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El 17 de noviembre, la CNN mostró a comerciantes comprando y vendiendo migrantes del África Occidental en un mercado de Libia. La indignación fue general y las protestas recorrieron el mundo: millares se manifestaron contra la esclavitud en varias ciudades de Europa, como París y Bruselas, y las protestas llegaron a los campos de fútbol, con jugadores africanos manifestándose.

Por: Hertz Dias y Américo Gomes[1]

La noticia no es nueva

Pero la noticia no es nueva, la esclavitud en el África y en Libia, en particular, fue anunciada hace ya algunos años por varios países y órganos de prensa. La propia Organización Internacional para las Migraciones (IOM), que sustenta el Departamento de Combate a la Migración Ilegal, constató la existencia de mercados de esclavos por lo menos desde 2016.

Libia en particular tiene el alarmante número de 700.000 migrantes africanos, que viven en condiciones inhumanas, de manera general pasando hambre, en campos de concentración, generando abundancia de “mercancía”, para que sean aprisionados y vendidos como esclavos. Ni hablar de los más de 3.000 que murieron intentando atravesar el Mediterráneo para conseguir llegar a Europa.

Lágrimas de cocodrilo

Altos dirigentes y autoridades europeas y africanas expusieron su indignación, desde la Unión Europea, la Unión Africana y la ONU.

Los gobiernos de Burkina Faso, Malí y Níger pidieron a la comunidad internacional que intervenga. Los de Camerún y Costa de Marfil comenzaron un plan para repatriar a sus conciudadanos que estaban en Libia. Ruanda ofreció apoyo logístico para los migrantes ruandeses que desearan regresar y hasta para los de otros países, que estuvieran en Libia.

El presidente francés, Emmanuel Macron, pidió una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad, afirmando que el tráfico de esclavos era un “crimen contra la humanidad”; el alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, afirmó que la esclavitud y el tráfico de seres humanos son inaceptables.

Pero la verdad es que las protestas intentan esconder la realidad: la responsabilidad de esta situación es directa e indirectamente de la burguesía imperialista europea.

En primer lugar porque estos migrantes huyen de sus países por causa de las pésimas condiciones de vida, el hambre y la miseria, y hasta la persecución política y religiosa que sufren, causadas por sus gobiernos, que siguen las recetas económicas del FMI y de los gobiernos imperialistas.

Segundo, porque en la búsqueda por llegar a Europa, cuando son presos en Libia muchos se transforman en esclavos para trabajar en un circuito de grandes inversores, que realizan megaproyectos en regiones próximas de la capital y en estancias de agronegocios. O sea, todos los grandes capitalistas que están directa o indirectamente ligados a inversores internacionales.

El tercer aspecto es que los que son esclavizados son migrantes que están intentando entrar en Europa y que son impedidos de hacerlo por los gobiernos europeos, en operaciones conjuntas con el gobierno libio.

Por lo tanto, todo lo que las autoridades libias hacen con relación al combate a la migración que genera el tráfico humano, son acciones apoyadas y coordinadas por los gobiernos de la Unión Europea.

En este sentido, son falsas las lágrimas que vierte la burguesía imperialista europea y dirigentes de estos países como el presidente Macron, que repiten la cantilena racista secular de que son “los africanos esclavizando africanos”, escondiendo sus propios intereses: ellos prefieren que los migrantes continúen siendo esclavizados en Libia a que entren libremente en Europa.

El gobierno libio como socio

Estamos hablando de cerca de 700.000 refugiados y millares de esclavos; es imposible que eso exista en un país y que no haya connivencia del gobierno; queda claro [por obvio] que el gobierno libio, que es socio y asociado de los gobiernos europeos, está envuelto en el tráfico humano. A pesar de negar que exista esclavitud en su territorio, y de afirmar que las imágenes de la CNN (“si fueran verdaderas” (sic)) son episódicas y que los responsables serán castigados.

La Guardia Costera de Libia, que es frecuentemente acusada de colaborar con milicias y contrabandistas y de violar los derechos humanos de migrantes, actúa conjuntamente con fuerzas militares europeas, que están involucradas en todo este operativo. Son los militares de la UE y de la OTAN los que entrenan a los miembros de la Guardia Costera. Dan hasta apoyo por vía aérea, suministrando informaciones sobre la localización de los migrantes.

Eso porque si un barco encuentra o rescata a personas en aguas internacionales, es obligado a llevarlas al puerto seguro más próximo, o al país de embarcación. Por lo tanto, si fueran rescatadas por barcos europeos, eso significaría llevarlas a puertos europeos.

Entonces, los gobiernos europeos financian, entrenan y coordinan a la Guardia Costera libia, que por su parte es quien captura a los refugiados y los lleva para campos de concentración en su país, donde son vilmente tratados y muchos de ellos vendidos como esclavos.

Los informes de la OTAN señalan que en los centros de detención ocurren “violaciones graves de los derechos humanos y abusos extremos y manoseo inadecuado de detenidos, incluyendo abuso sexual, esclavitud, prostitución forzada, tortura y maltrato”.[2] En fin, hacen el trabajo sucio de las tropas europeas: impiden físicamente a las personas llegar a Europa.

La propia ONU admite que hay un trabajo conjunto entre la Guardia Costera de Libia y el Departamento de Combate a la Migración Ilegal, con el objetivo de parar a contrabandistas en el Mediterráneo y cazar inmigrantes ilegales. La Unión Europea e Italia financian los “centros de operaciones” de la Guardia Costera para “ayudar a buscar y rescatar migrantes”.

En 2006 desarrollaron la Operación Hera, promovida por la Frontex, Agencia Europea de Guardia de Fronteras y Costera. Con ella, el Estado español y la UE financiaron, entrenaron y suministraron equipamiento a las guardias costeras de países africanos para detener a los migrantes en sus territorios. Particularmente, las Guardias de Senegal y Mauritania. En operaciones no europeas, porque eran realizadas por la policía del país local, aunque financiada, entrenada y supervisada por la tropa europea.

En 2015, la Unión Europea pagó miles de millones de euros al gobierno turco para impedir el flujo migratorio en su territorio. Hoy, la cooperación de la UE con la Guardia Costera de Libia incluye un financiamiento de 130,8 millones de euros.

Recientemente, en octubre, hubo un acuerdo entre los gobiernos de Italia y Libia para contener la inmigración en Europa. El programa –bautizado “Fondo África”–­ financia proyectos de desarrollo y operaciones de seguridad de frontera. Barcos militares italianos supervisan el Mediterráneo en una operación conjunta con la Guardia Costera libia, que se encarga de parar los barcos y llevarlos para Libia, para que la Marina italiana no necesite llevarlos para Italia. El acuerdo envuelve cerca de 236 millones de dólares para el gobierno de Libia.

El actual operativo, llamado “Operación Sofía”, es comandado en este momento por el Estado español y antes lo era por Gran Bretaña.

Una investigación de la Cámara de los Lores llegó a la conclusión de que [el operativo] resultaba en un aumento de muertes en el mar, de refugiados y migrantes. El número de víctimas en la ruta entre Libia e Italia aumentó 42%: más de 4.500 personas ahogadas en 2016, contra 3.175 en 2015. Hasta ahora, en 2017, hubo 2.150 muertes.[3] Informaron que 70% de todos los barcos que salen de la costa de Libia son ahora hundidos.

Toda esta hecatombe humana a cielo abierto expresa el nivel de descomposición que alcanza el capitalismo mundial. De modo tal que las mismas naciones imperialistas que hace dos siglos atrás patrullaban navíos negreros, arrestaban traficantes y liberaban esclavos –eso cuando la esclavitud pasó a ser un obstáculo en el camino de sus intereses económicos–, hoy encubren y hasta se asocian en el tráfico de seres humanos.

Contra eso, es necesario garantizar la más amplia solidaridad internacional con estos trabajadores que no tienen siquiera el derecho básico de vender su fuerza de trabajo para mantenerse vivos, pero es necesario también denunciar el papel que tanto la ONU como la UE cumplen en la mantención de esa nueva modalidad de tráfico negrero.

¡Solo declaraciones vacías no bastan! Exigimos medidas concretas, como la suspensión del pago de las deudas externas de los países africanos como política de Reparaciones por los crímenes que el imperialismo cometió y aún comete contra los pueblos de ese continente. Reparaciones estas, que, dicho sea de paso, fueron criminalmente sustraídas de las resoluciones aprobadas en la Conferencia contra el Racismo realizada en la ciudad de Durban, África del Sur, en 2001.

No obstante, es necesario comprender que para arrancar definitivamente las garras del imperialismo euro-norteamericano del África será preciso también que su proletariado arranque el poder local de las manos de su propia burguesía, sea esta negra o blanca, sin hacer ninguna concesión de clase, rumbo a la formación de una Federación de Repúblicas Socialistas en este que es el más antiguo continente habitado del mundo. Mientras tanto, esa lucha debe ganar también al conjunto del proletariado mundial, en especial a aquellos que viven en el interior de los países que dominan el continente africano.

[1] Hertz Dias, de la Secretaría de Negras y Negros del PSTU, y Américo Gomes, del ILAESE [Instituto Latinoamericano de Estadios Socioeconómicos].

[2] https://qz.com/1140661/libya-slave-trade-african-migrant-trade-outrage-by-eu-is-hypocritical/?mc_cid=9d801a7ced&mc_eid=f6e97b070c

[3] https://www.theguardian.com/world/2017/jul/11/eu-naval-tactics-operation-sophia-stop-people-smuggling-cause-more-deaths-report-says

Esclavos negros, 2017. Fotografía de Anonymous México.

Traducción: Natalia Estrada.