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Desde su propia fundación, la LIT-CI siempre se consideró como una herramienta para la tarea estratégica de reconstrucción de la IV Internacional. Esa es nuestra propuesta de fondo a todas las organizaciones revolucionarias con las que hemos iniciado discusiones más profundas. Se trata de una definición fundamental pero, a la vez, insuficiente. Es necesario que avancemos para responder a otros interrogantes relacionados con esa definición: ¿qué tipo de Internacional proponemos construir? ¿Sobre qué bases programáticas? ¿Con que método reconstruirla? ¿Con qué otras organizaciones consideramos posible llevar esta tarea adelante?

Por LIT-CI, escrito en 2008.

En este artículo vamos a intentar responder a estas preguntas, expresando lo que, hasta ahora, solo eran debates y elaboraciones internas. Queremos así abrir un diálogo sobre esta cuestión central, con otras organizaciones y militantes revolucionarios.

El significado actual de la reconstrucción de la IV

Nosotros partimos de reafirmar la necesidad imperiosa que tiene el movimiento obrero mundial de construir una Internacional revolucionaria con influencia de masas. Afirmamos que es la única alternativa para que la clase obrera pueda encabezar una revolución socialista triunfante, e impedir que el imperialismo conduzca a la humanidad a la barbarie. Cuando se fundó la LIT-CI, en 1982, lo manifestábamos de la siguiente manera:

Esta situación, después de más de sesenta años de haber entrado el mundo en la más grande era revolucionaria de su historia, nos remite directamente al problema de los problemas: el de la dirección revolucionaria mundial.

La mayor necesidad material, objetiva, de la humanidad, la revolución socialista mundial, tiene un correlato subjetivo: una dirección revolucionaria mundial. Sin esta, aquella es imposible. Así, la crisis de la humanidad se agudiza día a día sin solución. Afirmamos que, más de seis décadas de revoluciones y contrarrevoluciones prueban inapelablemente que con direcciones burocráticas, sin dirección revolucionaria internacional, hasta los más grandes triunfos del proletariado, los más grandes avances en el camino de la revolución socialista mundial, se trasforman en sus contrarios. La necesidad absoluta objetiva de la revolución socialista mundial se concreta y se encarna en la necesidad absoluta subjetiva de una dirección revolucionaria –no burocrática– internacional.[1]

Creemos que la situación mundial, la ofensiva imperialista, las guerras de Irak y Afganistán, la recolonización de tres cuartas partes de los países del mundo, las políticas neoliberales, la superexplotación de la clase obrera, los campesinos y los sectores populares, por un lado, y la amplia acción revolucionaria de las masas en todo el mundo, que intentan contener sus direcciones traidoras que integran gobiernos burgueses, por el otro, ponen de manifiesto la urgencia de este tipo de organización. En este sentido, reafirmamos más que nunca la actualidad de la motivación fundamental de la fundación de la LIT-CI:

La Liga Internacional de los Trabajadores (Cuarta Internacional) –LIT (CI)– tiene como propósito fundamental superar la crisis de dirección del movimiento obrero mundial y construir la Cuarta Internacional con influencia de masas. Solo así, resolviendo la crisis de dirección del proletariado, la permanente movilización de los trabajadores y explotados del mundo contra el imperialismo y la burguesía podrá culminar con la victoria de la revolución socialista internacional y con la implantación de la dictadura revolucionaria del proletariado.[2]

¿Por qué IV Internacional? ¿Por qué reconstruirla?

Algunas organizaciones revolucionarias, a veces de origen y tradición distintos del trotskismo, acuerdan con la necesidad de construir una Internacional, pero nos preguntan: “¿Por qué reconstruir la IV Internacional si esta nunca dirigió ninguna revolución ni ha tenido peso de masas? ¿Por qué reconstruir una organización que tuvo una fuerte crisis y se dividió en muchas corrientes internacionales y grupos nacionales? ¿Por qué no construir una nueva internacional revolucionaria, la V, o no identificarla con un número?”.

Si bien la cuestión del número puede parecer solo un problema de forma, tiene una significación política importante. Las sucesivas internacionales se fundaron por profundas necesidades de la lucha de clases en el momento de su fundación, y su número las identifica con la época y las tareas históricas que enfrentaron.

La I Internacional correspondió al nacimiento del movimiento obrero mundial, en aquella época esencialmente limitado a Europa, y respondía a la necesidad objetiva del proletariado de agruparse en una Internacional obrera para dar sus luchas de modo más organizado, consciente e independiente de la burguesía. Desapareció como consecuencia de la primera derrota histórica del proletariado mundial, la terrible masacre de la Comuna de París.

La II Internacional fue la organización de los partidos obreros socialistas y marxistas, que por primera vez ganaron peso de masas. El proletariado hizo en sus filas su aprendizaje político y sindical. Sin embargo, muere como organización revolucionaria con la traición de sus dirigentes, cuando cada partido apoyó a su respectiva burguesía nacional en la Primera Guerra Mundial. Esta traición fue un producto, resultado de la aparición de burocracias parlamentarias y sindicales, que se apoyaba en el surgimiento de sectores privilegiados de trabajadores, la “aristocracia obrera”, en los países imperialistas. Ambos sectores, la burocracia pequeñoburguesa y la aristocracia obrera, lograban un nivel de vida superior a la clase gracias a las migajas que sobraban de la explotación de las colonias por parte de sus países imperialistas.

La III Internacional nació como resultado de la reacción a esta traición y fue potenciada por el gran triunfo que significó la Revolución Rusa en que, por primera vez en la historia, el proletariado tomó el poder y construyó un Estado obrero. Fue el primer intento de construir una verdadera dirección revolucionaria internacional, que pudiese conducir a la clase obrera mundial hacia la Revolución Socialista, la victoria internacional sobre el imperialismo y la toma del poder en todos los países del mundo. Por esos objetivos, se constituyó como un Partido Mundial de la Revolución Socialista.

La III se burocratizó y se degeneró como resultado de dos enormes derrotas para la clase obrera mundial: el triunfo del estalinismo en la URSS y del nazismo en Alemania. El retroceso de la revolución internacional llevó al aislamiento de la URSS que, combinado con el atraso económico del país y la desaparición física de un millón de obreros en la guerra civil, propició el surgimiento de una burocracia privilegiada y la degeneración del estado obrero. El estalinismo extendió luego su régimen autoritario a todas las secciones de la III. Por otra parte, la tremenda derrota que significó el triunfo del nazismo en Alemania, facilitado por la traición y la incapacidad del Partido Comunista, que se dejó derrotar sin lucha, consolidó el dominio del estalinismo.

Trotsky luchó denodadamente, desde dentro de la III y sus partidos, contra el avance del estalinismo y la burocratización de la URSS y la III. Durante diez años, él se rehusó a romper con la III y buscó derrotar al estalinismo, para rescatarla como una internacional revolucionaria, defendiendo los principios y las enseñanzas de Lenin. Por eso, la corriente trotskista se autodenominaba los “bolcheviques leninistas” y su corriente tenía el nombre de Oposición de Izquierda, primero en la URSS y luego en la III. Solo después del triunfo del nazismo en 1933, que demostró que el Partido Comunista alemán y la III ya estaban burocratizadas a tal punto que eran incapaces de luchar contra el mayor enemigo de la clase obrera, Trotsky decide llamar a la construcción de una nueva Internacional.

La IV Internacional es una continuidad de la III. Surgió para defender la herencia del marxismo y para luchar contra un nuevo fenómeno contrarrevolucionario en el interior del movimiento obrero: la burocracia estalinista. Al mismo tiempo, mantenía desde su fundación, el mismo objetivo estratégico de la III: dirigir a la clase obrera en el proceso de la Revolución Socialista Mundial.

La IV entró en crisis y estalló a principios de los años ’50. Entre los factores que originaron esta situación está su debilitamiento histórico, resultado de la persecución y eliminación de Trotsky y buena parte de sus dirigentes a manos del estalinismo y el nazismo. Además, se produjo un fortalecimiento relativo de los Partidos Comunistas, por haber dirigido la lucha contra el nazismo, y el surgimiento de los nuevos estados obreros burocratizados, después de la II Guerra Mundial. Pero el factor principal fue la capitulación de su dirección a las corrientes pequeñoburguesas y burocráticas, como el maoísmo, el castrismo, el guevarismo, el sandinismo y otras, que dirigían procesos revolucionarios.

Mantener la propuesta de reconstruir la IV se fundamenta en que la tarea histórica más importante de la época actual (la necesidad de construir una dirección internacional que pueda conducir a la clase obrera a realizar la revolución socialista internacional, que derrote y acabe con el imperialismo e implante la dictadura revolucionaria del proletariado en todo el mundo) sigue más vigente que nunca.

¿Con qué programa reagrupar hoy a los revolucionarios?

Gran parte de los principios y la estrategia revolucionarios para nuestra época están condensados en lo que consideramos nuestras “bases programáticas”: las resoluciones de los cuatro primeros congresos de la III Internacional y el Programa de Transición, votado en la conferencia de fundación de la IV Internacional. Los estatutos de la LIT-CI reivindican de modo explícito esas bases:

La LIT-CI se apoya teórica, programática y políticamente en la experiencia concentrada del marxismo revolucionario: el Manifiesto Comunista, las enseñanzas estratégicas de la Revolución de Octubre y los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista y el Programa de Transición (base de fundación de la Cuarta Internacional) son jalones fundamentales de este desarrollo. (…) Esta continuidad del marxismo revolucionario no tiene el carácter de un sistema dogmático, por lo que se enriquece con todas las experiencias sociales progresivas de la humanidad que conducen a la derrota del imperialismo, la expropiación de la burguesía y la supresión definitiva de las clases.[3]

Es decir, tenemos cimientos sólidos, legados por la III y la IV, que hemos intentado continuar en los documentos fundacionales de la LIT-CI y en otros elaborados posteriormente. Por ejemplo, en el V Congreso, 1997, las Tesis sobre la Reconstrucción de la IV afirmaban: “La tarea de reconstrucción de la IV no es posible abordarla más que desde la reafirmación del marxismo y las bases fundacionales de esta, con todas las actualizaciones que sean necesarias.”[4]

Sin embargo, estas “bases programáticas” resultan insuficientes para encarar las enormes y difíciles tareas de la actualidad. La IV Internacional solo se podrá reconstruir con base en el Programa de Transición. Pero dicho programa tiene que ser actualizado, especialmente a partir de los “sucesos del Este”, marcados por la compleja combinación entre procesos revolucionarios de masas, por un lado, y la restauración capitalista en los países del Este, China, Cuba, etc., por el otro.

Con total honestidad, no creemos que la LIT pueda o deba encarar sola esta tarea central de actualizar el Programa de Transición. Por el contrario, pensamos que es un desafío planteado a todas las corrientes o grupos que se proponen reconstruir la IV para responder al desarrollo de la lucha de clases en este siglo. Esta es nuestra propuesta para establecer un diálogo con otras organizaciones, en la perspectiva de esa reconstrucción.

Algunas líneas divisorias

Al mismo tiempo, creemos que la situación actual de la lucha de clases ya nos da algunas líneas divisorias que se han transformado en ejes de la discusión programática actual. Creemos que los más importantes son:

  1. La posición de los revolucionarios frente a los gobiernos de Frente Popular o populistas de izquierda. Principalmente, frente al gobierno de Hugo Chávez, en Venezuela, una verdadera “prueba ácida” para las corrientes que se reivindican socialistas revolucionarias. Defendemos la independencia de clase frente a todos los gobiernos burgueses, inclusive los de Frente Popular. No participamos en esos gobiernos ni los apoyamos. Por el contrario, nos oponemos a todos ellos. Luchamos que para que la clase obrera no deposite ninguna confianza y preserve su completa independencia de clase frente a gobiernos nacionalistas-burgueses como el de Chávez.
  2. Impulsamos y defendemos la movilización permanente de la clase obrera y sus aliados.
  3. Defendemos la necesidad de luchar contra todas las burocracias y por un régimen de democracia obrera en todas las organizaciones de la clase.
  4. La gran tarea de la clase obrera en esta etapa es tomar el poder, destruir el estado burgués y sus FF.AA., y establecer una Dictadura Revolucionaria del Proletariado.
  5. El Estado Obrero revolucionario por el cual luchamos debe estar basado en consejos obreros, campesinos y populares, y tener un régimen con la más amplia democracia para la clase obrera y la mayoría absoluta del pueblo.
  6. Rechazamos la supuesta “teoría” del “socialismo en un solo país”. La revolución socialista tendrá un carácter internacional, permanente, o estará destinada a retroceder. Si se detiene en las fronteras nacionales será derrotada por la contrarrevolución o, congelada, permitirá la restauración del capitalismo. Esta fue la trágica experiencia de los ex estados obreros burocráticos dirigidos por el estalinismo.
  7. Reafirmamos la estrategia de la Revolución Socialista Mundial para imponer dictaduras del proletariado, derrotar el imperialismo e implantar el socialismo en todo el planeta. Todo estado obrero revolucionario debe tener como su primera tarea impulsar la revolución socialista en todo el mundo.
  8. Destacamos el rol central de la clase obrera como sujeto de la revolución socialista.
  9. Reafirmamos la necesidad inmediata e ineludible de construir una Internacional Revolucionaria.
  10. Defendemos la necesidad de construir partidos nacionales basados en el modelo del Partido Bolchevique (es decir, partidos obreros de combate, basados en el principio organizativo del centralismo democrático) en todos los países del mundo, como secciones de esta Internacional.
  11. Defendemos la moral obrera y revolucionaria. El método y la moral revolucionarios, para nosotros, constituyen un punto del programa. La profunda degeneración de las organizaciones trotskistas, producto de la larga crisis, de las presiones del estalinismo en el pasado y del “aluvión oportunista” en las dos últimas décadas, ha producido también una degeneración metodológica y moral. Hay numerosos ejemplos de esta degeneración, casi todos alrededor de la pelea por el aparato: robo de locales, mandatos parlamentarios y dinero; acusaciones sin pruebas y puras calumnias; agresiones físicas entre organizaciones que se reivindican revolucionarias; ocupación de locales; fraudes en elecciones de organismos del movimiento obrero y popular; incumplimiento de acuerdos financieros, y un vasto etcétera. Nos posicionamos categóricamente contra estos métodos que caracterizan una moral de “vale todo”.
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El régimen partidario

El tema de un régimen partidario centralista democrático es parte fundamental del programa que debemos discutir para la reconstrucción de la IV. En la década de 1930, cuando la [bancarrota] de la III Internacional era ya evidente y varias organizaciones planteaban la necesidad de construir una nueva Internacional revolucionaria, la Oposición de Izquierda Internacional señalaba que el régimen partidario era un problema fundamental para la construcción de una nueva internacional y sus partidos.

Trotsky explicaba que la liquidación de la democracia obrera en los sindicatos, partidos y organizaciones obreras, así como en la URSS, era producto de la presión del imperialismo y las burguesías nacionales a través de la burocracia:

Para la construcción de nuevos partidos y de una nueva internacional se debe prestar mucha consideración al problema del régimen partidario. La democracia obrera no es un problema organizativo sino un problema social. En última instancia, la liquidación de la democracia obrera es consecuencia de la presión de los enemigos de clase por medio de la burocracia obrera. La historia del reformismo en los países capitalistas y la experiencia de la burocratización del estado soviético confirman en igual medida esta ley histórica.[5]

Él denunciaba cómo las diferentes burocracias atacaban y destruían, de distintas formas, la democracia obrera en el interior del mismo movimiento obrero:

La socialdemocracia utiliza un complicado sistema para establecer el régimen que le es necesario; por un lado, expulsa sistemáticamente del partido y de los sindicatos a los trabajadores con tendencias radicales o críticas cuando no puede comprarlos con puestos bien remunerados; por otro, libera a sus ministros, diputados parlamentarios, periodistas y burócratas sindicales de la obligación de someterse a la disciplina del partido. La combinación de la represión, el robo y el engaño permite a la socialdemocracia mantener la fachada de la discusión, las elecciones, el control, etcétera, mientras al mismo tiempo actúa como el aparato de la burguesía imperialista dentro de la clase obrera. A través del aparato estatal, la burocracia estalinista liquidó la democracia partidaria, soviética y sindical, no solo en esencia sino también formalmente. El régimen de la dictadura personal fue plenamente transmitido por el Partido Comunista de la Unión Soviética a todos los partidos comunistas de los países capitalistas. La tarea de los funcionarios del partido es interpretar la voluntad de la cúpula burocrática. Las masas partidarias tienen un solo derecho: callarse y obedecer. La represión, la persecución, el engaño, son los métodos con que comúnmente se mantiene el “orden” en el partido. Por este camino los partidos proletarios marchan a la decadencia y la ruina.[6]

Para Trotsky, el régimen partidario democrático era esencial para lograr la confianza consciente de la base en su dirección, y resaltaba que solo de esta forma se puede tener una firme disciplina que forje al partido como un “ejército de luchadores proletarios”:

Un revolucionario se forma en un clima de crítica a todo lo existente, incluida su propia organización. Solo se puede lograr una firme disciplina por medio de la confianza consciente en la dirección. Para ganarse esta confianza son necesarias una política correcta y también una actitud honesta hacia los propios errores. De allí que el problema del régimen interno sea para nosotros tan extraordinariamente importante. A los obreros avanzados se les debe dar la posibilidad de participación consciente e independiente en la construcción del partido y en la dirección del conjunto de su política. Los obreros jóvenes deben contar con la posibilidad de pensar, criticar, cometer errores y corregirse. Por otra parte, queda claro que un régimen partidario democrático conducirá a la formación de un endurecido y unificado ejército de luchadores proletarios solo si nuestras organizaciones, apoyándose en los firmes principios del marxismo, están dispuestas a combatir irreconciliablemente, aunque con métodos democráticos, toda influencia oportunista, centrista y aventurera (subrayados nuestros).[7]

El carácter obrero de nuestros partidos

Otro problema central de nuestro programa es el carácter de clase que debe tener un partido revolucionario socialista. Los partidos reformistas, burocráticos o pequeñoburgueses reflejan políticamente a la aristocracia y a las burocracias obreras, y a la pequeña burguesía radicalizada, sectores privilegiados que reciben migajas de la explotación imperialista. Por el contrario, el

partido revolucionario debe reflejar a la base obrera, en especial a los sectores más explotados de la clase. Eso significa reflejar no solamente los intereses históricos de la única clase que puede destruir a la burguesía imperialista mundial, sino también los intereses inmediatos de este sector. Pero el partido revolucionario solo podrá hacerlo si, por su composición, refleja a esta base obrera.

En una polémica con la “fracción antidefensista de la URSS” en el interior del SWP de EE.UU., Trotsky, que caracterizaba a esta agrupación como una “corriente pequeño-burguesa dentro del partido”, explicaba el peligro de un gran aflujo de sectores pequeñoburgueses al partido revolucionario y la importancia de tener una composición proletaria en sus filas:

La desintegración del capitalismo, que crea una gran insatisfacción entre los pequeñoburgueses y empuja sus capas más bajas hacia la izquierda, abre amplias posibilidades, pero también encierra graves peligros. La IV Internacional necesita solo aquellos emigrantes de la pequeña burguesía que han roto por completo con su pasado de clase y que están decididamente del lado del proletariado. Este tránsito teórico y político debe ir acompañado de la ruptura con su antiguo ambiente y del establecimiento de íntimos lazos con los trabajadores, especialmente en el reclutamiento y educación de proletarios para el partido. Los emigrantes de la pequeña burguesía que, tras un lapso de tiempo prudencial, se muestran incapaces de instalarse en el medio proletario, deben ser transferidos desde la militancia en el partido al estatus de simpatizantes. Los miembros del partido que no hayan demostrado su valía en la lucha de clases, no deben ocupar puestos de responsabilidad. Un emigrante del medio burgués, por muy inteligente y devoto del socialismo que sea, debe ir a la escuela de [la] clase trabajadora antes de convertirse en maestro. Los jóvenes intelectuales no deben ponerse a la cabeza de la juventud intelectual sino irse unos años a provincias, a centros puramente proletarios, donde puedan realizar trabajo práctico duro. La composición de clase del partido debe corresponder a su programa. La sección americana de la IV Internacional se convertirá en proletaria o dejará de existir (subrayados nuestros).[8]

Le daba tanta importancia a este tema que llegó a decir que el partido podría perder su carácter revolucionario si se llenaba de elementos pequeñoburgueses y no proletarios:

El partido solo tiene una minoría de auténticos trabajadores industriales… Los elementos no proletarios son una levadura muy necesaria, y creo que debemos estar orgullosos de su calidad… pero… nuestro partido puede inundarse de elementos no proletarios y llegar a perder su carácter revolucionario. Por supuesto, no se trata de impedir la entrada de intelectuales por métodos artificiales… sino orientar, en la práctica, toda la organización hacia las fábricas, las huelgas, los sindicatos… (subrayados nuestros).[9]

Tratando de orientar al SWP para que tuviera una política de proletarización del partido, proponía que se orientara hacia la clase obrera y daba una serie de consejos y criterios que, a nuestro juicio, mantienen toda su validez en la época actual, para la urgente e imprescindible proletarización de cualquier organización revolucionaria digna de este nombre:

Un ejemplo concreto; no podemos dedicar fuerzas iguales ni suficientes a todas las fábricas. Nuestra organización local puede elegir, para su actividad en el próximo período, dos o tres fábricas de su área y concentrar allí todas sus fuerzas. Si tenemos dos o tres trabajadores en una de ellas, podemos crear un comité de ayuda de cinco no trabajadores para aumentar nuestra influencia en esa fábrica. Se puede hacer lo mismo en los sindicatos. No podemos introducir no trabajadores en ellos, pero podemos hacer comisiones que ayuden a los camaradas que están dentro con propaganda oral o escrita. Es condición indispensable no mandar a los trabajadores, sino ayudarles; hacerles sugerencias, proveerles de argumentos, ideas, panfletos, etc. Las acciones de este tipo pueden tener una enorme importancia educativa tanto para los camaradas trabajadores como para los no trabajadores, que necesitan una sólida reeducación. (…) Podemos establecer inmediatamente una norma general: un militante que no es capaz de ganar cada tres o seis meses un obrero para el partido no es un buen militante. Si establecemos seriamente esta orientación y verificamos los resultados cada semana habremos evitado un gran peligro: que los intelectuales y trabajadores de cuello blanco acaben por suprimir a la minoría obrera, la condenen al silencio, conviertan el partido en un club de discusión muy inteligente, pero absolutamente inhóspito para los obreros. Hay que elaborar normas paralelas para el trabajo y el reclutamiento de la organización juvenil, pues de lo contrario corremos el riesgo de producir diletantes revolucionarios en lugar de luchadores.[10]

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El método para reconstruir la IV

Las luchas de las masas y la necesidad de darles una respuesta, el desencanto de sectores de las masas con los gobiernos de Frente Popular, la traición de las burocracias, el giro a la derecha de las organizaciones antes centristas, generan una tendencia al reagrupamiento de las organizaciones revolucionarias. Esta tendencia toma forma, en un primer momento, en el anhelo de “unir a todos los revolucionarios del planeta”. Nuestro llamado a reconstruir la IV se basa en esta aspiración.

Sin embargo, ante la dispersión de las corrientes revolucionarias, que ya lleva décadas, surge una primera cuestión: ¿cómo y con qué método llevar a cabo este proceso de reagrupamiento? La segunda cuestión es si este proceso de reagrupamiento debe implicar la unidad sin condiciones de todas las organizaciones que se reivindican revolucionarias, o tienen que existir criterios que orienten los acuerdos necesarios.

Varias organizaciones que han roto con corrientes internacionales que cedieron a las presiones oportunistas o se degeneraron totalmente, y que están buscando un reagrupamiento revolucionario internacional, ven como “natural”, en un primer momento, adoptar el método de “Conferencia Abierta” para reconstruir la IV. Es decir, agrupar a todas las organizaciones que se reclaman revolucionarias para iniciar un proceso de discusión y confluencia.

Nos parece que este método es equivocado. La propia experiencia previa a la fundación de la IV, en la década de ’30, y otras después de su crisis, en los años ’50, demuestra su ineficacia. Trotsky, al analizar las propuestas para construir la IV Internacional en el momento en que se había constituido el llamado “Bloque de los Cuatro”, opinaba así:

La propuesta de citar a una Conferencia a todos los grupos que se reclaman de la Oposición de Izquierda (…) refleja un intento de hacer retroceder la rueca y demuestra una total falta de comprensión de las condiciones y leyes del desarrollo de una organización revolucionaria, y de los métodos de selección y educación de sus cuadros. No solo rechazamos sino que condenamos tal actitud por estar en aguda contradicción con la política organizativa del marxismo.[11]

De lo que se trata es de la elaboración de las bases fundamentales de la política revolucionaria para un largo período. Esta clase de problemas jamás han sido resueltos por conferencias heterogéneas e improvisadas. Por el contrario, la falta de preparación política, la convocatoria apresurada en una atmósfera de desorden, solo servirán para correr el riesgo de aumentar el caos ideológico y la mutua exasperación de los distintos grupos.[12]

La necesidad de acuerdos sólidos

La LIT-CI, y la corriente morenista que le dio origen, siempre ha defendido que los procesos de unificación deben ser sólidos, preparados y discutidos con profundidad y, si es necesario, lentos. En este sentido, proponemos criterios claros. El primero es que la reconstrucción de la IV debe estar basada alrededor de un programa. Es decir, en la comprensión común de la realidad y de las tareas que le proponemos al proletariado para la época y la etapa actuales. El segundo criterio son los acuerdos sobre los hechos fundamentales de la lucha de clases y la acción conjunta en ella. Estos mismos criterios defendía Trotsky, en la década de 1930:

En el terreno de nuestras relaciones con el SAP, el problema debe reducirse al programa, táctica y el régimen del Partido nuevo. Es obvio que lo que se necesita no son fórmulas generales abstractas sino la constatación, sobre el papel, de todas las experiencias de los últimos años, en que participaron ambas organizaciones (…) A los dirigentes tampoco les planteamos mecánicamente los problemas. Les decimos: Antes de llegar a una resolución definitiva sobre nuestra colaboración, que nosotros deseamos lo más estrecha posible, es necesario tener plena seguridad de que compartimos una misma posición respecto de los problemas fundamentales de la estrategia proletaria. He aquí nuestras posiciones fundadas al calor de la lucha de clases en distintos países. ¿Cuál es su actitud hacia estos problemas? Si ustedes no tienen posición definitiva al respecto, tratamos de estudiarlos juntos, empezando por los problemas políticos más inmediatos y candentes. Creo que esta forma de plantear la cuestión no esconde ni pizca de sectarismo. En general, los marxistas no pueden plantearlo de otro modo. Es preciso agregar que estamos dispuestos a colaborar en la acción sin esperar una respuesta definitiva a todos los problemas en discusión.[13]

Finalmente, para desarrollar la discusión, proponía: “Los medios técnicos para examinar los problemas espinosos o no resueltos no son difíciles de hallar: boletín de discusión, órgano teórico conjunto, una serie de discusiones en la dirección y en los grupos de base”.

¿Con quiénes reconstruirla?

Entendemos que la reconstrucción de la IV es una tarea para todos los revolucionarios, no solo para los trotskistas. Hacemos nuestras las palabras de Trotsky cuando afirmaba que, en una IV con peso de masas, los trotskistas podrían ser una minoría. Una IV reconstruida deberá agrupar revolucionarios originados en distintas tradiciones del marxismo, sobre la base del acuerdo alrededor de un programa revolucionario.

En este sentido, mantenemos lo que decíamos en el documento aprobado en nuestro Congreso de 1997: “Afirmamos, no en base a ninguna potencialidad sino a los hechos históricos y a la realidad presente, que la reconstrucción de la IV, y de la LIT-CI para encarar esta tarea, se va a dar sobre la base de la confluencia con individuos, grupos y partidos que no solo no vienen del trotskismo, sino tampoco del marxismo.”[14]

En segundo lugar, esta tarea solo puede hacerse con las organizaciones que quieren construir hoy un partido mundial de la revolución socialista. Evidentemente, no podemos agruparnos con organizaciones que estén en contra de esta tarea. En ese mismo documento de 1997, decíamos: “Las corrientes que vienen del marxismo revolucionario, pero que renuncian hoy a la lucha por la construcción de un partido mundial de la revolución socialista, pueden emprender todas las tareas que quieran, menos la de la reconstrucción de la IV Internacional”.[15]

Tampoco podemos reconstruir la IV con todos los que, reivindicándose trotskistas, han abandonado los principios del trotskismo hace tiempo. Estas corrientes han cruzado la frontera de clase hacia la colaboración y la capitulación a la burguesía. Algunas, como la corriente internacional llamada Secretariado Unificado (SU) usurpan el nombre de la IV Internacional y, si alguna vez aún se reivindican trotskistas, lo hacen únicamente para aprovechar la atracción que la figura de Trotsky y el trotskismo tienen sobre los nuevos militantes revolucionarios que surgen.

Las organizaciones sectarias

Esta propuesta tampoco significa reagrupar a las organizaciones sectarias que se contentan con recitar el Programa de Transición pero son incapaces de encontrar, ni siquiera de buscar, con ese programa, el camino hacia las masas.

El último período ha sido pródigo en generar una infinidad de estas pequeñas sectas, como un fenómeno que expresa una reacción al “aluvión oportunista” y el giro hacia el oportunismo más completo de numerosas organizaciones trotskistas. Sin embargo, se trata de una reacción distorsionada, que provoca todo tipo de deformaciones degenerativas en estas organizaciones.

Como no se trata de un fenómeno nuevo, no es casual que Trotsky haya considerado necesario delimitar claramente, en un capítulo del Programa de Transición, la diferencia entre los revolucionarios y los sectarios. La descripción que hace de ellos mantiene toda su vigencia y se aplica a muchos de estos grupos actuales:

Incapaces de encontrar acceso a las masas las acusan de incapacidad para elevarse hasta las ideas revolucionarias. Estos profetas estériles no ven la necesidad de tender el puente de las reivindicaciones transitorias, porque tampoco tienen el propósito de llegar a la otra orilla. Como mula de noria, repiten, constantemente las mismas abstracciones vacías. Los acontecimientos políticos no son para ellos la ocasión de lanzarse a la acción, sino de hacer comentarios. Los sectarios, del mismo modo que los confusionistas y los magos, al ser constantemente desmentidos por la realidad, viven en un estado de continua irritación, se lamentan incesantemente del “régimen” y de los “métodos”, y se dedican a mezquinas intrigas. Dentro de su propio círculo, estos señores comúnmente ejercen un régimen despótico. La postración política del sectarismo no hace más que seguir como una sombra a la postración del oportunismo, sin abrir perspectivas revolucionarias. En la política práctica, los sectarios se unen a cada paso a los oportunistas, sobre todo a los centristas, para luchar contra el marxismo (subrayados nuestros).

Opinamos que es imposible reconstruir la IV con sectas burocráticas y aparatistas, como la Fracción Trotskista, encabezada por el PTS de Argentina, que han sumado, a las características señaladas por Trotsky, la política de hacer llamados permanentes al “reagrupamiento de los revolucionarios” con la única intención de parasitar a organizaciones trotskistas más importantes y ganarles algunos militantes. Se construyen así, en una especie de “canibalismo político” y deslealtad permanente, y no por la genuina intervención en la lucha de clases.

En especial, rechazamos el método usado frecuentemente por estas organizaciones de practicar el entrismo (y el trabajo fraccional secreto) dentro de las organizaciones [a] las que dicen querer acercarse. El entrismo es una táctica que solo puede admitirse dentro de organizaciones enemigas y oportunistas; no entre organizaciones revolucionarias. Por eso, cualquier intento de reconstruir la IV con estos grupos significará, inevitablemente, la parálisis provocada por interminables luchas internas.

La necesidad de relaciones leales y fraternales

Al señalar esta clara delimitación con los grupos sectarios y su metodología, comenzamos ya a expresar otro criterio fundamental para un proyecto de reconstrucción de la IV. Las relaciones entre organizaciones revolucionarias deben tener como objetivo un acercamiento de posiciones y acciones en común para, en la medida en que haya acuerdos sólidos, avanzar hacia una unificación.

Por eso, es una precondición que esas relaciones se basen en un método común de honestidad, franqueza y lealtad. Es decir, en un marco de respeto mutuo, buscar los acuerdos que nos unen y discutir con total claridad las diferencias que existen. Si existen acuerdos fundamentales, se podrá avanzar hacia una unificación. En caso contrario, aunque no se produzca la unificación, se podrán mantener relaciones fraternales y acuerdos de menor nivel. Reiteramos que este método implica el rechazo al entrismo entre organizaciones que se reconocen como revolucionarias, y a cualquier tipo de maniobras fraccionalistas.

La LIT-CI se pone a disposición de los revolucionarios como una herramienta para reconstruir la IV

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Hasta aquí, hemos señalado los lineamientos programáticos, el método y los actores con los cuáles proponemos reconstruir la IV Internacional. Sin embargo, queda un punto central para discutir: ¿cuál es el marco organizativo desde donde se la puede reconstruir?

Frente a esta cuestión, la LIT se pone a disposición de las organizaciones revolucionarias y militantes revolucionarios de todo el mundo como una herramienta y un espacio democrático para la reconstrucción de la IV.

Nosotros nunca nos definimos ni creemos ser la “única corriente internacional revolucionaria en el mundo”. Recientemente, nos unificamos con otra corriente revolucionaria internacional (el CITO); una organización nacional importante (el PdAC de Italia) recién ingresó a la LIT-CI, y estamos discutiendo con otra organización internacional (la UIT).

Es muy probable que aparezcan otras corrientes revolucionarias nacionales e internacionales que se dispongan a construir una Internacional revolucionaria siguiendo el modelo de la III y la IV, en el marco de factores tales como la agudización de la lucha de clases, y la traición y la crisis de los aparatos y de la gran mayoría de las corrientes internacionales del trotskismo.

Este último factor se reviste de una particular importancia. Algunas organizaciones “trotskistas” pasaron la frontera de clases. Se pasaron a la colaboración, el apoyo o la participación abierta en gobiernos burgueses. Es decir, dejaron de ser organizaciones trotskistas, abandonaron principios básicos del marxismo. Coherentes con esas posiciones, abandonaron la estrategia de la revolución socialista mundial y la tarea de construir la IV Internacional.

El “movimiento trotskista”, considerado como un conjunto de organizaciones y corrientes que, más allá de sus diferencias, mantenían su independencia de los aparatos socialdemócratas, estalinistas, nacionalistas burgueses o pequeñoburgueses, aunque en diversos casos capitulaban políticamente a ellos, se acabó, ya no existe más. La mayoría de sus organizaciones, aunque sigan existiendo o incluso se fortalezcan, ya no son independientes sino apéndices de izquierda del castro-chavismo, de la socialdemocracia o de aparatos nacionales.

En el marco de este giro mayoritario hacia la derecha, la LIT-CI, junto con otras organizaciones, se mantuvo como una organización internacional principista. Estamos abiertos a unificaciones con otras corrientes revolucionarias internacionales, e incluso a integrarnos a otra organización si esta es cualitativamente más fuerte, en la medida en que tengamos acuerdos programáticos y metodológicos.

En lo inmediato, ponemos todo el patrimonio político y militante de la LIT-CI, su estructura de secciones y publicaciones al servicio de la reconstrucción de la IV. En un cierto sentido ya lo estamos haciendo al realizar nuestro IX Congreso, y sus respectivas discusiones precongresales de modo abierto a diversas organizaciones con las que estamos discutiendo.

En las actuales condiciones, la LIT-CI es hoy un “espacio natural” para que las corrientes revolucionarias se integren y actúen internacionalmente, debatan e intervengan en los centros de la lucha de clases, y aporten a la necesaria actualización programática que exigen los cambios en la situación mundial.

Por ello, ponemos nuestra Internacional a disposición de todas las corrientes internacionales u organizaciones nacionales revolucionarias, para que la tomen como un instrumento para construir esta internacional revolucionaria, es decir, para reconstruir la IV.

Esta actitud no representa ningún tipo de autoproclamación. Nosotros no somos ni nos juzgamos la IV reconstruida. Esta es una tarea que está por hacerse y esperamos poder realizarla junto con todos los revolucionarios dispuestos a encararla.

Desde su fundación, esta concepción ha sido expresada en los Estatutos de la LIT-CI:

La LIT-CI no proclama ser la dirección revolucionaria del proletariado mundial ni representa la superación de la crisis actual de la Cuarta Internacional, pero en el momento constituye la única organización mundial democráticamente centralizada que combate con estos propósitos. La LIT-CI reafirma que la crisis de dirección revolucionaria se resolverá en el curso de la movilización de masas, mediante acuerdos y fusiones con otras tendencias y organizaciones que, impulsadas por el ascenso, se comprometan en la lucha contra los aparatos contrarrevolucionarios estalinistas, socialdemócratas, de las burocracias sindicales y las corrientes oportunistas pequeñoburguesas nacionalistas, y contra el revisionismo que se reivindica trotskista pero capitula a ellos.

Democracia y centralismo en la reconstrucción de la IV

Sabemos que, pese a esta declaración, existen organizaciones que tienen reparos con el funcionamiento centralizado de una Internacional. Seguramente, han contribuido a ello las experiencias negativas del pasado. Por eso, creemos que hay que abordar esta discusión.

Al defender la propuesta de una organización que funcione con un régimen centralista democrático, rechazamos la concepción federativa de Internacional. Nos basamos en razones objetivas y subjetivas, históricas y actuales. En las Tesis de Fundación de la LIT-CI, relacionando la situación de la lucha de clases y el régimen de la Internacional, expresábamos:

Afirmamos que la necesidad de dirección internacional, de estructurar una organización con centralismo democrático, tenderá en el futuro a crecer, y no a disminuir. Esto es así porque la situación objetiva –el derrumbe y desprestigio vertiginoso de los aparatos– está abriendo al trotskismo oportunidades como jamás las tuvo. Grandes corrientes que rompen con los viejos aparatos y que se radicalizan navegan objetivamente hacia el puerto del trotskismo: Estas grandes oportunidades implican igualmente los más grandes peligros.

En esas mismas Tesis, no por casualidad, se explica cómo la terrible experiencia de la larga crisis de la IV Internacional, las desviaciones revisionistas y el nacional trotskismo, obligaron al trotskismo principista a una “larga marcha” de décadas para reconstruir una organización internacional:

Por último, afirmamos que, sin excepción alguna, todas las experiencias de federalismo o de trotskismo nacional han terminado en el basurero de la historia. Queremos, como es nuestra norma, llamar a las cosas por su nombre: Federalismo es sinónimo de disolución. Federalismo hoy es dejar solo al SU revisionista como única dirección trotskista internacional. Esto significa lisa y llanamente la liquidación. Decimos igualmente que, en ningún lugar del mundo el trotskismo ha conocido hasta ahora un partido federalista que no haya degenerado. Para nosotros, los cursos de Lambert y Healy no son casualidades. No es tampoco casual que el SWP, federalista de toda la vida, sea el partido del SU más corrompido por Castro. En síntesis, tanto la experiencia de esta larga, difícil y retardada marcha por construir una dirección revolucionaria internacional, como el actual panorama mundial de la lucha de clases, nos ratifican en la necesidad de contar con una organización internacional, regida por el centralismo democrático.

Manteniendo esta concepción, creemos que en una Internacional, y así funciona la LIT-CI hoy, actualmente, el polo democrático debe tener el mayor peso. En este sentido, la LIT-CI ya es, y debe serlo cada vez más, un espacio democrático para todas las organizaciones revolucionarias.

En este aspecto, los Estatutos de la LIT-CI, explican que “….hasta que la dirección internacional sea probada en la lucha de clases y asentada en partidos con influencia de masas, las relaciones entre el Comité Ejecutivo Internacional y las secciones se atendrán a las siguientes normas: (…) El CEI no podrá intervenir ninguna sección oficial o simpatizante, ni obligarla a implantar una táctica o línea política u organizativa nacional.

Estamos tan convencidos de la necesidad de este carácter democrático de la LIT-CI que los que hoy somos su dirección estamos dispuestos a ser minoría, si acaso nos unificamos con nuevas organizaciones. Los revolucionarios no luchamos por puestos ni por aparatos sindicales o parlamentarios, ni siquiera por el aparato de la LIT-CI. Luchamos por un programa revolucionario. Si llegamos a sólidos acuerdos programáticos con distintas organizaciones y eso significa ser minoría en la LIT-CI aceptaremos con gusto esta situación, porque significará un salto en la reconstrucción de la IV. Estamos convencidos de que el espacio democrático de esta “nueva LIT” se mantendrá, porque la unificación con estas organizaciones se dará también sobre la base de un método sano y democrático, que seguirá vigente en la “nueva” Internacional unificada.

Llamamos a las organizaciones revolucionarias de todo el mundo a encarar juntos la reconstrucción de la IV Internacional

La LIT-CI está firmemente convencida de que la situación mundial abre nuevas posibilidades para acercarnos a nuestra tarea histórica: la construcción de una internacional revolucionaria, que para nosotros significa la reconstrucción de la IV. La nueva situación de la lucha de clases, la experiencia de la vanguardia y de un sector de masas con los gobiernos de Frente Popular, y el proceso de reorganización del movimiento de masas, abren nuevas posibilidades de reagrupamiento de los revolucionarios. Es decir, de reconstruir la IV.

La LIT-CI y todas las organizaciones que se reivindican revolucionarias y principistas tenemos por delante esta responsabilidad. Estamos llamados a cumplir un rol de vanguardia en este proceso. Es decir, estamos obligados a encarar el desafío y la oportunidad de reconstruir la IV Internacional.

Desde la LIT-CI estamos dispuestos a asumirla y ya lo estamos haciendo. Con esta disposición, hacemos un llamado a todas las organizaciones revolucionarias para que nos unamos en esta tarea, de cuya resolución dependerá la posibilidad de triunfo de la Revolución Socialista Mundial.

Documento de la LIT-CI, del IX Congreso Mundial de la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional: Resoluciones y Documentos (2008). San Pablo: Ediciones Marxismo Vivo. Ed. Instituto José Luis y Rosa Sundermann, 2009, pp. 110-126.

[1] Tesis de Fundación de la LIT-CI, 1982.

[2] Estatutos de la LIT-CI.

[3] Estatutos de la LIT-CI.

[4] Tesis sobre la reconstrucción de la IV, aprobadas por el VI Congreso Mundial de la LIT-CI, 1999, Tesis 15.

[5] “Declaración de la delegación Bolchevique Leninista a la Conferencia de las organizaciones socialistas y comunistas de izquierda”, Escritos, Tomo V, vol. 1, Bogotá: Editorial Pluma, 1979, p. 62.

[6] Ídem.

[7] Ídem.

[8] “Carta abierta al camarada Burnham”, publicada en el libro En Defensa del Marxismo, MIA.

[9] “De un arañazo al peligro de gangrena”, artículo publicado en el libro En Defensa del Marxismo, MIA.

[10] Ídem.

[11] “Tareas y métodos de la Oposición de Izquierda Internacional”, Escritos, Tomo IV, vol. 1, Bogotá: Editorial Pluma, 1979, p. 69.

[12] “La Oposición de Izquierda y el SAP”, Escritos, Tomo IV, vol. 2, Bogotá: Editorial Pluma, 1979, p. 319.

[13] Ídem.

[14] Tesis sobre la reconstrucción de la IV, 1999.

[15] Ídem.