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La Revolución Ucraniana, conocida como Maidan[i], le puso fin al gobierno de Viktor Yanukovich, un presidente corrupto y autoritario que se movía entre Rusia y la Unión Europea (UE), vendiendo su país al mejor postor.

Por POI de Rusia

A fines de 2013, Yanukovich, que venía negociando hasta entonces un acuerdo de colaboración con la UE, presionado por el deterioro de la economía ucraniana, en una nueva maniobra desistió del acuerdo y pasó a discutir una cooperación más profunda con Rusia. Ocurrieron manifestaciones estudiantiles en Kiev, que tuvieron entre 5-10 mil participantes, contra la ruptura de las negociaciones con la UE. Yanukovich reprimió duramente las manifestaciones, utilizando la Berkut, la odiada policía antidisturbios. Implementó nuevas leyes antiprotestas en el país, más duras que las de los regímenes ruso y bielorruso[ii], en una escalada claramente bonapartista. No es casualidad que lo llamen “Putin en miniatura”.

Como respuesta a la represión, las manifestaciones inicialmente pequeñas se tornaron masivas, con medio millón de manifestantes en las calles de la capital Kiev ya a fines de noviembre. Los manifestantes acamparon en la Plaza Maidan, hicieron barricadas y ocuparon los edificios. La situación se volvió insostenible y Yanukovich salió a buscar apoyo externo. Hubo un intento de acuerdo entre Yanukovich, la oposición liberal, la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, la UE, los EE.UU y Rusia, para mantenerse en el poder hasta diciembre de 2014, cuando se realizarían nuevas elecciones. Pero este acuerdo fue rechazado por la Maidan sublevada, que exigía la salida inmediata de Yanukovich y se rehusaba a salir de las calles. Ya no había espacio para cosas mal hechas. Lo que le sobraba a Yanukovich era o huir del país o intentar ahogar en sangre la revolución. Rusia exige de Yanukovich pulso firme y le ofrece apoyo total, pero este hesita hasta el último momento. La represión fue dura, con más de cien muertos y centenas de heridos, pero insuficiente según el Primer Ministro Ruso Dmitri Medvedev, que acusó a Yanukovich de débil y cobarde por lo que pasó. Incapaz de derrotar la revolución a la fuerza, Yanukovich huyó para Rusia. La acorralada Rada Suprema (Parlamento Ucraniano), rodeada por los manifestantes, se vio obligada a tomar el poder y convocar elecciones presidenciales inmediatas. También se vio forzada por las calles a dispersar las tropas de la Berkut.

El trasfondo de la revolución fue la crisis económica insoluble del país desde la restauración del capitalismo, con reducción de cerca de 60% de su PIB y una dependencia cada vez mayor tanto de Rusia como de la UE. Mientras el crecimiento económico mundial lo permitió, los diferentes gobiernos se equilibraban maniobrando entre la UE y Rusia, vendiendo el país al mejor postor. Con la crisis mundial, se volvió inaplazable un salto mucho mayor en el proceso de colonización del país, dejando clara la bancarrota de todas las fracciones de la burguesía ucraniana, incapaces de independizar y desarrollar el país. Ucrania es el segundo mayor país de Europa en territorio, con un área casi dos veces mayor que la de Alemania, una población del tamaño de la de España, con tierras consideradas las más fértiles del mundo, grandes riquezas minerales, alto índice educacional y una fuerte base industrial heredada de la Unión Soviética, a pesar de estar profundamente saqueada y obsoleta por la falta de inversiones desde la restauración capitalista. En el pasado fue muy fuerte en la producción metalúrgica, de electrónicos, locomotoras, automóviles, aviones, tecnología espacial y militar, además de seguir siendo uno de los mayores productores mundiales de minerales, granos, azúcar, carnes, lácteos. La tragedia ucraniana se resume a que en un mundo controlado y disputado por media docena de países imperialistas ricos, no hay espacio para una Ucrania industrializada. Toda la política tanto de la UE como de Rusia está dedicada a someter a Ucrania, desmontando su economía, transformándola en mercado para productos importados, exportadora de minerales y commodities agrícolas y proveedora de mano de obra barata para otros países. La burguesía ucraniana como un todo se acomoda a esta situación, lucrando con la colonización de su propio país, y toda la política oficial ucraniana se resume a la disputa sobre a cuál amo entregarle el país: a Rusia o a la UE.

La Revolución Ucraniana fue el punto alto del gran ascenso y de la polarización social que se da en el Viejo Continente, iniciado con la “Generación en Apuros” portuguesa y los “Indignados” españoles, y que tiene secuencia en el momento en que escribimos este artículo con la lucha de los “chalecos amarillos” en Francia. Derribó directamente en las calles a un gobierno de tendencias bonapartistas y pro imperialista, disolviendo su policía antidisturbios  y derrotando un intento de acuerdo político que involucraba todas las corrientes políticas del establishment ucraniano e internacional. Le impuso la primera derrota seria a Putin. Al tiempo que fue la mayor revolución en Europa en los últimos tiempos, es también la más subestimada, incomprendida y calumniada. Llegó a ser llamada por la izquierda ucraniana “La Revolución Equivocada”. La Revolución Ucraniana fue acusada de ser pro UE, financiada por George Soros, de haber sido un golpe para quitar un gobierno “electo legítimamente”, de ser anticomunista, de ser organizada por grupos fascistas, que colaboraron con Hitler en la 2ª Guerra, entre otras acusaciones[iii].

No, la Revolución Ucraniana no fue pro UE. Las manifestaciones masivas que derrocaron a Yanukovich fueron una reacción a la grave crisis económica debida a la colonización del país, a la corrupción desenfrenada del gobierno y a la represión violenta contra las manifestaciones. Durante la Revolución Ucraniana, encuestas realizadas por institutos europeos revelaban que el porcentaje de ucranianos que consideraba que la adhesión a la UE sería benéfica para el país casi no llegaba al 30%. Tampoco fue un “golpe contra un gobierno legítimo”. Toda revolución victoriosa, por definición, derroca el gobierno de turno, independientemente de si había llegado al poder por el voto o no. Tal argumento no es contra la Revolución Ucraniana, sino contra las revoluciones en general, pues estas siempre pasan por arriba de las “reglas del juego”. Fue una legítima revolución popular, en la que la caída del presidente entreguista, corrupto y autoritario fue decidida por las masas en las calles y no en gabinetes cerrados.

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La violenta represión llevó a los manifestantes a organizar los comités de autodefensa supra partidarios de Maidan, que reunían a la juventud con veteranos de guerra con experiencia de combate. Llegaron a poseer algunos millares de miembros, parcialmente armados. Además de defender la plaza Maidan, los comités de autodefensa ocuparon y tomaron el control de los edificios de la Administración Presidencial, de la Rada Suprema (Parlamento), del Gabinete de Ministros ucraniano, del Ministerio del Exterior, entre otros. No es por casualidad que la exigencia fundamental del intento de Acuerdo entre los partidos de oposición liberal, Yanukovich, la UE y Rusia para convocar nuevas elecciones para diciembre de 2014, manteniendo a Yanukovich en la presidencia, era la solución de los comités de autodefensa y que estos entregasen las armas. En defensa de la Maidan se vieron obligadas a confluir todas las corrientes de oposición al gobierno Yanukovich, pasando por varias tendencias liberales pro UE, sectores que antes apoyaban a Yanukovich, la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, nacionalistas ucranianos y sectores de extrema derecha. Pero la inmensa mayoría era de jóvenes sin filiación partidaria. Los nacionalistas de derecha llamaron la atención de la prensa por acciones provocativas y sin sentido fuera de la Maidan, contra las fuerzas de Berkut, lo que llevó muchos a sobreestimar su verdadera fuerza. Pero en las elecciones siguientes, estos casi no llegaron al 1% de los votos, mostrando que las masas en las calles no tenían nada de fascistas, como mentirosamente propagó la prensa de Putin (e infelizmente repitió buena parte de la izquierda mundial…). Los comités eran un embrión de poder doble, parcialmente armados y con autoridad creciente. 

Obviamente, el gran derrotado hasta ese momento había sido Vladimir Putin, que perdía espacio en las decisiones sobre el futuro de Ucrania y veía cómo se desarrollaba una revolución cerca de las fronteras rusas. Putin vivía un momento delicado, con grandes manifestaciones contra sí en Moscú el año anterior, con la Revolución Ucraniana llamando la atención de los rusos. Percibiendo el peligro, decide atacar con fuerza para detener la Revolución Ucraniana mientras esta todavía no se había extendido al este del país. Antes de las elecciones, Putin ocupa militarmente la Península de Crimea, base de su flota del Mar Negro y envía mercenarios para ocupar regiones del este ucraniano. Anexa Crimea a Rusia y crea dos regiones en el este de Ucrania fuera del control de Kiev: Donetsk y Lugansk, con gobiernos propios pro Putin. Intenta lo mismo en Odesa y Kharkov, sin éxito. Con la anexión de Crimea y una gigantesca campaña de propaganda chauvinista (y el silencio de la izquierda rusa), Putin esconde la oposición interna contra sí y cambia la opinión pública de los rusos contra sus hermanos ucranianos, presentados a partir de entonces como fascistas. Los conflictos en la región este de Ucrania continúan hasta hoy, con más de 10 mil muertos y un millón seiscientos mil refugiados, que huyeron de Donetsk y Lugansk para otras regiones del país. De estos, un millón depende de ayuda gubernamental para sobrevivir.

La absoluta ausencia de una alternativa política en el campo de los trabajadores llevó a que la oposición liberal pro UE fuese la única con condiciones de tomar el poder después de la caída de Yanukovich, a pesar de tampoco ser bien vista por las masas [iv]. El nuevo gobierno de Petro Poroshenko se apuró para estrechar los lazos con los imperialismos europeo y americano y con el FMI, profundizando la colonización del país. Para convencer a la población de tales medidas, utilizó hasta el cansancio el argumento de enfrentar la agresión rusa. De esa forma, el régimen de Putin desempeñó un papel doblemente contrarrevolucionario: intentando derrotar o por lo menos interrumpir la Revolución Ucraniana, usando la fuerza bruta en el este y dándole la justificación a Poroshenko para implantar su política pro imperialista en el resto del país.

A pesar de conseguir derrocar un gobierno bonapartista y entreguista en plena Europa, disolver su policía antidisturbios y organizar comités de autodefensa, que controlaban la mayor parte del centro de Kiev, la Revolución Ucraniana sufrió grandes limitaciones, que explican la difícil situación actual del país. En primer lugar, la ausencia de una alternativa de poder que representase a los trabajadores. La ya tan minúscula izquierda ucraniana quedó presa al esquema “campista” estalinista, que veía todo como un juego de ajedrez entre Rusia y la UE, escogiendo el “campo ruso”, paralizándose en el proceso, cuando no apoyando directamente al candidato a dictador Yanukovich. El resultado fue la desaparición de la izquierda ucraniana del mapa. Esta política criminal de la izquierda fue la base para que los nacionalistas de derecha intentasen identificar a Yanukovich y Putin con Lenin, tumbando sus estatuas. Al final, el Partido Comunista Ucraniano fue el único partido político del país que tuvo la cara dura de ir a las calles para defender a Yanukovich…Al contrario de las leyendas estalinistas, no es por anticomunismo que el PCU es odiado por el pueblo ucraniano, sino por su apoyo a un gobierno canalla, corrupto, entreguista y represor. Dicho sea de paso, hay varios videos que demuestran que quienes tumbaron las estatuas de Lenin fueron pequeños grupos aislados de las masas. Al pasar las imágenes de las estatuas tumbadas en la Maidan, estas fueron recibidas fríamente por la masa, sin entusiasmo. Los nacionalistas de derecha se apoyaron obviamente en el sentimiento contra los siglos de opresión rusa durante el Imperio Zarista, continuado por el estalinismo y más recientemente por Putin, así como en las permanentes amenazas de cortar el suministro de gas en pleno invierno, en caso de que su gobierno “no se comportase bien”. Pero a pesar del odio al chauvinismo ruso, el sentimiento anti ruso en la Maidan era secundario, siendo mucho más un sentimiento “anti Putin y anti opresión”. Ciudadanos rusos que apoyaron la revolución (infelizmente pocos) eran muy bien recibidos en la Maidan y se les cedía la palabra.

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La segunda gran debilidad de la Revolución Ucraniana es que no abarcó todo el país. El este ucraniano, la parte más industrializada, con las minas más importantes y con mayor concentración obrera no fue parte activa de la revolución. A pesar de que ocurrieron manifestaciones y huelgas en la región oriental del país, estas fueron derrotadas antes de que pudieran generalizarse por la falta de alternativa política y por los mercenarios pro Rusia, que estaban tomando la región. Este atraso del este para entrar en la ola revolucionaria fue lo que sirvió de base para la política criminal de Putin de dividir el país. 

Y la tercera gran debilidad tiene que ver con el programa para el país. La burguesía ucraniana como un todo quiere mantener/ampliar sus negocios, exportando commodities y minerales para cualquier lugar, sin darle importancia al hecho de que ello desmonta la industria ucraniana y sacrifica cualquier independencia política. Tanto los nacionalistas de derecha como la izquierda capitulan a “su” burguesía, unos más pro UE, otros más pro Rusia. No hay ninguna corriente política que defienda una Ucrania independiente, tanto de la UE y de los EE.UU como de Rusia. Los trabajadores se quedaron sin opción, lo que explica su parálisis desde 2014.

El gobierno Poroshenko, cobarde, entreguista y defensor de los intereses de los oligarcas ucranianos, es incapaz de defender el país, rehusándose incluso a expropiar las empresas y capitales de la Rusia agresora, que sigue explotando las riquezas de Ucrania. Como legítimo representante de los intereses de la burguesía ucraniana, Poroshenko quiere mantener buenos negocios con Rusia, aún bajo agresión militar. Al mismo tiempo, no se le puede dar ninguna confianza a los imperialismos de la UE y de los EE.UU. Su único interés es derrotar/desviar el proceso revolucionario por la vía de las elecciones, colocando alguna marioneta como Poroshenko en el poder, para continuar colonizando el país. El imperialismo está descontento con la ocupación rusa del este del país, pero no por preocupaciones humanitarias o consideraciones democráticas, al final, realizaba buenos negocios con Yanukovich e intentó mantenerlo en el cargo hasta el último momento. Su preocupación es que la política de “mano dura” de Putin está generando más crisis y profundizando las tensiones dentro del país, pudiendo surgir una nueva Maidan. Por eso viene implementando una serie de sanciones económicas contra Rusia para forzar a Putin a tomar una salida negociada.

La llave para la continuidad de la Revolución Ucraniana para una nueva Maidan, que pueda de hecho independizar este gran país, pasa en primerísimo lugar por derrotar la agresión rusa en el este. Para eso, necesita desenmascarar al gobierno pro imperialista y cobarde de Poroshenko, incapaz de enfrentarla. Un levante conjunto de los trabajadores de Kiev y de Donetsk puede derrotar la agresión rusa, con una Maidan que tome todo el país. Al ocupar el este del país en su agresión contrarrevolucionaria, Putin unió indisolublemente el destino de Ucrania al suyo. Una derrota de Putin en Ucrania sería el inicio del fin de su gobierno.

Una nueva victoria de la Revolución Ucraniana podría impulsar así la lucha de los trabajadores rusos y de otros pueblos oprimidos contra Putin. Juntos, los trabajadores ucranianos y rusos son capaces de derrotar al verdugo de las revoluciones ucraniana y siria, el mayor responsable por la colonización de Rusia, defensor de los regímenes más odiosos del planeta y aliado del imperialismo, que tiene bajo su control el 2º ejército del mundo. Derrotar a Putin tendría repercusiones de alcance mundial, dado su papel contrarrevolucionario internacional. Significaría el fin casi inmediato del gobierno Assad en Siria y el debilitamiento de la dictadura en Egipto, lo que impulsaría una nueva ola de la Primavera Árabe. Tendría profundo impacto entre los pueblos del Cáucaso en su lucha por la independencia. Derrotar a Putin es una tarea INTERNACIONAL de la clase trabajadora. Al mismo tiempo, su derrota sería también la derrota de los últimos restos podridos del estalinismo mundial y sus satélites, que hacen coro a la campaña anti-Ucrania.

Los trabajadores ucranianos necesitan urgentemente un partido obrero independiente, capaz de extender el proceso revolucionario a los trabajadores del este, levantando a todo el pueblo ucraniano contra la agresión de Putin y contra las fracciones de la cobarde y vendida burguesía del país, por una Ucrania unida, independiente, libre, democrática y de los trabajadores. Un partido que defienda la reorganización de los comités de defensa supra partidarios de la Maidan, para que se generalicen por todo el país y tomen el poder, como verdaderos órganos de un nuevo tipo de gobierno, un gobierno de los trabajadores y del pueblo ucranianos, como de forma embrionaria comenzaron a hacer hace 5 años. Este partido no existe hoy, lo que se configura como la principal debilidad del proceso revolucionario ucraniano.  

El incidente de Kerch – Una nueva agresión rusa en marcha

Exactamente a los 5 años de la Revolución Ucraniana, una nueva agresión rusa contra el país está en marcha. La Marina Rusa atacó y aprisionó tres navíos ucranianos junto con sus tripulaciones. Fueron acusados de invadir aguas territoriales rusas en el Estrecho de Kerch, que conecta el Mar Negro con el Mar de Azov, exactamente entre el territorio ruso y el territorio de Crimea, anexada militarmente a Rusia. Ucrania, que obviamente no reconoce la anexión rusa de Crimea, considera el Estrecho aguas compartidas entre los dos países, no necesitando así ninguna autorización para cruzarlo. Basta mirar un mapa para comprender la importancia que tiene para Ucrania poder utilizar libremente el Estrecho, pues es el único pasaje para los puertos de su región oriental, incluyendo el de Mariupol, segundo en importancia en el país. Es también el único vínculo por mar entre el este y el oeste de Ucrania.

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Independientemente de las posibles motivaciones electorales de Petro Poroshenko y de los detalles, si la Marina Rusa fue o no informada con antelación del paso de lo navíos, la agresión rusa, creyéndose con derecho de limitar o controlar el acceso ucraniano al Estrecho de Kerch, debe ser repudiada. La agresión es una continuidad de la política chauvinista y contrarrevolucionaria de Putin de derrotar la Revolución Ucraniana a la fuerza, anexar parte de su territorio y someter el país. Como respuesta a la agresión, el presidente ucraniano Petro Poroshenko promulgó la Ley Marcial en todas las regiones de frontera con Rusia, pero curiosamente no hizo lo mismo en Crimea, que es considerada por Ucrania como parte de su territorio, ocupada por Rusia. La explicación es simple: como Rusia considera Crimea parte de su territorio, una declaración ucraniana de Ley Marcial en la región sería el equivalente a una declaración de guerra. Y hasta ahí Poroshenko no está dispuesto a llegar. 

Al mismo tiempo, el Incidente de Kerch provocó una nueva escalada en las tensiones entre los imperialismos europeos y el americano con Putin. Trump canceló la reunión de cúpula con el presidente ruso durante el encuentro del G20 en Argentina. La tensión alrededor del tema Ucrania es un reflejo más, así como en torno a la guerra en Siria, de las profundas diferencias entre los imperialismos y Rusia en relación a cómo tratar procesos revolucionarios. Los primeros desean regular la situación en Ucrania sin grandes tensiones, apostando por la vía de la reacción democrática, con nuevas elecciones, para calmar el proceso revolucionario. Pero esta salida es inaceptable para Putin, por la propia naturaleza de su régimen, incompatible con concesiones democráticas. A pesar de toda la simpatía personal  que pueda haber entre Trump y Putin, esta tensión sigue sin resolverse y puede agravarse con la profundización de la crisis económica y nuevas explosiones revolucionarias en la región.

Para recuperar el libre acceso al Estrecho de Kerch, recuperar la soberanía ucraniana sobre Lugansk y Donetsk, e incluso recuperar Crimea, es necesaria una nueva Maidan. Un levante de los trabajadores que abarque todo el territorio ucraniano, de este a oeste. Que reorganice los comités supra partidarios de defensa de la Maidan y los extienda por todo el país, para imponer un gobierno propio, de los trabajadores, dispuesto a luchar contra la agresión rusa, conquistando con esta lucha la simpatía de los trabajadores rusos, todavía engañados por las promesas chauvinistas de Putin. En las condiciones actuales, continúan empeorando las condiciones de vida, los bajos salarios, la reforma de la seguridad social, los cortes en los gastos sociales. Cada vez más los trabajadores rusos se tornan escépticos en relación a su gobierno y a sus agresiones militares a otros pueblos. Extendiéndose de Kiev al este de Ucrania, una nueva Maidan no se detendría en las fronteras rusas. Avanzaría hasta Moscú y todo el territorio ruso, despertando la inmensa fuerza revolucionaria adormecida de los trabajadores rusos y los pueblos oprimidos por Putin. Si este gigante se levanta, no hay fuerza en el mundo capaz de detenerlo.

Notas:

[i]Referencia a la plaza Maidan Nezalezhnosti (Plaza de la Independencia), en el centro de Kiev, escenario principal de la revolución

[ii]Ucrania se diferencia de estos dos países por poseer muchas más libertades democráticas desde la llamada Revolución Naranja en 2004, contra el fraude electoral del mismo Yanukovich. La Revolución Naranja le puso fin al régimen autoritario, que venía del ex presidente Leonid Kuchma

[iii]Además, se está volviendo una tendencia general acusar a las luchas de los trabajadores y del pueblo de ser provocaciones de derecha. Fue así con las manifestaciones de 2013 en Brasil, con la revolución ucraniana, con la huelga de los camioneros en Brasil y con los chalecos amarillos ahora en Francia

[iv]Su líder de entonces y actual alcalde de Kiev, el ex campeón de boxeo Klitschko, llegó a tomar una surra en plena plaza por defender el acuerdo, que proponía mantener a Yanukovich en el poder hasta diciembre y disolver los comités de autodefensa.

Traducción: Davis