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De la acusación de violación a la pornografía de venganza.

Por: Érika Andreassy, de la Secretaría Nacional de Mujeres del PSTU, Brasil

La denuncia de violación que pesa sobre Neymar y la cobertura que se ha dado al hecho por la prensa y las redes sociales muestran una vez más el grado de machismo que atraviesa el fútbol, los medios y la sociedad brasileña. Desde la divulgación en la prensa, el último 1 de junio, de la denuncia hecha el día anterior por Nájila Trindade en la 6° Delegación de Defensa de la Mujer, de Santo Amaro, en San Pablo, donde acusa al atacante del Paris Saint Germain de haberla violado y agredido físicamente, lo que siguió fue un show de horrores, con derecho a pornografía de venganza, invasión de privacidad, persecución, juicio moral, y una enorme banalización de la violencia contra la mujer.

Es claro que por la fama del jugador y por la gravedad de la acusación, sería de suponer que la repercusión fuese grande. Sin embargo, la reacción de Neymar frente a la denuncia y el modo como eso repercutió en la opinión pública en general revela cuánto precisamos todavía avanzar en la lucha contra el machismo y la violencia de género y cuánto las conquistas que tuvimos hasta aquí están amenazadas.

De acuerdo con la historia narrada en la denuncia, el hecho habría ocurrido el 15 de mayo en París, para donde Nájila habría viajado por invitación de Neymar, incluso con los gastos pagos, luego de que ambos se conocieran por medio de las redes sociales y hubieran intercambiado mensajes por WhatsApp durante algún tiempo. Esa versión es contestada por el jugador, que alega que la relación fue consensual y que estaría siendo víctima de tentativa de extorsión. Ocurre que para “comprobar su inocencia”, Neymar resolvió publicar un video en Instagram en el cual muestra prints de conversaciones entre ambos, donde aparecen, además de mensajes de connotación sexual, fotos íntimas de la joven.

Aun cuando la divulgación del video haya generado la abertura de investigación policial para determinar posible crimen digital, para Néjila el estrago ya estaba hecho. Como acostumbra ocurrir en casos de este tipo, su conducta pasó a ser cuestionada y varias personas salieron en defensa del jugador. De familiares a compañeros de juego, pasando por personalidades del mundo de la música y fans de Neymar, no faltó quien, en el ansia de apoyarlo, la insultase, la ofendiese y alegase que ella solo estaría acusando al jugador para conseguir dinero. Su propia identidad, que inicialmente se había mantenido en sigilo, fue revelada en cadena nacional por el presentador de la Band, José Luiz Datena (que, además, está siendo procesado por asedio sexual por una ex colega de trabajo), después de destilar todo su machismo y misoginia. La privacidad de Nájila fue invadida, sus finanzas reveladas, su vida abierta de par en par.

Y como ya era de esperarse, el presidente Bolsonaro, cuyas demostraciones de machismo parecen no tener límites, no solo declaró que creía en la versión de Neymar sino que fue a visitarlo en el hospital [por una lesión en el tobillo derecho] e incluso se sacó una foto a su lado para demostrar su apoyo. Y como si eso no bastase, el Partido de la Causa Operaria (PCO) publicó un artículo en defensa del jugador.

Crimen y castigo

La acusación contra Neymar es grave; violación es un asunto serio que exige una investigación rigurosa y, si se comprueba, una punición ejemplar. No obstante, hasta que se concluya la investigación sería liviandad afirmar que el jugador es de antemano culpable. Como cualquier otra persona en la misma situación, Neymar también tiene derecho al contradictorio y al principio de presunción de inocencia, o sea, de presentar su versión de los hechos y de ser considerado inocente hasta que se pruebe lo contrario. Esos principios son una forma de garantizar que nadie sea acusado injustamente por un crimen que no cometió.

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Pero si con relación al crimen de violación pesa apenas una sospecha sobre Neymar, no se puede decir lo mismo sobre el uso de pornografía de venganza hecha por el jugador contra Nájila.

Ocurre que hay formas y formas de defenderse de una acusación como esa, y el jugador escogió una de las más perversas, machistas y violentas formas de defensa. Escogió justamente atacar a la mujer que lo denunció, violando su intimidad, publicitando conversaciones particulares entre ambos, incluso fragmentos de evidente connotación sexual, y fotos íntimas de la joven para millares de internautas.

Neymar no escogió llevar las imágenes a las autoridades que investigan el caso y aguardar que la verdad sea restablecida, sino exponer a Nájila al tribunal moral de la internet. Y no lo hizo para defenderse, sino porque sabía las distintas consecuencias que eso tendría para ambos, siendo que en el caso de ella, la exposición del video llevó a que varias personas pasasen de cuestionar su idoneidad a poner en jaque la veracidad de la historia, con el argumento de que ella no tenía derecho de hacerse la víctima de violación porque “se habría ofrecido” para el jugador durante la conversación.

Al violar la intimidad de una mujer que, además de haber sido una posible víctima de violación, no autorizó la publicación de aquellas imágenes, el jugador cometió sí lo que se conoce como “pornografía de venganza”, es decir, una forma de violencia en la cual la intimidad del otro es expuesta en la internet sin autorización, con el evidente propósito de vengarse. Fue justamente eso lo que hizo Neymar: violó la intimidad de Nájila y la expuso para millones de personas en la internet.

Miedo y silencio

No es raro que acusados de abuso intenten defenderse utilizando la vida sexual de la mujer para desacreditarla, asociando la imagen de quien se dice víctima a la de una predadora sexual y, en los casos que envuelven a algún famoso, la de la interesada que solo se envuelve por dinero. El hecho de que un sinnúmero de personas concuerden con esa tesis y la reproduzcan es una evidencia del juicio moral a que las mujeres son sometidas cuando deciden denunciar, motivo por el cual muchas mujeres víctimas de abuso sexual prefieren el silencio.

El crimen de violación es uno de los que presenta mayor subnotificación, según el Foro Brasileño de Seguridad Pública. El registro de violaciones es estimado en 35%, pero, según el IPEA, ese porcentaje puede ser aún menor, ya que, de acuerdo con la investigación “Violación en el Brasil, una radiografía según los datos de la Salud”, cerca de 10% de los casos llegan a ser notificados. Esa no es una realidad solo del Brasil. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos produjo un estudio y verificó que en 2010, apenas 35% de las víctimas en los Estados Unidos reportaron el crimen a la policía. Ya el Instituto de Criminología Australiano divulgó un estudio sobre seguridad femenina, donde verificó que solamente 15% de las víctimas de violencia sexual australianas reportaron el incidente a la policía, en el período de doce meses anterior a los resultados de la investigación.

Y si bien es verdad que no todas las denuncias de violación son verdaderas, es incuestionable que la abrumadora mayoría lo es. Una pesquisa norteamericana que analizó diez años de datos, por ejemplo, concluyó que 9 de cada 10 relatos de violación son verdaderos y, aunque no haya ningún estudio similar al conducido por especialistas en nuestro país, la similitud en los datos referentes a la notificación es un fuerte indicio de que el Brasil no difiere tanto de los Estados Unidos cuando el asunto es violencia sexual.

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Machismo en el medio deportivo

El caso de Neymar expone también una realidad lamentablemente muy común, aunque casi nunca es tratado de forma seria: la violencia contra mujeres en los medios deportivos. En la Copa del Mundo de 2018 el tema salió a la superficie después que videos machistas involucrando a hinchas fueron a parar en la internet, causando enorme indignación.

Periodistas deportivas ya denunciaron también el asedio en el trabajo y no son pocos los casos de deportistas famosos que se envolvieron en escándalos sexuales, o denuncias de abuso sexual a atletas por parte de entrenadores u otros miembros de los equipos.

En 2017, por ejemplo, el Tribunal de Milán condenó al atacante Robinho a nueve años de prisión por “violencia sexual en grupo” contra una joven albanesa de 22 años de edad, en un club nocturno de la ciudad italiana, en 2013.

El técnico del San Pablo, Cuca, por su parte, tuvo su nombre envuelto en una acusación de violación cuando aún era jugador profesional. Actuando por el Grêmio, en 1987 Cuca fue acusado, junto con otros tres colegas del plantel del club gaúcho, de participar de violación colectiva de una adolescente de 14 años en Suiza, donde participaban de una excursión, y quedaron detenidos por casi un mes.

El año pasado, Larry Nassar, médico de la selección americana de gimnasia fue condenado a más de 100 años de prisión por abuso sexual, incluyendo alegatos que partieron de campeonas olímpicas como Gabby Douglas y Simone Biles.

La nadadora pernambucana Joanna Maranhão, dueña de ocho medallas en los Juegos Panamericanos, por su parte, reveló que en 2008 fue molestada sexualmente por Eugenio Miranda, su entrenador, cuando tenía solo nueve años. Ella procesó al abusador, venció el proceso, pero el crimen ya había prescripto, y por eso Miranda no fue preso.

Todos esos casos demuestran cuánto el machismo impera en el medio deportivo y cuánto eso puede tener consecuencias gravísimas para las mujeres.

Ley “Neymar da Penha”[1]

Como si no bastase todo esto, el 6 de junio, luego de la repercusión del caso, cinco congresistas presentaron y divulgaron proyectos de ley que aumentan la pena para quien hace denuncias falsas sobre crímenes hediondos o relacionados a la dignidad sexual; cuatro de ellos son diputados del PSL [el partido de Bolsonaro]: Enéias Reis (Minas Gerais), Heitor Freire (Ceará), Carlos Jordy (Rio de Janeiro) y el Cabo Junior Amaral (Minas Gerais); y uno del PSDB, Celos Sabino (Pará).

Heitor Freire publicó un video en Twitter en el cual dijo que “las supuestas víctimas de violación comunican el crimen para la policía, que moviliza un contingente y tiempo en torno a una historia que no existe”. “Estamos viendo ahí el caso de Neymar, que antes de ser investigado ya estaba siendo considerado culpable”, dijo.

Eduardo Bolsonaro (PSL San Pablo), aunque no haya sido el autor de ninguno de los proyectos, elogió las iniciativas. También en Twitter, el hijo del presidente disparó: “Créalo, existe mujer bandida que hace carrera así”, dijo sobre acusaciones falsas de crímenes sexuales.

El senador Flávio Bolsonaro (PSL Rio de Janeiro) aprovechó la repercusión del caso para divulgar un proyecto de su autoría, presentado el 26 de marzo en el Senado, con el mismo tenor.

Vale destacar que, en el Brasil, la ley ya prevé punición para quien hace denuncias calumniosas, pero lo que esos Proyectos de Ley proponen es que la pena para ese delito sea aumentado en hasta un tercio en los casos en que la falsa acusación sea referentes a crímenes sexuales, como violación. De hecho, denuncias mentirosas son algo indefendible, pero el surgimiento de proyectos de ley como esos es muy preocupante. Eso porque los crímenes de violación presentan una gran dificultad de recolección de pruebas.

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Innumerables procesos son archivados por ese motivo, ya que la abrumadora mayoría de las violaciones ocurren entre cuatro paredes, sin testigos, y las pruebas colectadas en el cuerpo de la víctima no siempre son conclusivas. La pericia en el lugar de la violación también es complicada y, muchas veces, ni siquiera es realizada.

¿Y cómo distinguir los casos en que hubo acusación calumniosa de aquellos en que simplemente no fueron reunidas las pruebas suficientes? Es ahí que está el problema, en el caso del PL 3369/19 de autoría del diputado Carlos Jordy, por ejemplo, hay un fragmento en el que “se resalta que la Denuncia Calumniosa solo estará configurada cuando fuera probada la inocencia del indiciado o acusado, sea por decisión judicial o administrativa, inocentándolo, o por archivamiento de la investigación policial”, o sea, da a entender que, si hubiera archivamiento del caso, eso significa que la denuncia fue calumniosa.

Además, para justificar la idea de que muchas mujeres mienten que fueron violadas para perseguir a determinado hombre, el texto levanta la tesis del llamado “síndrome de la mujer de Potifar”, explicando el pasaje bíblico que habla sobre la mujer de un general que, al ser rechazada por un esclavo, lo acusó de violación, además de argumentar que en los casos de denuncia de violación, muchos hombres son condenados por la justicia incluso cuando no hay pruebas, pues según el proyecto la palabra de la mujer tiene gran peso.

Por otro lado, como el texto se omite sobre el presupuesto de que es preciso comprobar la mala fe del denunciante, dando a entender apenas que la falta de pruebas comprobaría que la denuncia es calumniosa, adoptar tales parámetros como regla o indicativo de que una denuncia fue calumniosa, especialmente en casos como los de crimen contra la dignidad sexual, cuya mayoría es archivada justamente por falta de pruebas, sería amordazar a las mujeres y reforzar los crímenes de violación. Una cosa son denuncias sin pruebas suficientes que puedan comprobar el crimen, otra muy diferente son denuncias manifiestamente de mala fe. Confundir ambas cosas es gravísimo y puede tener consecuencias nefastas para la vida de millares de mujeres, e incluso niños víctimas de violencia sexual.

No por casualidad las propuestas comenzaron a ser llamadas en las redes sociales de “Neymar da Penha”, en referencia a la Ley Maria da Penha. Además de un ataque a los derechos de las mujeres, representa incluso un verdadero escarnio.

[1] La Ley Maria da Penha crea mecanismos para cohibir la violencia doméstica y familiar contra la mujer.

Artículo publicado en www.pstu.org.br

Traducción: Natalia Estrada.