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En Argentina, durante el mes de enero, se desató un conflicto obrero por 14 despidos en la fábrica de parabrisas Pilkington, quien es proveedora fundamentalmente de la automotriz Toyota. Sin causa y sin crisis ni reducción de producción aparente, en medio de sus merecidas vacaciones, estos obreros recibieron su telegrama de despido y decidieron organizarse para luchar por su reincorporación.

Por PSTU-Argentina

Así fue que comenzaron a funcionar en reuniones permanentes y de la mano de esta decisión, también sus compañeras de vida decidieron crear la Comisión de Mujeres que se abocó fundamentalmente a organizar el fondo de lucha y llevar el conflicto a todos lados.

Nuestro partido, el PSTU de Argentina, inmediatamente y desde el primer día, estuvo a disposición de esta pelea.  Muchos fueron los debates políticos y metodológicos que fueron saliendo a la luz entre las corrientes políticas que actuamos allí, fundamentalmente con el Nuevo Mas (NM). En esta nota, queremos abordar uno de ellos referido a la cuestión del combate al machismo dentro de la clase obrera y aún más, en medio del enfrentamiento entre los obreros y la patronal por la reincorporación a través de la lucha.

¿Combatir el machismo divide la lucha?

La denuncia pública y legal que pesa sobre uno de los trabajadores despedidos por haber violentado física y económicamente en reiteradas oportunidades a su ex compañera y a sus hijos, desató un importante debate en el conflicto: ¿es necesario e importante combatir el machismo aun cuando existe un conflicto obrero en curso? Para el Nuevo Mas (NM), parece que solo en las declaraciones. Ya en 2017, la organización de mujeres Furia Feminista había buscado por esta cuestión la solidaridad del NM (en ese momento, Comisión Interna de la fábrica) y de su organización de mujeres, Las Rojas.

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Como nunca obtuvieron una respuesta, recurrieron al método del escrache en la puerta de la planta para visibilizar la cuestión. Apenas comenzado el conflicto, la denuncia de la organización Furia Feminista llegó a las compañeras de Lucha Mujer a través de una carta dirigida a nuestra organización, a la Asamblea de Trabajadores y la Comisión de Mujeres de Pilkinton.

Era necesario y urgente hacerla llegar a quienes iba dirigida y poner la cuestión sobre la mesa para que sean las organizaciones que los trabajadores habían creado quienes investiguen las denuncias formuladas.

Hubiera sido fundamental al menos escuchar a quienes hacían la denuncia en cuestión, y tomar las medidas que los trabajadores creyeran correctas. Lejos de impulsar esta política, fueron los referentes del NM quienes se negaron rotundamente a tratar la cuestión con el argumento de creerle a priori al trabajador acusado y de afirmar que “los problemas privados no tienen que discutirse entre todos”, aprovechando para montar una campaña furiosa contra el PSTU y Lucha Mujer, acusándonos de querer “reventar y dividir el conflicto”.

Con el falso discurso de mantener la unidad, siguen fomentando que seamos las mujeres violentadas quienes tengamos que seguir calladas en la “privacidad” de nuestras casas.

Una política de clase para fortalecer el combate al machismo

Lejos de dividir la lucha, tomar en sus manos un tema que muchas veces se esconde y se niega, hubiera fortalecido la pelea de conjunto, dando confianza entre los mismos compañeros. Hacer los debates entre compañeros y luchadores nos fortalece para continuar avanzando de conjunto.

Es el machismo y la violencia que este sistema genera quien nos impide muchas veces pelear hombres y mujeres juntos, y los revolucionarios tenemos que ser pacientes pero implacables con nuestros compañeros en este combate. Lamentablemente, también en este terreno, la política del NM va a contramano de una postura principista y de verdadera unidad de la clase, donde las mujeres dejemos de ser violentadas y podamos asumir nuestro rol en la lucha junto a los nuestros.

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