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El diseño de la ley 735, más conocido como «ddl Pillon», que introduce una serie de modificaciones en materia de derecho de familia, separación y custodia compartida de las y los menores, lleva el nombre del senador por la Liga, Simone Pillon, uno de los organizadores del Family Day, portavoz de las principales batallas del fundamentalismo católico y promotor del grupo parlamentario «Vida familia y libertad». Es un proyecto muy cuestionado por abogados, psicólogos y profesionales que se han ocupado de la familia y el menor, de los centros antiviolencia, y de los movimientos feministas que el 10 de noviembre último se han manifestado en toda Italia.

Por: Laura Sguazzabia, Italia

Los contenidos principales

Las reformas al derecho de familia que el ddl [proyecto de ley] introduce son particularmente cuatro.

La mediación obligatoria y con pago. Para evitar que el conflicto familiar llegue a tribunales, introduce métodos extrajudiciales de resolución alternativa de las controversias (mediación y coordinación parentales). Es gratuito solo el primer encuentro de mediación, mientras que los otros son a cargo de las dos personas que se están separando. A través de la mediación se debe elaborar un plan parental muy detallado (también sobre las amistades y las compañías de los niños); cualquier cambio en el plan implica más tiempo y gastos adicionales.

El equilibrio entre ambas figuras parentales y tiempos iguales. Los niños deben pasar al menos doce días al mes, incluidas las pernoctaciones [noches], con cada padre, a menos que exista un «peligro justificado de perjuicio de la salud psicofísica» de los propios niños. No solo eso: los niños tendrán un doble domicilio «para fines de comunicaciones escolares, administrativas y relacionadas con la salud».

La manutención en forma directa sin automatismos. Además del tiempo, también se espera que la manutención sea compartida entre los dos padres. La manutención se convierte en directa (cada padre contribuirá durante el tiempo en que se le confía al niño) y el plan de crianza, elaborado a través del proceso de mediación, deberá contener el desglose de cada gasto, tanto de los gastos ordinarios como de los extraordinarios. Sin perjuicio del doble domicilio de los menores ante cada uno de los padres, el juez puede establecer que los niños mantienen su residencia en el hogar familiar, indicando en caso de desacuerdo cuál de los dos padres puede continuar residiendo allí. Si la casa es conjunta, el padre a quien se le asigne tendrá que pagar al otro «una indemnización igual a la tarifa de alquiler calculada sobre la base de los precios actuales del mercado». Por otro lado, «no puede continuar residiendo en el hogar familiar el padre que no sea propietario o titular de específico derecho».

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La enajenación parental. Es la conducta activa de uno de los dos padres para separar al hijo del otro padre, generalmente dentro de una familia que se está separando, y que se considera existente en el momento en que los niños y las niñas ya no quieren ver a uno de los padres. El ddl prevé que cuando el menor rechaza la relación con uno de los padres, el juez sancione al otro «incluso en ausencia de pruebas [o evidencias] objetivas o legales». Las sanciones son muy graves e inmediatas.

Un texto para rechazar

Se trata de una propuesta legislativa que funciona con soluciones estandarizadas, no con la realidad de las situaciones individuales, y, por lo tanto, no adaptable; así, debe ser completamente rechazada.

El ddl Pillon propone un concepto de indisolubilidad del matrimonio, transformando separación y divorcio en procedimientos complejos y accesibles solo a quienes se lo pueden permitir desde el punto de vista económico: en resumen, los costos de las separaciones aumentarían y esto pondría en dificultades sobre todo a la clase trabajadora, económicamente más desfavorecida. Por otro lado, pretendiendo una equiparación abstracta entre padres, en nombre de falsos principios igualitarios, e ignorando las reales condiciones de desequilibrio de género que existen entre los padres, el ddl no toma en cuenta el gap salarial y ocupacional por género y el hecho de que muchas mujeres dejaron o perdieron el trabajo luego de la maternidad: una mujer trabajadora que también es madre difícilmente podrá darle el mismo nivel de vida que el hijo tenía garantizado durante la convivencia y que puede continuar siendo garantizado por el padre, lo que provoca enormes desequilibrios y tiene también como consecuencia la posibilidad de perder la custodia.

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La protección y el derecho del menor a la máxima continuidad de vida y de hábitos, incluso en caso de separación, se distorsiona: el plan parental elaborado durante la mediación y el principio de la biparentalidad a toda costa reducen la libertad de elección del niño, que de sujeto se convierte en objeto de la separación, un «bien» que debe ser dividido equitativamente por la mitad como el resto de las propiedades familiares.

Por fin, pero no por cierto el último punto: el ddl Pillon elimina del contexto la cuestión de la violencia doméstica. En nombre de la biparentalidad viene impuesta la mediación familiar también en los casos en los cuales la separación es causada por la violencia del cónyuge, y en nombre de contrastar la llamada “enajenación parental” se extiende la sospecha sobre cualquier denuncia de violencia contra un marido y se obliga de hecho a los hijos a mantener la relación con el padre, incluso cuando la negativa a verlo deriva de haber presenciado su violencia contra la madre. Con esta disposición, las mujeres permanecerán atrapadas en relaciones a las que querrían ponerle fin y sus hijos tendrán contacto con el padre violento.

Se necesita una respuesta de clase

La verdadera preocupación de esta propuesta no son las condiciones de vida de los niños, las madres y los padres, sino la «unidad de la familia», esa familia monogámica e indisoluble gracias a la cual el capitalismo se asegura cada día la producción y reproducción de la fuerza de trabajo, y se garantiza el control de una clase sobre la otra. No se trata, como si ya no bastase, solo de un ataque machista a los derechos de las mujeres, sino de un ataque más integral a las condiciones de vida de toda la clase trabajadora. El ddl Pillon está en total sintonía con otras maniobras llevadas adelante por el gobierno de la Liga-M5S. Detrás del discurso machista, homofóbico, racista y contra los inmigrantes, detrás de las maniobras de adaptación [asentamiento] y de austeridad se esconde un plan completo para continuar descargando la crisis económica mundial sobre las espaldas de los trabajadores, de los jóvenes sin trabajo, y sobre todo de los sectores más oprimidos. Todo esto sirve para dividir a la clase para aumentar su explotación. Solo con la unión sólida y la lucha común de todos los trabajadores, hombres y mujeres de la misma clase, será posible destruir este sistema que oprime y explota, por un nuevo tipo de sociedad en la cual se afiance un nuevo tipo de familia, nuevas relaciones entre los sexos y entre padres e hijos, ya no basados en intereses económicos, en la herencia de la propiedad privada capitalista, sobre la subordinación, la desigualdad y la opresión de la mujer.

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Traducción: Natalia Estrada.