por la reapropiación de la cuestión del poder de las grandes masas y, en particular, de la clase obrera. Como escribiera Mandel: «¿cuáles fueron los motivos de la intervención militar del Kremlin en la Cssr? Ciertamente no fue contra el «peligro de la restauración capitalista» contenido en las reformas económicas, porque estas reformas son la única parte del «Programa de enero» del PCCH que se mantiene prácticamente vigente. No puede ser contra una amenaza de intervención militar extranjera, porque no hay una migaja de evidencia de que tal intervención se produzca. Ni siquiera puede ser contra la contrarrevolución «interna», porque no solo esta «contrarrevolución» es extremadamente débil –si no inexistente–, sino que los resultados de la intervención militar, en todo caso, la fortalecían en lugar de debilitarla, como cualquiera podía prever. La conclusión que puede extraerse es la siguiente: la intervención militar de las potencias del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia no estaba dirigida contra la contrarrevolución social en ese país sino contra la revolución política en la URSS y en los países aliados formalmente pero, de hecho, sometidos a su control burocrático. La amenaza que el Kremlin temía no era la creciente influencia del imperialismo en Checoslovaquia, sino la creciente influencia de Checoslovaquia en la URSS y los países vecinos. No era la «restauración capitalista» sino la democracia socialista el enemigo».(22)

7) La Primavera de Praga

Con la caída de Novotný, entre marzo y agosto del ’68 hubo una oposición constante entre las fuerzas innovadoras y los conservadores. Dubček intentó, en vano, moderar el papel de crítica constante de la televisión, que progresivamente revelaba los privilegios de la burocracia y las distorsiones del sistema autoritario. El análisis de los hechos y de los documentos muestra, sin embargo, que Dubček estaba a la cabeza de un movimiento de reformas sin la concepción revolucionaria necesaria para llevar hasta el final la regeneración del Estado obrero checoslovaco sobre la base de organismos de la democracia soviética, permaneciendo así atrapado entre las presiones del nuevo grupo reformista del PCCH, por un lado, y las demandas progresivas de normalización del Kremlin y de la oposición interna, por el otro.

La exigencia de romper con ese modelo autoritario impregnó gradualmente la sociedad checoslovaca, desde las fábricas hasta las universidades y los intelectuales del partido. Se abrió un gran período de movilizaciones estudiantiles que involucró también a otros países del Pacto de Varsovia. En Polonia, Gomulka fue forzado a reprimir, arrestando a 2.500 estudiantes en marzo del ’68, por una protesta estudiantil que invocaba «¡Incluso toda Polonia espera su Dubček!».(23)

La tensión se intensificó en mayo, cuando las manifestaciones callejeras y las críticas se extendieron abiertamente a la burocracia soviética, desencadenando la ira de Brezhnev. Dubček, en un intento de mediar, redactó un reglamento para tratar de poner un freno al papel de la información. Pero en este punto, la URSS había decidido cambiar de estrategia, comenzando más o menos abiertamente a desacreditar a la dirección del PCCH, considerándola, entre otras cosas, de «anti-socialismo» o de «revisionismo de derecha».

En una escalada de tensión, el 20 de junio, 16.000 soldados de los ejércitos militares del Pacto de Varsovia llevaron a cabo una manifestación autorizada en el territorio checoslovaco, y se mantuvieron hasta el final de las maniobras, a pesar de las protestas del primer ministro Černík.

Desde ese momento se desarrolló en el país una protesta más amplia contra los aliados del Pacto de Varsovia, que encuentra su síntesis en el «Manifiesto de 2.000 palabras» del 26 de junio, firmado por Vaculik, que había sido expulsado del partido después del Cuarto Congreso de los Escritores del ’67, y suscrito por 70 personas, entre intelectuales, artistas y celebridades. El documento constituye una clara crítica al sistema autoritario que se desarrollaba en Checoslovaquia a partir del ’48, e invoca, a través de reivindicaciones muy específicas, la necesidad de un retorno a la real democracia obrera. Sin embargo, en un análisis posterior, el elemento más interesante de ese documento está dado, probablemente, por la advertencia sobre la necesidad de defender al gobierno contra las amenazas externas, incluso con las armas si fuese necesario.

Este lúcido análisis y la solicitud explícita de preparar la defensa contra las invasiones externas serán trágicamente rechazados por los dirigentes del PCCH. Solo unos pocos días después, el 5 de julio, resultó, de hecho, dramáticamente claro que la dirección del PCCH no tenía ninguna intención de armar a la clase obrera y preparar la autodefensa: Smrkovský, presidente de la Asamblea Nacional y líder del grupo reformista del PCCH, respondió a aquella carta con un documento en el que acusaba a Vaculik de «… romanticismo, consistente en la falta de valoración de la distancia que a menudo separa intenciones de resultados posibles».(24)

8) La invasión soviética

La división en el PCCH entre reformistas y conservadores y las presiones de Moscú sobre Dubček se hicieron cada vez más claras en julio de 1968. La última tentativa de presión sobre el PCCH para que desista del intento de democratización fue hecho por Brezhnev el 29 de julio, en el encuentro de Cierna nad Tisou con Dubček, y en el Congreso de Bratislava del 3 de agosto entre las fuerzas que participaban en el Pacto de Varsovia. En la transcripción de una posterior llamada telefónica del 13 de agosto con el propio Brezhnev, (25) un Dubček extremadamente temeroso trató de conseguir tiempo sobre las demandas apremiantes que le hizo Brezhnev en Cierna nad Tisou, que exigían eliminar las formaciones de la oposición al PCCH y, sobre todo, normalizar el control de los medios de información, removiendo a Pelikan y Císař de sus puestos. También exigió la purga del Partido de Kriegel, el más orgulloso opositor de la burocracia soviética.

Pero el tiempo ya había expirado. En la noche del 20 al 21 de agosto, 165.000 soldados y 4.600 tanques(26) de los ejércitos del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia. El ministro de Defensa checoslovaco dio órdenes a las tropas de permanecer en los cuarteles. A las 5 de la mañana, Dubček y otros 5 miembros del CC del PCCH fueron puestos bajo custodia y trasladados, por la tarde, a Ucrania. El Presidente de la República, Svoboda, que había sido puesto preventivamente al corriente de la invasión, pronunció un discurso por radio en la mañana del 21, en el que no profirió denuncia alguna sobre la invasión y se limitó a invitar a la población a no oponer resistencia.

A denunciar la invasión soviética, a reiterar plena confianza en la dirección y al secretario Dubček arrestado y, al mismo tiempo invitar a la población a la calma, fue en cambio el Congreso Extraordinario del PCCH, que se reunió el mismo día, de manera clandestina, en la fábrica de locomotoras CKD de Praga, con los obreros y la milicia obrera desplegada en defensa del Congreso. Las comunicaciones con la población se mantenían a través de un aparato radiofónico clandestino, ya que las comunicaciones oficiales ahora eran controladas por los soviéticos.

La resolución del Congreso extraordinario del PCCH, que denunciaba la invasión soviética, complicaba y ponía en jaque la estrategia del Kremlin. Era ahora necesario, para normalizar la situación y evitar una insurrección popular, que fuese el propio aparato de dirección del PCCH el que impusiera a la población las demandas de los soviéticos. Con este fin, una delegación encabezada por el presidente Svoboda fue a Moscú donde, junto con los dirigentes del PCCH arrestados, comenzó las negociaciones con los líderes soviéticos. Después de unos días de negociaciones, la férrea línea de Moscú fue aceptada y firmada por Dubček y todos los otros dirigentes del Partido, con excepción de Kriegel: era la capitulación.

El 26 de agosto, Dubček y los otros dirigentes volvieron a Praga con la cabeza gacha. Los incómodos dirigentes del PCCH, incluidos Císař y Pelikan, fueron destituidos y la censura reintroducida a través del pedido del gobierno a los principales editores para que bloquearan las críticas a los soviéticos. Los dirigentes del PCCH volvieron a casa, pero los tanques soviéticos permanecieron en el territorio. Como contará Umberto Eco, los soldados de los tanques explicaron a una población incrédula y desconcertada que habían entrado a Praga para defenderlos del golpe de Estado fascista.(27)

9) La resistencia estudiantil y obrera y los consejos de fábricas

Desde el 21 de agosto, por lo tanto, en Praga los tanques de la Unión Soviética amenazaron a un país socialista, en el que no había ningún peligro real de subversión de ese sistema social nacido en su interior. Esos tanques permanecerían durante mucho tiempo para simbolizar, en el imaginario de todos, socialistas y no socialistas, que el soviético era un poder autoritario y despótico, obligado a imponer la dictadura de la burocracia a través del uso de la fuerza. Junto con los acontecimientos de Hungría en 1956, desde el punto de vista de la comunicación probablemente no haya imágenes más elocuentes que puedan testimoniar el fracaso del estalinismo. Y a la luz de esos hechos resuenan las críticas a aquella dramática degeneración burocrática del socialismo, que Trotsky había descrito con precisión en La revolución traicionada(28) de 1936, y que había pagado con su propia vida.

Si el PCCH, para salvar la piel de sus dirigentes, había traicionado la esperanza de una reforma en el sentido revolucionario del socialismo, las masas populares checoslovacas y particularmente la clase obrera, sin embargo, no se desmoralizaron. Šik fue siempre considerado con gran sospecha o abiertamente desafiado por los obreros.(29) Es decir, dio la impresión de que su reforma económica no iba en una dirección verdaderamente democrática sino en el sentido de un avance tecnocrático en el cual el partido, desde arriba, habría seleccionado a dirigentes más preparados para la dirección de la industria, sin que tales cambios involucraran a los obreros. Esta es la razón principal por la cual, a menudo, los obreros desafiaban a Šik en las puertas de las fábricas.(30) Pero no era esta la única preocupación de los obreros, que también temían que un gran avance en las reformas tecnocráticas pudiese significar despidos en las fábricas. En mayo de 1968, las primeras huelgas ya habían estallado tras la decisión del gobierno de establecer comisiones para preparar una «ley sobre la empresa socialista». Las huelgas de la clase trabajadora desafiaron el poder y la incapacidad de los dirigentes de las empresas.(31) En todas las fábricas principales se desarrollaron federaciones sindicales por oficio, nuevas organizaciones sindicales y coordinaciones entre sindicatos. La discusión sobre cómo debería abordarse la crisis económica se convirtió en el tema de una clase obrera de larga data bajo el control de los sindicatos burocratizados; la producción industrial comenzó a crecer nuevamente, demostrando que la pasividad de la clase obrera, consecuencia del modelo burocrático, había sido uno de los elementos desencadenantes de la crisis económica. En la ola del proceso de democratización, en junio de 1968, nacieron 18 consejos de fábrica en el país, pero entre octubre y diciembre de 1968, durante la ocupación soviética, se crearon otros 260 consejos de fábrica(32), a pesar del intento de Dubček, ahora reducido a un títere al servicio de los soviéticos, para obstaculizar su desarrollo. En noviembre del ’68, en un intento de limitar el poder de los comités de fábrica, Dubček afirmará: «La crítica justificada del burocratismo no puede conducir a ataques simplistas y caricaturas contra la dirección de la empresa, contra el aparato económico y estatal. La justa reivindicación de crecimiento de la participación de los trabajadores en la gestión no debe tomar la forma de una falsa democracia en la producción en detrimento de la inevitable disciplina del trabajo».(33)

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En el renovado fermento de la clase obrera, entre agosto de 1968 y enero de 1969 se desarrolla contemporáneamente la fase más caliente de resistencia de las masas populares a la normalización soviética. Durante esta fase, Dubček, bajo la presión constante de la Unión Soviética, desempeña el papel del bombero, amortiguando progresivamente la vehemencia de la lucha de las masas con el garrote y la zanahoria, es decir, actuando por un lado con la represión policial y, por el otro, simulando pequeñas concesiones.

Para evitar el desborde de las masas, el gobierno se ve inicialmente obligado a divulgar, en setiembre, la noticia de que los soviéticos no arrestarían a nadie. Bajo la presión soviética, el 18 de octubre la Asamblea Nacional aprueba un tratado que permite la permanencia de las tropas soviéticas en Checoslovaquia, desencadenando una vehemente reacción popular, dirigida en particular por un movimiento estudiantil que se opone cada vez más masivamente a la acción del gobierno. El 28 de octubre, 4.000 manifestantes contestan a Dubček y Svoboda frente al teatro nacional, en el 50° aniversario del nacimiento de la República Checoslovaca. La manifestación fue reprimida por las porras de la policía checoslovaca, que bajo Dubček continuaron comportándose exactamente como en los tiempos de Novotný. En resumen, el apoyo popular a Dubček se debilita. En una escalada de manifestaciones de masa cada vez más participativa, los enfrentamientos callejeros se repiten el 7 de noviembre, en ocasión de las celebraciones de la Revolución de Octubre, con centenares de arrestos. Para tratar de calmar la insurrección, Dubček recurre a los estudiantes y los obreros para pedirles que apoyen la permanencia soviética. A cada movimiento del PCCH que va en la dirección de satisfacer las demandas de los soviéticos, los estudiantes y los obreros desarrollan manifestaciones de protesta que marcan más y más claramente la distancia del gobierno de las masas populares. En particular, la participación de la clase obrera en huelgas y protestas, constituye para el gobierno el elemento de mayor preocupación. Particularmente, desde noviembre, los metalúrgicos, dirigidos por los sindicatos reunidos en Rtum, aumentaron el nivel de movilización, con más huelgas y siempre más compactas y se unieron a las protestas de los estudiantes, lo que obligó al gobierno a firmar acuerdos destinados a mantener los niveles de salarios y de precios. Después de la purga de Smrkovský del Partido, una nueva serie de manifestaciones de trabajadores y estudiantes reclama su reintegración. El 4 de enero, el sindicato de trabajadores metalúrgicos, que tenía un millón de inscriptos, tomó las calles. El primer ministro Cernik reitera la amenaza de la intervención soviética para sofocar la protesta.

En enero de 1969, una primera reunión nacional de los consejos de trabajadores y de los comités preparatorios, que representaban a 190 empresas y 890.000 trabajadores, elabora un proyecto de «ley sobre la empresa socialista». Pero el proyecto se corrige considerablemente por el gobierno, que vuelve al modelo de cogestión, con 1/3 de escaños de los consejos para los trabajadores elegidos, derecho de veto del Estado y de los dirigentes de empresa.(34) Sin embargo, el trabajo de los consejos de fábrica no se detiene: 500 consejos de fábrica estarán representados en el congreso sindical de marzo de 1969 y su número aumentará hasta junio de 1969.

El momento más caliente de la resistencia fue en enero de 1969, cuando Jan Palach, un estudiante de filosofía, se prendió fuego en señal de protesta, reivindicando con aquel gesto extremo la necesidad de una huelga general a ultranza para la caída del gobierno. En su funeral, una multitud de 800.000 personas(35) indicará el potencial revolucionario de la resistencia de Praga. En los días siguientes hubo enfrentamientos con la policía y arrestos masivos. Otros estudiantes se inmolarán por la causa de la resistencia en Praga, pero la televisión, ahora firmemente en manos de los conservadores, limitará la difusión de la noticia.

Los enfrentamientos continuarán hasta marzo, hasta la demostración en Praga, de más de 4.000 personas, durante la cual se demuele una oficina de Aeroflot, la aerolínea soviética. En realidad, este acto fue premeditado por el servicio secreto soviético, que lo utilizó para amenazar a la población con nuevas represalias.(36) Dubček, ahora incapaz de obtener aceptación de población para las imposiciones de los soviéticos, será removido de su cargo y reemplazado por Husák en abril.

En los primeros cien días en su nuevo papel, Husák completó todas las solicitudes soviéticas, la renovación total de la censura, la expulsión del partido de los componentes más revolucionarios, las expulsiones colectivas y los despidos de periodistas. Las organizaciones nacidas durante la resistencia fueron declaradas ilegales. El 8 de mayo, el régimen decidió erradicar el naciente poder «libre» de la clase obrera: los consejos obreros en las fábricas fueron declarados ilegales. Para ocasión del primer aniversario de la invasión militar, el 21 de agosto de 1969, el pueblo checoslovaco decidió volver a las calles. Pero la represión fue durísima. La policía disparó contra la multitud, dos jóvenes fueron asesinados en Praga y dos en Brno. En la capital la policía utilizó perros pastores alemanes para perseguir a los manifestantes, mientras que desde las ventanas los praguenses gritaban «son como la Gestapo.»(37)

Conclusiones

Lo que faltó en la Primavera de Praga, para permitir a la sociedad checoslovaca hacer la transición hacia un régimen socialista consumado, fue el partido revolucionario. La dirección reformista del PCCH, que había crecido en gran medida dentro del Partido Comunista de Gottwald y de Novotný, nunca propuso abiertamente cuestionar la estructura burocrática del Estado. Más bien, esa dirección reformista intentó contener los defectos de ese sistema, eliminar los excesos autoritarios y de falta de libertad que se derivaban de la existencia de ese aparato, pero nunca se propuso desmantelar su existencia.

En el análisis de la degeneración burocrática en la Rusia estalinista, Trotsky había llamado a las medidas propuestas por Lenin, para que en el Estado socialista desaparezca gradualmente la burocracia y no ejerza más un papel opresor sobre el proletariado: «Después de la caída de las clases explotadoras –el proletariado romperá la vieja máquina burocrática y formará su propio aparato de obreros y empleados, tomando, para impedir que se conviertan en burócratas, medidas estudiadas en detalle por Marx y Engels: 1) elegibilidad y revocabilidad en todo momento; 2) remuneración no superior al salario del obrero; 3) paso inmediato a un estado de cosas en el que todos se ocupen del control y de la supervisión, en el que todos serán momentáneamente burocráticos, pero nadie podrá burocratizarse».(38) En estas propuestas, Trotsky agregaba además el elemento fundamental de la necesidad de la extensión en nivel internacional de la revolución: dada la imposibilidad de construir el «socialismo en un solo país», la única barrera contra la burocratización es, en última instancia, la revolución internacional, que es precisamente a lo que se opuso el estalinismo tanto teórica como activamente, al menos desde 1924.

Una crítica de este tipo al sistema burocrático y a la concepción contrarrevolucionaria stalinista nunca fue mencionada por los dirigentes reformistas del PCCH que, por el contrario, no tenían intención alguna de transformar las funciones de control y vigilancia de la burocracia en roles eventuales no privilegiados ni construir un movimiento internacional para la expansión de la revolución. Y cuando, desde el movimiento de los escritores, Vaculik presentó el problema de la democracia obrera, los dirigentes del Partido lo acusaron de romanticismo. De manera extremadamente contradictoria, el integrante reformista del PCCH trató de limitar las fallas y los excesos del Estado burocrático sin siquiera llevar adelante una batalla frontal con la burocracia. La democracia obrera, a través de la creación de los comités de fábrica, fue tolerada pero no impulsada por el Partido Comunista de Dubček: la tendencia a no renunciar a la dirección del proceso productivo para darla a la clase obrera sino manejarlo burocráticamente desde arriba, a través de un sistema mixto de cogestión, con poder de veto de parte del Estado, indicaba claramente la tendencia de la burocracia a querer sobrevivir a la crisis que ella misma había generado. Y, en el momento más alto de la resistencia de las masas, a comienzos del ’69, cuando finalmente se reconstruyó una coordinación de consejos de fábrica representativo de un millón o más de obreros,(39) que podría haber incidido de manera diferente en el resultado de la resistencia checoslovaca, la clase obrera se encontró, en lugar del partido revolucionario para dirigirla, los pedazos del partido reformista para contrarrestarla.

Notas:

(1) PACINI, G. (Org.), La svolta di Praga. Raccolta di documenti [La vuelta de Praga. Colección de documentos], Samonà e Savelli, 1968, p. 26.

(2) Ídem, p. 27.

(3) MOSCATO, A. “La tragedia di Praga 1968”, disponible en:

http://antoniomoscato.altervista.org/index.php?option=com_docman&task=cat_view&gid=33&limit=50&limitstart=0&order=name&dir=DESC&Itemid=62

(4) PACINI, G. op. cit., p. 27.

(5) Ídem, pp. 37-38.

(6) MOSCATO, A. op. cit.

(7) PACINI, G. op. cit., p. 30.

(8) Ídem, p. 31.

(9) Ídem, p. 210.

(10) MANDEL, E. The social, economic and political background of the Czechoslovak crisis, 1969, disponible en: https://www.marxists.org/archive/mandel/1969/xx/czech.html (traducción a cargo del autor del artículo).

(11) MANDEL, E. op. cit.

(12) Ibídem.

(13) MOSCATO, A. op. cit., p. 3.

(14) PICHECA, G. Cecoslovacchia 1968. Cronaca politica ed interpretazioni a confronto, Università degli studi di Pisa, Interfacoltà di Scienze per la Pace, Corso di Laurea Specialistica in Scienze per la Pace: cooperazione allo sviluppo, mediazione e trasformazione dei conflitti, anno accademico 2009-2010 [Checoeslovaquia1968. Crónica política e interpretaciones del conflicto, Universidad de los Estudios de Pisa, Interfacultad de Ciencias por la Paz, Curso de Licenciatura Especializada en Ciencias por la Paz: cooperación al desarrollo, mediación y transformación de los conflictos, año académico 2009-2010] , p. 12 (disponible en: https://etd.adm.unipi.it/t/etd-06232010-090239/ )

(15) PACINI, G. op. cit., p. 32.

(16) PICHECA, G. op. cit., p. 13.

(17) Ídem, p. 27.

(18) Praga, agosto 1968. Un documento audiovisivo dell’archivio Jiri Pelikan, Archivio storico della Camera dei deputati [Praga, agosto 1968. Un documento audiovisual del archivo Jiri Pelikan. Archivo histórico de la Cámara de los diputados], p. 7, disponible en: http://archivio.camera.it/patrimonio/archivi_privati/guida:ITCD_00400_00009

(19) PICHECA, G., op. cit., p. 45.

(20) FISERA, Vladimir Claude. “1968: la primavera e l’autunno autogestionari di Praga” [“1968: la primavera y el otoño autogestionarios de Praga”] in: Voce libertaria, n. 5, mayo 2008, p. 45.

(21) Praga, agosto 1968. Un documento audiovisivo dell’archivio Jiri Pelikan, p. 232.

(22) MANDEL, E. op. cit.

(23) PICHECA, G. op. cit., p. 51.

(24) SMRKOVSKÝ, Josef . “Le mille parole” [“Las mil palabras”] en: Maledetta Primavera: il 1968 a Praga, numero monografico della rivista eSamizdat [Maldita Primavera: 1968 en Praga, número monográfico de la revista eSamizdat], n. 2-3, año 2009, p. 376, disponible en: http://www.esamizdat.it/rivista/2009/2-3/index.htm

(25) “La lettera di Varsavia” in Maledetta Primavera: il 1968 a Praga, [“La carta de Varsovia” en Maldita Primavera: 1968 en Praga], p. 393.

(26) PICHECA, G. op. cit., p. 86.

(27) RASPONI, L., “Il ’68 in Cecoslovacchia: l’inverno sovietico e la Primavera di Praga” [“1968 en Checoslovaquia: el invierno soviético y la Primavera de Praga”], disponible en: http://www.discorsivo.it/magazine/2013/03/26/il-68-in-cecoslovacchia-linverno-sovietico-e-la-primavera-di-praga/

(28) TROTSKY, L. La rivoluzione tradita [La revolución traicionada], 1936, Ac editoriale, 2007.

(29) MOSCATO, A. op. cit., p. 29.

(30) Ibídem.

(31) FISERA, Vladimir Claude. op. cit., p. 15.

(32) Ibídem.

(33) Ibídem.

(34) Ídem, p. 16.

(35) PICHECA, G. op. cit., p. 148.

(36) Ídem, p. 149.

(37) Ídem, p. 151.

(38) TROTSKY, L. op. cit., p. 123.

(39) FISERA, Vladimir Claude. op. cit., p.16.

Traducción: Natalia Estrada.