Compartir

El 2019 inicia con una oleada de violencia, en la cual no solo han sido víctimas los líderes sociales. Unas quince mujeres –entre ellas mujeres trans– han caído una a una, víctimas de la violencia machista. A la fecha, se han presentado 10 feminicidios, y al menos 5 transfeminicidios¹, algunos escandalosos como el de Lady Johanna en Cali o el de la niña de 12 años en el Meta, otros simplemente invisibles. Esto se suma a otro tipo de agresiones no mortales como los ataques con ácido y las violaciones.

Autor: Ivonne

El 2019 inicia con una oleada de violencia, en la cual no solo han sido víctimas los líderes sociales. Unas quince mujeres –entre ellas mujeres trans– han caído una a una, víctimas de la violencia machista. A la fecha, se han presentado 10 feminicidios, y al menos 5 transfeminicidios1, algunos escandalosos como el de Lady Johanna en Cali o el de la niña de 12 años en el Meta, otros simplemente invisibles. Esto se suma a otro tipo de agresiones no mortales como los ataques con ácido y las violaciones.

Pero no se trata simplemente de enumerarlas y de contar sus trágicas historias, para lamentarse y seguir exigiendo investigaciones y condenas sobre hechos ya consumados. En las páginas de El Socialista hemos dado cuenta de la cuestión de la mujer como un problema indivisible del problema de clase, del problema de la explotación capitalista y de la necesidad de la unidad de toda la clase trabajadora por un programa de clase contra la violencia machista. (Ver en http://www.magazine.pstcolombia.org/2019/01/programa-de-la-clase-trabajadora-contra-la-violencia-machista/)

Pero, ¿qué es el machismo?, ¿qué fuerza poderosa incita diariamente a los hombres a la violencia e incluso al asesinato?

El machismo no es un problema individual, es una ideología, una construcción social, un sistema de falsas ideas usado para perpetuar la dominación de las clases dominantes pero que necesita ser legitimado también por los propios oprimidos. Se trata de una ideología burguesa, es decir, que sirve a los intereses de los poderosos, divide a los trabajadores y facilita la explotación al permitir que se subvalore el trabajo de las mujeres y se les paguen menores salarios, también que el trabajo doméstico sea no remunerado y no se le dé valor socialmente, que la mujer sea considerada como objeto sexual; pero esta ideología es inculcada en la mente de hombres y mujeres de todas las clases desde el nacimiento en la familia, posteriormente en la escuela y especialmente reforzada por la religión y sus iglesias, las costumbres y las leyes.

Lea también  Aborto: !Legalización ya!

Esta ideología parte de la premisa velada o abierta de que la mujer es un ser inferior; al hombre se le enseña desde niño a hablar fuerte, a mandar y a tomar por objeto a las mujeres y niñas que a su vez son educadas para ser sumisas, calladas, para ceder el espacio, para servir y para ser objeto que tiene valor en cuanto a su belleza física y su rol de madre más no en tanto ser humano.

Es común escuchar que “hay que respetar a las mujeres porque nos dan la vida o porque venimos de una mujer”, es decir, no se valora la mujer como un ser humano sino que se le valora por su condición de madre. En muchos casos la mujer, convertida en objeto, es trofeo y propiedad de quien dice amarla. Los medios, la industria del sexo, la religión, cada uno a su modo refuerzan esta concepción.

La causa de los feminicidios, los ataques con ácido y las violaciones, así como la naturalización de los mismos no es un ataque repentino de locura aislado del resto de la sociedad, se trata de sujetos que aprendieron muy bien la lección de que la mujer con la que conviven es SU MUJER, por lo tanto, disponen de ella a su parecer, no es casualidad que en la enorme mayoría de los casos el agresor es la pareja o expareja de la víctima; otros hombres como los violadores seriales creen que no solo una sino todas las mujeres les pertenecen.

Especial atención merecen los transfeminicidios que combinan el odio machista a la mujer, y el odio a la diversidad sexual; el macho desde sus privilegios no le perdona a una persona nacida varón que decida vivir como mujer, se considera una degradación, un descenso a una condición inferior: la condición de mujer, y en tanto mujer se convierte en objeto y su cuerpo en un cuerpo violentable.

Lea también  Colombia: la clase trabajadora: del voto por las ideas al voto por el amigo, por el vecino…

Esta ideología es la verdadera ideología de género. Pero incluso quienes no se consideran machistas o violentos reproducen constantemente la ideología que lleva a la violencia: las redes sociales donde pululan los memes machistas, programas como “sin senos sí hay paraíso”, la publicidad en la que una mujer semidesnuda posa junto a un automóvil, la música cada vez más descaradamente machista, bombardean diariamente la mente de niños y jóvenes. Basta ver las letras de Maluma en las que cosifica a las mujeres, una de ellas dice “Chingan cuando yo les digo”, por no citar otras más vulgares y violentas. Este personaje fue recibido por Duque cuál si fuera un héroe, justo cuando la juventud protagonizaba su lucha por la defensa de la educación pública. Sus letras que invitan a la violación son naturalizadas, condecoradas y muy bien pagadas.

La “culpa” de todos modos es de la mujer

Muchos lamentan los feminicidios y las agresiones pero en el fondo creen que las mujeres son culpables o que algo hicieron: si tenían otro hombre, si iban vestidas de una u otra manera, si osaron salir “solas”, si volvieron a su relación con el agresor de quien dependen económicamente, etc. Los medios que no dejan de hablar de “crímenes pasionales”, a pesar de que se ha insistido en olvidar esta expresión, ellos insisten, y es que esta expresión encarna todo el machismo en sí mismo: la mató porque la amaba apasionadamente y ella –la muy malvada– le rompió el corazón.

Esta ideología que solo permite una forma de masculinidad, entraña una forma de ser varón que es un riesgo latente para las mujeres. Adicionalmente oprime a los nacidos varones que no desean vivir como el estereotipo de macho fuerte y opresor, limitando sus emociones y su participación en roles considerados femeninos. Pero esto no es natural ni inevitable, se puede cambiar, se puede cambiar combatiendo la ideología machista, se puede cambiar dejando de proteger a los machistas y de justificarlos.

Lea también  No a Bolsonaro y la apología al turismo sexual

Es verdad que mientras vivamos en el mundo capitalista, la emancipación completa de las mujeres no se podrá conseguir, pero no es excusa para no luchar ahora para cambiar las cosas. Hay que operar un gran cambio cultural y social, hay que luchar en las calles por los derechos de las mujeres y hay que tener una política de tolerancia cero a todas las expresiones de machismo, en la casa, en la escuela, en el sindicato, y en las calles.