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En los últimos días tuvimos la oportunidad de acompañar un debate pertinente y al mismo tiempo interesante. Pertinente porque, según los contendores, versaba sobre la “estrategia” que los socialistas revolucionarios deben adoptar ante el gobierno de ultraderecha de Bolsonaro en el Brasil. Interesante porque ambos polemistas, con sagacidad, intentaban empujarse el uno al otro más a su “derecha”.

Por Daniel Sugasti, 28/03/2019.

En apretada síntesis, Valter Pomar [de un sector dicho de izquierda dentro del PT brasileño] critica a Valério Arcary [de la corriente Resistencia del PSOL] diciéndole que la estrategia de los socialistas revolucionarios en la actualidad no debe resumirse a “bloquear” los intentos bonapartistas del gobierno de Bolsonaro en cuanto a atacar los derechos económicos y coartar las libertades democráticas, sino que, cuando hablamos de estrategia, siempre según el petista, no podemos referirnos meramente a la derrota de los planes o incluso al derrocamiento de tal o cual gobierno burgués –ya que esto es invariable– sino a lo que queremos construir “después”; es decir, la categoría estrategia significa tomar el poder para comenzar a construir el socialismo, como primer paso hacia la sociedad comunista.

Así las cosas, algunos lectores, sobre todo si están fuera del Brasil, podrían quedarse con la impresión de que Pomar consiguió ubicarse más a la “izquierda” que Valério Arcary, al plantear el problema en términos aparentemente más ortodoxos. Pero esto no es así, como intentaremos demostrar más adelante.

En primer término porque Pomar, aunque escriba sobre “estrategia socialista”, no tuvo ningún problema en defender durante 13 años los gobiernos burgueses encabezados por el PT, que comandaron el país con y para la gran burguesía brasileña y el imperialismo, atacando derechos y reprimiendo a la clase trabajadora ¿Qué tiene que ver esta política con la estrategia de alcanzar el socialismo?

Pero, para no quedarnos simplemente comentando opiniones ajenas, y porque el tema de esta polémica tiene una importancia fundamental, plantearemos nuestra posición de entrada.

Nuestra estrategia es, efectivamente, la toma del poder por el proletariado industrial acaudillando a los demás sectores explotados y oprimidos por el capitalismo. Es la toma del poder para destruir el Estado burgués y la sociedad burguesa como un todo, construyendo en su lugar un Estado obrero basado en el régimen de la dictadura revolucionaria del proletariado que, a su vez, inicie la edificación del socialismo. El socialismo, para nosotros, será mundial o no será socialismo. Por eso, la toma del poder en un país estará desde el principio al servicio de desarrollar la Revolución Socialista Mundial hasta la derrota definitiva del imperialismo y, así, abrir paso a la instauración de la sociedad comunista, sin clases ni Estado.

¿Cómo se concreta esta estrategia en lo cotidiano? En una lucha mortal, por la vía de la movilización permanente de la clase trabajadora, contra cualquier gobierno– sea normal o supuestamente progresista– y régimen burgueses –sea democrático-parlamentario o dictatorial–, planteando un programa de transición hacia el socialismo, una alternativa obrera y revolucionaria.

¿Y qué significa esto en el Brasil de hoy? Significa que los revolucionarios debemos enfocar toda nuestra energía en la organización independiente de la clase obrera y de los demás sectores explotados y oprimidos para derrotar no solo los ataques sino, en esa misma dinámica, derrocar el gobierno reaccionario y agente directo y descarado del imperialismo –que representa Bolsonaro– por la vía revolucionaria, esto es, por medio de la acción directa de la clase obrera y de las masas, sin pautar nuestras acciones o política por ningún calendario electoral. En este sentido, hay que impulsar la más amplia unidad de acción y el frente único obrero –para la lucha callejera, no para las elecciones– para derrotar sus ataques, desarrollando el enfrentamiento y exacerbando la lucha de clases hasta que las condiciones planteen la caída del gobierno de Bolsonaro y, en ese proceso, abrir el camino rumbo al poder de los trabajadores. Esta política para la acción es indisoluble de presentar por todos los medios disponibles un programa de transición hacia la revolución socialista, haciendo también propaganda y organizando a la clase obrera rumbo a la construcción de sus propios organismos de poder. En suma, significa trabar, en el mismo plano, la lucha económica, política e ideológica, como parte de un único proceso que no se separa en etapas infranqueables, tal como siempre enseñaron los maestros de socialismo científico.

Implica impulsar la lucha concreta de manera ininterrumpida hasta la toma del poder por parte del proletariado organizado democráticamente en sus propios consejos obreros y populares. Coherente con esa estrategia, además, es indispensable construir un fuerte partido revolucionario, socialista, y democráticamente centralizado en el seno de la clase obrera y de los sectores populares, que a su vez sea parte de una Internacional leninista; estas herramientas, para nosotros, en el Brasil se materializan en el PSTU como parte integrante de la LIT-CI.

Ni el PT ni el PSOL tienen una estrategia revolucionaria

En el debate entre Pomar y Valério ciertamente hay cosas con las que uno no puede discordar.

Por ejemplo, cuando Pomar le espeta a Valério que dejó “en la heladera la lucha por el poder y la lucha por el socialismo”[1] y que ahora hace “de la cuestión democrática la cuestión central de la estrategia”[2], ¿qué podemos decir sino que el petista está en lo cierto?

Valério escribe: “no estamos en una situación revolucionaria, al contrario, ella es reaccionaria. No se trata de luchar por el poder. Se trata de luchar para bloquear un gobierno de extrema derecha con peligrosas inclinaciones autoritarias”[3]. Luego reduce todavía más esa estrategia y nos dice que de lo que se trata es, a lo sumo, de “derrotar a Bolsonaro, si es posible intentar derribarlo”[4]. En síntesis: “frente al gobierno Bolsonaro la estrategia hoy debe ser defensiva, en función de la situación reaccionaria”[5].

Pomar sentencia que “si Valério continua en esta línea de argumentación y algún día viene para el PT (¿quién sabe?), no estaríamos del mismo lado. Sería óptimo: terminar de nuevo juntos en el mismo Partido, el Partido de los Trabajadores, con Valério en el ala derecha[6]. Una vez más, aunque resulte entretenido leer esto, reconocemos que no es imposible llegar a concordar con este razonamiento.

De la misma forma, Valério dice la verdad cuando le responde que: “la posibilidad de derribar a Temer existió hace dos años. Pero la mayoría de la dirección del PT abrazó la estrategia del ‘Feliz 2018’, excesivamente confiada […] Apostaba que Lula podría no ser condenado, y si fuese condenado no sería preso y, si fuese preso aún así podría ser candidato. Y todas estas previsiones se demostraron equivocadas. Por excesiva confianza en las instituciones del régimen, y por subestimación del peligro de la candidatura Bolsonaro”[7]. En otras palabras, que la política del PT de contener las luchas [para centrarse en el “Lula Livre”, agregamos nosotros], pavimentó el camino a la victoria de Bolsonaro.

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Es más, quién podría discrepar de Valério cuando le señala a Pomar, que dice defender una estrategia socialista basada en la toma del poder por parte de la clase trabajadora, acerca de que el cercano 7º congreso del PT brasileño dudosamente aprobará una línea de oposición frontal a Bolsonaro y que, mucho menos, podría pensarse que “el PT abrace la estrategia socialista y revolucionaria que Valter defiende”[8]. Es decir, cuando más o menos le dice: si andas por ahí jactándote de ser un socialista revolucionario, ¿qué estás haciendo en el PT?

Sin embargo, como planteamos antes, la concepción de “estrategia socialista” que plantea Pomar convivió y convive perfectamente con la “táctica” de participación y el apoyo a gobiernos capitalistas, o sea, enemigos de los trabajadores, como los de Lula, Dilma, Chávez, o cualquier otro que juzgue como “progresista”.

Así que no nos engañemos. A pesar de la cortina de humo que este tipo de polémicas pueda arrojar, tanto Pomar como Arcary tienen muchas más coincidencias que discordancias.

Tanto el PT como el PSOL sostienen el análisis de que existe una situación defensiva a partir del supuesto “golpe reaccionario” que derrocó a la petista Dilma Rousseff en 2016 y que permitió la llegada a la presidencia de su entonces vicepresidente, el mafioso Michel Temer.

Manuela (PCdoB), Lula (PT), Boulos (PSOL) en un acto electoral.

Este análisis fue esgrimido en innumerables ocasiones para frenar las luchas. Semanas antes de la histórica huelga general del 28 de abril de 2017, Valério decía ante los activistas de la CSP-Conlutas que proponer, en medio de la supuesta situación defensiva, era poco menos que un delirio. Felizmente, la clase obrera y los sectores populares no siguieron los consejos ni de la CUT-PT ni de la CTB-PCdoB ni de Valério y en esa fecha pararon el país.

Entre mayo y junio de 2017, el gobierno de Temer estaba en la cuerda floja. Denuncias probadas de corrupción que ligaban a Temer con la empresa JBS de Joesley Batista generaron tal escándalo que la caída de ese gobierno, con un índice de aprobación por los suelos, estaba planteada. Aécio Neves [PSDB] también fue flagrado pidiendo R$ 2 millones a la JBS. Sin embargo, el PT votó contra la pérdida del mandato parlamentario de Aécio [cargo que lo blinda jurídicamente] y nada hizo cuando se evitó, en dos ocasiones, que las denuncias de corrupción contra Temer ni siquiera fuesen investigadas. Lula, entonces en libertad, en el nordeste del país decía que no era hora de defender el “Fuera Temer”. La estrategia del PT era nítida: no derrocar a Temer por medio de la lucha sino desgastarlo para, en teoría, capitalizar ese desprestigio en las elecciones de 2018. El PT defendió el “fica Temer” [que se quede Temer] cuando ese mafioso pasaba sus peores horas.

El 24 de mayo de 2017 se dio una batalla campal frente al Congreso Nacional en Brasília, con la CSP-Conlutas, el PSTU y otros sectores combativos a la cabeza del enfrentamiento con la policía. La inestabilidad era tal que la posibilidad de llamar a una segunda huelga general, no solo para derrotar la reforma laboral sino para echar a patadas al corrupto Temer, estaba planteada de manera concreta. Esta huelga incluso fue llamada para el 30 de junio, pero poco antes fue desconvocada por las burocracias sindicales a cambio de negociaciones mínimas en la redacción de la reforma laboral, que terminó siendo aprobada. Una traición del PT y de los demás partidos del Frente Brasil Popular en toda la línea[9].

El fracaso de los gobiernos del PT, que controlaron el país aliados con sectores de la gran burguesía y al servicio del imperialismo, abrió una crisis económica y social –con más de 12 millones de desempleados hasta hoy–, que generó una ruptura progresiva y masiva con ese partido por parte de la clase obrera y otros sectores populares, alcanzando incluso amplias camadas medias de la sociedad. La contradicción fue que, electoralmente, ese enorme descontento con Lula, Dilma, y con el PT como un todo, lo capitalizó un fenómeno de extrema derecha, encabezado por Bolsonaro.

Así, Bolsonaro no solo es producto de los desastrosos 13 años de gobiernos petistas, sino de la política concreta del PT, de las burocracias sindicales, y también del PSOL, de no apostar en la lucha directa de clase obrera y de los demás sectores explotados entre 2016-2017 para derrocar a Temer. El gobierno reaccionario y de ultraderecha que ahora está en Brasília es producto de la política traidora de frenar e intentar desviar la bronca contra Temer hacia el camino muerto de la institucionalidad burguesa, es decir, las elecciones de 2018. El resultado de este plan, trazado por esos brillantes estrategas de la derrota, fueron Bolsonaro y Guedes.

Ni el PT ni el PSOL, partidos de Pomar y Arcary, actúan guiados por la estrategia de la revolución socialista. La estrategia socialista no es solo un discurso, es una práctica política. Y la práctica de estos partidos expresa una completa adaptación al Estado capitalista y al régimen democrático-burgués, un becerro de oro al que adoran y que están dispuestos a defender a cualquier costo.

En este sentido, Pomar acusa a Valério de abandonar la estrategia de la lucha por el socialismo y tiene razón, puesto que esto desapareció hasta de su discurso. Pero, en rigor, no existen diferencias cualitativas entre ellos. Porque no se trata solo de enunciar la estrategia socialista en días de fiesta o en debates aislados a través de las redes sociales, sino de cómo se concreta esa estrategia, a través de qué caminos se llega a ella. Y ahí, nuestros polemistas, no tienen diferencias cualitativas.

Tanto uno como el otro, tanto el PT como el PSOL, abandonaron el camino de la lucha directa para derrotar los ataques y, dependiendo de las condiciones concretas, derrocar los gobiernos burgueses. Pomar incluso fue más lejos, apoya y participa de gobiernos burgueses de colaboración de clases, una ruptura completa con los principios del socialismo revolucionario.

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Ambos partidos apuestan todas sus fichas en la vía electoral, en la institucional burguesa. Pomar asegura guiarse por un programa máximo –la lucha por el socialismo como transición al comunismo–. Pero, en la acción cotidiana, los dos coinciden en no salirse de los límites del programa mínimo; los dos coinciden en una política de desgaste de la derecha y de acumular fuerzas para una salida electoral en los límites del sistema y de la institucionalidad vigente para administrar, al fin de cuentas, el capitalismo. Por eso, cuando sí estuvo planteada la caída de Temer, tanto Pomar como Valério argumentaban que una huelga general para voltear ese gobierno era un aventurerismo completo.

Y ahora, tanto el PT como su apéndice, el PSOL, en los hechos coinciden en que la salida para derrotar a Bolsonaro pasa por las elecciones de 2022, no por la unidad de acción o el frente único obrero que tenga como objetivo concretar una huelga general, cosa que juzgan inapropiada para la supuesta situación defensiva que existiría en el país. Mucho menos presentan un programa socialista; no plantean que la única salida de fondo es hacer una revolución obrera y socialista que ataque la propiedad capitalista y concrete la ruptura con el imperialismo.

Si la tarea es el “Lula libre”, ¿por qué no haber defendido “Temer libre”?

Porque ninguno de ellos defiende una estrategia socialista revolucionaria es que también están completamente de acuerdo en que la tarea del momento es “unir a la izquierda” en un frente único, no para derrocar a Bolsonaro en las calles sino, principalmente, para impulsar el “Lula Livre” y un bloque electoral y parlamentario, lo que debería haberlos conducido inevitablemente al “Temer Livre” durante su breve estadía en la prisión.

Por eso, el PT, la corriente Resistencia y otros referentes del PSOL se mostraron cuidadosos y prefirieron alertar sobre el “peligro” de “celebrar” la prisión de este personaje siniestro, mafioso, corrupto y, para ellos, también “golpista”.

En lugar de señalar a la clase obrera la brecha que abrió esa crisis gigantesca entre “los de arriba”, que se están matando a cuchillazos entre ellos, y apuntar acciones que exacerben esas divisiones interburguesas  para, por medio de la lucha directa, derrotar la reforma de las pensiones –que prácticamente sería herir de muerte al gobierno de Bolsonaro–, de manera profesoral nos dicen que todo se trató de un duelo palaciego entre el ministro Moro y Rodrigo Maia, el mafioso presidente de la Cámara de los Diputados. Una posición “abstencionista” en la que la clase casi tendría más que perder de lo que ganaría.

Resistencia no negó que Temer es corrupto, pero atenuó el hecho diciendo:

“Pero, llama aún más la atención que la acción de la Lava Jato contra Temer solo haya ocurrido después de que él hubo dejado la Presidencia de la República. Cuando estaba en ejercicio de su mandato ilegítimo ninguna medida efectiva fue tomada contra un político que todo el mundo sabía que se parecía más con el jefe de una cuadrilla”[10].

¡Es claro que la burguesía no iba a tomar ninguna medida contra este líder mafioso! Tampoco sería una novedad que sectores burgueses “descarten” a ciertos elementos incómodos luego de cumplir tal o cual tarea. Pero esta no es la discusión. La discusión es: ¿por qué Temer continuó “en ejercicio de su mandato” hasta 2018, siendo que la mayoría de la clase obrera y la población en general lo rechazaba? ¡Por la traición de la izquierda reformista y las burocracias sindicales, que se negaron a derrocarlo cuando esto estuvo planteado sobre la mesa!

Por su parte, el PT, partido de Pomar, fue categórico al condenar la prisión de Temer por considerarla “selectiva” y sin cumplirse el “debido proceso”:

“El Partido de los Trabajadores espera que las prisiones de Michel Temer y de Moreira Franco, entre otros, hayan sido decretadas con base en hechos consistentes, respetando el proceso legal, y no solo por especulaciones y delaciones sin pruebas, como ocurrió en el proceso del expresidente Lula y en acciones contra dirigentes del PT”[11].

Para el partido en el que Pomar supuestamente alienta posibilidades de imponer una estrategia socialista revolucionaria, la prisión de Temer fue arbitraria porque “solamente dentro de la ley se podrá hacer la verdadera Justicia y castigar a quien cometió crímenes contra la población”[12].

Esto llegó a adquirir trazos delirantes: el partido supuestamente “golpeado”, el PT, defendió de la cárcel, sin miramientos, a su principal “golpista” y verdugo, al personaje que le arrebató el poder a Dilma en 2016. Esto demostró, por enésima vez, toda la falsedad del relato del “golpe”: la prisión del principal “golpista”, del vampírico “usurpador”, ¿no debió ser motivo de celebración de una victoria, aunque sea parcial, de aquellos que lucharon contra “el golpe”?

Pero no. El PT, en esencia, tuvo la misma posición que el MDB, partido de Temer: “El MDB espera que la Justicia restablezca las libertades individuales, la presunción de inocencia, el derecho a lo contradictorio y el derecho de defensa”[13].

Por su parte, el PSOL, actual partido de Valério, difundió una nota en la cual, aunque señalaron que Temer fue un “enemigo del pueblo brasileño”, no celebraron su prisión y expresaron la misma preocupación del PT: “La prisión de Temer se da en un contexto de profunda inestabilidad política, con un gobierno en crisis y en un enfrentamiento abierto entre instituciones. Defendemos que casos de corrupción sean juzgados conforme la ley, siempre asegurando el amplio derecho de defensa y el debido proceso legal[14].

El PT y el PSOL, con todas sus corrientes, están atrapados en su propio análisis-justificación de que existe una supuesta “dictadura de toga” –de la Lava Jato, el Poder Judicial y la Policía Federal, etc.–, que está persiguiendo y metiendo presos a políticos sin respetar el “debido proceso” y que, de esa manera, está en riesgo el intocable Estado Democrático de Derecho.

Este relato fue construido para justificar la campaña Lula Libre, un expresidente corrupto que está preso. Pero, por su propia lógica, esto los lleva a no defender –a no “celebrar”– la prisión de todos los demás corruptos, como fue el caso nada menos que de Temer. Están cautivos en su propia trampa: si hay una “dictadura de toga”, que con Bolsonaro incluso puede avanzar hacia una dictadura militar con todas las letras, Lula, Temer, Cabral, Cunha y todos los condenados por la justicia burguesa no serían “corruptos” sino perseguidos y “presos políticos” con su “debido proceso” negado.

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Así, la única política concreta y coherente con la campaña Lula Libre, que Pomar y Arcary defienden de manera inflamada, debió basarse en extender esa campaña y ese frente único de la forma más amplia que fuera posible, por la libertad de Temer y demás corruptos. No hay término medio. Si, como ellos argumentan, no se trata “solo de Lula” sino de defender las “libertades democráticas de todos nosotros”, ¿cuál sería el problema de defender abiertamente la libertad de Temer y todos los otros corruptos?

No hay escapatoria o subterfugio posible. O Temer es un corrupto y mafioso, “enemigo del pueblo brasileño”, que merece pudrirse en la cárcel o algo peor, o está siendo un “perseguido político” y fue privado de su libertad por medio de artimañas ilegales como, según el reformismo, es el caso de Lula. Valério incluso insinúa esto último diciendo que es “correcto hacer unidad de acción con quien estuviere dispuesto a resistir las prisiones arbitrarias”[15]. Y no está refiriéndose solo a Lula.

Antes de terminar estas líneas, Temer fue liberado. La justicia brasileña es muy ágil a la hora de salvar a los poderosos. Pero deben quedar las lecciones de este episodio. Si el PT y el PSOL fuesen coherentes con su narrativa, ahora sí deberían estar celebrando una victoria del “debido proceso” y concordar con el juez que ordenó la libertad de ese corrupto, que para ello alegó exactamente la “observación de las garantías constitucionales, aseguradas a todos…”[16]. Si estos partidos fuesen consecuentes, deberían decir que la libertad de Temer es algo positivo para todos los luchadores, una victoria del Estado Democrático de Derecho que deja a los activistas en mejores condiciones, puesto que implica una reafirmación de las garantías democráticas formales.

Evidentemente, no se trata de “confiar” en la justicia burguesa o de negar que las luchas “palaciegas” existen; no solo ocurren con frecuencia, sino que, en ocasiones, incluso pueden abrir brechas que nuestra clase puede aprovechar. Se trata de que los análisis y caracterizaciones tienen –o deberían tener– consecuencias políticas concretas y coherentes.  Si no, como pensamos nosotros, estamos delante de charlatanes.

Para nosotros, un programa socialista revolucionario no puede hacer ninguna concesión a los corruptos y corruptores, so pena de dejar esta bandera justa en manos de la nefasta ultraderecha, como lamentablemente viene haciendo la mayoría de la izquierda, esposada a la línea lulista.

En este sentido, los revolucionarios y la inmensa mayoría de la clase trabajadora celebraron, con sobrados motivos, la prisión de Temer, entendiéndola como un subproducto de la lucha del pueblo pobre, que salió a las calles durante su mandato y así profundizó la enorme crisis que también en las alturas vive este país desde 2013. Y que si no echó a patadas a ese bandido fue por la traición de sus direcciones burocráticas. Y decimos que debemos exigir más: ¡Prisión para Temer y para todos los corruptos y corruptores, del partido que sean, con confiscación de sus bienes!

Por eso, el debate que está planteado no es coyuntural: es el dilema entre la reforma del capitalismo o la revolución socialista. El PT, PCdoB, PSOL, etc., de contenido, siguen la estrategia de defender el Estado Democrático de Derecho –un Estado burgués– y su horizonte de actuación política no pasa del mero parlamentarismo; en otras palabras, están adaptados a las reglas del juego impuestas por los capitalistas y el imperialismo. Esto no tiene nada en común con ninguna “estrategia socialista”.

Un debate entre dos reformistas

Pero el nudo de la cuestión es que ni PT ni el PSOL tienen ese objetivo; esos partidos están interesados en un “frente de izquierda” electoral y tienen su mira puesta en el 2022. El compromiso con Lula los ata de pies y manos para luchar, incluso por algo tan básico, tan elemental, como la corrupción generalizada en el Brasil. Y, así, son ellos quienes amplían el espacio de la ultraderecha. Este es un camino cierto hacia la derrota.

Por eso, a nuestro juicio, el debate entre Pomar y Valério no pasa de una polémica, pertinente e instigadora, pero entre dos estrategias reformistas que, aunque jueguen a las escondidas, defienden el mismo programa oportunista para el Brasil. Una estrategia coherente con el carácter de los partidos a los que pertenecen.

Y, en el caso de Valério, esto es todavía más tragicómico: un ex revolucionario, que durante décadas militó en las filas del trotskismo, y que realizó un giro tan vertiginoso hacia el reformismo que ahora es susceptible de recibir una paliza de Pomar, un reformista de larga data, en el propio terreno del reformismo.

Notas:

FE DE ERRATAS: En una primera versión afirmamos por error que el PSOL componía el Frente Brasil Popular, algo que no es así. Sin embargo, esto no cambia el sentido de nuestra crítica, puesto que la militancia del PSOL está unificada en campañas políticas comunes con el PT y el Frente Brasil Popular, cuya mayor expresión actualmente es el Lula Libre.

[1] https://esquerdaonline.com.br/2019/03/20/valerio-arcary-e-a-estrategia-defensiva/. Todas las traducciones del portugués al castellano son nuestras.

[2] https://esquerdaonline.com.br/2019/03/20/47403/

[3] https://esquerdaonline.com.br/2019/03/20/a-estrategia-segundo-valter-pomar/

[4] https://esquerdaonline.com.br/2019/03/20/valerio-arcary-e-a-estrategia-defensiva/. Todos los subrayados son nuestros, salvo indicación contraria.

[5] https://esquerdaonline.com.br/2019/03/20/a-estrategia-segundo-valter-pomar/

[6] https://esquerdaonline.com.br/2019/03/20/47403/

[7] https://esquerdaonline.com.br/2019/03/20/a-estrategia-segundo-valter-pomar/

[8] https://esquerdaonline.com.br/2019/03/20/a-estrategia-segundo-valter-pomar/

[9] https://www.pstu.org.br/o-que-significou-2017-e-o-que-nos-espera-2018/

[10]https://esquerdaonline.com.br/2019/03/21/michel-temer-e-preso-80-dias-depois-de-deixar-a-presidencia/

[11] https://pt.org.br/nota-do-pt-sobre-a-prisao-de-michel-temer-e-moreira-franco/

[12] https://pt.org.br/nota-do-pt-sobre-a-prisao-de-michel-temer-e-moreira-franco/

[13] https://g1.globo.com/politica/noticia/2019/03/21/mdb-lamenta-postura-acodada-da-justica-apos-prisao-de-michel-temer.ghtml

[14] http://psol50.org.br/nota-do-psol-sobre-a-prisao-de-michel-temer/

[15] https://esquerdaonline.com.br/2019/03/20/a-estrategia-segundo-valter-pomar/

[16] https://g1.globo.com/rj/rio-de-janeiro/noticia/2019/03/25/trf2-determina-soltura-do-ex-presidente-michel-temer-e-solto.ghtml