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El genocidio practicado por el rey belga produjo la muerte de ocho a diez millones de congoleños.

Por: Cesar Neto

Bélgica es un pequeño país, un poco mayor que El Salvador y casi la mitad del tamaño de Costa Rica. Sus once millones de habitantes disfrutan del 22° mejor país para vivir, mientras el Congo es el 13° peor país del mundo para vivir. Una gran desigualdad que aquellos que se guían por las “ideas emprendedoras” dirán: los belgas son “trabajadores” y los congoleños “perezosos”. O entonces, aquellos que se orientan por la teología de la prosperidad, dirán que los belgas son un “pueblo bendecido”. ¿Y los congoleños, qué son?

La riqueza belga y la pobreza congoleña son hermanas gemelas

Desde 1870, las naciones europeas buscaban tomar por asalto el África. En esos años, el galés Henry Morton Stanley, hizo una larga expedición y fue uno de los primeros en conocer la región del Congo. Volvió en 1878 a Europa y presentó la virtudes africanas a los gobiernos burgueses. Según Stanley, era la oportunidad para la explotación comercial de las tierras que “él descubriera” y no se cansaba de defender la necesidad de “desplazar civilización europea en el barbarismo africano”, y aún: “hay 40.000.000 de personas desnudas del otro lado de las cataratas y las industrias textiles de Manchester están a la espera de vestirlos (…) Las fábricas de Birmingham están calentando el metal rojo que será transformado en objetos metálicos de todos los tipos y aspectos que lo decorarán (…) y los ministros de Cristo están celosos de traer a sus pobres almas para la fe cristiana”. A partir del despertar de intereses, toda la “suerte” del Congo fue trazada.

En 1885 se realizó la Conferencia de Berlín, en la cual se hizo un gran tratado entre las naciones europeas para la división del África. Le cupo a Bélgica un área de 2.343.000 kilómetros cuadrados de tierras africanas, o el equivalente a 75 veces el territorio belga. Bélgica como Estado no participó inicial y directamente de esa división. Así, se delegó a su rey Leopoldo II la tarea de hacerlo. De esa forma, Leopoldo II se apropió de inmediato de esas tierras y creó el “Estado Libre del Congo”, que de “libre” solo tenía el nombre.

Inicialmente, Leopoldo II se dedicó a la matanza de elefantes para sacarles el marfil. Los negocios con la matanza de elefantes y la exportación del marfil iban viento en popa. En ese mismo período, explotó la demanda mundial de goma. Y él se volcó a la extracción de la goma utilizando el trabajo forzado de los nativos, con amplia gama de recursos como golpes, matanzas y mutilaciones, cuando las cuotas de producción no eran alcanzadas. Además, hubo un proceso de usurpación de tierras, expulsión de los habitantes e incendio de sus casas.

La creación de la Fuerza Pública

Para imponer el trabajo forzado y la usurpación de tierras a través de la utilización del terror, se creó la Fuerza Pública, en 1885. La Fuerza Pública era comandada por oficiales regulares del ejército belga, aventureros y mercenarios ex oficiales de otras naciones. Entre los años 1886 y 1908, el núcleo de oficiales consistía de 648 belgas, 112 italianos, 53 daneses, 47 suecos, 26 noruegos y números menores reclutados de otras naciones como el Imperio británico y los Estados Unidos.

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Como un ejército de ocupación actuó con los peores métodos de violencia, tales como la violación, y como si fuese poco, la obligación del país de practicar incesto con sus hijas, o de los hermanos hacer lo mismo con sus hermanas, además de otras formas de violencia como el uso de látigos, tortura, mutilaciones de adultos y niños, asesinatos, etc.

Congoleños sosteniendo las manos cortadas de otros nativos.
Hombre congoleño observando los pies y las manos amputadas de su hija.

La violencia contra los congoleños no puede ser escondida u olvidada. Hay innumerables relatos, documentos y libros. Arthur Conan Doyle, conocido por sus obras sobre Sherlock Holmes, escribió El crimen del Congo, una de las denuncias mejor organizadas contra Leopoldo II, rey de Bélgica. Conan Doyle reproduce el texto de un documento que explica qué son los látigos y cómo son utilizadas.

El ‘chicote’ de cuero crudo de hipopótamo, especialmente uno nuevo, junto con un sacacorchos, con bordes como láminas de cuchillo, y tan duro como la madera, es un arma terrible, y algunos golpes traen sangre; no se dan más de 20 o 25 golpes, a menos que la ofensa sea muy seria. Aunque nos hayamos persuadido de que la piel del africano es muy dura, ella precisa de una constitución extraordinaria para soportar la terrible punición de cien golpes; generalmente la víctima está en estado de insensibilidad después de veinticinco o treinta golpes. En el primer golpe, él grita desesperadamente; entonces se calma, y es un mero cuerpo trémulo, y gime hasta que termina la operación cuando el culpado se levanta y cae, muchas veces con cortes que durarán una vida entera. Ya es malo lo suficiente la flagelación de hombres, pero mucho peor es esa punición cuando infligida a mujeres y niños. Niños pequeños, de diez o doce años, con maestros excitados y de temperamento caliente, generalmente son duramente tratados. En Kasnogo, hay un gran cantidad de crueldad exhibida. Yo vi dos niños muy heridos. Creo conscientemente que un hombre que recibe cien golpes casi siempre es muerto o tiene su espíritu quebrado para siempre”.

El autor de Sherlock Holmes se muestra un buen investigador de la realidad, analiza y presenta un documento que explica el motivo torpe y la destrucción de una villa:

“Las personas dormían quietas en sus camas cuando oyeron un tiro y corrieron para ver cuál era el problema. Encontrando a los soldados cercando la ciudad, su único pensamiento era escapar. Como corrieron para afuera de sus casas, hombres, mujeres y niños fueron impiadosamente abatidos. Su ciudad fue totalmente destruida y es una ruina hasta hoy. La única razón para esa lucha fue que las personas no consiguieron traer Kwanga (comida) para el Estado aquel día”.

Siguiendo a Conan Doyle, tenemos un testimonio:

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“Imagine a nosotros retornando de la lucha contra algunos ‘rebeldes’; veo, en la proa de la canoa hay una vara y un saco colgado en ella… Estas son las manos (manos derechas) de dieciséis guerreros que ellos mataron. ‘¡Guerreros!’ ¿Usted no ve entre ellas manos de niñitos y niños (nenas o varones)? Yo los vi. Vi hasta dónde el trofeo fue cortado mientras el pobre corazón batía fuerte lo suficiente para disparar la sangre de las arterias cortadas a una distancia de cuatro pies”.

Como si no bastasen los relatos y documentos dejados sobre la violencia contra los pueblos congoleños, también los registros fotográficos muestran a adultos y niños mutilados.

Tapa de la edición de 1909 del libro de Conan Doyle, “El crimen del Congo”.

Estado belga asume el comando y adopta la misma política con otras formas

Leopoldo II murió en 1909, no obstante entre 1885 y 1908 ocupó el Congo, las tierras de los nativos, y los forzó al trabajo esclavo. Para eso usó todas las formas de crueldad apuntadas arriba. Acumuló una fortuna inmensa y ganó el mote de “Rey Constructor”. Con el saqueo del Congo construyó, entre otras obras, las estufas reales; la Torre Japonesa; el Pabellón Chino; la Estación de Tren de Antuérpia [Amberes]; el Museo Real del África Central, etc. Todos esos bienes, construidos con el sudor y la sangre del pueblo congoleño, fueron donados al Estado belga.

Bélgica, luego de la muerte de Leopoldo II asumió el Congo como parte de sus colonias. El Congo solo conquistaría su independencia en junio de 1960. En enero de 1961, el líder de la lucha independentista, Patrice Lumumba, en su condición de primer ministro, fue preso y fusilado con el apoyo de las Fuerzas Armadas belgas. En 1965, Mobutu Sese Seko, a través de un golpe de Estado con apoyo del gobierno belga, instaló una dictadura que duró 32 años.

La necesaria reparación

El genocidio practicado durante por los menos esos años resultó, según estudios académicos, en la muerte de un número de entre ocho y diez millones de personas, o casi la mitad de la población congoleña en aquel momento. Este genocidio practicado por Leopoldo II es, sin duda, superior al Holocausto practicado por Hitler contra los judíos, trabajadores y otras minorías durante la Alemania nazi.

En los últimos cien años de historia congoleña, Bélgica no puede omitir su responsabilidad en los crímenes practicados, y más: incluso haber obtenido ventajas económicas. Los crímenes practicados por Leopoldo II entre 1885 y 1908; la explotación colonial, de 1909 a 1960; y la dictadura de Mobutu, de 1965 a 1997,

todos esos períodos están marcados por las ventajas económicas que solo fueron posibles debido a la participación del Estado belga, que por su parte obtuvo también profundas ventajas económicas.

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Albert II, rey de Bélgica, visitó el Congo en 2010, como consecuencia de las conmemoraciones de los 50 años de la independencia congoleña. Muchos esperaban un pronunciamiento de autocrítica del pasado histórico, hecho por el rey. Sin embargo, Albert II evitó descaradamente hablar sobre el tema. En realidad, el gobierno belga ya se expresó a través del ex ministro de Relaciones Exteriores, Louis Michel, que declaró que Leopoldo II era un visionario que llevó la civilización al Congo.

Los caminos de la reparación histórica

Hay dos caminos. Uno es el de la denuncia a los tribunales internacionales, la vía legal existente en los días de hoy; sin embargo, en estos más de cien años casi nada se hizo. La otra es la movilización. Hoy hay sectores de la población belga, especialmente aquellos cuyos ancestros eran congoleños, que reivindican el quite de las estatuas así como de los nombres en lugares públicos que hacen referencia a Leopoldo II. ¿Exageración? No, justicia. Nadie aceptaría una plaza con el nombre de Adolfo Hitler.

El retiro de la estatua de Cecil Rhodes del campus de la Universidad de Cape Down.

La experiencia de 2015 en el África del Sur debe ser reivindicada. Cecil Rhodes fue un genocida usurpador de tierras similar al Leopoldo II, Von Trotta en Namibia, y otros. Pero la juventud universitaria desarrolló una campaña #RhodesMustFall que buscó quitar la estatuas de dentro de las universidades. Se realizaron muchas movilizaciones, bloqueos de avenidas, lanzamiento de excremento humano en las estatuas, todo bajo una fuerte actuación de la policía y la represión, hasta que finalmente vino la victoria con el quite de las estatuas. Por ahí comienza el largo camino de la reparación de los crímenes practicados por las potencias imperialistas.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.