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Ser mujer en México no es una tarea para amateurs. Convivir con las altas e incesantes tasas de desapariciones y feminicidios estampados a diario en los periódicos de la prensa amarilla nos hace recordar a cada momento los riesgos a que estamos sujetas por llevar una vida normal.

Por: Jenin Villa Roja y equipo del metro. 

¡Se hacen pasar por tu novio para intentar secuestrarte!

Desde hace algunos meses se desarrolla una nueva técnica de secuestro de mujeres: agarrar a usuarias del metro dentro de sus instalaciones y, si por acaso alguien sospechara que algo anormal está pasando, tratar a la víctima como su pareja berrinchuda. “Relajate, mi amor, en casa platicamos”: la relativización de la violencia en pareja lleva a que muchos no quieran entrometerse, incluso los encargados de seguridad del propio metro. Puesto que nada fue hecho para impedir esta práctica, en las últimas semanas hemos enfrentado una epidemia que ha explayado el horror entre las mujeres trabajadoras usuarias del sistema público de transporte.

Las autoridades del Sistema de Transporte Colectivo, popularmente conocido como Metro, se limitaron a lanzar en nota oficial: “en ninguna de las 195 estaciones de la Red del Metro hay registros de denuncias asociadas a intento de secuestro”. Solicitan que las mujeres denuncien “cualquier conducta inusual hacia su persona con los policías asignados en el interior del Metro o ante las autoridades competentes”. Las denuncias han sido subidas en las redes sociales, dado el miedo de las víctimas que pudieron escapar. Sin embargo, activistas feministas recolectaron al menos 84 testimonios referidos a los últimos diez días.

El sábado 2 de febrero hubo marcha convocada por diferentes colectivos feministas y organizaciones, contra el acoso, los secuestros y los feminicidios. Hubo más de 5.000 asistentes.

La trata de mujeres: herramienta de la explotación capitalista

La situación en el Metro no se trata de un caso aislado, sino de una variante de la explotación capitalista de las mujeres. Muchas de las mujeres secuestradas en México son trasladadas rápidamente a lugares donde puedan ser ocupadas como esclavas sexuales. La trata de personas, que también incluye el secuestro de jóvenes varones, que son forzados a trabajar en los sembradíos de droga o a convertirse en sicarios, es uno de los mercados ilegales más rentables del mundo.

Por ejemplo, frente a la más grande crisis migratoria mundial desde la Segunda Guerra Mundial, se abre un importante terreno para que la trata saque ganancia de la desesperación de millones de trabajadores que tienen como última opción escapar de sus lugares de origen pagando altas tasas para que esos grupos los lleven a un país seguro, lo que muchas veces no se concreta puesto que los “coyotes” no están interesados en el bienestar de sus pasantes.

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El incremento de esta industria funciona como una diversificación de las actividades de los señores del narcotráfico, ya que a diferencia de una determinada cantidad de droga que puede ser vendida, una mujer bajo control de esos grupos puede ser abusada entre 40 y 60 veces al día, según la vocera de la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe. Según la ONU, la trata de personas y la explotación sexual genera ganancias por 32 mil billones de pesos.

En Latinoamérica y el Caribe, entre el tráfico de drogas y la trata de personas hablamos de 40% del PIB de toda la región. México es el segundo país en el ranking mundial de la trata de personas, superado solo por Tailandia, como revela la ONG Asahac. Este tipo de crimen es la segunda fuente de ingresos del crimen organizado después del trasiego de droga.

La respuesta insuficiente del gobierno capitalino y nuestras tareas

Frente a las denuncias y la intensa cobertura mediática, personal del gobierno de la Ciudad de México visitó las instalaciones del STC Metro el último 30 de enero. Tras este evento, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, anunció una serie de medidas para combatir el fenómeno de los secuestros en el transporte público. Entre las medidas se encuentran: analizar las carpetas de investigación antiguas para reclasificar los casos de acoso o intento de secuestro que fueron registrados como otros crímenes (entre ellos, robo), sistematizando la información para facilitar la búsqueda por los responsables; la instalación de cinco Ministerios Públicos móviles en algunas estaciones del Metro para que se pueda realizar la denuncia; iluminación afuera de las estaciones e investigación cibernética.

Formar una Guardia Nacional significa en la práctica expandir el proyecto de militarización del país, lo tampoco es una solución para esos crímenes. No se hace necesario buscar muy a fondo en la historia reciente de México para encontrar violaciones a los derechos humanos por parte del ejército, como en casos en donde esos elementos entregan a activistas sociales o migrantes de paso por el país a las bandas delictivas para que los desaparezcan o los extorsionen. Otro hecho histórico fue la violación colectiva de decenas de mujeres en 2006, como forma de reprimir al heroico movimiento de Atenco, que luchaba en contra del desalojo y del ecocidio[1] que resultaría con la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, lucha esta que tras 17 años de resistencia resultó victoriosa.

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Necesitamos un cuerpo de funcionarios del Metro entrenado para prevenir los crímenes relacionados con la violencia de género en general, que impulse que las medidas que ya existen, como el vagón exclusivo de mujeres, sea respetado por los usuarios. De nada sirve la existencia de los Ministerios Públicos móviles si una no es amparada y debidamente orientada. Hay que incrementar el presupuesto destinado al STC Metro para que tales iniciativas puedan concretarse. Los metroviarios deben estar en la vanguardia del movimiento en defensa de un Metro seguro para las mujeres, puesto que sus propias empleadas también están sujetas a la acción de los perpetradores. Hay que demandar una postura combativa del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo, capaz de organizar a los trabajadores en esta lucha, ¡para que se pueda hacer un llamado a los trabajadores y las trabajadoras usuarios del transporte colectivo a decir alto a los secuestros!

Se hace fundamental organizarnos desde nuestros lugares de trabajo y de estudio no solo para discutir maneras de inhibir esos intentos de violencia, sino para construir una resistencia dentro de la clase trabajadora. Hombres y mujeres deben tomar para sí la responsabilidad de combatir el machismo, puesto que esta es una herramienta fuertemente eficaz para dividir a nuestra clase y mejor explotarnos a todos. La autodefensa frente a una situación de peligro es un derecho, sin embargo no puede ser vista como nuestra principal táctica contra esos crímenes, sino como el primer paso para garantizar nuestra integridad en una situación de barbarie. Derrumbar el machismo es tarea histórica de la clase trabajadora hacía su liberación y el futuro de la humanidad.

La liberación definitiva de las mujeres no vendrá en el capitalismo

Aunque cada vez más mujeres, de diferentes edades y contextos sociales, dejan de normalizar obstáculos y violencias en su contra, buscando organizarse para encontrar soluciones para problemas tan alarmantes, dentro del capitalismo las mujeres no saldrán completamente victoriosas. Por más contradictorio que parezca, en el mundo en que grandes estrellas del entretenimiento y marcas mundialmente conocidas hablan en “sororidad”[2], “inclusión” y “empoderamiento”, todas esas iniciativas se dan dentro del marco del capitalismo, es decir, abrir espacios para las mujeres dentro de la sociedad actual.

Si por un lado es cierto que se hace necesario luchar por derechos democráticos que permitan la inclusión y garanticen la vida de las mujeres, principalmente las que están en situación de mayor opresión y marginalidad (como negras, indígenas, obreras, campesinas, migrantes, refugiadas, lesbianas, bisexuales, transgéneros, etc.), por otro, es parte de la generación de ganancia por la clase capitalista aprovecharse de la histórica opresión y explotación machistas.

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Debemos demandar de los gobiernos condiciones básicas de seguridad y vida digna desde ahora; sin embargo, la violencia de género, la trata, la explotación y la opresión solo pueden ser superadas en otra sociedad. Solo en una sociedad socialista el machismo dejará de ser un instrumento de división y explotación, importante para garantizar las ganancias de la clase dominante, para convertirse en uno de los principales enemigos para el avance de una sociedad que vise reorganizar las fuerzas de producción para que no haya más trabajadores que vivan en la miseria mientras producen riqueza de manera desorganizada, a punto de llevar los recursos naturales a su desaparición.

¡Alto a los secuestros, desapariciones, feminicidios y acoso sexual! ¡Vivas nos queremos!

¡Organizar a la clase trabajadora mexicana para combatir el machismo!

¡Por un cuerpo de funcionarios capacitado para prevenir crímenes contra las mujeres y orientar dignamente a las víctimas!

¡Que se respeten los vagones de mujeres!

Incremento del presupuesto del STC Metro para garantizar las medidas contra la violencia de género en sus instalaciones.

Notas:

[1] Ecocidio: neologismo que se refiere a cualquier daño masivo o destrucción ambiental de un territorio determinado, que por su magnitud ponga en peligro la sobrevivencia de los habitantes de ese lugar, nde.

Sororidad: neologismo para referirse a la solidaridad entre mujeres en un contexto de discriminación sexual, nde.