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Todas las mujeres trans cargamos con el peso de al menos dos tipos de opresión social: el machismo y la transfobia. Si a esto le añadimos la variante del racismo o el condicionante de la migración forzosa, nos encontramos ante un panorama en el que la violencia es un factor que enfrentar a diario.

Por Ame Luna

Según datos oficiales, 2609 personas trans fueron asesinadas en 71 países de 2008 a 2017. Un dato que no refleja la realidad: muchos de estos asesinatos son ignorados por los Estados que
participan en nuestra erradicación.

A pesar de hablar de personas trans en general, somos las mujeres trans y las personas transfemeninas las que recibimos la mayor parte de la violencia de la que hablamos.

El gran drama de la mujer trans se ve reflejado en su presencia dentro de la prostitución y la violencia que este escenario conlleva. El 62% de las 2609 víctimas trans que mencionamos con anterioridad se dedicaban a la prostitución. Esta cifra de mujeres trans muertas que se dedicaban a la prostitución llega al 88% en Europa (de ellas el 43% eran migrantes).

El primer obstáculo institucional para las mujeres trans se encuentra en el entorno educativo. Los pocos recursos invertidos en Educación y la tendencia a la desinversión en este ámbito,
imposibilitan implantar protocolos contra la violencia machista y transfóbica en las aulas, así como formación para la  ensibilización de alumnos y profesores sobre diversidad afectivo-sexual. Solo en el Estado Español más del 50% del alumnado que se declara LGTBI ha sufrido acoso escolar de algún tipo tanto por alumnos como por profesores.

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La violencia que supone el entorno educativo imposibilita a las mujeres trans estudiantes desarrollar nuestras capacidades sociales e intelectuales con plenitud, siendo expulsadas a los
márgenes del sistema educativo, lo cual determina nuestra posición también en los márgenes del mercado laboral.
El entorno familiar que enfrentamos no es menos hostil: en Latino América el 70% de mujeres trans han abandonado su hogar a causa del rechazo familiar, causando en muchos casos
situación de calle.

Las políticas migratorias de Europa también afectan a la situación de la mujer trans: la crimininalización de las mujeres trans migrantes que en búsqueda de recursos ejercen la prostitución, les deja expuestas ante la impunidad de la brutalidad policial y la violencia del Estado que las encierra en cárceles (o CIES) no correspondientes a su sexo para devolverlas (después
de 6 a 18 meses, gracias a la Directiva Europea) a los países de origen de los que venían huyendo.

Todas estas condiciones no sólo llevan a la mujer trans a su asesinato, también a la enfermedad: se estima que el 19,1% de las mujeres trans en el mundo tienen VIH, elevándose esta cifra hasta el 27% en el Estado Español.

La estigmatización de la pobreza trans y del VIH en el sistema sanitario deja sin recursos a las enfermas, que tampoco pueden acceder a tratamientos hormonales o de reafirmación de género si no pasan por exámenes psiquiátricos e incluso judiciales en los que se cuestiona su género y se vulnera su derecho a la intimidad.

Este 8M, las mujeres trans tenemos que sumarnos a la  convocatoria de Huelga general y como parte de la clase trabajadora , salir a la calle para exigir:

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· Ni un paso atrás en nuestros derechos: combatamos el discurso racista, homófobo y transfóbico de la ultraderecha, con la movilización y la lucha en la calle.

· Aumento del gasto sanitario e implantación de medidas para la despatologización de las entidades trans y favorecer el derecho a la autodeterminación de nuestro género.

· Aumento del gasto en educación para implantar en el currículum escolar, Educación sexual y en valores de igualdad y para poner en marcha protocolos específicos que prevengan el acoso escolar por LGTBIfobia.

· Políticas en el ámbito laboral que contemplen cupos especiales de empleo y otras medidas que nos posibiliten un trabajo digno, alejado de la violencia mortal de la
prostitución.