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Desde finales de abril vienen en aumento exponencial las movilizaciones estudiantiles de mujeres contra el acoso y abuso. Son más de 25 facultades movilizadas y se suman colegios y liceos. Un movimiento histórico, la “ola feminista”. Este proceso de movilización se da dentro del marco de sucesivas luchas por los derechos de las mujeres en el mundo.

Por MIT-Chile

En ese contexto hay muchas discusiones que se atraviesan, más aún luego de la famosa foto de estudiantes abrazando a carabineras; o luego de los dichos de la Ministra de la mujer Isabel Plá o de Evelyn Matthei, que se suman al carro contra el machismo como si no fueran responsables de perpetuar este sistema, o como si no fuesen responsables de la precaria situación de mujeres y hombres trabajadores y sus hijas/os. Entonces es pertinente realizarnos una serie de preguntas: ¿somos todas las mujeres aliadas en esta lucha?; ¿qué y quiénes hacen que el machismo se reproduzca?; ¿podemos llevar adelante esta lucha hasta el final en una pelea solo de mujeres?; ¿la división entre sexos es lo que principalmente estructura a la sociedad? o ¿hay otras contradicciones como las de clase, raza, etc.?

La sororidad: ¿Todas las mujeres somos aliadas en esta lucha?

La necesidad de sentirnos protegidas y acompañarnos entre las que hemos sufrido la violencia nos ha llevado a crear grupos y de redes de apoyo, ya sea para prepararnos con métodos de defensa personal o páginas de facebook como “amiga ¿te llevo?” que busca cuidarnos y evitar sufrir violencia sexual por las noches. Estos ejemplos son muestras importantes de solidaridad y de combatir el individualismo frente a la opresión machista. Es así que salió a reforzarse el concepto de sororidad, solidaridad entre las mujeres.

En ese mismo marco de la solidaridad entre todas las mujeres, es que hasta ahora ninguna mujer del gobierno o parlamento ha salido a decir que no apoya la lucha contra la violencia machista. Sin embargo, varias mujeres han abusado, oprimido y explotado no solo a otras mujeres, sino a niñas/os y hombres.

Generó división de opiniones el hecho de que estudiantes abrazaran a una carabinera en la marcha. Este hecho fue celebrado y criticado. Nosotras/os creemos que si esa carabinera rompiera con ser una defensora de los gobiernos a costa de reprimir las luchas podría ser una aliada y pelear codo a codo con nosotras/os, pero si no rompe, seguirá siendo una mujer contra la que nos tendremos que defender y luchar, no solo para lograr el fin del machismo, sino de una educación gratuita, salud y pensiones dignas, etc.

No solo por el hecho de ser mujer, son aliadas per sé en la lucha. Un ejemplo es Evelyn Matthei que en “apoyo” a la lucha de las mujeres dijo oportunistamente “A veces es necesario un grito fuerte, de rabia” o defiende que los colegios deberían ser mixtos. Sin embargo, esto no es más que hipocresía, porque fue ella misma quien despidió y dejó en la calle a cerca de 70 profesoras y profesores de la comuna de Providencia; quien durante la dictadura de Pinochet fue jefa de Estudios de la Superintendencia de AFP, haciendo negocios con pensiones de mujeres y hombres, en un régimen que torturó y asesinó; es más, junto a Pía Guzmán y Rosa González crearon el “Movimiento Femenino por la Dignidad Chilena”, organización que agrupaba a mujeres pinochetistas que protestaron cuando Pinochet estaba preso en Londres.

Isabel Plá es otro ejemplo, actual Ministra que es parte de un Gobierno que ha limitado aún más el aborto el 3 causales, mientras mujeres pobres tendrán que seguir muriendo por abortos clandestinos. Pero las mujeres de la Nueva Mayoría tampoco se salvan: Bachelet impulsó la reforma laboral que atacó el derecho a huelga y a los sindicatos de trabajadoras y trabajadores, su gobierno fue duro en la represión tanto a mujeres como hombres mapuche, y un largo etcétera.

Esta concepción policlasista de “unir a todas las mujeres”, sin importar a qué clase defiendan (la trabajadora o la empresarial-gobernante) no es casual, es una ideología promovida por instituciones de los países imperialistas y los grandes empresarios, como la ONU, explicitada en “Principios del Empoderamiento de la ONU” (2004). Surge en los años de 1990 en los EEUU junto con una ofensiva del Estado en retirar los derechos sociales de las mujeres, propone que la salida estratégica para las mujeres es la radicalización del “poder de género”¹. Las teóricas y teóricos del Empoderamiento defienden que, a partir de la toma de conciencia sobre su condición de oprimida, las mujeres pueden conquistar su libertad, dado que, al recuperar su autoestima, pueden buscar la igualdad de género para situarse en la sociedad, ocupar puestos de decisión en parlamentos o gobiernos y enfrentar el machismo. Esta es una ideología desprendida del feminismo burgués. Sin embargo, vemos que pese a haber más diputadas y presidentas mujeres, la situación sigue igual o peor para las mujeres de la clase trabajadora y sus hijas/os.

Por eso en esta lucha está bien que entre compañeras seamos solidarias o como se tilda el concepto de sororidad, pero esa sororidad no sirve si es con las mujeres de la clase empresarial que han sido parte de innumerables ataques al conjunto de las y los trabajadores. Las Evelyn, Bachelet u otras no han sido “sororas” con las trabajadoras. Frente al concepto de sororidad, se ubica más fuertemente la necesidad de la solidaridad de clase, con los hombres trabajadores apoyando activamente nuestra lucha contra el machismo y combatiendo sus privilegios.

¿La principal estructura de la sociedad es la que nos divide entre hombres y mujeres?

Las mujeres estudiantes hoy son la vanguardia del proceso de esta lucha, al ser una lucha contra el machismo, es claro que las mujeres debemos tener un rol protagónico. En algunas instancias se han conformado espacios de discusión solo para mujeres, para poder expresarse de forma más cómoda, lo cual es necesario. Sin embargo, hay algunos sectores de mujeres en la lucha que dicen que esta forma de organización debería ser casi permanente. Esto se manifiesta en las tomas separatistas, que le impiden la entrada a los hombres y, así los dejan en una posición cómoda sin que ellos se sumen a esta pelea -acá es importante tomar como contraejemplo la toma de Derecho U.Chile, que solo le bloquea entrada a hombres que han sido denunciados por acoso o abuso y a sus encubridores-. También se manifiesta en asambleas que son permanentemente solo de mujeres, en lugar de impulsar la unidad de la juventud vinculada a el conjunto de la clase trabajadora, en un proceso encabezado por trabajadoras.

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Estas ideas separatistas de sexos tienen sustento en ideologías previas: los distintos tipos de feminismos establecen que la estructura central que divide a la sociedad es la de sexos o géneros, es decir la opresión machista de todos los hombres versus todas las mujeres. Desde el feminismo burgués de la ola sufragista, hasta el feminismo radical de los 60´s, pese a que el feminismo radical manifiesta que hay otros elementos que se suman a la causa de forma secundaria, como raza, condición socioeconómica, y hasta se reivindican anticapitalistas. El feminismo socialista lo relativiza, dice que “en momentos es así pero en otros la clase socioeconómica es la que toma más peso”².

Con todo lo expuesto anteriormente, sobre las mujeres gobernantes, dan los primeros claros ejemplos de que la sociedad no está jerarquizada totalmente de una forma que todos los hombres tienen el dominio por sobre todas las mujeres ¿acaso un hombre de los palestinos asesinados tuvo el dominio por sobre la portavoz del gobierno israelí que justificó su actuar diciendo que “no podían meter a toda la gente a la cárcel”?, ¿acaso el conjunto de los hombres -y mujeres- trabajadores tuvieron el dominio por sobre Bachelet cuando ella aplicó la nefasta reforma laboral que atacó sus derechos o fue cómplice de la contaminación generada por las mineras que ha llevado a la silicosis a cientos de mineros?. Es cierto que el problema del machismo es transversal a todas las clases, pero la realidad ha demostrado que ambas relaciones de clase y género no tienen una significación igual a la hora de organizar la sociedad, pues si bien se combinan, son las relaciones de clase las que emergen como dominantes, es decir, las que deciden en última instancia qué dimensión pueden tomar las opresiones, es así que vemos que el machismo se intensifica a niveles burdos para las trabajadoras y pobres.

Muchas feministas (libertarias, del Frente Amplio, entre otras), dicen que el “patriarcado” es previo al capitalismo, por eso es una estructura que jerarquiza a la segunda. Y claro, la ideología machista sí es previa al capitalismo, pero no previa a la sociedad jerarquizada en clases², el capitalismo no es más que uno de los últimos sistemas de la sociedad de clases (posterior a la esclavitud, feudalismo, entre otros). Si bien las opresiones tienen un fuerte componente cultural, también es cierto que esta sociedad jerarquizada en clases es la que se vale de las opresiones a su disposición, para dejar en desventaja a un sector de trabajadoras/es (mujeres, LGBTI, negros, inmigrantes, etc), con menores condiciones laborales, menos sueldos, etc.

¿Qué y quiénes son los que hacen que el machismo se reproduzca?

Hemos visto que el conjunto de las instituciones del sistema han reproducido la cultura machista: las escuelas, las universidades, la iglesia, las leyes, el parlamento que las aplica y los gobiernos que las sostienen e impulsan, etc. Hace poco, la Vicepresidenta de la FEUC indicó que “el cambio cultural va a llegar antes que el cambio institucional”, claro, una cosa es decir que se está despertando contra la naturalización de conductas machistas, ese es un gran avance en la conciencia del movimiento y debemos seguir educando a la gente para que se avance más. Otra cosa es decir que todo el cambio cultural vendrá antes que el institucional. Eso es imposible, ya que son las mismas instituciones las que reproducen las opresiones. No basta solo con cambiar a las personas que están en las instituciones, sino que hay que destruir de raíz estas instituciones para poder sentar las bases concretas para que exista el cambio cultural total.

Pero ¿por qué no es suficiente con hacer unos pequeños cambios a estas instituciones?, algunos cambios en las leyes y otras cosas como las que propone el feminismo “ciudadano” u organizaciones como el Frente Amplio, ¿por qué es necesario destruirlas? Para dar esa respuesta, antes es necesario responder a quiénes reproducen el machismo, y son quienes dirigen y gobiernan estas instituciones: hombres y mujeres de la clase empresarial gobernante. Los intereses del empresariado van siempre en el sentido de aumentar su ganancia, su lucro. Para ello reducen costos a como dé lugar y se arman de una serie de instituciones que le permitan llegar a su objetivo: por eso las leyes, los tribunales, el parlamento, están a su servicio. Tener a un sector de la clase trabajadora en desventaja, a las y los empresarios les conviene, para rebajar aún más sus salarios y condiciones laborales. Además de que con las opresiones aumentan su nicho de ganancia, las opresiones sirven para dividirnos como clase: nos tienen machistas, xenófobos, racistas, para así impedir que nos identifiquemos como clase trabajadora y los podamos en conjunto enfrentar.

¿Podremos acabar con el machismo y las bases que lo sustentan en una lucha solo de mujeres?

Con la lucha de Chile se puede plantear la posibilidad de llamar a una huelga solo de mujeres. Pero la lucha exclusiva de mujeres ha mostrado sus límites. En primer lugar, porque sabemos que no todas las mujeres somos aliadas, tenemos intereses de clases contrapuestos; en segundo lugar, porque la historia, a través de las olas feministas, ha demostrado que si bien se lograron importantes conquistas³, no se logró la emancipación total de las mujeres, pues no entró el conjunto de la clase trabajadora a la pelea por sacar a la clase gobernante que reproduce el machismo y la explotación. Así, en la primera ola por la lucha sufragista (finales del siglo XIX e inicios del XX) las mujeres dirigidas por abogadas, doctoras y de la alta sociedad, reivindicaron principalmente el derecho al voto⁴. En esta ola, por el carácter de las demandas y la composición de quienes dirigían la lucha (mujeres de la clase dominante), se materializa activamente el surgimiento del feminismo burgués. En Latinoamérica, los resultados de esta lucha internacional tuvo sus efectos más tarde: en Brasil el derecho a voto se conquistó para la mujer en 1932, en Chile en 1949, cuando la demanda estaba desde 1913. Esta lucha trajo importantes conquistas, pero aún faltaba mucho más para la real emancipación de la mujer. Las obreras no la dirigieron, pero con su mayor inserción en el campo laboral posterior a la revolución industrial, fue un proceso que ayudó a fortalecer su organización. En la segunda ola surge el feminismo radical, por los años 60´s y 70´s. Sus principales banderas eran guarderías gratuitas que funcionasen 24h por día y bajo control de la comunidad; aborto libre y gratuito; igualdad de acceso al trabajo y a la educación. Lograron derecho a divorcio en Italia y derecho a aborto en Francia, Italia, Inglaterra y EEUU, pero una vez logrado eso, el movimiento feminista pasó a segundo plano por falta de un proyecto que fuera más allá y que uniera a la clase trabajadora a nivel mundial¹. Se quedaron en los marcos de la sociedad burguesa, la hermandad de las mujeres mostró sus límites y se dividió. Con la crisis económica mundial, la burguesía profundizó aún más la explotación de la mano de obra femenina, sobre todo de los países dependientes. Hoy derechos conquistados vuelven a estar amenazados como derecho a aborto en EEUU.

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Estas luchas fueron importantes porque dejaron conquistas y aprendizajes, pero no tuvieron un proyecto claro que apostara por emancipar completamente a la mujer y a la humanidad. En contraste con eso, encontramos el ejemplo de la revolución rusa, que fue un proceso que partió con las mujeres obreras a la cabeza: El 8 de marzo de 1917 ⁵ (23 de febrero de acuerdo con el calendario juliano en vigencia en la Rusia de la época), en Petrogrado, miles de mujeres, principalmente obreras textiles, fue a las calles para exigir el fin de la guerra. La crisis provocada por la guerra, además de los ataques del régimen zarista, generó que las mujeres, las más explotadas, salieran a la lucha como una olla de presión. Esta fue la antesala de la revolución de Febrero y luego la de Octubre de 1917, que logró sacar a la clase dominante de la época, dando origen al primer Estado obrero conformado, con un gobierno de las y los trabajadores a la cabeza. No es una exageración decir que con la Revolución Rusa, el gobierno obrero hizo en los primeros meses por las mujeres mucho más que los países capitalistas en todos los tiempos. Tan sólo cuatro días después de la toma del poder, en Octubre de 1917, los bolcheviques establecieron la jornada de ocho horas y prohibieron el trabajo nocturno y en las minas para las mujeres y adolescentes. La primera Constitución soviética estableció que las mujeres disfrutarían de derechos iguales a los hombres en todos los terrenos de la vida económica, pública, cultural, social y política. En Septiembre de 1918, un texto reglamentó la igualdad salarial entre hombres y mujeres, con lo que la URSS se convirtió en el primer Estado en regular en su legislación el principio de “A igual trabajo, igual salario”. Se derogaron las leyes en contra de la homosexualidad en diciembre de 1917, medio siglo antes que los primeros países capitalistas en hacerlo. En 1918 se aprobó un Código de familia nuevo que fue el más avanzado de todos los tiempos y que instituyó el matrimonio civil, simplificó al máximo el divorcio. Se aprobó el aborto libre y gratuito en los hospitales del Estado en 1920 ⁶. La prostitución, que en la Rusia zarista (anterior a la Revolución) estaba generalizada, con el Estado obrero se consideraba la expresión más extrema de la explotación y degradación de las mujeres, pero no se criminalizó a quienes la ejercían, sino que se tomaron medidas para resolver las causas que obligaban a las mujeres a prostituirse: se les atendía de forma gratuita en los hospitales y se intentó mejorar su nivel cultural y sus posibilidades de empleo, con esto la prostitución desapareció⁷. Todo esto respaldado por una política económica de planificación, de defensa de la socialización de los medios de producción, lo opuesto al “libre mercado” del capitalismo.

Si bien el voto a la mujer fue otorgado en 1918, las y los dirigentes de la revolución sabían que era algo formal, pues mientras la mujer no fuese liberada de las tareas domésticas no podría tener las mismas condiciones para acceder a la participación en el espacio público, en las políticas, etc. Por eso una de las principales tareas impulsadas por el Estado obrero fue la socialización de las tareas domésticas: guarderías, lavanderías y comedores sociales. Fue un avance sustantivo, pero aún faltaba una mejor economía en la Rusia soviética para tener un total alcance de esta socialización. En resumen, el gobierno de los soviets de los primeros años de la revolución no sólo eliminó cualquier medida legal o ley discriminatoria contra las mujeres, sino que se puso a la tarea de acabar con las bases materiales de la opresión. Esto es muy importante comprenderlo porque hoy día también vemos que en el capitalismo, la igualdad formal o ante la ley no significa igualdad en la vida real, debido a que la mujer sigue asumiendo la embrutecedora esclavitud de asumir las tareas domésticas. Todo esto luego retrocedió cuando se hizo del poder la burocracia estalinista⁸ y con la derrota de la revolución socialista en otros países, como en Alemania, hasta que reinstauró el capitalismo en Rusia.

Otros procesos revolucionarios como el de Cuba, si bien en un momento fueron una liberación no solo para las mujeres, sino para la clase trabajadora al echar abajo a la dictadura de Batista e instaurar un Estado Obrero, tuvo una serie de limitaciones, pues al ser un proceso encabezado por una burocracia, partió de forma degenerada, así se nota por ejemplo en lo que vivió el colectivo LGBTI, que ya venía siendo discriminado y eso no mejoró con la revolución cubana, lo dejó bien claro Fidel Castro en su discurso del 13 de marzo de 1963. “Nuestra sociedad no puede dar cabida a esa degeneración”. El Gobierno los enviaba a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, las UMAP, donde les sometían a trabajos forzados, entre maltratos y vejaciones, defendían que con “el trabajo y un régimen estricto serviría para rehabilitarlos”. No fue hasta 1997 que se modificó el Código Penal cubano y se eliminaron varias referencias discriminatorias hacia la homosexualidad -pese a que hoy aún no está permitido el matrimonio igualitario, entre otras cosas-, pero por otra parte, para esa fecha ya habían reinstaurado el capitalismo en Cuba.

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Se puede ver que la lucha del conjunto de la clase obrera, con un proyecto claro y que fue capaz de derrocar los gobiernos empresariales, como la Revolución Rusa, pudo tener conquistas mucho más profundas en comparación con lucha solo de las mujeres.

¿Qué organización necesitamos para llevar adelante esta pelea?

En primer lugar es muy importante defender las organizaciones que se están gestando en este movimiento: asambleas; encuentros triestamentales; etc. Estas instancias para organizar la lucha del movimiento se deben replicar en los lugares de trabajo, sindicatos, en poblaciones, etc., para incorporar al movimiento de las y los trabajadores.

Pero para que esa lucha sea efectiva, se necesita construir una organización con un proyecto político claro, que esté por organizar la destrucción del capitalismo mediante la lucha por una revolución socialista que instaure un gobierno de las y los trabajadores, un Estado Obrero. Hoy varias organizaciones de izquierda dicen tener ese proyecto. Sin embargo, muchas se han visto cuestionadas por esta ola feminista, ya que han aplicado métodos incorrectos para tratar los casos de machismo en sus filas, o directamente han encubierto a abusadores, acosadores, entre otros.

Nosotros creemos que un partido revolucionario tiene que exigir que los hombres trabajadores estén en la primera fila contra las desigualdades que sufren las mujeres, porque si los hombres trabajadores no hacen eso, la defensa por la unidad de la clase es palabra muerta e hipócrita. Es así que es incomprensible que organizaciones como el Movimiento Autonomista de Gabriel Boric (que no es una organización revolucionaria pero sí se reivindica de izquierda), en la Facultad de Derecho de la U. de Chile tengan acusaciones por casos de machismo en su organización y no tengan una respuesta clara. Creemos que también fue erróneo el método con el que el PTR actuó defendiendo a su militante acusado de abuso sexual, Sergio Moissen, profesor y dirigente del Movimiento de Trabajadores Socialistas (MTS) en México, pues su argumento es que una comisión del propio partido investigó y resolvió que no era abuso, pero la víctima no quedó conforme con esa resolución, por lo tanto era más que necesario que se conformara una comisión investigadora independiente, de sectores estudiantiles y trabajadores, que diera un veredicto final. Frente a esa polémica, en ese entonces desde la LIT-CI indicamos que “Ser de izquierda combativa, militante y apoyar la lucha contra el machismo no garantiza que no se puedan cometer actos machistas. Un partido es revolucionario no porque no registre casos de machismo en sus filas, porque eso es inherente a la degradación de la sociedad capitalista imperialista que nos penetra. Será revolucionario por cómo reaccione ante los actos machistas, por cómo combata el machismo en sus filas, por cómo eduque y prepare a su militancia y a la clase trabajadora para esa batalla. Y si lo hace así saldrá fortalecido porque mostrará que aplica el programa que defiende. En cambio si no procede así corre el riesgo de sucumbir como partido revolucionario. Vivimos en una sociedad en decadencia y putrefacción y las presiones del machismo “naturalizado” afectan a nuestros camaradas. Ante eso hay que aceptar la verdad, hay que poner la cara y aceptar las sanciones correspondientes que dicte el movimiento. Esta moral y este método es totalmente opuesto al de la justicia burguesa, basada en la doble moral y la conveniencia de sus intereses de clase”.

Ese es el partido que desde el MIT estamos intentando construir, no sin errores, pero sí con los principios claros, e invitamos a las y los luchadores a seguir construyendo este proyecto con nosotros/as. Queremos la emancipación de la mujer y de la humanidad, y para eso, la historia ha demostrado no solo que necesitamos destruir el capitalismo, sino que instaurar un Estado obrero, un Gobierno de las y los trabajadores, el socialismo con democracia obrera.

Referencias:

  1. “El género nos une, la clase nos divide”, Cecilia Toledo. Editorial Quimantú
  2. Marxismo Vivo – Nueva época. San Pablo: LIT – CI.v.6, n.7a, Diciembre de 2015. p.163-185. Oppen, Florence.
  3. “Las Tres olas del feminismo”, Monserrat Barba Pan: <https://www.aboutespanol.com/las-tres-olas-del-feminismo-1271639>
  4. ‘Los feminismos a través de la historia’. Ana de Miguel
  5. “8 de marzo de 1917: la chispa de la revolución de febrero”, Laura Sguazzabia: <https://litci.org/es/menu/opresiones/mujeres/8-de-marzo-de-1917-la-chispa-de-la-revolucion-de-febrero/>
  6. “Las primeras medidas del gobierno revolucionario en Rusia” , Laura Requena: <https://litci.org/es/menu/especial/especial-revolucion-rusa/las-primeras-medidas-del-gobierno-revolucionario-rusia/>
  7. “La revolución rusa y la liberación femenina”, Rosa Cecilia Lemus: <https://litci.org/es/menu/opresiones/mujeres/la-revolucion-rusa-y-la-liberacion-femenina/>
  8. “Was life better or worse for women under Stalin?”, B. Armstrong, notes on women in Soviet USSR: <https://historyrevision.files.wordpress.com/2012/03/was-life-better-or-worse-for-women-under-stalin.pdf>