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El jueves 25/4, durante un desayuno con periodistas, Bolsonaro dio una declaración que hizo apología directa al turismo sexual de mujeres. Luego de destilar todo su preconcepto y homofobia al decir que “el Brasil no puede ser país del mundo gay, del turismo gay”, Bolsonaro completó: “Si alguien quiere venir a hacer sexo con mujer, que lo haga a voluntad”. Además de machista y LGBTfóbica y racista, esa es, antes que nada, una declaración criminal.

Por: Erika Andreassy, de la Secretaría de Mujeres del PSTU, Brasil

Turismo sexual es un asunto serio; por detrás de la explotación de mujeres, niñas y adolescentes para fines sexuales, hay una verdadera industria que envuelve secuestro y tráfico de personas, violencia, abusos, drogas y incluso asesinatos, y que nueve verdaderas fortunas alrededor del mundo. El Brasil es uno de los destinos preferenciales del turismo sexual, siendo clasificado en segundo lugar entre los países más procurados para este fin. Solamente en 2015, fueron identificados más de 3.300 sitios de venta de turismo sexual, de los cuales 124 son exclusivos de explotación sexual infantil.

Se estima aún que el país contribuye con más de doscientas rutas de tráfico humano para esa finalidad, interna y externamente. La propia EMBRATUR considera que la explotación sexual cotidiana de niñas y adolescentes está presente en casi mil municipios. Solo en Recife, la Organización No Gubernamental (ONG) Colectivo Vida Mujer calcula en 3.000 el número de jóvenes prostituidas cada verano, siendo que una de cada tres mujeres en situación de prostitución en la capital pernambucana tiene menos de 18 años. Esas mujeres y niñas son transformadas en mercadería y se tornan víctimas cotidianamente de violaciones y violencia. Es un absurdo que un presidente naturalice esa realidad degradante y cruel, “convidando” a quien quiera que sea a quedarse a voluntad para hacer sexo con ellas.

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Hay que decir todavía que la mayoría de las mujeres en situación de prostitución son negras, pobres y de baja escolaridad. Son las mujeres e hijas de la clase trabajadora, principalmente jóvenes negras que viven en las periferias de las ciudades y que, frente al desempleo y la crisis, la falta de oportunidades y la propia violencia, acaban en manos de captadores cuya única preocupación es llenar sus propios bolsillos de dinero, y que no se avergüenzan ni un poco en reforzar el estereotipo racista de la mujer negra “salvaje”, pronta para cualquier tipo de sexo, con cualquiera y en cualquier momento, si eso sirve para atraer turistas preocupados exclusivamente con su satisfacción sexual. Por eso, la declaración de Bolsonaro es racista, pues no toma en consideración ese dato, el hecho de que son las mujeres negras, trabajadoras y pobres, las principales víctimas del turismo sexual.

Como si eso no bastase, la declaración de Bolsonaro es LGBTfóbica: se sabe que muchas LGBTs son arrojadas a la prostitución por causa del preconcepto, de la dificultad para conseguir un empleo formal, y de la marginalidad. Esa es una dura realidad de las mujeres trans, en que muchas están en la prostitución, quedando vulnerables a diversos tipos de violencia, incluso la que el presidente pregona en sus declaraciones.

Bolsonaro, una vez más destila todo su preconcepto, pero esta vez con un agravante, pues decir que “quien quiera venir al Brasil a hacer sexo con una mujer, lo haga a voluntad” no es simplemente no tener ningún compromiso con el combate a la explotación sexual de mujeres y jóvenes. Es, en realidad, ser connivente con este tipo de crimen.

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Demuestra, así, por qué decimos que este gobierno es enemigo de las mujeres, de las negras, y de las LGBTs trabajadoras. Repudiamos vehementemente su discurso y afirmamos que no vamos a tolerar más tamaña naturalización e incitación a la violencia contra los sectores oprimidos.

-No a la violencia contra las mujeres. Por el fin del turismo sexual, en defensa de las mujeres en situación de prostitución; contra la prostitución.

-Por empleos y renta para las mujeres trabajadoras: revocación inmediata de la ley de la tercerización y la reforma laboral; no a la reforma de la previsión.

-No pago de la deuda pública: ese dinero debe ser invertido en el combate a la violencia machista y la LGBTfobia, en educación, en salud, en empleo, entre otros, solo así vamos a conseguir una vida digna para las mujeres trabajadoras y las LGBTs.

Traducción: Natalia Estrada.