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La prisión del expresidente Michel Temer generó una extraña discusión en el interior de la izquierda y de las organizaciones de la clase trabajadora[1]. Pasando por encima del hecho de que estamos hablando de uno de los mayores corruptos – ladrón de recursos públicos – que este país ha tenido, una parte importante de la izquierda ve en el episodio “motivo de preocupación”. Falta amparo en la ley, alegan, para la prisión efectuada. Está en juego el “Estado Democrático de Derecho”. dicen. Quien celebra esta prisión “no está entendiendo nada”, insisten, pues está apoyando algo que podrá ser usado contra él mismo en el futuro.

Por: Zé Maria – PSTU Brasil

Llega a parecer increíble, en un país como Brasil, oír argumentos así de dirigentes de izquierda y líderes sindicales importantes. En realidad, en el escenario de disputa política instalado en el país entre fracciones diferentes de la burguesía, estos compañeros asumen el discurso de uno de los sectores del gran empresariado (y sus representantes en el “mundo político”) Y se olvidan de los intereses de la clase a la que dicen representar: la clase trabajadora. Me explico enseguida, con dos argumentos.

La justicia en Brasil siempre fue la justicia de los ricos, contra los pobres

El primer argumento es que la defensa de una “Justicia” que sea verdaderamente “justa” o del llamado “Estado Democrático de Derecho”, usada para contraponerse justamente a la prisión de un pez grande de la corrupción, no tiene ningún sentido. En Brasil – en el capitalismo, además – nunca hubo justicia “justa”, ni el tal “Estado Democrático de Derecho”. Ni va a haber. No para los pobres, para la clase trabajadora, que la izquierda y estos dirigentes dicen representar.

No voy a hablar aquí de las decisiones sistemáticas y constantes de los tribunales del país para “legalizar” ataques de las empresas contra los derechos laborales o a derechos que la Constitución Federal nos garantiza. Ya que el asunto es prisión, quiero hablar de presos. Son más de 700 mil en nuestro país. De estos, cerca del 30% (¡más de 200 mil!) nunca fue juzgado. Están en prisión porque algún Policía Militar (PM) o comisario de policía los mandó para allá. Ni acusación existe contra muchos de ellos. ¡Están presos porque son pobres y porque son negros!

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Pregunto: ¿De qué “Estado Democrático de Derecho” se habla cuando se quiere cuestionar la prisión de Temer? ¿De este, que mantiene más de 200 mil pobres presos hace años y años sin ningún juicio? ¿Por qué la discusión no es sobre eso, que es de hecho una barbaridad? ¿Será que es porque esa situación se mantuvo, en realidad se agravó, incluso durante los gobiernos del PT y sus aliados?

Que la burguesía y sus portavoces en los grandes medios de comunicación vengan con esa de “Estado de Derecho” cuando quieren impedir que la policía prenda a los suyos, se puede hasta entender. Se trata de pura hipocresía, pero la burguesía es hipócrita. Ya sectores de izquierda con ese mismo argumento, es de causar vergüenza ajena.

¿Esta violencia institucional puede usarse contra quien celebra la prisión de Temer? Seguramente. ¡Además ya se usa y siempre se usó contra nuestro pueblo! Lo nuevo aquí es que, por la crisis de los de arriba, ahora están agarrando algunos peces grandes (no solo Temer). ¡Sí, hay que celebrar! Y más, hay que exigir la prisión de los demás ladrones de recursos públicos. Faltan Alckmin, Serra, Aécio, Renan, Romero Jucá, Jader Barbalho, Flávio Bolsonaro (con Queiroz y sus milicianos) y un largo etcétera. Hay que encarcelar y confiscarles los bienes a todos los corruptos y a los corruptores también. Se trata de un problema democrático, no tiene sentido usar la defensa de la democracia como argumento para defender la postura blanda con los corruptos.

Otra cosa, muy diferente de esa, es la defensa de las libertades democráticas que este gobierno amenaza – con la defensa que hace de la dictadura, de la tortura, de la acción de las milicias y, por tanto, de acciones paramilitares contra organizaciones de clase, activistas y militantes (por ejemplo, el caso de Marielle y Anderson en Rio de Janeiro). Ante estos ataques, todos tenemos que estar contra, con todas nuestras fuerzas. Pero ese no es el caso de la prisión de Temer. Este ciudadano no está teniendo sus libertades democráticas amenazadas. El problema aquí es por qué demoró tanto su prisión.  ¿O no es eso de lo que el país entero (nosotros de izquierda, incluso) reclamaba cuando el Congreso Nacional negó la autorización para procesarlo? ¿Qué cambió?

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Vamos a la batalla para impedir la aprobación de la reforma de la Seguridad Social

El segundo argumento es la lucha contra la reforma de la Seguridad Social. Al contrario de lo que algunos dicen, esa prisión puede crear mejores condiciones para avanzar en la lucha para impedir la aprobación de esta reforma. Nuestro papel – de la izquierda y de los sindicatos – no es preocuparnos con la “injusticia” que pueda estarse cometiendo contra el hombre que le impuso una reforma laboral a nuestra clase en 2017. Para nosotros, mientras más “se maten entre ellos”, mejor, porque más debilitados estarán.

La prisión aumenta la crisis de los de arriba. Desestabiliza la ya tambaleante articulación política del gobierno en el Congreso, divide todavía más al ejército gobiernista y al gran empresariado, que controlan el parlamento. Necesitamos aprovechar esta situación para avanzar. El día de lucha del pasado 22 de marzo fue muy fuerte en todo el país. Es expresión de que ya comenzó el cambio, el gobierno pierde apoyo en el interior de la clase trabajadora muy rápidamente, pues no solo se ha mostrado caótico, sino que ataca violentamente los derechos de los trabajadores – que comienzan a mostrar su capacidad de reacción.

Están cada vez más presentes las condiciones para una gran huelga general, que pare el país y le imponga una derrota categórica a este gobierno, forzando el rechazo de la reforma de la Seguridad Social en el Congreso Nacional. Este tiene que ser el foco de la izquierda y de los dirigentes sindicales, especialmente de la cúpula de las centrales sindicales. Es necesario intensificar la denuncia de esa reforma, preparar a la base para la lucha, con asambleas, reuniones, formación de comités de lucha, en los locales de trabajo y en los barrios.

La responsabilidad de la cúpula de las centrales sindicales

Insisto en este tema, aún ya entrando en otro asunto, porque todavía hay dirigentes sindicales que, frente a la violencia de los ataques del gobierno Bolsonaro (entre ellos, la MP 873, que afecta directamente a los sindicatos), se dan por vencidos y quieren negociar cualquier migaja en el Congreso Nacional. Este tipo de conducta llevó a estos mismos dirigentes, en 2017, a actuar para impedir la ocupación del Congreso Nacional en mayo y al desmonte de la huelga general marcada para junio. Querían negociar en el Congreso la manutención de la contribución sindical. Trajo como consecuencia la aprobación de la reforma laboral y el fin de la contribución.

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No podemos dejar que se repita la misma novela. Si estos dirigentes no creen en la fuerza de la lucha de la clase trabajadora, cabe a quienes creen y a los sindicatos de base de cada central presionar, exigir una conducta adecuada de las grandes centrales sindicales: definir un plan de lucha común y nacionalmente centralizado, que conlleve a la construcción de la huelga general que necesitamos para derrotar a Bolsonaro e impedir la aprobación de la reforma de la Seguridad Social. Solo así, también crearemos condiciones mejores para defender los sindicatos.

Traducción: Davis.

Nota:

[1] Temer fue liberado de manera relámpago, pasando solo 4 noches en prisión preventiva; sin embargo, ese hecho no cambia el sentido de la polémica que se abrió en la izquierda a raíz de ese hecho, ndt.