Compartir

La revolución rusa sin duda marcó la historia de la humanidad. Ella no sólo demostró la capacidad política de la clase trabajadora para dirigir su destino, sino que entre otros grandes avances garantizó por primera vez en la historia la participación política plena a las mujeres más explotadas y oprimidas.

Por Jessica Barquero.

Muchas de sus conquistas perduran hasta hoy, pero lamentablemente la opresión sigue excluyendo de la participación política a millones de mujeres trabajadoras alrededor del mundo. Por eso es necesario mirar la experiencia de la revolución, para sacar las lecciones sobre cómo la URSS logró incorporar a miles de mujeres a la vida política desde sus primeros años.

Las mujeres antes de la revolución

La vida era muy difícil para la mujer en la Rusia zarista. Bajo el régimen del zar, las mujeres eran consideradas simples apéndices del hogar y las leyes permitían explícitamente a los hombres utilizar la violencia contra sus esposas.

Para ganar unas cuantas monedas, las mujeres tenían que trabajar largas jornadas diarias en los talleres y fábricas bajo durísimas condiciones. Hacían grandes esfuerzos para evitar ser despedidas, soportando terribles situaciones de trabajo.

El acceso a la educación era muy limitado y más del 80% de las mujeres en toda Rusia eran analfabetas. Para las campesinas, las condiciones eran más duras aún.  Ellas soportaban un trabajo agotador, de sol a sol, viviendo bajo los constantes reproches y palizas del amo y del esposo. De esta manera, las mujeres vivían privadas de todo derecho. (Serébrennikov, 1943)

Pero con la Revolución de octubre de 1917, y la toma del poder a manos de los soviets, la vida de las mujeres cambió radicalmente.

La incorporación de las mujeres a los espacios públicos

La Constitución Soviética introdujo importantes cambios, otorgando la igualdad de derechos políticos para las mujeres. Las obreras y las campesinas, por primera vez tuvieron el mismo derecho a voto que sus compañeros hombres. Alcanzaron el derecho a elegir y ser electas, y tuvieron la posibilidad de ocupar puestos en los comités de fábricas, las instituciones y comisarías del pueblo.

La Rusia soviética se convirtió en el primer país del mundo en el que una mujer fue electa para un puesto del Gobierno. En el primer mes, después de la toma del poder por la clase trabajadora, Alejandra Kollontai pasó a formar parte del Gobierno soviético como Comisario del Pueblo para la Asistencia Social.

Cambios fundamentales se dieron a partir de la completa incorporación de la mujer al mundo del trabajo. La introducción del trabajo obligatorio, significó uno de los actos revolucionarios más importantes para la participación de las mujeres en la vida pública y política. Con ello dejaron de depender económicamente de su esposo, empezaron a contar con su propia tarjeta de abastecimiento y a tener una nueva vida fuera del espacio hogareño.

Teniendo claro que era necesario cambiar las bases para mejorar las condiciones de vida de las mujeres, los soviets se dieron la política de crear una amplia red de guarderías infantiles, servicios de comedor y lavanderías colectivas que poco a poco fueron acabando con las ataduras de las mujeres al trabajo doméstico y de cuido, la cual tuvo que enfrentar no pocos obstáculos. Todo esto era parte de un proceso necesario para impulsar a las mujeres a ser parte de la política y la administración pública. Mediante numerosos llamados se invitaba a las mujeres militantes y sin partido, a formar parte de los soviets.

Enfrentando los primeros retos

Pero también el joven estado obrero enfrentó el duro embate con la realidad al abordar la cuestión de la mujer. Fue la primera vez en la historia que se pasó del plano de la discusión al de la práctica, precisamente en un país atrasado en relación a las cuestiones morales y culturales como lo era Rusia, con una enorme carga de prejuicios arraigados por siglos.  (Toledo, 2015)

El estado soviético entendió que sería un difícil periodo de transición para lograr que aquellas mujeres excluidas y menospreciadas por el régimen zarista, se convirtieran en grandes dirigentes capaces de administrar un Estado. Inessa Armand explicaba el origen de estas dificultades cuando escribía: “Bajo el reino del capitalismo, las obreras y campesinas están complemente alejadas de toda vida pública y política, tanto por las condiciones de la vida de la familia burguesa como por su ausencia de derechos políticos. Por culpa de esto, con el paso del poder a manos de los soviets, cuando la clase obrera se ha puesto a la obra de administración y la obra compleja y difícil de la nueva organización, las obreras en su conjunto se han mostrado todavía más inexpertas que los obreros. Para atraer con éxito a las obreras a la causa común, era necesario ayudarlas, en primer lugar, a aprender cómo trabajar, hacerles comprender dónde y cómo pueden emplear sus fuerzas.” (Armand, 1920).

Se tuvo que hacer uso de nuevos métodos para acompañar a las obreras y campesinas en el proceso de ser parte de la organización soviética. Armand describía los mecanismos utilizados por el gobierno bolchevique para movilizar a las mujeres trabajadoras, especialmente a las mujeres sin partido: “Se han organizado asambleas de delegadas obreras que han dado muy buenos resultados en ese sentido. Estas asambleas de delegadas están formadas por representantes de todas las fábricas y talleres de una comarca dada, elegidas en reuniones generales de las diferentes empresas. (…) Además, las delegadas son parte activa en todas las compañas que lleva el partido o los soviets (calefacción, nueva cosecha, aprovisionamiento, cuidado de los heridos, lucha contra las epidemias, trenes de agitación en las provincias, etc.).

Las asambleas de delegadas se reúnen dos o cuatro veces al mes. En estos últimos tiempos, en Moscú y en algunas otras localidades, se ha rebajado la ratio de representación; ahora las delegadas son elegidas en razón de una por cada veinte obreras. (…)

Las conferencias de obreras sin partido tienen una gran importancia de propaganda; en las diferentes ciudades, gobernaturas o distritos, se reúnen tres o cuatro veces al mes (en toda Rusia sólo se ha convocado una conferencia, el año pasado). Estas conferencias se han revelado como un excelente medio para agitar y despertar a las masas que continúan alejadas del movimiento y, en este dominio, han dado buenos resultados (ahora las campesinas están interesadas en estas conferencias). En el último octubre, por ejemplo, en Moscú, se ha reunido una conferencia de mujeres sin partido a la que han asistido más de 3.000 delegadas, en representación de 60.000 obreras moscovitas (en Moscú hay alrededor de 180.000 obreras).” (Armand, 1920).

Poco a poco, las mujeres se fueron incorporando en los soviets locales y con el tiempo la participación de las campesinas fue incrementándose a través de la colaboración con los consejos de obreros y campesinos o a través de su elección en los consejos locales.

En los soviets locales, las campesinas desempeñaron con frecuencia cargos de mucha responsabilidad, apoyando la organización técnica y la administración del municipio rural y colaborando con la inspección de obreros y campesinos.

La incorporación al trabajo en fábricas, en el campo y en las instituciones se convirtió en una escuela para la mujer soviética, y adquirió la formación necesaria para el trabajo en los órganos centrales del Estado. De esta forma, con la revolución bolchevique, la obrera pasó de ser una esclava asalariada, a ser una organizadora y administradora del nuevo estado soviético.

Las mujeres al frente de la revolución

Aún con dificultades, desde los primeros momentos de la revolución, las obreras y campesinas participaron en todos los frentes. Alejandra Kollontai describía el invaluable aporte de esas mujeres para el Estado soviético: “La lista de las mujeres que combatieron valientemente por la Unión Soviética es larga. Ya en el periodo de Kerensky, encontramos mujeres –obreras y campesinas- entre los miembros de los primeros consejos. Es también el primer gobierno del mundo para el cual fueron elegidas mujeres: desde el primer mes tras la toma del poder por los obreros y campesinos, una mujer era nombrada comisaria del pueblo para Asistencia Social. En Ucrania, y hasta otoño de 1921, la camarada Majorova ocupaba un puesto semejante, y en las provincias hay numerosas mujeres comisarias, obreras y campesinas, procedentes directamente de la producción. Entre ellas, y para no citar sino algunos nombres, las camaradas Klimova, Nikolajeva, Tjernysjeva, Kalygina y Ikrjanistova, una generación de trabajadoras nacidas en el calor de la acción revolucionaria. Sin la participación activa de las obreras y las campesinas, la república de los soviets habría sido incapaz de realizar los proyectos elaborados por la vanguardia del proletariado, incapaz de poner en pie las instituciones actuales y de conservarlas.” (Kollontai, 1921).

Con su participación, se llevó a cabo también una revolución en el ámbito de las costumbres: “Si la revolución de octubre se propuso rechazar las injusticias tradicionales entre los sexos, la participación de las mujeres en la guerra revolucionaria acabó echando abajo los últimos prejuicios respecto a ellas.” Mientras la burguesía, afirmó siempre que el papel de la mujer era permanecer dentro del hogar y el del hombre era un papel más público y activo, el Estado obrero asumía una posición completamente distinta frente al tema, asumiendo que el trabajo socialmente útil, estaba vinculado a la defensa del Estado soviético. De esta manera, la conciencia de clase muy desarrollada en mucha de esas mujeres, las condujo a participar activamente del Ejército Rojo, donde “el trabajo de las mujeres comunistas consistía sobre todo en dirigir campañas de agitación en el ámbito de los comités revolucionarios del ejército. Las obreras y las campesinas ocupaban pues esencialmente posiciones políticas en el Ejército Rojo. En los años 1919-1920, 6.000 obreras llevaron a cabo esas tareas.” (Kollontai, 1921)

Congresos y Asambleas

Para 1918, se llevó a cabo el Primer Congreso de Obreras de toda Rusia, también conocido como el Congreso de Mujeres Trabajadoras y Campesinas.

Alejandra Kollontai (1921) rememora su preparación: “El I Congreso Panruso de Obreras y Campesinas, en noviembre de 1918, permitió rendir cuenta del enorme apoyo que las mujeres aportaron a la revolución. Ese congreso, reunido muy rápidamente por iniciativa de las secciones de mujeres del partido y preparado por una quincena de camaradas, encontró un eco muy importante entre las mujeres trabajadoras: 1.147 delegadas afluyeron en efecto de todas las provincias de Rusia a pesar de los preparativos extremadamente apresurados (apenas un mes antes de la reunión del congreso).” (p. 276)

El congreso adoptó una resolución insistiendo en la necesidad de la activa participación en las actividades que demandara la defensa del proceso revolucionario, donde decía: “Cada obrero, cada obrera ha de convertirse en un soldado de la revolución, dispuesto a entregar todas sus fuerzas para el triunfo del proletariado y el comunismo; en consecuencia, la tarea esencial de la obrera es la participación más activa en todas las formas y aspectos de la lucha revolucionaria, tanto en el frente como en la retaguardia, tanto en la propaganda y agitación como en la lucha armada directa…” (Armand, 1920).

Fruto de esta conferencia fue la creación del Zhenotdel o Departamento de la Mujer del Partido Bolchevique que puso en marcha iniciativas como la creación de asambleas de delegadas de las trabajadoras que se reunían de dos a cuatro veces al mes. Las delegadas eran representantes de las mujeres de todas las fábricas y talleres de un distrito determinado y su misión era escuchar las reclamaciones y necesidades de sus compañeras, además de participar activamente en todas las campañas emprendidas por el Partido y los soviets.

Una forma superior de participación

La revolución de octubre dio grandes lecciones sobre la creación de una nueva sociedad. El Estado obrero intentó resolver desde el primer momento, los problemas más apremiantes de las mujeres, acabando con las leyes más retrógradas y dando los primeras demostraciones en la construcción de una sociedad más justa.

Las acciones de organización que tuvieron lugar en el estado soviético, se extendieron al conjunto de la Internacional. La participación y organización de las mujeres continuó con la firme convicción de que en el resto de países debían seguir el ejemplo de lo sucedido en Rusia. Pero la burocratización del Estado soviético y el retorno al capitalismo, acabaron con esas conquistas.

Ninguna sociedad capitalista ha logrado igualar el nivel de participación y el poder que alcanzaron las mujeres durante ese periodo. Por más leyes que se hayan promulgado o instituciones que se hayan creado, la participación y capacidad de decisión de las mujeres continúa siendo un elemento restringido a un sector minoritario y privilegiado.

Y es que las causas fundamentales para que existan esas brechas siguen estando ahí, la situación de la mujer obrera hasta ahora, sigue estando sujeta a la economía doméstica y es por ello que la democracia burguesa se ha mostrado incapaz de responder a sus necesidades. El III Congreso de la Internacional, explicaba que “el derecho electoral no suprime la causa primordial de la servidumbre de la mujer en la familia y en la sociedad y no soluciona el problema de las relaciones entre ambos sexos. La igualdad no formal sino real de la mujer sólo es posible bajo un régimen en el que la mujer de la clase obrera sea la poseedora de sus instrumentos de producción y distribución, participe en su administración y tenga la obligación de trabajar en las mismas condiciones que todos los miembros de la sociedad trabajadora. En otros términos, esta igualdad sólo es realizable después de la derrota del sistema capitalista y su reemplazo por las formas económicas comunistas.” (Internacional Comunista)

Es por eso que la causa de la República soviética es tan ejemplarizante en este sentido, demostró lo que significaba llevar a la práctica la tarea de convertir a las obreras y campesinas en verdaderas administradoras de un Estado. Lenin, en este sentido decía que: “En la vieja sociedad capitalista, para ocuparse de política hacía falta preparación especial, razón por la cual era insignificante la participación de la mujer en la vida política, incluso en los países capitalistas más avanzados y más libres. Nuestra tarea consiste en hacer que la vida política sea asequible para cada trabajadora. Desde el momento en que está abolida la propiedad privada de la tierra y de las fábricas ha sido derrocado el poder de los terratenientes y los capitalistas, las tareas de la política para la masa trabajadora y las mujeres trabajadoras pasan a ser sencillas, claras y plenamente asequibles para todos. En la sociedad capitalista, la mujer está colocada en una situación tal de falta de derechos, que su participación en la vida política es mínima en comparación con el hombre. Para que cambie esta situación, es preciso que exista el poder de los trabajadores, y entonces las tareas principales de la política se reducirán a todo lo que directamente atañe a la suerte de los propios trabajadores.” (Lenin, 1919)

Es por esto que la Revolución Rusa da grandes lecciones sobre las limitaciones en la democracia burguesa.  Ni las cuotas de participación, ni las representaciones por decreto, podrán igualar nunca la participación de las mujeres obreras y campesinas en el estado soviético. La plena libertad y emancipación de las mujeres solo podrá ser alcanzada cuando a través de la economía colectivizada, estás puedan colocarse al frente, libres de toda opresión y explotación.

BIBLIOGRAFÍA:

Armand, I. (1920) La mujer en la Rusia soviética. Boletín comunista, primer año, número 17. Firmado con el pseudónimo de Hélène Blonina.

Frencia, C. y Gaido, D. (2016) El marxismo y la liberación de las mujeres trabajadoras: de la Internacional de Mujeres Socialistas a la Revolución Rusa. Santiago, Chile: Ariadna Ediciones.

Internacional Comunista 1919-1922, Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, Buenos Aires: Siglo XXI.

Kollontai, A. (1921) Mujer, historia y sociedad. Barcelona, España: Editorial Fontamara.

Lenin, V.I. “Discurso en el primer congreso de obreras de toda Rusia”. Izvestia del CEC de toda Rusia, núm. 253, 20 de nov, 1918, en Lenin, la emancipación de la mujer. Recopilación de artículos. Moscú, Rusia: Editorial Progreso.

Lenin, V.I. (1919) La tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética. Pravda, núm. 249, 6 de nov, 1919, en Lenin, la emancipación de la mujer. Recopilación de artículos. Moscú, Rusia: Editorial Progreso.

Serébrennikov, T. (1943) La Mujer en la Unión Soviética. Moscú, Rusia: Ediciones en Lenguas Extranjeras.

Toledo, C. (2015) La Revolución Rusa y la mujer. Liga Internacional de los Trabajadores. Recuperado de: http://litci.org/es/opresiones/mujeres/la-revolucion-rusa-y-la-mujer/