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El macrismo y los distintos peronismos están en campaña electoral. Son diferentes propuestas, pero con algo fundamental en común: hay que esperar a octubre. Es decir: si Ud. se está muriendo de hambre, sin trabajo, no puede pagar los servicios o el transporte, y no le alcanza para comprar remedios o útiles escolares, no salga a luchar. Espere y recién en octubre vota lo que le guste.

Por PSTU-Argentina

Tenemos que enfrentar esta maniobra, e impulsar la lucha ahora mismo, contra el ajuste y la represión del gobierno, las patronales y el FMI. Y pasarles por arriba a los dirigentes sindicales vendidos, obligándolos a un plan de lucha inmediato.

Sin embargo, en las fábricas y lugares de trabajo, mientras se prepara la resistencia a los ajustes y despidos, así como el reclamo salarial, los compañeros discuten las próximas elecciones.

El Frente “antimacrista” es una trampa

A ningún trabajador se le ocurrirá votar a Macri. Por su parte, detrás de Lavagna asoman Duhalde y Pichetto, los mejores amigos de Macri. Eso despierta gran desconfianza.

Pero con el kirchnerismo es otra cosa. Mantiene una expectativa en la clase obrera. Aprovecha el criminal gobierno de Macri, que nos sume en la miseria, para decirnos que “antes estábamos mejor”.

Los principales dirigentes kirchneristas están a la ofensiva proponiendo un gran “Frente Antimacri” para las elecciones. El argumento es que “hay que sacarse de encima a Macri, y después vemos”, porque “peor que esto no hay nada”. Invitan a ese frente al resto de los sectores peronistas, así como a la izquierda.  Ese argumento resulta atractivo y parece sólido, porque efectivamente este gobierno es antiobrero y entrega nuestro país.

Sin embargo, es una gran trampa para los trabajadores.

Ahora estamos peor que nunca, pero no podemos olvidar que el período kirchnerista no fue ningún paraíso.

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Las empresas de servicios fueron privatizadas por Menem. Si Néstor o Cristina hubieran aprovechado el poder que tuvieron para renacionalizar todas esas empresas, hoy no habría tarifázos. Solo reestatizaron el agua (porque ningún privado quería hacerse cargo) y parcialmente Repsol. Si los trenes y subtes, el petróleo y el gas, la electricidad y todos los servicios esenciales estuvieran en manos del Estado argentino, bajo control de los trabajadores y comisiones de usuarios,todo sería distinto. Pero no lo hicieron. Con Cristina recibían subsidios enormes –plata que no iba a salud, jubilaciones, ni educación- y se llenaron de plata. Y ahora siguen ganando fortunas con sus tarifas impagables.

Nos dijeron que la deuda externa era un problema del pasado. En 2010 festejaron, a la par del Bicentenario, la Segunda Independencia de América Latina, junto con Evo, Chávez, Correa y Lula. Nos mintieron porque Argentina nunca salió del FMI. Durante el kirchnerismo se pagó más de 150.000 millones de dólares en concepto de intereses. Claro que el nuevo acuerdo con el FMI agrava las cosas. Pero la deuda externa se pagó y asfixió a la economía argentina durante todo el gobierno kirchnerista. Nunca nos libramos del Fondo.

La precariedad laboral se mantuvo, así como los convenios a la baja y los “contratos basura”.

La escalada represiva de Macri tuvo sus antecedentes en la Ley Antiterrorista, el Proyecto X (de vigilancia a los luchadores) y el genocida Milani a la cabeza del Ejército.

Los beneficios a las multinacionales que Macri representa fueron importantes durante el kirchenrismo. Mineras, petroleras y automotrices gozaron de fuertes beneficios y subsidios. Esas multinacionales que hoy saquean el país, lo hicieron también durante el período kirchnerista.

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En relación a las reivindicaciones de la mujer, Cristina se pronunció siempre contra el derecho al aborto. Y ahora mismo quiere unir a “celeste y verdes”, como si no fueran posiciones irreconciliables ante la gravedad de la muerte por la clandestinidad. No hay forma de unir eso más que claudicando a la Iglesia y traicionando la lucha por los derechos de la mujer. No hay garantía de acceder a la legalización del aborto seguro, libre y gratuito, a través de hospitales públicos, votando a Cristina.

Y esto sin contar los numerosos casos de corrupción que conocemos. El hecho de que el macrismo los utilice electoralmente, no puede ocultar las muertes en el Ferrocarril Sarmiento, ni las valijas del convento, ni todo lo que robaron al Estado numerosos dirigentes kirchneristas.

Los políticos kirchneristas y la propia Cristina nos quieren convencer que la única salida es votarlos a ellos para vencer a Macri.

No podemos caer en esta trampa. El kirchnerismo no es la salida. Es más de lo mismo que ya vivimos, para volver a empezar, girando en círculos durante décadas, con las mismas multinacionales saqueando todas nuestras riquezas, pagando la deuda eterna al FMI y los bancos y permitiendo la continuidad de la injusticia hacia los derechos de la mujer, así como la decadencia –más rápida o más lenta- de la salud, la educación y el nivel de vida del pueblo.  ¿Ud. se imagina si hubiera ganado Scioli? ¿Los trabajadores y el pueblo estaríamos bien, nuestro país desarrollándose y se habría terminado el saqueo? De ningún modo. Estaríamos en la misma espiral decadente.

No podemos seguir votando por el “mal menor” y condenando a las futuras generaciones a esa situación.

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Para repudiar a Macri necesitamos una propuesta revolucionaria, que proponga un cambio profundo, socialista.

Necesitamos una alternativa obrera y socialista

En las elecciones se discute qué país queremos. Los trabajadores odiamos todo lo que Macri representa. Necesitamos algo diferente, que solo puede venir de un cambio revolucionario, un gobierno de los trabajadores que pelee por una segunda y definitiva independencia, que imponga un programa de gobierno obrero y popular para beneficio de la gran mayoría. El voto en octubre debe estar al servicio de esa perspectiva, al servicio de las luchas obreras, de parar el saqueo y de liberar a los presos por luchar como Daniel Ruiz.