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Ante la brutal crisis económica y política que sufre el país millones de trabajadores y jóvenes se preguntan cuál es la salida a semejante desastre. Desde el PSTU venimos planteando que no hay salida si no echamos a Macri y el FMI con la huelga general y la movilización popular. Y que tenemos que imponer un gobierno obrero y popular que aplique un plan socialista, al servicio de las necesidades de los trabajadores. Pero desde gran parte de la izquierda que se reivindica trotskista o revolucionaria plantean en primer término como salida la convocatoria a una Asamblea Constituyente (A.C.), relegando para un futuro vago y muy lejano la pelea por un gobierno de trabajadores. Para presentar como más “revolucionaria” esta propuesta le agregan otros elementos, sería: “libre y soberana” para el PTS o “con poder” para el PO por ejemplo. Pero ¿qué es una Asamblea Constituyente?

Por Luis Maza

Básicamente es una asamblea o convención nacional, convocada especialmente para redactar una constitución o modificar la existente. Se convoca a elecciones de diputados constituyentes y de acuerdo a los votos obtenidos por cada partido se conforma proporcionalmente la asamblea. En nuestro país, según la actual Constitución, la convocatoria la debe realizar el Congreso Nacional con dos tercios de los votos, que reglamenta además la convocatoria y el temario. Una vez establecida la Asamblea, delibera por un período acordado y vota reformas a la constitución vigente o cambiarla por otra. Dado que se ponen en discusión las bases y criterios con que se organiza un país, se puede decir que es la máxima institución democrática que puede existir dentro de la “democracia” capitalista. Allí se puede discutir de todo. Pero lo que no va a cambiar es que el poder del Estado y la economía lo van a seguir teniendo los capitalistas nacionales e imperialistas. Ser los propietarios de las fábricas, bancos, comercios, tierras y medios de comunicación, les permite el control del gobierno, el congreso, sus leyes y la justicia. Allí tienen sus representantes, políticos patronales y funcionarios, que les garantizan sus ganancias y su derecho a la explotación de los trabajadores. Por eso aunque sea “libre y soberana” o “con poder”, la Asamblea Constituyente nunca supera los límites de esta democracia de los ricos, que como cantaban en España en la lucha de los indignados “le dicen democracia y no lo es”. Porque nunca participan realmente ni deciden en ella los que producen y hacen funcionar el país: la clase obrera y los demás explotados, que somos la mayoría de la población.

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Un poco de historia

En nuestro país se realizaron siete Convenciones Constituyentes, empezando por el Congreso Constituyente de 1853, que votó la constitución que con distintas modificaciones sigue rigiendo: en 1860, 1866, 1898, 1949, 1957 y 1994. Todas estas convocatorias tuvieron en común que nunca surgieron del reclamo y la lucha de los trabajadores y sectores populares, sino que fueron impulsadas por sectores burgueses para dirimir algunas de sus diferencias e imponer cambios en las leyes o instituciones que favorecían sus intereses. El ejemplo más reciente es el de la Constituyente de 1994, surgida del Pacto de Olivos entre Menem y Alfonsín, para permitir la reelección de Menem centralmente. Posteriormente, en el 2002, fue Lilita Carrió la que planteó convocar una A.C. luego del Argentinazo con que echamos a De la Rúa. En ese momento la UCR, una de las patas del régimen bipartidista había quedado destruida y el PJ sumido en una grave crisis. La consigna más cantada en las movilizaciones era “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, y ese cuestionamiento abarcaba no solo a los políticos patronales sino también al parlamento, la justicia y las fuerzas armadas y represivas. En el marco de esa situación revolucionaria caracterizada por la brutal crisis económica y política, la movilización permanente de desocupados y sectores medios que se organizaban democráticamente en asambleas, y obreros que ocupaban fábricas que cerraban, el planteo de Carrió buscaba desviar ese proceso a la vía electoral. Buscaba recomponer y legitimar por esa vía las instituciones de la democracia patronal. Y también alejar el riesgo de que surgieran organizaciones democráticas encabezadas por la clase obrera que le dieran un carácter concreto a la perspectiva de un gobierno de los trabajadores. Lamentablemente, al igual que ahora, la mayoría de la izquierda en ese momento (PO, PTS, MST) también impulsó la propuesta de A.C. como salida a la situación, haciéndole el juego.

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Por último es importante aclarar que no rechazamos en general la consigna de Asamblea Constituyente. Como seguramente objetarán compañeros y organizaciones que se reivindican trotskistas o de la izquierda revolucionaria, tanto Lenin, como Trotsky o el fundador de nuestra corriente Nahuel Moreno, han propuesto levantar en determinados procesos revolucionarios esa consigna y también lo ha hecho nuestra organización internacional la LIT-CI (pero siempre supeditada a una consigna de poder obrero en situaciones de ascenso de las luchas). No es la intención de esta nota desarrollar ese debate teórico. Nos limitaremos a señalar que se trata en definitiva de aplicar el criterio leninista del “análisis concreto de la situación concreta”. Una misma consigna o política puede ser correcta o equivocada de acuerdo a cada situación, sin perder de vista en este caso que se trata de una consigna burguesa. Cuando la lucha por reivindicaciones democráticas se plantea como una necesidad fundamental para el movimiento de masas, fundamentalmente bajo regímenes dictatoriales, puede servir como reclamo movilizador que ayude a la derrota del régimen y permita abrir la pelea por el poder para los trabajadores. Esto ocurre especialmente en países de fuerte composición campesina, donde el reclamo de A.C. unifica su lucha por la tierra u otras demandas democráticas, como por ejemplo la lucha contra la opresión nacional. No vemos que sea la situación actual de nuestro país y por eso la consideramos equivocada y opuesta al desarrollo de la tarea fundamental, que es echar a Macri e impulsar la lucha por una Asamblea Nacional de Trabajadores que tome las riendas del país para aplicar un plan obrero y popular.