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La clase trabajadora mundial, se enfrenta día a día, a las distintas manifestaciones de opresión y explotación del sistema capitalista, a través de los recortes en salud, bajos salarios y el alto costo de la vida, por mencionar sólo algunos de ellos. 

Tanto hombres como mujeres se ven expuestos a la explotación, sin embargo cuando se trata de las mujeres trabajadoras, decimos que éstas son doblemente explotadas, por las dobles jornadas laborales que le son impuestas. De esta forma se promueve una ideología machista en las que se nos asigna a las mujeres todas aquellas tareas del cuido de los niños y niñas, lavado, planchado y demás tareas domésticas que permiten la reproducción de la mano de obra que utiliza el capitalismo, para generar sus ganancias.

Es por ello que el trabajo doméstico remunerado y no remunerado (dentro del hogar) continúa siendo asumido predominantemente por mujeres.

En el marco del Día Nacional de la Trabajadora Doméstica seguimos denunciando las condiciones a las cuales son sometidas las mujeres que laboran como trabajadoras domésticas, la mayoría de ellas sin contar con garantías básicas como el acceso a seguro médico, goce de vacaciones  o pago de aguinaldo, y ni qué decir del  inexistente acceso a licencia de maternidad, situación que además se agrava con los malos tratos a los que muchas veces son sometidas y las extenuantes jornadas laborales. En este país, el trabajo realizado por las trabajadoras domésticas es una de las expresiones más claras de la sobreexplotación que promueve el capitalismo contra las mujeres, al ser tratado como un trabajo de segunda categoría.

Ese papel asignado provoca que tenga las más baja de las remuneraciones en la escala salarial, es así que el salario mínimo de una empleada doméstica ronda los ¢148.992,  mientras que un trabajador no calificado percibe un salario de ¢251.191. Este salario es claramente  insuficiente para que estas mujeres puedan cubrir los gastos de su familia, por lo que se ven forzadas a buscar trabajos adicionales por horas, para llegar al final de esa extenuante jornada laboral a garantizar los trabajos domésticos en sus propios hogares. Se les somete de esta forma a un modo de vida esclavizado al trabajo, para que con el pasar de los años no logren contar ni siquiera con acceso a una pensión.

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Esta es una prueba clara de la sobre explotación de las mujeres, que se agrava en los casos de las trabajadoras migrantes, en cuyos casos sus patrones utilizan su condición de indocumentadas para oprimirlas aún más.

Desde Lucha Mujer denunciamos que dentro de los márgenes del capitalismo, es imposible acabar con la opresión y la explotación de las mujeres trabajadoras. Solamente organizándonos y luchando en conjunto con el resto de la clase trabajadora podremos construir una nueva sociedad que acabe con las bases de la explotación.

Hacemos una cordial invitación a todas las mujeres pobres y trabajadoras a sumarse este 1° de mayo a marchar junto al PT y a construir con nosotros una alternativa socialista para las mujeres trabajadoras.