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UNA PRIMERA RESPUESTA A LAS MOVIDAS DE LA “IZQUIERDA”

Reunida en Huancayo, primero, y Lima después, la izquierda reformista ha hecho un nuevo llamado a la “unidad”. En tiempos donde 250 obreras de la limpieza han sido impunemente despedidas en Miraflores, o donde los obreros de Cogorno soportan un cese colectivo tras otro, parece lo más justo.

Por Víctor Montes

Sin embargo, la “unidad” a la que llama esa “izquierda”, no tiene nada que ver, ni con la lucha de los obreros de Cogorno, ni con la de las obreras de limpieza pública de Miraflores. Tampoco con la necesidad de echar abajo el Decreto Supremo 345, que aprobó la “Política Nacional de Competitividad y Productividad” que sirve de base para los recortes a los derechos laborales que quieren imponer Vizcarra y al CONFIEP.

La “unidad” que proclama la izquierda reformista, una vez más, solo tiene un objetivo en la mira: las elecciones de 2021.

¿Qué actitud debemos tomar los trabajadores y trabajadoras conscientes frente a tal invitación?

¿Está mal participar de las elecciones?

Queremos aclarar: no se trata de hacer un debate infantil sobre si es correcto o no participar de las elecciones. Para nosotros está claro que mientras las masas obreras no se lancen a asaltar el poder con sus propias organizaciones, en forma revolucionaria, las elecciones es un camino que hay que transitar acompañándolas. Aún más: son una tribuna que, en la medida de lo posible, debe usarse para luchar por la conciencia de la clase trabajadora y llamarla a la acción contra esas mismas instituciones que conforman la “democracia” de los patrones: el congreso, el poder judicial, las fuerzas armadas, la policía y, claro está, el gobierno.

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Y justamente ahí es donde se hace visible nuestro desencuentro con esa izquierda reformista. Porque para todas esas organizaciones las elecciones son un fin en sí mismo, su objetivo final.

Unidad… ¿Con quién?

Es por eso que cuando hablan de “unidad”, no piensan solo en las organizaciones de la clase obrera: buscan todos aquellos partidos, grupos, colectivos, y un largo etc. que les puedan “sumar” votos. Más si tienen legalidad electoral.

Por eso ni se avergüenzan por el acuerdo que tiene un sector de esa “izquierda” con el Partido Humanista de Yehude Simon, quien fuera primer ministro de Alan García cuando se produjo el Baguazo.

Un proyecto de ese tipo sólo puede replicar lo hecho por Ollanta Humala, a quien esa misma izquierda levantó en hombros como “candidato de los trabajadores”, sólo para terminar gobernando a sangre y fuego en favor de Yanacocha, y pretendiendo imponer la “Ley Pulpín” contra la clase trabajadora.

Como consecuencia, la tan celebrada “unidad” de esa izquierda, ha dejado de lado a quienes se encuentran luchando: los sindicatos contra los ceses colectivos, las bases que pelean por la solución a sus pliegos de reclamo, etc.

Unidad… ¿Para qué?

Y es que si la “unidad” es para las elecciones, abandona el único objetivo que verdaderamente puede unir a los diversos sectores que enfrentan al gobierno y la voracidad de la patronal: la lucha inmediata contra el gobierno.

Si requerimos estar unidos es para enfrentar y derrotar al gobierno. Pero las organizaciones que propiciaron dichos encuentros han preferido mirar a otro lado.

Sólo un día antes de la realización del Encuentro Nacional Popular en Lima, la CGTP tuvo la oportunidad de convertirse en ese frente único que las y los trabajadores necesitamos para derrotar a Vizcarra. Sin embargo, la Asamblea Nacional de Delegados se dedicó a discutir la participación en el mencionado “Encuentro…”, votando una Jornada Nacional de Lucha para el 3 de abril sin conexión alguna con la necesidad urgente de retomar la lucha contra la reforma laboral de Vizcarra y la CONFIEP de inmediato. Y una “huelga general de nuevo tipo” (¿?) sin fecha, a la medida de los cálculos políticos-electorales de su dirigencia.

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¿Qué proponemos?

Para nosotros, desde el Partido Socialista de los Trabajadores, la salida a los grandes problemas que vivimos las y los trabajadores del país, el pueblo pobre del campo y la ciudad es conquistar un gobierno de las organizaciones obreras y populares.

Un gobierno que no se logrará mediante las elecciones, pues es preciso arrancar el poder de las manos a los patrones para ponerlo al servicio de nuestras necesidades.

Por eso construimos la unidad de la clase para luchar hoy contra los ceses colectivos y los ataques del gobierno de Vizcarra.

Por eso levantamos la necesidad de derrotar al gobierno, que es el principal enemigo de toda la clase trabajadora y sus aliados.

Por eso impulsamos la concreción de un plan de lucha nacional donde todas las organizaciones obreras y populares confluyamos contra el gobierno en unidad de acción.

Y por eso, es que no tenemos acuerdo ni participamos del “Acuerdo de Huancayo”, ni de la “Asamblea Nacional de los Pueblos”. Y por el contrario, construimos el PST, como instrumento de lucha consiente por el poder obrero y popular.